Archivos diarios: mayo 14, 2011

¿POR QUÉ ES TAN MALA LA MEMORIA HISTÓRICA DEL AUDIOVISUAL EN CAMAGÜEY?

Hace unos días estaba con mis jóvenes amigos de “La ciudad simbólica” rememorando algunos de esos sucesos (relacionados con el cine), que han marcado este lugar donde vivo. Como son tan jóvenes, la mayoría de ellos no alcanzaron a ver otra cosa que no fueran las últimas ediciones del Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica.

No vivieron el esplendor de los cines como espacios donde se sociabilizaba, por lo que mi comentario de que alguna vez llegaron a existir diez o más les pareció una exageración. Tampoco conocieron aquella labor de Luciano Castillo en las programaciones preparadas por la Cinemateca de Cuba para el cine Guerrero. Mucho menos la de Desiderio Navarro para aquel Cine Fórum coordinado en los sesenta, que bien podría ser el gran antecedente de los Talleres de la Crítica Cinematográfica.

Si les hablas de las “colas” que doblaban esa esquina de Lope Recio donde hoy un oscuro Taller de Mantenimiento, pareciera sugerir la existencia del cementerio local donde reposa “lo que el cine se llevó”, ves como involuntariamente pasan del escepticismo al nihilismo. Vista hace fe, y no se puede creer (a no ser que seas un fanático) en aquello que jamás se ha visto, aunque sea de lejos o por milagros.

Esta breve reflexión que ahora escribo no tiene el ánimo de la catarsis, o de lo que otras veces he llamado “obscena pornonostagia”. Más bien lo que me gustaría estimular entre los amigos del blog es el debate acerca de las características de “la memoria histórica” en lo cultural. En el caso concreto de Camagüey, éste es un sitio donde han crecido y consolidado grandes talentos de las más diversas expresiones artísticas. Algunos de ellos tienen un amplio reconocimiento internacional.

El cine cuenta también con buenos momentos, pero paradójicamente, para los lugareños es algo que nunca ha existido como fenómeno trascendente. No hablo ya de que no existan cines, sino que no hay una memoria histórica de lo que ha ocurrido con el cine a lo largo del siglo. Llamo memoria histórica a ese conjunto de evidencias que irían desde las salas cinematográficas, hasta museos donde se conserven los equipos de proyección utilizados en otras épocas, por decir algo.

La pregunta sería: ¿a qué se debe ese pésimo estado de cosas? ¿por qué el cine en Camagüey no ha recibido la misma atención que la literatura, la plástica, o la música?, ¿por qué seguimos eslabonando olvidos en esta ya larga cadena de ninguneos?

Insisto en que no me interesaría ahora la cuestión anecdótica, sino el análisis crítico de un fenómeno que, a mi juicio, jamás ha recibido la atención institucional que merece, a pesar de que influye con gran vehemencia en la espiritualidad del lugar. Siento que algo de esto ha captado la nueva dirección del Sectorial de Cultura al crear recientemente un Consejo Técnico asesor de su política, e incluir a Armando Pérez Padrón y al que suscribe en el mismo.

Pero, obviamente, no se trata sólo de tener en cuenta la opinión que puedan expresar dos “expertos” sobre el tema, sino de debatir con transparencia y una perspectiva de conjunto, las estrategias que tendrían que trazarse entre todos los implicados con el fin de recobrar esa “memoria histórica” y mantenerla viva: ¿le interesaría a la Oficina del Historiador contar con algún sitio donde esté depositado el inventario de ese acontecer de un siglo?, ¿resultaría interesante al Gobierno de la ciudad mantener viva esa tradición que ya en estos momentos no existe (porque no hay cines), aunque perdura el deseo íntimo de ver películas?, ¿no tendría el ISA que exigirle a sus alumnos una compenetración mayor con lo sucedido hasta ahora en el contexto?, ¿a la UNEAC no le resultaría incómodo saber que se está dejando en la nada las contribuciones de algunos de sus miembros?, ¿qué lugar ocuparía el cine (el audiovisual) en esa agenda de prioridades que enfrenta el Sectorial de Cultura?

Es obvio que el blog, en términos institucionales, no va a resolver ninguno de estos problemas planteados. Por eso insisto que, más que lo anecdótico, me interesaría adentrarme en una reflexión entre amigos sobre las calidades de “la memoria histórica” local, y el fomento de hábitos que nos ayuden a conservarla, para bien de nuestros descendientes, y de los más jóvenes. Como reza el título de aquella película de Manuel Octavio Gómez: ustedes tienen la palabra.

Juan Antonio García Borrero

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