LISANKA (2009), de Daniel Díaz Torres

Aunque Daniel Díaz Torres ha conseguido convertirse en uno de los más prolíficos realizadores del cine cubano, con numerosos documentales y películas de ficción, su nombre suele asociarse a uno de los episodios más bochornosos que ha conocido la censura cinematográfica en Cuba: “Alicia en el Pueblo de Maravillas” (1990).

Aquella fue una película que, sin proponérselo, se convertía en el heraldo de una crisis nacional que no solo era económica. De hecho, tras la exhibición del filme en Berlín, el ICAIC estuvo a punto de extraviar su autonomía “histórica” (su presidente Julio García-Espinosa fue separado del cargo), lo que trajo como consecuencia la protesta de varios realizadores, y el regreso desde Francia de Alfredo Guevara (su fundador) con el fin de estabilizar la situación al frente del Instituto.

“Lisanka”, el filme más reciente de Díaz Torres, guarda muchos puntos comunes con aquella cinta. Ambas utilizan el humor como motor de arranque; en las dos el nombre de una mujer nos anuncia el protagónico desde el mismo título, y las tramas se desenvuelven en pueblos imaginarios (“Maravillas de Novera” y “Veredas del Guayabal”). La diferencia parecería estar en que “Alicia…” abordaba con frescura (para algunos, irritante irreverencia) el agobiante “presente” de entonces, mientras que “Lisanka” opta por evocar el “pasado” desde una perspectiva más bien tragicómica; esto, desde luego, es apenas una ilusión óptica, pues se supone que ambas películas están hablando de los mismos cubanos de siempre: si en algo hemos perseverado ha sido en nuestras filias y fobias colectivas.

De hecho el poblado donde se desarrolla la historia otra vez es una suerte de dossier del pintoresquismo insular: allí está la muchacha apetecida por los dos o tres galanes que enmascaran el interés erótico con las más sofisticadas maniobras patrióticas, el cura empeñado en salvar a sus congéneres, el dirigente que se quiere comer el mundo, la puta sensual y de corazón noble, el bobo del pueblo… Lo que en principio parecía bucólico adquiere un tono imprevisto cuando en el cuarto año de la Revolución, “Veredas del Guayabal” acoge a un grupo de soldados soviéticos como preámbulo de aquello que más tarde sería conocido en todo el planeta como “La crisis de los misiles”.

Prometía mucho la elección de la senda cómica (en su variante agridulce) para hablar de uno de los episodios que puso al borde del desastre colectivo el mundo de aquellas fechas. Fue apelando justo a este tipo de humor que Stanley Kubrick nos legó esa obra maestra que es “Dr. Strangelove” (1964), donde nos revela con escalofriante lucidez el irracionalismo de todos los que tuvieron en sus manos, durante la “Guerra Fría”, el poder de decisión sobre bombas y misiles. Lejos de trivializarse el conflicto, este tipo de mirada “desdramatizada” nos invita a medir las consecuencias de la enajenación del Poder en una escala más humana: la de los sentimientos encontrados que puede generar en el día a día una amenaza que se origina distante, y que es imposible captar en toda su complejidad.

El período histórico en que se enmarca la trama de “Lisanka” (año 1962) ha quedado en la memoria colectiva (ya no de la nación cubana, sino del planeta) como uno de los más álgidos vividos en esos primeros tiempos de revolución. Mas revivir aquella peligrosa contingencia en la que el mundo pudo quedar reducido al recuerdo de muchos héroes y una sola tumba (el propio mundo hecho pedazos), supone enfrentarnos en la distancia a dos políticas que parecían autónomas, pero que en verdad contribuyeron a crear en el país, con su invisible sinergia, un orden de cosas inédito. Mientras que la política exterior mostraba a una pequeña isla en medio de una Guerra Fría que tenía en los Estados Unidos y la Unión Soviética a sus principales antagonistas, en la política interior la guerra estaba al rojo vivo. No solo encontramos el enfrentamiento con la contrarrevolución explícitamente anticastrista, sino que dentro del propio campo revolucionario se vivían conflictos tan dramáticos como la defenestración pública del veterano dirigente comunista Aníbal Escalante el 26 de marzo de 1962, acusado por el propio Fidel de “sectario y dogmático” en su desempeño al frente de las ORI.

A “Lisanka”, la película, no le interesa hacer “Historia” con estos hechos tan controversiales. En todo caso se propone narrar la “historia” de amor que viven sus protagonistas en medio del desordenado bamboleo de la gran Historia. Lo cual me recuerda a Lichtenberg con aquel espléndido aforismo que tanto me gusta citar: “Los reyes creen a menudo que lo que hacen sus generales y almirantes, es patriotismo y afán de honor personal. Pero más a menudo el móvil de grandes actos es sólo una muchacha que lee el diario”

Para la construcción de ese mundo donde, no obstante el peligro del Apocalipsis nuclear que se anuncia, se presiente casi todo el tiempo el tono de égloga de la historia, Daniel Díaz Torres ha optado por el uso convencional del lenguaje audiovisual. Esto no es un argumento en contra, desde luego. Cada cual escoge el estilo que estime para expresarse, y ello es legítimo. Lo que importa es saber si el uso de ese lenguaje resulta funcional a la hora de mantenernos atrapados hasta las postrimerías.

La película arranca con buen pie, sobre todo con aquella secuencia del acogimiento de los soviéticos en la cual hay un manejo muy inteligente de las situaciones, y donde los intérpretes van aportando, además de la caracterización, estados de ánimo que ayudan a hacer visibles las aspiraciones de cada uno de ellos (excelente, por ejemplo, la Teté de Blanca Rosa Blanco, personaje que me recuerda el hermoso cuento “Con la Maruja”). Sin embargo, ese despliegue de imaginación comienza a decaer hacia la mitad, toda vez que pierde protagonismo la posible conjura de equívocos que hubiese propiciado la convivencia entre “extraños”, para hacer descansar todo el interés en las pugnas amorosas entre Sergio, Aurelio, y Volodia. En esa arteria ya no encontramos tantas sorpresas; los cohetes han pasado a ser mero atrezo en el marco de otra historia de amor más bien común, más bien predecible.

De cualquier forma, lo que sí es de agradecer al filme es su disposición a reflejar la época en que ubica la trama, no desde la afectada solemnidad, sino aprovechando el desenfado colectivo que se vivía entonces. En la cinta pueden escucharse varias de las consignas que por la fecha se repetían en los actos públicos, como aquella de “somos socialistas/ palante y palante/ y al que no le guste/ que tome purgante”.

La “Crisis de los Misiles” contó con sus propios lemas, y algunos de ellos aún nos revelan el peligroso candor de una multitud que no siempre llegó a tener clara la dimensión de la catástrofe que se sorteó. Incluso la homofobia pretendió lucir en algunos sectores un carácter patriótico. Tomemos a modo de ejemplo lo que coreaban algunos, frustrados con la solución que, por fortuna, se encontró: “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita”.

Juan Antonio García Borrero

Ficha técnica:
LISANKA (2009)/ Dirección: Daniel Díaz Torres/ Guión: Daniel Díaz Torres, Eduardo del Llano, Francisco García González/ Producción General: Frank Cabrera/ Dirección de Fotografía: Ángel Alderete/ Productores Ejecutivos: Camilo Vives/ Director de Arte: Onelio Sarralde/ Actúan: Carlos Enrique Almirante (Sergio), Rafael Ernesto Hernández (Aurelio), Mirielys Cejas (Lisanka), Blanca Rosa Blanco (Teté), Enrique Molina (Máximo), Jorge Ali (Morejón), Raúl Pomares (Nicanor), Kirill Zolygin (Volodia), Vladislav Vetrov (Capitán Ruso), Osvaldo Doimeadios (Rufo), José Ambrosio Pérez (Padre Luciano), Paula Ali (Arminda), Otto Ortiz (Lupercio), Giselle Fundora (Bertica),Eduardo del Llano (Nikita), Antulio Marín (Eliovel), Limara Meneses (Virgen), Jorge Molina (Sasha), Rogelio Blain (Capitán Restrepo).

Sinopsis:
En Veredas, pueblo imaginario de la Cuba de principios de los años sesenta, se encuentran enclavados cohetes soviéticos. Dos jóvenes, Sergio y Aurelio, se disputan el amor de Lisanka, la muchacha más bella y deseada de la zona. La Crisis de los Misiles está por comenzar y llega al lugar un “grupo” de soldados soviéticos, entre ellos, Volodia, quien se convierte en un peligroso rival para Sergio y Aurelio. La vida cotidiana del lugar y la de Lisanka se altera irremediablemente.

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Publicado el julio 25, 2010 en PELICULAS DEL ICAIC. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Julio César Gómez

    Personalmente hay mucho más ke agradecer al film, me pareció muy buena propuesta y una de las cosas ke mas me gustó es ke aunque la historia se desarrolla en otros tiempos, la cinta me hace relacionar cada escena con la situación ¿política? que se vive hoy. Creo que no solo se propone narrar la historia de amor, sino que se aprovecha esa historia para decir unas cuantas cosas más… (Apreciación personal)
    Es sencillamente lo que Daniel, como muchos de nosotros tenemos deseos de decir… En fin me divertí mucho, aun al final cuando cae la bandera cubana y Sergio y Aurelio quedan amigos; qué interesante!!!

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