Archivos Mensuales: junio 2011

PAUSA

Un amigo me ha alertado sobre lo perjudicial que pudiera resultar a un libro aún inédito, como es la biografía de Tomás Gutiérrez Alea, la publicación en el blog de tantos fragmentos. La verdad es que no le había prestado atención a esta otra cara del asunto. En el blog he intentado colgar textos e ideas (ya sean mías o de otros) que puedan resultar útiles al debate. Como otras veces he dicho, veo más bien todo esto como conversaciones que sostenemos un grupo de amigos con intereses afines, aunque no maneras idénticas de pensar.

Lamentablemente, no es ésta la lógica de la cual participan las editoriales, las cuales suelen sentirse afectadas con estos avances. Y lo entiendo. Así que he decidido borrar todos los fragmentos publicados de “Hasta cierto Titón”.

Por otro lado, sigo teniendo grandes problemas con las conexiones. WordPress es formidable, pero yo no sé si es Camagüey, o las máquinas que utilizo, pero a veces pareciera que utilizar esta plataforma es como hospedarse en la eternidad. Así que me tomo otra tregua en cuanto al posteo. Después de todo, el blog puede seguir funcionando como archivo, pues hay aquí casi 900 entradas dedicadas exclusivamente al audiovisual realizado por cubanos en todas las épocas.

Agradezco una vez más el apoyo de no pocos amigos, y espero que sigan dejando comentarios, que a la larga resulta también otra manera de mantener vivo el sitio.

Juan Antonio García Borrero

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DEBATES INTEMPESTIVOS

Me ha gustado mucho el comentario que dejó mi querido amigo y escritor Pedro Armando Junco, a propósito del post “Diez películas que estremecieron a Cuba”. Sobre todo esa parte donde dice: “Yo pienso que la supresión de los debates profundos es quien los hace improductivos, porque solo la cirugía radical es capaz de extirpar el cáncer”. Sobre la necesidad de una verdadera “cultura del debate”, que deje a un lado las falsas jerarquías, que ponga en igualdad de condiciones a los adversarios, permitiendo que sean los argumentos los que adquieran relevancia de acuerdo a su calidad, que no se reprima en el alcance de lo que pueda llegar a discutir, ya escribí en el post que habla de lo sucedido en la Asamblea de la UNEAC. De modo que no existe en ese sentido desacuerdo entre nosotros. Donde quizás tengamos visiones diferentes del fenómeno es en la valoración que ambos hacemos del “¿para qué?” de esos debates e intervenciones. Yo no creo que ningún debate, per se, consiga cambiar de inmediato una situación desfavorable, sobre todo porque quienes tienen la posibilidad de decidir, no participan jamás en esos debates. Nos dice Junco: “Sin embargo, por viejas experiencias, pienso que el tiempo dirá cual será el destino de las actas con las recomendaciones que allí se levantaron; y lo execrable es el futuro de los inmuebles de nuestros once cines camagüeyanos”. Por eso su escepticismo me parece legítimo, y en el fondo lo comparto, ya que como dije en esa reunión, son nueve años reiterando lo mismo, en un nada sutil ejercicio de copy and paste. En realidad, desde hace mucho pienso que los mejores debates son aquellos que dejan la impronta en el futuro porque han sido extemporáneos, porque hablan de algo que todavía no se ve bien, aunque lo presentimos en nuestras narices. Por eso intenté encaminar la reflexión hacia a esa zona en que se demanda más imaginación que nostalgia. Dicho por lo claro: creo que lo que se debe debatir en Camagüey no es tanto la reconstrucción de los cines, tal y como éstos existieron hasta ayer, como la estrategia que permita fundir en un mismo camino todo lo que huela a audiovisual, y con ello combinar la memoria con la iniciativa que, más que sobrevivir a modo de dóciles epígonos en el presente, mira al futuro y se esfuerza por dejar su propia impronta. Para mí toda ganancia siempre implica pérdidas, y toda pérdida en el fondo es ganancia de algo que nos obliga a pensar en lo nuevo, en lo imprevistamente inédito. De acuerdo, perdimos los cines tal como existían antes (como se han perdido en casi todos los países desarrollados), pero ¿por qué no pensamos entonces en algo como el Complejo Nuevo Mundo, donde hay una idea un poco más moderna de eso que ya funciona en el extranjero en forma de multicines? Pongamos que ocurra un milagro y se inviertan todos los recursos existentes en tener de nuevo los cines Casablanca y Encanto como en los ochenta, pero, ¿dónde están los estudios de recepción que nos brinde la seguridad de que al nuevo público camagüeyano le interesaría ese servicio tal y como era antes?, ¿no se corre el peligro de construir “hermosas catedrales vacías”, para decirlo en la terminología de Borges? Lo que he cuestionado y sigo cuestionando en todo esto es la ausencia de un debate preliminar que conduzca a un pensamiento saludable donde, como nos dice Junco, podamos atajar el mal que va haciendo metástasis. De haber existido ese tipo de debate en su momento, se hubiese podido evitar la eliminación del Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, y la memoria del audiovisual en Camagüey no estuviera tan desprotegida, pese a contar con una proyección incluso internacional. ¿Qué quiero decir con esto? Que me parece una desmesura pretender que nuestros debates (hablo de estas intervenciones públicas que podamos hacer una vez al año en la UNEAC, o en lo virtual a través de los blogs), puedan cambiar el orden actual de las cosas. Quiérase o no, la realidad cambia ella sola todos los días. Son los hombres (algunos de ellos) los que se empeñan en seguir aferrados a sus viejas creencias y maneras que tenían de ver una realidad que existió pero ya no es. O que existe tan solo en sus mentes congeladas. Pero si al menos conseguimos llamar la atención sobre ese desfasaje, aunque suene intempestivo, estaremos consiguiendo algo. Al menos lo agradecerán quienes mañana deban encarar críticamente nuestras fallas, y decidan construir ellos mismos su propio presente. Juan Antonio García Borrero

LA NUEVA CASA

La buena noticia es que, gracias a lo hecho por Manuel Zayas desde España, el archivo de “Cine cubano, la pupila insomne” está al acceso de todos en esta nueva dirección. Agradezco los mensajes de solidaridad que nos han enviado, y las ayudas concretas ofrecidas, sin otro interés que el cultural.

La verdad es que esta experiencia me ha puesto a pensar otra vez sobre las tremendas paradojas que se siguen acumulando alrededor de las nuevas tecnologías: por un lado el progreso es incesante, siempre para bien de la libertad de expresión del individuo, pero por el otro, la memoria de esa libertad se ha hecho ahora más precaria, más fantasmagórica, más frágil. Los grandes poderes insisten en legitimar solo el escenario que les conviene, y al individuo de a pie apenas le resta seguir actuando en ese teatro privado que se llama conciencia.

De cualquier forma, es bueno insistir cada cual con lo que tiene y puede. Y seguir aprovechando los soportes tradicionales asociados al papel, por el momento, la plataforma de transmisión de conocimientos que más garantías ofrece todavía. Ahora que Luciano Castillo prepara el tercer tomo de “Coordenadas del cine cubano”, le he sugerido que se asome al archivo deLa Pupilainsomne. Notará que hay allí posts que merecerían figurar en ese libro, por referirse a zonas vírgenes del fenómeno audiovisual en Cuba y más allá de la isla. Estoy pensando en los trabajos de Pucheux sobre Trucaje, los de Llufrío sobre aspectos tecnológicos de la industria, los de Mario Crespo sobre el asistente de dirección, las polémicas sobre la primera Cinemateca de Cuba, los jóvenes realizadores, los nuevos oficios, la historiografía, o la mujer, por mencionar algunos.

Por lo pronto, el blog recesará en cuanto al posteo. No pongo en duda lo que algunos me aseguran de WordPress, al comentar que se trata de una de las mejores herramientas existentes hoy en Internet. Pero lo cierto es que abrir la página principal desde aquí me lleva por lo menos cinco minutos, a diferencia de Nireblog, que me permitía hacer todas las operaciones de actualización en menos de un minuto y medio. Además de que tendría que familiarizarme un poco más con los servicios y opciones que brinda.

Lo importante, creo yo, es que las ideas sigan fluyendo en el ambiente, y los debates mejorando.

Juan Antonio García Borrero

BUSCANDO UN SITIO

Después de cuatro años alojado en Nireblog, “CINE CUBANO, la pupila insomne” debe encontrar una nueva plataforma para alojarse. Lo que intento ahora, sobre todo, es salvar el archivo generado en todos estos años de posteos. Ya en los últimos tiempos no veía ese blog como algo personal, sino como un esfuerzo colectivo. No sé si lo conseguiré. Por lo pronto, la conexión va resultando muy lenta, e importar el contenido antiguo se antoja bastante difícil. De cualquier forma, lo intentaremos. Se trata más que de mi esfuerzo, de salvar lo que otros han escrito.

Juan Antonio García Borrero

EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

Ha surgido un problema. El cineasta Manuel Zayas acaba de alertarme sobre el inminente cierre de Nireblog, que es la plataforma donde se ha hospedado gratuitamente, desde su creación, “Cine cubano, la pupila insomne”.

Los creadores de la plataforma han dejado el siguiente anuncio:

“Ya sabemos que no son fechas para que los osos se echen a dormir, pero Nireblog necesita un sueño muy largo (quizás definitivo) coincidiendo con el quinto aniversario de la plataforma.
Han sido 5 años donde se han creado más de 100.000 blogs en más de 60 idiomas y hemos servido cientos de millones de páginas.

Nunca hemos visto Nireblog como un negocio, sino como un placer al que dedicarle nuestras horas de ocio. Sin embargo, cada día contamos con menos de esas horas y vemos que tenemos el servicio desatendido. Así que hemos tomado una decisión: cerrar Nireblog.

Pero no os vamos a dejar empantanados. Estos meses hemos estado trabajando en un sistema para migrar vuestros blogs a WordPress (que creemos es el mejor servicio y que más se acerca a nuestras convicciones no solo tecnológicas). La migración sirve tanto para el sistema gratuito de wordpress.com como si decidís utilizar una instalación propia de WordPress en vuestro propio servidor (para esta opción necesitáis contratar un alojamiento y un nombre de dominio).

El proceso de exportación incluye todos los posts, todos los comentarios, todas las imágenes y por supuesto la redirección completa de todas las visitas desde el blog en Nireblog a su correspondiente página en la nueva dirección, incluidos los feeds.
Es muy triste para nosotros cerrar esta bonita etapa, pero nos quedamos con lo mejor: haberos conocido y ofrecido casa digital durante estos cinco años”.

Ante todo quisiera dejar constancia de mi infinita gratitud con este sitio. Desde que, viviendo en España, abrí el blog en febrero del año 2007, intuí que había encontrado por fin un lugar en el mundo donde sentirme más realizado como individuo, como ciudadano común que desea expresarse. No me refiero solo a las excelentes prestaciones técnicas que te ofrece la plataforma, sino al hecho mismo de que al no tener que pagar por las mismas, podía defender cada uno de mis criterios personales con absoluta independencia. En Cuba he sido uno de los que más ha replicado ese prejuicio que muchos insisten en mantener, de que para tener un blog hay que necesariamente pagar algún dinero. Con Nireblog nunca lo he hecho, por eso decliné varias veces las sugerencias que me hicieran algunos amigos de pedir donaciones para mantener actualizada la página.

Esta independencia económica e institucional es la que me ha permitido, en el plano personal, tomar un poco de distancia de esa lógica bélica que predomina en casi todo lo que tiene que ver con la blogósfera cubana (la lógica de la ciberguerra, con contrarios perfectamente identificados y empeñados en anularse entre sí), para ensayar, como si se tratara de una suerte de Casa-Taller, algo más íntimo, más personal, y al mismo tiempo, menos ortodoxo. Aquí no han faltado las polémicas de todo tipo, incluyendo las ideológicas, pero los sujetos siempre han quedado a salvo, porque en el fondo me parece que hemos sido un grupo de personas que, aunque piensan distinto, han intentado aprender de lo que escuchan, más que reafirmar o imponer lo que ya tenemos en nosotros como una convicción. Esto que ensayé en un espacio tan reducido, desde luego, es lo que aspiraría a experimentar algún día en la sociedad cubana.

En fin, que no sé exactamente qué va a pasar con el blog porque, desde Cuba (más aún: desde Camagüey), tecnológicamente esto de exportarlo a otra plataforma puede ser complicado. El problema, como lo veo, no estaría en abrirse un blog nuevo, también gratis e igual de independiente, sino en salvar todo eso que ya existe en el archivo general.

Por supuesto que lamentaría levantarme mañana, y descubrir que ya no hay rastro alguno de lo que fuimos construyendo entre todos los que han participado hasta con los comentarios (por el contador hay más de 200 000 visitas). Lo veía como un granito de arena a esa gran Memoria Histórica del cine hecho por cubanos, que algún día tendrá que reconstruirse en mejores condiciones. Pero esa es la vida: todo es impredecible y frágil, y nada es para siempre. De allí que adquiera tanta importancia el cuidado de la Memoria del ser humano en su totalidad.

Juan Antonio García Borrero

SOBRE CAMAGÜEY, SU CULTURA, Y LOS CINES, OTRA VEZ

Ayer fue la Asamblea anual de la UNEAC en Camagüey. Últimamente estoy que no resisto ninguna reunión, pero ésta fue buena. Más que una asamblea donde se suelen desplegar interminables monólogos saturados de quejas, demandas y promesas recicladas, este fue un encuentro donde predominó la reflexión crítica. Y como apuntó en algún momento la historiadora Elda Cento, el encuentro adquirió visos de “diagnóstico”.

En un país como el nuestro, donde la crítica se suele entender como una cuestión personal, y está sujeta a límites institucionales, es difícil encontrar un escenario donde prospere un debate de verdad. Llamo “debate verdadero” a la posibilidad de someter a fiscalización profunda todas las ideas, incluyendo aquellas que ya nos parecían innatas debido al tiempo que llevan acompañándonos, o que hemos heredado dócilmente de la tradición. Una cosa es la cultura del diálogo, que se queda en el paternalista reconocimiento de un “otro” que de repente descubrimos, aunque siempre estuvo allí, y otra la cultura del debate, que admite que la verdad solo es posible descubrirla entre todos, y que las jerarquías no las imponen las personas con su autoridad o cargo que ocupan, sino con la calidad de los argumentos que expongan y discutan las partes.

Como es de suponer, hablé de la inexistencia de cines en Camagüey, y leí el texto que pongo más abajo. Fue la primera intervención, y estoy contento con las discusiones que se generaron después, ya que, en el fondo, aunque me interesan los cines, me importa mucho más la cultura en sentido general. Y allí hablaron arquitectos, historiadores, pintores, teatristas, músicos, escritores, locutores, bailarines. Y no predominó, creo yo, esa idea nefasta que hace creer a algunos que ser intelectual o artista es algo “especial” que merece prebendas de todo tipo. Se pensó, sobre todo, como el ciudadano común que somos, y sobre esa base se diagnosticó el “malestar cultural”.

¿Quiere decir esto que en Camagüey no hay actividad cultural, o que ésta es pobre? Para nada. En Camagüey (que como ciudad cada minuto luce más hermosa) todos los días se hace algo distinto, y a veces en un mismo día, son varias las acciones. Lo que no existe en la ciudad es esa suerte de centro aglutinante a la par que irradiador, que permita establecer vasos comunicantes, y que naturalice un espíritu cultural cómplice, una misma respiración. Y sobre todo, que naturalice un pensamiento cultural renovador que deje atrás la decimonónica idea de que existen identidades férreas o fronteras infranqueables entre las expresiones artísticas.

Es incómodo, desde luego, sugerir uno mismo que en ésta época de primacía de la cultura audiovisual (por encima de la cultura literaria), ese carácter aglutinante pareciera radicar ahora (no sabemos mañana) en todo lo que tenga que ver con las imágenes en movimiento. De allí que agradezca tanto las observaciones finales de Omar Valiño, donde hizo notar la importancia que podría tener el Complejo Nuevo Mundo, ya no solamente para exhibir películas, sino para generar un pensamiento donde confluyan el resto de las expresiones artísticas. Valiño reiteró lo mismo que venimos argumentando desde hace nueve años, y que lamentablemente, jamás se ha discutido en el territorio.

No sé si en los próximos doce meses se pondrán en práctica algunas de las ideas que allí se sugirieron. Esa es otra historia, y en definitiva los planos del Complejo creado en su momento por un arquitecto, hace mucho tiempo que está en el Sectorial de Cultura. Tenemos el sitio ideal, en el mismo centro de la ciudad (y que, por fortuna, pertenece al Centro del Cine). Tenemos personas que pueden animar el proyecto. Tenemos las películas. Tenemos los artistas que sistemáticamente han colaborado con el Taller de la Crítica Cinematográfica. Faltaría sentarse a actualizar las estrategias.

Repito: no sé si por fin ocurra el milagro. Pero al menos para mí fue bueno plantear públicamente mis inquietudes. Y reproducirlas ahora en el blog. Pues, si no se dicen, ¿a quién beneficiaríamos con el silencio?

Juan Antonio García Borrero

CAMAGÜEY: LO QUE EL CINE SE LLEVÓ

Hace algunas semanas publiqué en “Cine cubano, a pupila insomne” un post al que titulé con una interrogante: “¿Por qué es tan mala en Camagüey la memoria histórica del audiovisual?”.

Esto es algo que me sigue intrigando porque, en realidad, no está caracterizando a un período en específico, sino que habla de una suerte de tradición (que es milenaria porque el cine en la ciudad ya ha cumplido sus primeros cien años) a través de la cual se deja en “las oscuras manos del olvido”, para decirlo como el poeta, todo aquello que ha acontecido en Camagüey vinculado al audiovisual.

Lo paradójico es que en esta provincia se consiguió consolidar, a través de 17 ediciones, un evento como el Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, considerado por muchos el único momento en que se conseguía pensar con profundidad el audiovisual en nuestro país, y en el territorio, en cambio, hemos sido incapaces de pensar lo que nos toca a quienes vivimos aquí.

Justo porque no fuimos capaces de trazar una estrategia inteligente hoy Camagüey no solo carece de un cine (aunque sea un solo cine) decoroso, sino que se desaprovechó la oportunidad que, desde hace nueve años, se viene proponiendo de crear el Complejo Cultural Audiovisual Nuevo Mundo.

En estos nueve años, ni el Sectorial de Cultura, ni el Gobierno de la provincia, ni el Partido, ni la Oficina de Historiador, ni la UNEAC, han podido encontrar una vía que permita llegar a un consenso con el fin de impulsar lo que hubiese sido el primer complejo audiovisual del país, justo donde se creó la primera sala de video de Cuba.

¿Cómo ha podido suceder esto en nueve años si, para seguir con las paradojas, casi todo el mundo (incluyendo al Ministro de Cultura y al Presidente del ICAIC) estaba de acuerdo en que valía la pena? En mi criterio ha influido (sin nosotros notarlo) esta tradición camagüeyana que comentaba en un principio de dejar en “las oscuras manos del olvido” todo lo que tenga que ver con el cine. Producto de esa funesta tradición, los lugareños no cuentan con la menor memoria gráfica del paso por nuestra ciudad de los cineastas galardonados con el Premio Nacional de Cine, por ejemplo, lo cual es muy coherente con algo que el investigador Luciano Castillo advirtió en una de sus investigaciones sobre los orígenes del cinematógrafo en Camagüey, al notar lo siguiente: “Las páginas de los escasos ejemplares de los periódicos de entonces que sobrevivieron al decursar del tiempo, atiborrada de disímiles anuncios publicitarios, reseñas de sociedad y sensacionales reportes policiales de la crónica roja, no reflejaron los esfuerzos y tentativas cinematográficas emprendidas en nuestra provincia en los primeros años del siglo”.

Cien años después, aparecemos enfrascados en el mismo oficio de olvidar todo lo que tiene que ver con el cine. Para empezar, si se quisiera de veras cuidar la memoria histórica de aquello que ha acontecido en la ciudad con el cine (que es parte de nuestra cultura), se tendría que pensar en crear un espacio donde confluyan las proyecciones de películas, con los vestigios de todo lo que ha pasado. Un espacio donde presente y pasado convivan en fértil interacción. De allí que siempre hayamos pensado en el Complejo Nuevo Mundo como un lugar donde se puedan ver películas producidas incluso en el territorio, pero también impartir Talleres a los estudiantes del ISA, de la Academia de Arte, o interesados, e incentivar las visitas a lo que pretenderíamos que fuera un Centro de Documentación y Memoria, con su respectiva Mediateca.

Quizás a estas alturas del juego alguien nos pudiera recordar que no es solamente el cine lo que atraviesa un momento difícil en el territorio, y le creería, desde luego. Además, para mí la construcción de un hospital siempre tendrá más prioridad que un teatro. Lo que sucede es que en estos nueve años que llevamos proponiendo la creación del Complejo Audiovisual Nuevo Mundo (repito, nueve años), nunca se ha discutido de una manera seria el proyecto evaluado incluso por la Oficina del Historiador. Ni para apoyarlo, ni para descalificarlo. Y mientras tanto, otros proyectos han salido en la ciudad, y gozan de excelente salud.

No quiero hacer demasiado extensa esta reflexión. Solo reiteraré lo que llegué a apuntar en el texto que mencionaba al inicio. No bastaría con tener en cuenta la opinión que puedan expresar los “expertos” sobre el tema, sino de debatir con transparencia y una perspectiva de conjunto, las estrategias que tendrían que trazarse entre todos los implicados con el fin de recobrar esa “memoria histórica” del audiovisual en Camagüey y mantenerla viva, por lo que vuelvo a preguntar: ¿le interesaría a la Oficina del Historiador contar con algún sitio donde esté depositado el inventario de ese acontecer de un siglo?, ¿resultaría interesante al Gobierno de la ciudad mantener viva esa tradición que ya en estos momentos no existe (porque no hay cines), aunque perdura el deseo íntimo de ver películas?, ¿no tendría el ISA y la Academia de Arte de la ciudad que exigirle a sus alumnos una compenetración mayor con lo sucedido hasta ahora en el contexto?, ¿a la UNEAC no le resultaría incómodo saber que se sigue dejando en la nada las contribuciones de algunos de sus miembros?, y la más importante, ¿qué lugar ocuparía el cine (el audiovisual) en esa agenda de prioridades que enfrenta el Sectorial de Cultura?

Recientemente Armando Pérez Padrón (otro de los camagüeyanos que defiende con vehemencia este asunto) nos regaló un libro colectivo que tituló, casualmente, “Huellas olvidadas del cine cubano”. Si he leído esta reflexión ahora es porque no quisiera que, cuando dentro de cien años alguien escriba otro libro titulándolo “Huellas olvidadas del cine en Camagüey”, se diga que la amnesia crónica nos tocó a todos por igual.

Juan Antonio García Borrero (En Camagüey, 2 de junio de 2011)

ESLINDA NÚÑEZ

Nuestros directores de fotografía no nos han explicado todavía, como se debiera, de qué manera han trabajado en nuestro cine la fotogenia. Para Néstor Almendros, por ejemplo, el hecho de saber iluminar un rostro exigía más arte que retratar imponentes paisajes. Y allí nos han quedado los memorables fotogramas donde aparece deslumbrante Meryl Streep en “La decisión de Sophie”.

Lo de la fotogenia (que es un término que acuñó en su momento Louis Delluc para distinguirla de la fotografía) es algo muy difícil de explicar. No necesariamente aquellas personas que son naturalmente hermosas quedan bien ante una cámara. Y viceversa. En lo fotogénico hay más misterio que explicaciones racionales. Yo creo que tiene que ver más con eso inefable que conocemos por persistencia retiniana, que con lo que podríamos estar mirando con fijeza, y que a la larga pierde su encanto por evidente.

En mi caso, tengo varios planos de actrices cubanas que se han empeñado en persistir en mi retina, debido al fijador fotogénico de esas iluminaciones. Mencionaré apenas algunas: Mirtha Ibarra en “Hasta cierto punto”, Daisy Granados en “Retrato de Teresa”, Isabel Santos en “Se permuta” y “Clandestinos”, Luisa María Jiménez en “Barrio Cuba”, Adela Legrá en “Manuela”, Broselianda Hernández en “La anunciación”, Alina Rodríguez en “María Antonia”, María Isabel Díaz en “Una novia para David”, Beatriz Valdés en “La Bella de Alhambra”.

¿Qué es lo que permite que esos rostros perduren en nuestras memorias?, ¿qué se hagan casi tangibles en medio de tantas cosas sólidas que de repente se evaporan, y olvidamos que han existido al instante? Algo de esto me gustaría preguntarle a Eslinda Núñez, a quien acaban de adjudicar el Premio Nacional de Cine por sus indiscutibles cualidades histriónicas, pero que tiene a su favor también ser una de las actrices más fotogénicas de nuestro cine.

Sé que tendría que tener cuidado con esto que afirmo, toda vez que la desconfianza feminista pudiera ver en mi observación otra variante de la fetichizacion que ha hecho la mirada falocéntrica de la hembra. Correré el riesgo. En un cine como el nuestro, donde el exceso de épica no exactamente cotidiana, sino impregnada de trascendencia sudorosa, se ha extraviado tantas veces el sentido de lo sutil erótico, podemos entender mejor aquello que aseguraba de la Serna: “Una oruga subiendo por las nalgas de una estatua la dota de sexo”.

Directores como Humberto Solás, Gutiérrez Alea, Manuel Herrera, Tomás Piard, o Nelson Rodríguez (quien asumió ese rol en “Amada”), entre otros, han sabido explotar ese filón fotogénico que hay en una actriz como Eslinda Núñez. Y como espectadores nunca terminaremos de agradecer esa invitación que ellos nos han hecho a contemplar la nación, también desde lo más íntimo. O desde la fotogenia misteriosa, que siempre perdurará más que la burda y efímera belleza de moda.

Juan Antonio García Borrero