Archivos diarios: julio 18, 2010

PUCHEUX SOBRE SU INICIO EN LA TRUCA

FUE UN MAL DÍA, PERO TAMBIÉN FUE EL COMIENZO.
Por Jorge Pucheux.

Fue un mal día, muy mal día. Pero también fue el comienzo. Corrían los primeros meses del año 1967. Los estudios de Cubanacán tenían varios buses que, divididos en diferentes turnos, llevaban y traían a la sede principal del ICAIC, en el barrio del Vedado, casi en la famosa esquina de 23 y 12, a todos los que allí trabajaban. Un grupo entraba a las 7 y el resto a las 8; nosotros los que trabajábamos en los Laboratorios lo hacíamos en el primer turno.

Recuerdo que ese día sucedieron cosas extrañas. Lo primero fue un amanecer muy oscuro, muy nublado, con un ambiente denso. Lo segundo, que vimos desde el interior del Bus en movimiento, a la altura del entonces Coney Island Park, por encima de los techos del balneario La Concha , una luz muy brillante en forma de tabaco que se movía a una gran velocidad camino al oeste. Nuestra visión fue muy difícil, pues teníamos delante muchas construcciones, tanto del parque como del edificio del balneario. Luego, sobre las 9 de la mañana, ya con todo el personal en los Estudios, recibimos la mala noticia de que casi a la entrada del centro, a unas cuadras solamente, Ángel López, el especialista principal de la Truca, mi jefe (yo era entonces su asistente), había sufrido un accidente con su moto. La entrada a los Estudios se solía hacer por dos caminos, uno, por la autopista Novia del Mediodía y el otro por el interior del residencial Cubanacán. Justo casi llegando a los estudios, había un cruce muy peligroso, pues de la autopista venía una carretera que atravesaba el camino interior. Allí, Ángel se había llevado un STOP.

Angelito, como se le conocía, había sido un excelente técnico de laboratorios mucho antes de entrar al ICAIC, allá por los años anteriores a la Revolución. Sus conocimientos de todo el proceso de laboratorio cinematográfico eran muy altos; con él aprendí mucho de lo referente a las interioridades tecnológicas de los procesos de revelados y sobre todo de los de duplicación.

La Truca, fundamentalmente, procesaba proyectos que en un gran por ciento necesitaban de las duplicaciones. Ángel, en eso, fue mi gran maestro junto a Pedro Luis Hernández, quien también era entonces tecnólogo de los laboratorios.

Ángel falleció en aquel accidente, y de pronto me quedé solo en la Truca. Yo tenía entonces unos recién cumplidos 23 años, y sabía que no había nadie más en Cuba que conociera el equipo; solo Pepín Rodríguez podía seguir con el proyecto que entonces estábamos realizando Ángelito y yo.

Pepín manejaba la Mesa de animación, y esta, en algunas partes se le parecía a la Truca.
Resultó al final que Pepín no podía asumir los dos equipos, pues con el suyo él también tenía su parte que realizar en el mismo proyecto.

La Truca quedó parada y con ello los trabajos de efectos visuales de “David”, el filme de Enrique Pineda Barnet, un documental de largometraje muy importante para el Instituto y para Enrique. El documental en esos momentos estaba justo en su etapa final de edición y ya necesitaba de todos los efectos, entre ellos los de la Truca.

El gran problema era que Ángel, junto a Enrique, Caíta Villalón, la editora, y los diseñadores, Rosgaard y Raúl Martínez, habían realizado todo el diseño general de los efectos visuales, y sobre todo de las Cortinas o Wipers y de todo el armado de diferentes procesos de imágenes que llevaba el filme.

Yo entonces desconocía totalmente cómo se había planeado todo este trabajo; solo conocía la manera tecnológica para hacerlo todo realidad. Pasaron varias semanas hasta que una tarde – sobre las tres- se apareció el mismísimo Alfredo Guevara en el cubículo de trabajo donde estaba la Truca y me preguntó si yo me atrevía a seguir solo en el proyecto de “David”, que era muy importante y no conocían a alguien más que pudiera seguir con el proyecto. Pepín debía seguir con la otra parte del trabajo: en fin, que me tocaba. Recuerdo que le respondí rápidamente “Si puedo” aunque por dentro, y aún no lo olvido, estaba temblando de arriba a bajo. Le dije que solo necesitaba estudiar todo lo que Ángel había dejado escrito y dibujado, revisar las copias de trabajo, hablar con la editora, tal vez con el mismo Enrique.

Lo cierto fue que dos semanas después estaba yo terminando el trabajo de Truca de “David”. Enrique aprobó felizmente los efectos y se pudo terminar el documental. Así fue también como me quedé en la Truca. Luego, con el tiempo, unos meses después Milton Macedas (mi gran amigo) me decía en la cafetería que me había pasado como en las películas, cuando al artista principal le sucede algo y su segundo sale por él, pues el Show debe continuar. Nunca hubiera deseado que ocurriera así. Pero a veces la vida te da sorpresas.