CIENFUEGOS ES LA CIUDAD…

Dentro de un rato estaré saliendo para Cienfuegos, invitado por la Asociación Hermanos Saíz de esa ciudad. La verdad es que la invitación me causa mucho placer, no sólo por la posibilidad de disfrutar de los encantos físicos del lugar que otros (como el gran Benny) ya han descrito, sino porque me entusiasma mucho la idea de compartir inquietudes sobre el cine cubano con amigos a los que he leído y leo con gran placer (Julio Martínez, Jorge Luis Urra, Antonio Enrique González Rojas, Jorge Luis Lanza, entre otros).

Tengo la impresión de que ahora mismo no existe en Cuba, más allá de La Habana, otro lugar donde coincidan tantas personas que han pensado y escrito, con vocación de polémica, sobre el cine cubano. Así que será bueno nutrirse de ese espíritu de pensamiento crítico colectivo, y aprovechar esta oportunidad para una vez más exponer mis ideas, someterlas a debate, removerlas, y sacar algún provecho (que es lo que importa) de ese encuentro.

Tendremos tres días de intercambios, en lo que se me antoja otra suerte de Taller de la Crítica Cinematográfica. En la primera sesión el tema será “Cine cubano: Historia, historiografía, e icaicentrismo”; en la segunda hablaremos sobre la censura partiendo del debate de un texto que he titulado “Diez películas que estremecieron a Cuba”, y en la tercera estaré leyendo un fragmento de la biografía aún inédita de Tomás Gutiérrez Alea. Junto a esto tendremos la presentación del libro “Bloguerías”, más bien un pretexto para hablar de las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías en la renovación, producción, y recepción del saber, y se proyectarán películas.

En un principio se iba a presentar el libro “Otras maneras de pensar el cine cubano”, publicado por la Editorial Oriente, pero éste se encuentra agotado. No obstante, comparto con los amigos del blog las hermosas palabras de presentación que había escrito para la oportunidad Antonio Enrique González Rojas, anfitrión al que le debo la invitación a Cienfuegos, y presidente de la AHS en esa ciudad. Nos vemos a la vuelta.

Juan Antonio García Borrero

OTRAS MANERAS DE PENSAR EL CINE CUBANO: ¿OTRAS MANERAS DE PENSAR A CUBA?

Por: Antonio Enrique González Rojas

La Historia, como toda hechura humana, es arbitrario y conveniente gobelino, donde cada hebra, entretejida en las plácidas o tremebundas figuraciones de poses eternizadas, es previa y minuciosamente escogida, según su correspondencia con los algoritmos (dogmas, axiomas, las más de las veces), perceptuales de sus escribidores. Estos siguen pautas no escritas, mas buriladas con fuego en el natural superviviente humano, signadas por pactos equívocamente éticos entre el historiador y su contemporaneidad, más bien entre el historiador y sus contemporáneos fraguadores de los recientes estratos factuales, reacios a la inevitable abdicación del protagonismo generacional-epocal, traducido en el proceso de noble cristalización en añejos túmulos inofensivos, cuyos epitafios puedan leerse en voz alta sin consecuencias escabrosas para el lector.

Devenido cómodo cronista de Medusas petrificadas por el paso de un tiempo más letal que sus ojos, el historiador común mira a través de vacías cuencas hacia el pasado remoto, deslindándolo en épocas, sucesos, regiones, carices, personalidades y personajes, como la disección de un cadáver, con todo el tiempo y la seguridad del mundo. Tergiversa o sencillamente obvia, las consecuencias que en el presente tienen acontecimientos detonados décadas atrás, o la reiteración de patrones de conducta personal y/o social de eras pasadas para las circunstancias actuales, en alarmante y cíclica redundancia de procederes atávicos no superados.

Soluciones salomónicas han sido aislar los sucesos en sí mismos o en rediles epocales delimitados, ajenos a todo antecesor, coetáneo y sucedáneo; trucidar todo nexo causal con estos; incluso delimitar hasta el aislacionismo más viceral, los campos y áreas de estudio: historia sociología psicología antropología filosofía culturología politología comunicología economía (política); campos que, por obligación, han debido retornar a los pactos y alianzas gnoseológicos, en pos de trascender las consabidas estrecheces.

Contra las complacientes limitaciones autoimpuestas por los historiadores cubanos del cine cubano, ya sea por conveniencia, temor o simple miopía, brega el volumen “Otras maneras de pensar el Cine Cubano” (Editorial Oriente, 2009), engrane para nada aislado de los consecuentes obra y obrar, que su autor, Juan Antonio García Borrero desarrolla sobre igualmente plácidos que minados senderos fílmicos de la Isla (“Guía crítica del cine cubano de ficción”, “Todo sobre el Oscar”, “Bloguerías”, el blog Cine Cubano: La Pupila Insomne). Aprehendida Cuba en su dimensión espiritual, más allá de límites geográficos y políticos, más allá de coyunturales facciones antagónicas que con aires mesiánicos o restauradores, se abrogan el país y hasta lo “cubano” como patrimonios exclusivos, mientras estas nociones escapan entre sus dedos como inaprensible gas.

De volátil relatividad se revela el aparentemente inamovible concepto de Cine Cubano, soportado en los pilares del idioma, la insulocalización y las temáticas (pág. 46), según positivista consenso entre casi todas las tendencias que lo han analizado hasta estos momentos. Sucumbe ante el enfoque complejo de fenómenos creativos específicos, dígase la producción concreta de filmes y procesos más globales, todo petulante aire de omnisciencia trasuntado por las “actitudes falsamente objetivas” de los estudios historiográficos nacionales (¿sólo sobre cine?), catalogada esta actitud por García Borrero como el “gran pecado” de quienes construyen, “historias que pretenden demostrar tesis y representaciones que el historiador ya se había formulado en su mente, y en vez de interesarnos los procesos colaterales, las genealogías que explican la evolución múltiple e impredecible, terminamos por utilizar apenas un conjunto de grandes acontecimientos, que al editarse en un papel, adquieren un sentido trascendente originalmente no existente, y que sus protagonistas jamás soñaron.” (pág. 27)

Una lectura profunda a la decena de ensayos y artículos sobre obras (De Primary a PM: La recepción del cine directo en Cuba; Las iniciales de la ciudad-La libertad expresiva en el cine de Fernando Pérez), fenómenos (Cine cubano post-68: Los presagios del gris; Los pronósticos de la imagen-Sobre el audiovisual joven en Cuba; Breve introducción al discurso audiovisual de la diáspora cubana), contextos y complejos sistemas de pensamiento (Cine cubano: Historia, historiografía y postmodernidad; Sobre las fuentes y el narrador en la Historia del cine cubano; Algunas provocaciones en torno al cine cubano: Nacionalidad, nacionalismo y cubanía), integrantes del volumen de marras, delata al Cine Cubano como sólido eje alrededor del cual el autor piensa, de otras maneras, a Cuba toda, “vive la historia para que otros, finalmente, la lean” (pág. 28), de la nación pulsante y latente del último medio siglo, inaugurado casi sin discusión por las nuevas maneras de hacer nuestro cine. Fue éste una verdadera revolución estético-discursiva que permitió, casi por primera vez, palpar las reales y profundas complejidades del proceso desencadenado el 1ro. de enero de 1959, y probablemente fue la corriente/grupo afincada por más tiempo en la inmaculada consecuencia con las iniciales posturas, hasta que grises nubes se acumularon en lontananza.

Dicho cine de la primera década constituyó, sobre las épocas sucedentes, una manera de vivir la historia, de registrarla en sus mejores y peores faces, no como costumbrista registro fáctico, sino cual crónica emotiva y filosófica de un momento irrepetible para generaciones subsiguientes, o transcurrires paralelos. Parte de ese espíritu fundacional crítico pervive bajo otras circunstancias, donde lo audiovisual trasciende los 35 mm, relegado el formato a mero tecnicismo; descentralizados los objetivos de “grupo” o “generación”; sometido a sumarios juicios pasado y presente; saldadas, a troche y moche, las deudas con dinámicas y circunstancias del ayer/hoy, por quienes buscan realmente razonar una vez más su país, su cultura toda, construyéndola de paso, aunque esto implique prejuicios letales para añejas concepciones, negadoras, con su inmanencia, de la esencia revolucionaria del intelecto y el arte (no sólo el Séptimo), como su expresión más sublime.

Con igual desusada valentía, erudita cultura, creativa sistematización de saberes ajenos y propios, definitivo compromiso con la consecuencia ético-intelectual, y desde real sentido del momento histórico detentado por quienes preconizan/fundan nuevas épocas, García Borrero no husmea cauteloso vacías órbitas de difuntas Medusas, sino que bruñe con lúcida percepción su escudo intelectual, descubre el próximo movimiento del monstruo…y vive para contarlo.

Publicado el mayo 17, 2011 en LIBROS SOBRE CINE CUBANO. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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