Archivos diarios: agosto 9, 2010

REALENGO 18 (1960), de Oscar Torres

“El que quiera conocer otro país, sin ir al extranjero, que se vaya a Oriente; que se vaya a las montañas de Oriente donde está el Realengo 18… Que se vaya a Oriente, a las montañas de Oriente. El que quiera conocer otro país. Que monte en una mula pequeña y de cascos firmes y se adentre por los montes donde la luz es poca a las tres de la tarde y los ríos, de precipitado correr, se deslizan claros por el fondo de los barrancos, con las aguas frías como si vinieran del monte. (…) De los labios del propio Lino Álvarez recogí la Historia íntegra de las luchas por la posesión del Realengo 18; su aporte personal a las mismas; el relato de las celadas que le han tendido… El deseo ferviente de ellos de acogerse a la justicia y a la decisión final de hacerse la justicia ellos mismos, porque como dice él mismo con maravillosa certeza, ellos no le deben esta tierra más que al Estado y el Estado son ellos…”.

Quien escribe esto en 1934 es Pablo de la Torriente Brau, sensibilizado con un grupo de campesinos que, en las zonas montañosas de Guantánamo, han decidido enfrentar los intereses de poderosas compañías norteamericanas. En ese relato se inspiró el ICAIC para su cuarto material de ficción, el cual es dirigido por el dominicano Oscar Torres (fallecería unos pocos de años después), con la colaboración de Eduardo Manet. En la película se describen las demandas de los campesinos, pero a su vez se inserta el drama de Dominga, que tiene que lidiar con el conflicto de ver cómo su hijo decide integrar la Guardia Rural que los reprime.

Desde el punto de vista técnico la película tiene muy poco que aportar. No es lo estético lo que persigue, sino la descripción de ese ambiente donde un grupo de personas deciden reclamar su derecho a la no humillación social. El planteamiento dramático tampoco es demasiado profundo, en tanto se contenta con el dibujo epidérmico de las disparidades sociales (narradas desde un solo punto de vista), sin adentrarse en complejidades que el cine posterior de un Glauber Rocha, por ejemplo, no dudaría en llevar a la pantalla con su “estética del hambre”.

El instante, desde luego, respondía a un claro propósito reafirmativo. El Gobierno revolucionario había comenzado a promulgar leyes dirigidas a beneficiar a los antiguos desposeídos (como la Ley de Reforma Agraria), por lo que el ICAIC había puesto buena parte de su naciente producción en función de legitimar audiovisualmente cada una de esas medidas, ya fuera con la exaltación explícita del nuevo régimen (“Sexto aniversario”/ 1959, de García-Espinosa, “Cooperativas agrícolas”/ 1960, de Manuel Octavio Gómez, “Asamblea General”/ 1960, de Gutiérrez Alea, o “El Maná”/ 1960, de Jesús de Armas), o destacando las injusticias del pasado (“Tierra olvidada”/ 1960, del propio Oscar Torres).

Ficha técnica:

REALENGO 18 (1961)/ Productor: Amaro Gómez, Jorge Rouco/ D: Oscar Torres, con la colaboración de Eduardo Manet/ Asistencia de dirección: Rigoberto Águila/ G: Oscar Torres/ Fotografía: Harry Tanner, Jorge Haydú, Ramón F. Suárez/ Cámara: Derbis Pastor Espinosa/ Música: Leo Brouwer, Enrique Ubieta/ Edición: Julio Chávez, Amparo Laucirica/ Sonido: Eugenio Vesa/ Intérpretes: Teté Vergara, René de la Cruz, Pablo Ruiz Castellanos, José Antonio Rodríguez, Ester Guerra, Rita Limonta.

Sinopsis: Un grupo de campesinos de Realengo 18 deben enfrentarse a la codicia de una compañía norteamericana que pretende desalojarlos del lugar. Una de las campesinas tendrá que lidiar con el conflicto de ver cómo su hijo se une a la guardia rural que los reprime.

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