EL HOMBRE DEL TRASFONDO

Cuando un historiador se conforma con narrar, cronológicamente, esos sucesos de los que ha tenido noticia, pero sin adentrarse en los conflictos profundos que han animado a las acciones de los hombres, está mutilando a La Historia. Y la está convirtiendo en una gran mascarada donde desfilan de modo efímero alegres fantasmas, pues pasarela al fin, vive condenada a apagarse con rapidez para que, mañana, nuevos personajes circulen por ella, en franco olvido de lo sucedido en la jornada anterior. En algo de esto pensaba Martí con aquella queja íntima anotada en su Cuaderno de apuntes: “¡Tanto esfuerzo –para dejar a lo sumo, como memoria de nuestra vida, una frase confusa, o un juicio erróneo, o pa. q. los q. fueron montes de dolor parezcan granillos de arena, en los libros de un historiador!”.

La Historia se parece mucho, en efecto, a ese carrusel voraginoso donde se ejecutan las más versátiles evoluciones. ¿Cómo distinguir entonces aquello que, en medio de tanto vértigo, persistirá en la memoria? Cassirer intuía que “un hecho resulta históricamente significativo si está preñado de consecuencias”, y a su vez citaba a Taine:

“El hombre invisible. Las palabras que entran en vuestros oídos, los gestos, los movimientos de su cabeza, los vestidos que lleva, actos y hechos visibles de todo género, no son más que expresión; con ellos se nos revela algo y este algo es un alma. Un hombre interior se halla oculto tras el hombre exterior; pero el segundo debe revelarnos al primero… Todas estas manifestaciones externas no son más que otras tantas avenidas que convergen en un centro; caminamos por esas avenidas a los fines de llegar al centro y este centro es el hombre genuino… Este submundo es un nuevo tema, más propio del historiador”.

Para llegar a ese submundo se ha de prescindir por un tiempo de la obsesión cronológica. Se trataría más bien de experimentar con un lenguaje que esté más allá, o más acá, de las palabras. Y que en la medida en que consiga borrar las fronteras geográficas y temporales, explore “la historia” todavía “sin historia”, sin pasiones que nos empujan a convertirnos en árbitros de algo demasiado puntual y cercano.

Sólo si descubrimos en qué parte del trasfondo se hospeda el hombre genuino, comenzaremos a entender un poco mejor por qué Ortega y Gasset afirmaba que “el hombre no tiene naturaleza, lo que tiene es… historia”.

Juan Antonio García Borrero

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Publicado el mayo 16, 2011 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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