DEJEN EN PAZ A ROBINSON CRUSOE (1989), de Peter Timar

Si no fuera por el riesgo de la decepción que suele escoltar al acto de visionar esas “coproducciones” filmadas por extranjeros en Varadero, o sitios de parecido pintoresquismo, me empeñaría en localizar una copia de “Dejen en paz a Robinson Crusoe”, dirigida en 1989 por el húngaro Peter Timar. Y es que la sinopsis más seductora no puede ser:

“Una comedia que presenta la historia de un marinero náufrago, que vive en una isla desierta con una aborigen y rodeado de gratos momentos. Ese bienestar es alterado con la llegada de otros tres náufragos: un cura, un político y un comerciante, quienes pretenden imponer a la pareja sus puntos de vista sobre la felicidad”.

La figura de Robinson Crusoe siempre me ha fascinado porque, detrás de las peripecias del protagonista, podemos encontrar una atractiva fábula acerca de las mañas que puede desplegar el Hombre en su lucha por sobrevivir, en solitario, dentro de los más hostiles contextos.

Por supuesto, tomando en cuenta la simpatía que desde sus inicios el cine sintió por modos de representación que lo mismo provenían del teatro de variedades que de la literatura, la pintura, o el teatro burgués, era obvio que una trama como ésta (tan apegada a la visión colonialista que aún impera, disfrazada, en el imaginario de muchos), haya sido llevada a la pantalla en varias ocasiones (entre las versiones que más se recuerda está la de Luis Buñuel, rodada en México en 1952).

A estas alturas del siglo XXI, como fantasía el “robinsonismo” ha dejado de ser el relato novelesco de alguien que naufragó y lucha por sobrevivir en medio de la soledad, para convertirse por momentos en una suerte de meta inducida. Sospecho que nadie ha podido librarse de ese deseo íntimo que a ratos nos invita a sumergirnos en nosotros mismos, como si el mundo comenzara y terminara en nuestra cabeza, y Sartre tuviese la razón con aquello de que “el infierno son los otros”.

Para de inmediato sabernos condenados al fracaso, pues, si algo nos corrobora a diario la vida moderna es que no importa que cerremos las puertas con un sinnúmero de trancas y cerrojos: curas, políticos, y mercaderes, se las arreglarán siempre para entrar por las ventanas, y jodernos nuestro deliberado desapego de esas autoritarias compañías. Por eso, tanto en la novela como en la vida, Robinson Crusoe regresa a la ciudad, para seguir lidiando con “los otros”.

Juan Antonio García Borrero

Ficha técnica:
DEJEN EN PAZ A ROBINSON CRUSOE (1989)/ Hungría-Cuba/ 90’/Peter Timar/ Miko, Milagros Morales, Raúl Pomares.

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Publicado el agosto 1, 2010 en LA MIRADA DE LOS OTROS. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. ey, JAGB, desde “El señor de las moscas” hasta “Cast Away” soy devoto de Robinson. Esta película que mencionas puedo encontrarla en alguna parte de Camagüey… o de Cuba? saludos

  2. Juan Antonio García Borrero

    Hola, Kike. No, no tengo idea de dónde encontrar copia de esta película. Hay muchas coproducciones de este tipo que no hemos visto, no sé si porque al final la calidad de las películas recomendaban al propio ICAIC mantenerlas en el olvido. Si consigues alguna copia, me avisas. Siento curiosidad. Saludos,
    JAGB

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