Archivos diarios: mayo 25, 2011

EDITORIAL ORIENTE

Han pasado tantos años que ya no recuerdo con exactitud los rostros de quienes en aquel lejano 1998, llegaron a la antigua librería “Viet Nam” de Camagüey, buscando textos de autores inéditos. Yo llevaba como seis o siete años intentando seducir a alguna editorial con el original de “¿Quién le pone el cascabel al Oscar?”. Pero por las respuestas (casi siempre en forma de silencios), parecía condenado a ser otro más de los tantos autores de provincia que no han conseguido publicar jamás ni siquiera un folleto.

Le debo a la Editorial Oriente de Santiago de Cuba, esa que ahora festeja su cumpleaños cuarenta, toda mi visibilidad como autor. Primero fue “¿Quién le pone el cascabel al Oscar?”, pero después llegaron “La edad de la herejía” (que me propició mi segundo Premio de la Crítica Literaria), “Todo sobre Oscar”, y “Otras maneras de pensar el cine cubano” (mi tercer Premio de la Crítica). Ya a estas alturas me siento parte de esa casa editorial. Tanto que no he dudado en aceptar la invitación que me hacen ahora para participar en el programa de actividades que han preparado, con el fin de resaltar el aniversario.

Tal vez sin proponérselo, la Editorial Oriente ha conseguido conformar uno de los más impresionantes catálogos referidos al cine que existen en el país. Autores como Luciano Castillo, Reynaldo González, Frank Padrón Nodarse, Oneyda González, o Armando Pérez Padrón, por mencionar algunos, han encontrado aquí un verdadero respaldo institucional. Y títulos como “Coordenadas del cine cubano” (1 y 2) o “Huellas olvidadas del cine cubano”, se han convertido en referencias insoslayables.

No voy a hablar por los demás. En mi caso lo que más agradezco a la Editorial Oriente (y en especial a Aida Barh, en el tiempo que fue la directora) es el respeto total a mis ideas, no importa cuán polémicas puedan ser ellas. Y por supuesto, a Consuelo Muñiz, sus tremendos trabajos de edición. De hecho, no sé qué pasará con la biografía de Tomás Gutiérrez Alea en un futuro, pero a los primeros a los que me gustaría someter a evaluación el texto es a la Editorial Oriente de Santiago de Cuba.

Juan Antonio García Borrero

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SIN PELOS EN LA LENGUA (2010), de Ernesto Piña

Ernesto Piña: Luchando contra lenguas peludas
Por: Antonio Enrique González Rojas

Las dinámicas evolutivas de las lenguas, con todas sus diversas normas y registros, hacen de los idiomas, perennes hervideros de complejas dialécticas entre neologismos, jergas, formas dialectales, arcaísmos, modismos, préstamos foráneos, continuamente (re)connotados por circunstancias extralingüísticas, derivadas de las múltiples esferas de influencia sociohistórica, incidentes sobre los hablantes. De ahí que un hato de términos goza de dominio más populoso, mientras que otros permanecen como patrimonio de círculos reducidos.

Contrastadas quedan así la norma popular y la norma culta, ambas en todas sus variantes. Estigmatizadas son, por arbitrio consensuado como todo lo humano, las llamadas vulgaridades y/o “malas palabras”, integradas por interjecciones, términos, frases, despojadas de sus significados originarios.

Muchos ven el exceso de palabrotas en la jerga diaria del cubano, como síntoma de una decadencia en los sistemas de valores, donde la educación formal como básica manifestación del civismo, cede a la agresión verbal, a la invasión de los rediles individuales con tales fraseologías ofensivas. Más allá del DEBER SER, el ES real de Cuba resulta en proliferación de las malas palabras y la normalización de su uso hasta en registros exclusivos. Véanse tales obscenidades como ruptura de la convivencia respetuosa entre paisanos, donde la libertad de cada uno termina donde inicia la del prójimo, quizás como rebelión del inconsciente contra normas instauradas a priori, sin real derecho a escoger entre su asunción o no, avizoradas en el horizonte nuevas jergas idiomáticas.

A tal perenne lucha entre el stablishment cívico-moral-lingüístico, concienzudamente consagrado a perpetuarse desde normas de conducta social, una y otra vez predicadas e inducidas a través de diversos canales comunicativos, desde la escuela hasta los medios masivos, con amplio énfasis en las bisoñas generaciones, apela el joven realizador cubano Ernesto Piña, con su cortometraje animado independiente “Sin pelos en la lengua” (2010), concebido desde una cáustica sátira a los estereotipadamente edulcorados programas televisivos de corte juvenil Made in Quédate conmigo o Conexión & Co., donde, desde un “desenfadado” y conciliador prisma moral, se enfocan temáticas afines a los adolescentes púberes, como son las relaciones de amistad y pareja, el primer beso, el primer amor, las relaciones con los padres, los estudios, los proyectos profesionales futuros, los hábitos de fumar y tomar, la (in)fidelidad, los gustos musicales y artísticos en general, la recreación, los hobbies; siempre con meros afanes divulgativos, promocionales e informativos. Poca o ninguna intención hay de polemizar a profundidad sobre áreas y escenarios problémicos y problemáticos.

Siguiendo el esquema básico de la pareja conductora integrada por jovencitos de ambos sexos, alegres, chispeantes y chisteantes, Piña dinamita la forma con la introducción de un contenido aun sorprendentemente escandaloso en estos días: las malas palabras, arraigadas en el vocabulario cotidiano cubano, casi normalizadas, pero aún segregadas del común glosario mediático, sobre todo el dedicado a las primeras edades, con la esperanza de inducir en sus representantes un “correcto comportamiento en sociedad”. Voces estas nacidas libres de pecado, que por azarosas circunstancias sociohistóricas ya centenarias, nimbáronse de procacidad. Sólo mencionar la barquilla ubicada en el tope del Palo Mayor donde se situaba el vigía náutico; o el esponjoso panecillo de harina, huevos, leche y azúcar que acompaña comúnmente al té; o la “percha, por lo común de metro y medio de largo, que sirve para conducir al hombro toda carga que se puede llevar colgada en las dos extremidades del palo” (según reza textualmente el Diccionario de la Lengua Española. Edición electrónica. Versión 21.1.0, de 1995).

Con el mayor de los desparpajos, heredado quizás de las inteligentes humoradas británicas de Monty Python, ciertas áreas de las absurdas parodias USA de Brooks, Zuker, los hermanos Farrelli y Wayans, o las más cercanas (temporal y espacialmente) causticidades de Nos-Y-Otros, los cortometrajes realizados por Eduardo del Llano y Arturo Infante (“Utopía”), “Sin pelos en la lengua” desacraliza las edulcoradas emisiones de sesgo didáctico. Apostado tras anárquica iconoclastia, Piña articula la dramaturgia desde una gozona socarronería, diseccionando, casi hasta el destripe trozo a trozo, las ya machaconas y epigonales fórmulas comunicativas, todo sonrisas, exhibidas por estas producciones. Revertido es el esquema básico (intervenciones aclaratorias-diálogos picarescamente corteses-entrevistas alternadas-posibles ligeras dramatizaciones afines con la temática de marras) desde su disciplinada aplicación: el sabotaje sobreviene con los bocadillos de los presentadores La Mía y El Mío, el tema propiamente dicho, las intervenciones de los públicos y las escenificaciones cercanas al estilo de “La dosis exacta”, “Hablemos de salud” o “Cuando una mujer”, si bien no a sus tonos e intenciones. Lo demás es cuestión de tiempo.

Son desnudados así los productos audiovisuales de marras, hasta delatar la insoportable relatividad del humano, ocultada tras esta suerte de alienadas cobijas, negadoras de dinámicas sociales en que transcurre la juventud y la sociedad cubana en general, donde la progresión del idioma hacia nuevas jergas, normas, registros (reivindicadas poco a poco las malas palabras de sus connotaciones peyorativas) delata la inevitable irrupción de nuevos modelos cosmovisivos, ni mejores, ni peores, válidos en su diferencia, siempre disensores respecto a sus precedentes. Hay que hablar de esto sin pelos en la lengua, ni vana azúcar en los labios. Polemizar y analizar sin pacaterías, nunca negar puritanamente aristas de la realidad incómodas (para algunos), desde posturas condenadas a la decadencia, desde el mismo momento en que presumen de categóricas.

FICHA TÉCNICA:
SIN PELOS EN LA LENGUA
(2010)/ Animado/ Digital/ 9’/ Dirección, guión, fotografía, dirección de arte, animación: Ernesto Piña/ Edición: Liliana Hernández/ Música: Virgilio (Villy) González/ Diseño de banda sonora: Jorge Guevara/ Productora: Erpiro Coqui Studios/ Intérpretes: Omar Proenza, Nanete Iglesias, Arasai Hidalgo, Sergio Villanueva.

Desde hace muchísimos años los seres humanos usamos las palabras para expresarnos y comunicarnos, pero hay algunas que utilizamos excesivamente para sustituir otras en dependencia del contexto…