Archivos Mensuales: abril 2010

REYNALDO LASTRES SOBRE LA VERDAD HISTÓRICA Y LOS HISTORIADORES

Hola Juan Antonio:

Al igual que a ti me parecen muy interesantes los prismas por los que se acercan a la historia los amigos D. Orozco y A. Velásquez. Y es cierto que sus respectivos enfoques se contraponen. No obstante lo válido de ambas propuestas, soy más partidario de Velásquez en tanto me parece una utopía contar alguna vez con una Verdad Histórica. Empero, me parece más lúcido acercarse al fenómeno no en busca de una historia ideal, sino _Greenaway mediante_ tratando de construir un historiador ideal.

El historiador ideal sería aquél capaz de conciliar bajo una sola visión los enfoques de vencedores y vencidos respectivamente. Un Tucídides _ese grande entre los griegos _ resucitado y renovado, tamizado por las perspectivas marxistas y annalistas (al unísono), aunque sin dejar de beber también de lo mejor y menos dogmático de la escuela positivista.

Por otra parte Juan Antonio, no comparto contigo esa manera de englobar a todos los que tenemos menos de treinta años (para hacer una acotación cualquiera), bajo la etiqueta genérica de “jóvenes” para luego reflexionar sobre “el escaso interés” de los mismos por los temas históricos. Recuerda el fatídico uso de la palabra “pueblo”, y verás que mis dudas no son infundadas pues en ese sentido las clasificaciones siempre van a resultar entre ambiguas y tiránicas. Y aún más, cuando a las nuevas generaciones se les hace casi imposible reconocerse como proyecto, como la representación de un momento histórico. Luego, veo desacertado nominar bajo un precepto monolítico a algo que no puede ser más fragmentario y disperso. Son mis impresiones.

Saludos desde Holguín.

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COMUNICADO DEL HAVANA FILM FESTIVAL NEW YORK

“Memorias del Desarrollo” gana el Havana Star como Mejor Película en el 11º. Havana Film Festival New York

Miente y La Bodega fueron premiadas en las categorías de Mejor Director y Mejor Guión respectivamente

Huacho recibió Mención Especial del Jurado

El Festival fue un gran éxito de taquilla

Nueva York, 24 de Abril 2010–Memorias del Desarrollo, el largometraje de ficción realizado por Miguel Coyula (Cuba-Estados Unidos) resultó galardonado con el premio Havana Star en la categoría de Mejor Película. El jurado estuvo compuesto por Louis Perego Moreno, Michael Hausman y Sandy Lieberson. El Havana Star al Mejor Director fue otorgado a Rafi Mercado (Puerto Rico) por su filme Miente, mientras que Ray Figueroa (Guatemala) recibió el premio al Mejor Guión por La Bodega. El jurado decidió otorgar una Mención Especial a Huacho, la cinta dirigida por Alejandro Fernández (Chile). La ceremonia de clausura del festival se llevó a cabo el 23 de abril, 7:00 PM, en el New York Directors Guild Theatre.

Al entrar en su segunda década, el HFFNY estableció el Havana Star para reconocer la labor artística de nuestros cineastas en las categorías de Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guión.

Tras examinar detalladamente las 15 películas nominadas, provenientes de Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, República Dominicana, Guatemala, México, Puerto Rico, Venezuela, y los Estados Unidos, el jurado concluyó su dictamen con las siguientes palabras: “Felicitamos a todos los cineastas por la calidad de sus películas. Desde nuestra posición de miembros del jurado, hemos tenido el privilegio de vislumbrar un movimiento de cineastas dotados de una gran determinación por contar sus propias historias y por definir estilos y estéticas muy personales, lo cual fue de gran interés y a la vez un gran desafío a nuestra labor. Se trata de trabajos que representan de manera colectiva la consolidación de una industria cinematográfica latinoamericana sumamente crítica y compleja—trabajos que reflejan y a la vez se inscriben en el panorama histórico audiovisual de los continentes americanos.”

Memorias del Desarrollo parte del tema y personaje del clásico cubano Memorias del subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea). Ésta la segunda película de Miguel Coyula, propone un viaje a la subjetividad de Sergio, el intelectual burgués de la historia original, pero 30 años más tarde, esta vez enfrentado a su envejecimiento progresivo, a nuevas formas de alienación, y a un exilio en Nueva York. Al aceptar el galardón, el director, nacido en Cuba y radicado en Nueva York, expresó su agradecimiento: “Recibir el premio Havana Star a mejor película significa mucho para mí. Es el gesto de un jurado que decidió tomar el mismo riesgo que tomé como cineasta. Esto signfica aún mas hoy en día, cuando muchos Festivales de Cine plantean un modelo donde la integridad artística queda relagada a un segundo plano a favor de lo politicamente correcto o lo comercial. La recepción del público también fue muy inteligente, y esto significa tanto como el premio.”

Los otros premios fueron otorgados de la manera siguiente:

• Mejor Director, Rafi Mercado, por Miente (Puerto Rico), un thriller psicológico con un toque visual novedoso que cuenta la historia de un artista joven. La actriz Maine Anders (que interpreta el personaje de Jane en la película) recibió el premio.

• Mejor Guión, Ray Figueroa, por La Bodega (Guatemala), la historia urbana de un joven que intenta vengar la muerte de su hermana con ayuda de su mejor amigo.

• Mención Especial del Jurado, Alejandro Fernández, por Huacho (Chile), una bella historia sobre las dificultades enfrentadas por una familia de campesinos en Chile. En las palabras del jurado: “Atreviéndose a incorporar elementos de distintos géneros, la película fue filmada como un documental observacional que muestra la dura realidad que viven millones de campesinos chilenos.”

El HFFNY rindió homenaje este año al reconocido escritor, director, poeta, actor, y dramaturgo cubano Enrique Pineda Barnet, quien nos ha entregado más de cuatro décadas de un cine verdaderamente inolvidable. El HFFNY celebró su presencia en el festival con la muestra de Cosmorama, película suya considerada la cinta precursora del movimiento de videoarte contemporáneo, y que actualmente forma parte de la colección permanente del Centro Reina Sofía de España; La Bella del Alhambra, ganadora del prestigioso Premio Goya a la Mejor Película en 1989; y La Anunciación, su película más reciente acerca de la reunión de una familia cubana dividida.

La ceremonia de clasura y presentación de premios fue seguida por el estreno en los Estados Unidos de Eso que Anda, un entretenido documental realizado por Ian Padrón sobre la gira más reciente de la agrupación de música popular Los Van Van por toda Cuba; gira a la que asistieron más de un millón de personas.

El festival mostró más de 46 títulos, incluyendo películas de ficción y documentales. El grado de participación del público fue el mayor en la historia del festival. Otra importante actividad del festival este año fue la discusión de panel El Negocio del Cine: América Latina—Estados Unidos, acerca de los aspectos financieros y legales del desarrollo, financiamiento, producción y distribución del cine en la región. Dicho panel tuvo lugar en el Centro Rey Juan Carlos I de España, de la Universidad de Nueva York (NYU), y contó con la participación de cineastas y expertos de la industria cinematográfica.

HFFNY agradece la colaboración de todos aquellos que han contribuido a esta nueva edición del festival. El actual patrocinador del HFFNY 2010 es NBC 4 /Telemundo 47. Otros patrocinadores del festival son El Diario La Prensa, The National Arts Club, WBAI, TD Bank, Latino Artists Round Table (LART), NY Remezcla, Xael Charters, U.S.-Mexico Chamber of Commerce, Mexicana Airlines, LICP Graphics, Cine Latino en NY, NALIP, Havana-Cultura.com, Marazul Charters, Rockamedia, Copacabana Pizza & Grill, Giovanna’s, Bardolino, Il Buco y Brazil Brazil. Los hoteles patrocinadores del evento este año son el Hotel Maritime, el Hotel Bowery y el Hotel Gershwin.

El HFFNY también recibe fondos públicos del Consejo de las Artes del Estado de Nueva York, así como el apoyo de fondos públicos del Departamento de Asuntos Culturales de la Ciudad de Nueva York. El HFFNY se ha integrado a la celebración del Immigrant Heritage Week de Nueva York y es parte de los eventos Latin Media and Entertainment Commission (LMEC)

Havana Film Festival NY es un proyecto de los Amigos Americanos de la Fundación Ludwig de Cuba (AFLFC), una organización sin fines de lucro 501 (c) (3) que se encarga de construir puentes de diálogo cultural entre Cuba y Estados Unidos a través de programación en las artes.

Para mas información visite la página web: http://www.hffny.com

SOBRE LA VERDAD HISTÓRICA Y LOS HISTORIADORES

Estimados Delio y Ángel:

Ante todo muchísimas gracias por esas reflexiones que han enviado al blog. Hablamos de un tema complejo que, obviamente, resulta imposible discutir con toda la profundidad que quisiéramos en un sitio como este, pero al menos a mí lo que me interesaba era llamar la atención sobre un asunto que, en el caso de los historiadores que han abordado el cine cubano, apenas ha sido mencionado: el problema de cómo y para qué construimos una Historia del cine nacional.

Y por supuesto, eso me llevaría a someter a crítica (comenzando por casa propia, es decir: por lo que hago) al sujeto que se hace llamar historiador, y a fiscalizar los límites y posible valor de ese conocimiento que se ha producido. Todo ello con la inquietud que hemos mencionado en varios de los escritos publicados: el escaso interés de los jóvenes por la indagación de corte histórico, o por lo menos, por la recepción crítica de ese conocimiento histórico, pues ese sería un tercer asunto a pensar: ¿para quiénes escribimos esa historia?

Tengo la impresión de que en Delio y Ángel se contraponen, ahora mismo, dos modelos de historiadores que, no obstante sus disparidades, pugnan con aquel ya trasnochado que, con demasiada ingenuidad, nos hablaba de la Historia como “relato”, y nos proponía una narración donde los conflictos y las situaciones se entendían de una manera harto transparente. Esa contraposición entre ellos se hace evidente cuando Delio nos habla del “único partido que convierte la Historia en ciencia: el de la verdad histórica”, y Ángel, en cambio, nos comenta que “esta verdad que se quiere adjudicar la historia, nunca ha existido. No ha existido como realidad, sino como sueño”, y más adelante nos advierte que “no existe ninguna verdad histórica que demostrar. La vida es total y orgánica en sí misma”.

Más allá de lo que en términos epistemológicos pudiéramos discutir, y que como bien dice Ángel, todavía mantiene en litigio la esperanza de que el historiador pueda alcanzar la verdad, me interesaría llevar a un terreno más práctico este asunto de la, para mí, indiscutible utilidad de la Historia. Subrayo que no me interesa la Historia como esa suerte de museo donde vamos a encontrar finiquitados ya todos los modelos para actuar, lo cual no sería otra cosa que enorgullecernos de una triste condición de epígonos, algo que haría muy poco honor a nuestra individualidad creativa. Hablo de la Historia en aquel sentido que sugería Nietzsche cuando aseguraba que “necesitamos de la historia, pero la necesitamos de otra manera a como la necesita el holgazán mimado en los jardines del saber”.

¿Cómo conseguir escribir entonces una historia que no nos anule los deseos de soñar con lo que nunca se ha visto, con lo que podemos crear a partir de nosotros, sin sucumbir a la tentación fácil de negar lo que ya ha sido, y que todavía nos conforma? Para el propio Nietzsche “es preciso oponer a los efectos de la historia los efectos del arte, que puede conservar los instintos y hasta despertarlos. Ahora bien. Semejante manera de escribir la historia estaría en perfecta contradicción con la tendencia analítica y antiartística de nuestra época, y hasta se llegaría a ver en ella una falsificación”.

En el caso del cine cubano, sí creo que existe una realidad histórica que todavía permanece invisibilizada debido a la exclusión o permanencia en las sombras de determinados sujetos y acciones que la han hecho posible. Y es deber de los historiadores defender la memoria de ese gran sueño que ha sido el audiovisual de la nación en su dimensión más integral y profunda. Defenderla no desde la posición del aldeano vanidoso que se piensa a sí mismo como ombligo del mundo, sino desde el paradigma de la complejidad que nos explicaría un devenir colectivo.

Pongamos que todo sea un gran sueño, o una gran pesadilla. Ficciones que enmascaran nuestras más puntuales tragedias y/o alegrías. Estoy de acuerdo que un lenguaje automatizado (que es el que normalmente utilizamos, por las convenciones que sea) resulta incapaz de “historiar” eso que ha sido tal como fue, pero la conciencia de esa carencia puede concedernos la oportunidad de corregir el tiro. No para describir “una Verdad histórica”, sino para tomar conciencia de las infinitas posibilidades y riesgos que supone “leer” un hecho histórico, siempre pensando en el futuro.

En este punto, he de recordar todo el tiempo las enseñanzas de ese gran “histórico” que fue nuestro gran Enrique José Varona, cuando en su discurso de recepción en la Academia Nacional de Artes y Letras en el ya lejano 1915, hablaba (¿nos hablaba?) de un modo que a mí se me antoja absolutamente contemporáneo. Se los cito porque insertar este tipo de reflexión en nuestras conversaciones podría contribuir a desmontar el mito de que la Historia ya no tiene o nunca tuvo nada que decirnos. Decía Varona en 1915:

“Transformadas, al conjuro de la ciencia, las condiciones de la vida material, cada día son mayores, y tienen que serlo, las aspiraciones morales de más grande número de hombres. Son muchos, son innumerables, los que aspiran a más porque ya saben qué respiran y cómo respiran, diré, alterando un tanto el aforismo célebre de un sabio cubano. Cualesquiera que sean nuestras opiniones personales acerca de la solución mejor para las reivindicaciones socialistas, hay que buscarla, desechando mucho rezago inservible de las organizaciones pasadas, mejorando los ensayos plausibles que se han aplicado, legislando, sobre todo, como quien trabaja para preparar la necesaria labor de mañana, y no para sostener la ya hoy inútil labor de lo que dejamos a la espalda. Lo que fue debe servir de lección y ejemplo, para sustituirlo convenientemente; de boya que avisa el escollo donde pudimos haber zozobrado. Hay por lo menos que levantar el faro, sólido y alteroso, que nos alumbre el camino incierto, y que sea el ojo que se enciende para sondear las tinieblas del porvenir”.

Juan Antonio García Borrero

PUCHEUX SOBRE EL DISEÑO GRÁFICO EN LA ACTUALIDAD

UNA BREVE REFLEXIÓN SOBRE QUÉ PINTA HOY UN DISEÑADOR GRÁFICO DENTRO DEL CINE…
Por Jorge Pucheux.

En estos últimos años dentro de la producción cinematográfica latinoamericana no he encontrado trabajos interesantes en el diseño gráfico. Salvo en muy pocos filmes, no ha habido audacia, nuevas propuestas, búsquedas y me pregunto siempre: ¿por qué?, ¿a qué se debe?

Platicando con algunos alumnos de estas carreras en varias Universidades, he podido entender un poco el origen de estas ausencias. Para muchos, la zona cotidiana en que trabaja el diseño gráfico está solamente dirigida a las artes gráficas, a las impresiones, a la publicidad, al diseño de revistas, páginas web, carteles, etc, sin darse cuenta que el diseño gráfico puede y de hecho la vida misma hoy día lo demuestra, puede abarcar muchos más Medios, entre ellos el cine. Nadie les habla claro. Nadie o muy pocos les toca el tema del cine, o los motiva.

El cine necesita mucho de ellos. El cine necesita diseños en todo lo referente al proceso de visualización de imágenes, el cine necesita de diseños en los trabajos de vestuarios, maquillajes, locaciones o escenografías, en los créditos de presentación y finales de una película, en las animaciones, en los necesarios Story Board, y hasta en los avances o trailer de ellas.

Lo que es muy lamentable es que no se les impartan conocimientos o se les den, al menos para comenzar, los elementos o los tips necesarios para que puedan decidir también si les interesaría realizar estas tareas o si continuarían trabajando en las áreas donde casi todos están,

Claro, que cuando se trata del cine, esto necesariamente tendría que tomar rápidamente otro camino, pues se necesitaría conocer todo lo referente al lenguaje visual cinematográfico, a sus propias leyes, a su tecnología y a lo más complejo, a su filosofía.
Se daría un salto en las carreras de diseño gráfico si se incluyera el cine como un Medio importante para el futuro desarrollo de los estudiantes en estas artes, permitiéndoles ganar en nuevos nichos de trabajos, en nuevas zonas desconocidas para ellos y a la vez nuestro cine ganaría también no solo en riqueza visual, sino en una mayor calidad y factura. Existen ya algunas Universidades que han comenzado a tenerlo en cuenta. Qué bueno, ¿no?

ÁNGEL VELÁZQUEZ SOBRE TEBAS, LA HISTORIA Y LA VERDAD HISTÓRICA

TEBAS CONTRA LA HISTORIA

Por Ángel Velázquez Callejas

Juan Antonio:

Como cuenta la historia bíblica en el Nuevo Testamento, Poncio Pilato preguntó a Jesús: ¿qué es la verdad?, a cuya pregunta Jesús mostró absoluto silencio. Hoy se dice, 2000 años después, que ese silencio fue la respuesta. Pero debido a ese silencio, en aquel entonces, el gobernador romano autorizó la crucifixión de Jesús. Al quedarse callado Jesús, Pilato entendió se negaba a responder. Y, desde luego, el silencio de Jesús ante la pregunta del gobernador romano provocó en la mentalidad posterior una profunda búsqueda de la verdad. A tal punto, que ese silencio se convirtió a partir de la crucifixión en el condicionamiento fundamental de la mente intelectual del mundo occidental. Ese silencio abrió una brecha, un distanciamiento entre lo posible y lo real y proclamó la búsqueda no antes imaginada por el misterioso hecho que encierra. Se entendió que si el mensajero de Dios cayó ante la pregunta primordial de aquella época, era porque estaba descartada su existencia.

Leyendo algunos textos clásicos de la historia y la literatura que anteceden al periodo moderno, me doy cuenta que nadie puso en duda, frente al fenómeno de la crucifixión de Jesús, la pregunta del gobernador romano qué es la verdad. Comenzaba de ese modo el decantamiento, de hecho, de la existencia de una verdad que demostrar a priori. E incluso, cuando la pregunta retoma el vuelo original, ningún filósofo del siglo XIX y XX puso entredicho el hecho de esa búsqueda por la que se sometía la indagación histórica y la cultura. Y ese es el origen metafísico, el metarrelato, de la pregunta: a Jesús no le interesaba una pregunta muerta, sino un señalamiento vivo.

Sin embargo, el silencio de Jesús dio origen primero a la teología del cristianismo y sucesivamente después al encuentro con los determinismos. Primero, de Dios sobre el mundo (los teólogos), luego la Historia (Hegel y Marx), posteriormente el la Voluntad (Schopenhuer y Niezstche); en el siglo XX el Inconsciente (Freud), el ser para la muerte (Heidegger) y el ser causal para la resurrección (Lezama). Este último determinismo, el de un sistema poético del mundo, vuelve al origen de la respuesta de Jesús a la pregunta de Pilato y entonces el círculo se cierra. Parece que los determinismos acaban, pero la búsqueda por la verdad sigue en pie, porque el condicionamiento de ese fenómeno ha calado tan hondo en la mente del hombre que le es difícil salirse de esa mentira. Como esa mentira ha echado raíces profundamente en el inconsciente del hombre durante estos 2000 años, y ha quedado para la mente consciente como un hecho verdadero, entonces de antemano, sin preguntar a nadie, sin ni siquiera meditar en la frase de Martí, el hombre debe reconquistarse a sí mismo, la verdad debe ser hallada de algún modo. La palabra verdad se convirtió en una realidad. Hueca, sin sustancia, la palabra verdad llenó el vacío del silencio de Jesús. De modo que no es tan difícil percatarse a través de los textos históricos como ese condicionamiento de la palabra verdad pasó de una mano a otra sin ser cuestionada. Cuando Voltaire escribió sus Confesiones, prescindió de ese hecho. Creyó enumerar todos sus pecados, pero el mayor pecado quedó sin enumerar: no haberse dado cuenta que era un pecador histórico. Pecaba de no dudar de la verdad histórica, de no dudar de un concepto. Se había identificado tanto con esa palabra verdad que el velo de su sueño la aceptó sin ningún cuestionamiento. La mente de Voltaire fue infectada, como ha sido infectada la mente de un creador como Lezama. La humanidad ha sido infectada con esa palabra.

Entonces la Historia vino y sustituyó a Dios como el motor impulsor del progreso; la Historia como concepto construyó una nueva verdad a dilucidar: la verdad histórica. Y a cada verdad le sucedió una determinación. Los historiadores tienen una verdad, los poetas otra, los sociólogos la verdad social, y así sucesivamente. Los determinismos comenzaron a adueñarse de la responsabilidad de los actos de los hombres. Después de la Historia, el psicoanálisis asumió el derecho a la responsabilidad en el siglo XX y finalmente la finitud de la vida, de la muerte, se impuso como todo un soberano. La conciencia sobre la muerte comenzó a determinarlo todo. Gracias a Lezama, el vacío que registra la finitud, el ser para la muerte, es derrotado por el ser causal para la resurrección. Pero observa, Juan Antonio, la sutileza de la lógica y como va tejiendo paso a paso el proceso de la determinación, e incluso la de ser para la resurrección. No hay nada revolucionario en ello. El hombre sea para Dios, como para la historia, como para la voluntad está exento de responsabilidad. Tiene el pretexto para echarle la culpa a alguien. Esta ha sido la desgracia mayor por la que ha pasado la humanidad. Al hombre -y esta es una condición esencial de su ensoñación- le ha gustado siempre estar enganchado a una determinación siempre que ayudara a sobrevivir la angustia del ser.

Fíjate, Juan Antonio, como esta concepción de la verdad histórica nunca ha sido puesta en duda por ningún historiador. Hegel halló en la dialéctica del amo y esclavo la nueva concepción de la razón histórica, y Marx en la lucha de clases, en la historia de esta lucha, el motivo del progreso y de la Historia. Pero ni Hegel ni Marx dudaron ante el poderío del condicionamiento de esa fórmula que hizo creer desde la crucifixión la existencia per se de una verdad que hallar. El heraldo de la historiografía moderna, el fundador de Annales, una de las escuelas de mayor resonancia en la investigación histórica en el mundo, Mach Bloch, creía en la histórica que mostrar. Recibió sin ningún miramiento la condición sine qua non la existencia de una verdad histórica que demostrar de antemano. Y durante el siglo XX y el que corre, ese condicionamiento sigue intacto en el mundo de los más avezados historiadores. Leí hace un tiempo los cuatro tomos que publicara Carlos Barros acerca de la historia y la investigación. Historia a Debate, recoge mejor que otros textos contemporáneos el trabajo multilateral e interdisciplinario del oficio del historiador. Para lograr la totalidad de la historia, representando lo que Delio Orozco llama “entre reyes y plebeyos, obreros y plutócratas, amigos y enemigos”, Carlos Barros y su equipo de trabajo se embarcan en una obra titánica. Intervienen con el mejor micromundo de las ciencias sociales y en un fascinante manejo de nuevas fuentes y herramientas multidisciplinarías que le devuelve al historiador la esperanza, aun en litigio, de que la historia puede alcanzar la verdad, puede sistematizar la totalidad.

Juan Antonio, tengo esa deuda con la historia porque me formé en una escuela de historia. Creí también por mucho tiempo que había una verdad histórica que demostrar, una historia total que reconstruir. Fui ingenuo a un condicionamiento, a un memen, que nunca, a no ser que la vida me poseyera de una significación existencial, hubiese dudado de ello. Nada más falso. La historia no tiene que demostrar ninguna verdad, o mejor dicho, a la historia no le corresponde ninguna verdad que discutir. La historia es un flujo no verdadero. ¿Es posible que la historia pueda asir la totalidad, pueda asir la poesía, por ejemplo? ¡Imposible!. El hecho mismo del cual está construida la historia -de sueños- no le permite ni siquiera asomarse a la totalidad de la vida. Y el discursar del hombre, sin duda, es histórico en tanto es un largo sueño, una larga pesadilla temporal. Esa es para mi la significación de la pregunta que citas tú del trabajo de Elda Cento: “¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?” En otras palabras, es como preguntar: quién construyó la poesía, o, que es lo mismo, qué es la verdad. Tebas es poesía, espacio poético protegido por siete entradas, cuyo espacio se refiere Gastón Bachelard en su obra. Pero mediante la historia, el análisis histórico, la razón histórica, no se puede entrar en ese espacio, no se puede entrar en Tebas. Brecht fue un dramaturgo genial y sus motivaciones intelectuales estaban dirigidas a burlarse, de un modo sutil, de la lógica histórica. De hacerlo, de penetrar con ella en Tebas, con la lógica histórica, Tebas moriría, perdería su encanto, se destrozaría su belleza, se aplastaría su unidad orgánica. Eso sucede con Lezama, quien intenta entrar en la poesía con un sistema; y la destruye.

Y eso es lo que ha venido haciendo el análisis histórico; donde hay belleza la destroza. Esas siete puertas están cerradas para la historia y el oficio del historiador. Tebas es una gran metáfora acerca de la verdad, pero no es una verdad histórica. Esta verdad, que se quiere adjudicar la historia, nunca ha existido. No ha existido como realidad, sino como sueño. Fíjate bien en el texto que te envía nuestro amigo Delio Orozco. Aunque no estoy de acuerdo en su punto de mira, en su modo de concebir el carácter de la historia, hay un filón espiritual que le atribuye una dicotomía muy sutil entre el saber científico y el sentido existencial que pueda representar en un futuro el trabajo del historiador, sobre todo el historiador del cine cubano, si de éste queda algo por decir. Este último punto resulta para mi esencial. La preocupación que te asalta, según Orozco, ¿de dónde le viene a la juventud el desamor por esta ciencia primordial? me parece lógica y hasta cierto punto útil que se manifieste. Sin que medie ningún pesimismo en mi aseveración, ya estos no serán los tiempos para el determinismo histórico, para el análisis histórico; serán los tiempos, según lo imaginaba Lezama, para fijar los tiempos de la resurrección. Lo que se está produciendo en la juventud es digno de entenderse revolucionariamente; se está produciendo, en mi opinión, un cansancio significativo y al mismo tiempo un cambio de ritmo, del ritmo sistáltico, o de las pasiones tumultuosas, como lo veía Lezama, al ritmo hesicástico. Y no exagero, no hiperbolizo nada. Un ritmo se intuye, donde no será determinante el análisis histórico, sino el canto a la belleza. Se trata, en otras palabras, de una profunda crisis existencial, donde la determinación histórica por primera vez se ha puesto en duda colectivamente. Es un hecho que he visualizado quizás equivocadamente, pero el peligro radica, como he dicho más arriba, que este cambio puede convertirse en una nueva determinación para el futuro. De hecho, como lo veía Lezama, no deja de intuirse como una determinación finalmente imaginada.

Estoy de acuerdo con tu reclamo, Juan Antonio, cuando aludes a favor de una ciencia que penetre y asuma con responsabilidad todas las actitudes, las formas y las maneras de cómo se construyó ese sueño, el sueño del cine cubano. Pero recuerda, este no será el modo para lo que se avecina. No será útil para las nuevas generaciones reconstruir la verdad histórica, pues quien se dedique a averiguar un entorno desmitificado de la totalidad, de cualquier determinación, no será convencional a su espíritu. Esto será así en el futuro.

He estado mirando en tu libro “Otras maneras de pensar el cine cubano” algo que me mueve abrazar la herejía una vez más. La incorporación de un nuevo concepto, de un nuevo centro, se hace imprescindible para entender el metarrelato cubano, el de “icaicentrismo” e “historia profunda”. Ambos implican una verdad. Ambos se derivan del proceso lógico del pensamiento. Como bien tú dices no es un modo de opinar, sino de pensar. Y desde luego, lo encuentro válido. Pero la misma concepción de “icaicentrismo”, que remite a una crítica del centro, crea otro centro; ahora todo comienza a girar alrededor de la crítica. Esos son los peligros que veo en los conceptos y las palabras: llevan implícita una verdad que demostrar, sea crítica, especulativa y concreta. No obstante, tu modo de mirar el proceso de la historia del cine cubano es un hecho tangencial que permite abrir el diapasón a una historia total, aunque lo profundo hunda su raíces en lo sicológico de los personajes y actores. Esto te obliga pensar científicamente la historia del cine cubano. Cosa que no rechazo, porque ese paso, que falta en la historiografía del cine, no puede ser violado. El paso siguiente nos lo está exigiendo la vida, cuyo reclamo se dibuja en esa intención quizás inconciente de la juventud cubana.

Yo mismo he tomado aquí el uso de la lógica y del análisis histórico. Como Voltaire, he pecado una vez más. Y por eso no puedo cantar y no puedo bailar. De modo así nunca Tebas será para mí. Ese es el hecho primordial que quiero subrayar en esta idea. Desde luego, en un futuro para el cine cubano, como para todas las asignaturas adyacentes, la verdad histórica no existirá, pues quedará como la mayor ficción creada en el mundo occidental. Un concepto. Porque en la vida, si miramos bien, no existe ninguna verdad histórica que demostrar. La vida es total y orgánica en sí misma. Y te lo digo por experiencia propia. En mi búsqueda no he hallado en mí ninguna realidad histórica que demostrar, a no ser que el ego me impulse a creer que tal cosa existe.

Si la crucifixión dio origen a este cliché, al origen de este condicionamiento, a esta mentira, a la mejor ficción jamás creada por el intelecto, las nuevas generaciones llevarán la antorcha de un nuevo renacimiento, y por ende, el cine cubano no estará ajeno a los tiempos que se avecinan. El silencio de Jesús no es el pecado, aunque este fuese el motivo de la crucifixión. El pecado hubiera sido las palabras que intentase responder la pregunta de Pilato. Y la humanidad ha estado respondiendo la pregunta que jamás será asida por palabras y conceptos.

LÉSTER HAMLET GANA GRAN PREMIO EN FESTIVAL DE CINE POBRE EN GIBARA

Léster Hamlet gana Gran Premio en Festival de Cine Pobre en Gibara

Con la película Casa vieja, aún en proceso de posproducción, Hamlet obtuvo el Gran Premio a la mejor maqueta de largometraje de ficción en el VIII Festival Internacional del Cine Pobre Humberto Solás

AIN
digital@juventudrebelde.cu
25 de Abril del 2010 15:23:59 CDT

GIBARA.— El realizador cubano Léster Hamlet se alzó con el Gran Premio a la mejor maqueta de largometraje de ficción en el VIII Festival Internacional del Cine Pobre Humberto Solás, con la película Casa vieja, aún en proceso de posproducción.

Para el proceso en el que está mi filme, es un premio muy importante, dotado de 70 mil dólares, que permitirán terminarlo, declaró el reconocido realizador de videoclips y cortometrajes.

Nos apuramos mucho para que Casa vieja pudiera estar aquí, apostando por una ilusión. Y ahora, que finalmente se despeja el horizonte, parece que finalmente voy a poder decir que soy director de películas, dijo Hamlet.

El premio al mejor largometraje de ficción recayó en el film georgiano La otra orilla , de George Ovashili, sobre el drama de la infancia en un país signado por conflictos bélicos, étnicos y culturales.

Entre los cubanos premiados se encuentran también Jorge Luis Sánchez y Ona Gutiérrez, en la categoría de guión inédito; y Bárbaro Joel Ortiz, en la de mejor animación, con el gustado 20 años, material realizado con la técnica de stop motion.

La reacción de la gente con mi película había sido muy buena, pero lo que ha pasado con ella aquí, sin sensiblería lo digo, es de esas experiencias que cambian la vida, porque en Gibara no solo es el Festival, es una fiesta de la población, expresó Ortiz.

El premio flaco, largometraje del cubano Juan Carlos Cremata, se quedó con el galardón del público.

Durante una semana, Gibara, la villa blanca del norte holguinero, fue una verdadera tormenta de ideas y arte en defensa de los mejores valores del séptimo arte y la cultura.

Tomado de la edición digital de Juventud Rebelde.

DELIO G. OROZCO SOBRE “LA HISTORIA CONTRA TEBAS”

ENTRE REYES Y PLEBEYOS, OBREROS Y PLUTÓCRATAS, AMIGOS Y ENEMIGOS. COMENTARIOS A UNOS COMENTARIOS.

Por Delio G. Orozco González.

Juan Antonio comenta el artículo de Elda Cento “Crónica personal por los cincuenta años de historiografía en Revolución”, aparecido en la Gaceta de Cuba -publicada por la UNEAC-, con un exergo que dice: “¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas? Conozco al comentarista, no personal pero sí espiritualmente y a Elda más personal que espiritual, aunque ese conocimiento sólo llega hasta la relación afectuosa entre dos colegas que tratan de militar en el único partido que convierte la Historia en ciencia: el de la verdad histórica, porque la agraciada de Clío no posee militancias, sólo se adscribe, de manera genial, a la antinomia de la mentira, aunque a estas alturas, en un mundo tan poliforme y polisémico, vivir y morir abrazado a esa esquiva dama resulta un lujo que muy pocos queremos darnos porque esta musa -altiva, provocadora, hiriente pero definitivamente salvadora-, pesa, cuesta y vale mucho, precio que no todos están o estamos dispuestos a pagar.

Juan refiere una preocupación de Elda más allá del mero hecho en cuestión; ¿de dónde le viene a la juventud el desamor por esta ciencia primordial? Muchas pueden ser las respuestas, pero suscribo el decir de Marc Bloch cuando aseveraba que la Historia está para explicar, no para justificar, y cuando convertimos la ciencia en letanía política y no la hacemos cantar, porque Horacio Pendás dice que “historia que no cuenta es como canto que no canta”, entonces desamor e indiferencia es lo que recibiremos de aquellos que necesitan ser motivados y estremecidos por una verdad histórica que en su núcleo duro es clave de existencia, por cuanto un hombre, lo mismo que un pueblo, no es sólo lo que es o lo que ha de ser, es esencialmente todo lo que ha sido y por qué no, lo quiso ser y no alcanzó.

Hace cien años atrás una historia a la manera de Michelet, de Langlois, de Seignobos o de Spencer eran aceptables, hoy no; ahora es preciso cuestionarse, preguntar, dudar, mirar de manera sistémica y totalizadora porque todo lo que el hombre (objeto y sujeto de la historia) hace, toca, trasvasa, penetra e incluso destruye sirve para entenderlo, la ontogénesis social tiene una fuente variopinta: reyes y plebeyos, obreros y plutócratas, amigos y enemigos, si alguno de ellos no forma parte de la ecuación esta no será resuelta de modo científico. ¿Cómo entender los temores que animaron a los intelectuales cubanos en junio de 1961 o asir el punto cero de la política cultural cubana si no vemos, analizamos, enjuiciamos, explicamos, asentimos o disentimos de “PM” y el entorno en el cual eclosiona?

Juan cita al tercer descubridor de Cuba cuando este percibe las deformaciones, básicamente emocionales -ideológicas o no-, que arropan la valoración histórica; puedo citar entonces a Cicerón o a Cervantes, pero como me complace más la historia de los incas acá, echo mano a un hombre que, como el Ghandi, tenía tal coherencia entre decir y hacer, pensar y obrar que apenas se le veían las costuras, por ello, su fe nunca hizo abdicar su razón: José Martí. Nuestro hombre mayor, escrutador y honrado como pocos, entendía que el acto cognitivo social tenía una espina dorsal: el asimiento del pasado, tal y como fue, desnudo, del mismo modo en que es preciso llegar ante la puerta del infierno, como acotaba el Dante.

La sabiduría -fusión de ética e inteligencia- martiana, legó para todos los tiempos una manera de historiar que aún sigue siendo asignatura pendiente, no sólo para historiadores cubanos, sino, para muchos que en otras latitudes se incluyen, por formación u obra, en el gremio: “Lo pasado es la raíz de lo presente. Ha de saberse lo que fue, porque lo fue está en lo que es” y en un instante de gracia, como el momento supremo donde el conflicto dramático se desenvuelve de manera magistral, acota: “Pasión de patria, carácter de individuo, exaltaciones o modos de estilo: quítese todo esto de la historia para que quede, y aún nos quedará algo parecido a la historia creíble y verdadera”; y como conocía a los hombres porque vivió para ellos, se refería con dolor a la pérdida del segundo tomo del libro “Historia de las Revoluciones en Centro América”, acaecido por motivos de conveniencia política y religiosa, y apuntaba, cual apotegma definitivo que hoy llega lo mismo a los de la diestra como a los de la siniestra, esta convicción redentora: “Así se hace hoy mismo con aquellos acontecimientos a los que se quiere conservar prestigio, y de los que se guardan grandes resultados”.

La nobleza no es un acto posesivo, es un estado del espíritu en tanto grandeza trabajada, por ello alcanzada; a un historiador, pues, sólo debe conducirle la obsesión por la verdad, no a la suya, ni a la de quien le paga; sino, a ella en sí misma porque salva, démonos, al menos, en este mundo de tantas miserias, ese lujo.

LAS VENAS ABIERTAS DEL OLVIDO

Incluso para Schopenhauer, que tenía esa visión tan negativa de la realidad en tanto sueño y representación, la Historia es primordial, toda vez que “la vida del hombre es tan corta y fugaz, y está repartida entre tantos millones de individuos que se precipitan en tropel en las fauces siempre abiertas del monstruo que los espera, el olvido, que es muy de agradecer el esfuerzo por salvar del universal naufragio del mundo el recuerdo de lo más importantes e interesante, de los principales sucesos y personas”

En sentido general, los blogueros somos impecables artesanos del olvido precoz. Todavía no hemos aprendido a lidiar con ese monstruo al cual aludía el filósofo alemán. Y nos encanta erigirnos en portavoces de lo transitorio, de lo superficial, del lugar común, de lo que los “medios tradicionales” se van encargando a diario de jerarquizar de acuerdo a los intereses espurios de aquellos que mandan (y a los que difícilmente conoceremos alguna vez).

¿Puede el bloguero proponerse una meta individual que le permita desertar de ese círculo perverso donde la diferencia ha sido anulada con la masificación de la grisura? Eso solo será posible si conseguimos descubrir en medio de tantos millones de individuos qué es exactamente lo que nos hace únicos y, para decirlo como Schopenhauer, “interesantes”.

Un blog puede contribuir a desmasificar ese modo de enfrentarnos a nuestras circunstancias (que son únicas). Ayudarnos a no seguir siendo rehenes de lo que los demás esperan que seamos, y ser un poco más nosotros mismos (más auténticos). Sólo de ese modo no estaremos entregándonos a esa novedosa variante del suicidio colectivo que es convertirnos en las mismísimas venas abiertas del olvido. Incluso para nuestros seres más queridos.

Juan Antonio García Borrero

ZAVATTINI, NUESTRO HOMBRE EN ITALIA (Fragmento)

Cesare Zavattini fue al cine cubano lo que Jean Paul Sartre y Charles Wright Mills para la política revolucionaria en sus inicios: además de un mentor, un portavoz enérgico. Pero ese vínculo con la Revolución cubana, a diferencia del nexo que establecerían los otros dos intelectuales mencionados, que fue post-59 (si bien Sartre había visitado la isla, de forma fugaz, en 1949), se remonta hasta el año 1953.

Alguna vez confesó que “(d)e muchacho, pensaba que Cuba era una invención salgariana” (1)Pero una vez que la visitara por primera vez, terminó convirtiéndose en uno de sus publicistas más apasionados. Ningún intelectual de Europa expresó antes que él, de manera pública y con tanta vehemencia, el tremendo entusiasmo que le provocaba la derrota de Fulgencio Batista. Era apenas el 2 de enero de 1959, y ya Zavattini le estaba enviando desde Roma a Alfredo Guevara, futuro presidente del ICAIC, una carta donde el desbordado optimismo dejaba leer, entre otras cosas, lo que sigue:

“Le escribo con el corazón feliz por la gran noticia: la huida de Batista. Mi alegría es todavía más intensa porque pienso en la suya, en la de mis otros jóvenes amigos cubanos, en todos los que conocí en Cuba y que también con su amor por un cine neo-realista se expresaban en contra de la dictadura. Estoy seguro de que Fidel Castro se valdrá del cine, tan reprimido por Batista, como el medio más idóneo para conocer y hacer conocer los problemas de Cuba: lo que no significa, insistamos en ello, una cinematografía didáctica, sino simplemente una temática, históricamente interesante y pertinente, desarrollada en el ámbito del espectáculo. (…) Ustedes están en la situación ideal, así como estuvimos nosotros, inmediatamente después de la caída del fascismo, para desvincular el cine de las rémoras industriales y hacerlo devenir el medio de expresión político y a la vez poético de la gran aventura democrática hacia la que se están encaminando. (…) No se preocupen del arte ahora. Estoy cada vez más convencido de que el arte lo encontrará en medio del camino quien pone más seriedad y pasión en la confesión.” (2)

El hecho de que Zavattini haya sido el primero de los cineastas extranjeros en entregarse en cuerpo y alma a disposición del ICAIC, desde luego que no es casual. Zavattini contaba con antecedentes que lo vinculaban a Cuba: había visitado la isla en dos ocasiones, antes que triunfara la Revolución. Su primera visita, según puede leerse en su “Diario Cinematográfico”, ocurrió a finales de diciembre de 1953, oportunidad en la que conoció a varios miembros de la Sociedad Cultural “Nuestro Tiempo” (Alfredo Guevara, José Massip, Jorge Haydú, Bertina Acevedo). En carta dirigida a Guevara por aquella fecha, puede leerse:

“(…) quedé impresionado por la juventud cubana a causa de su unidad, su modernidad, y ustedes saben lo que esto significa, y su sencillez: como ustedes pasaban de los argumentos más cultos, que ya eran acciones, a un baile, a la ofrenda de frutos extraordinarios; en toda su vida física y no física había esa sencillez, esta naturalidad, esta fuerza, esta homogeneidad, es decir un carácter.” (3)

Es de sospechar que Zavattini no estaba generalizando con esa mención a “la juventud cubana”, y solo pensaba en Guevara o Massip, por quienes mostró de inmediato una gran simpatía. Pero es evidente que esa temprana amistad condicionaría su propia mirada sobre la realidad cubana.

Cuando en agosto de 1955 retorna a la isla, encuentra un país donde se ha intensificado la represión policíaca. Sus amigos habían proseguido con las actividades culturales (y políticas), las cuales no eran bien miradas por el gobierno, como prueba la confiscación de “El Mégano”, corto dirigido por García-Espinosa con una clara influencia neorrealista, y que fuera estrenado el 9 de enero de 1955 en el anfiteatro Varona de la Universidad de La Habana.

Por esa misma fecha, Zavattini había trabado amistad con el productor independiente mexicano Manuel Barbachano Ponce, quien se había empeñado en promover en su país el llamado “nuevo cine mexicano”. Barbachano había producido la película “Raíces” (1955), de Benito Alazraki, una película que ganó el Premio Internacional de la Crítica en el festival de Cannes de ese año, evento donde estaba presente el célebre guionista de “Ladrones de bicicletas” (1947). Este confesaría en público su admiración por “Raíces”, y fue el principio de una relación de trabajo que facilitó el retorno del italiano al país azteca, ahora contratado por Barbachano con el fin de escribir el guión de una película que se habría de titular “México mío”.

A su vez, Barbachano había creado en Cuba una empresa de publicidad nombrada “Cine-Revista”, que al principio exhibía semanalmente materiales realizados en México y que posibilitó que muy pronto Gutiérrez Alea (al inicio simple proyeccionista) comenzara a rodar pequeños cortos con temática cubana. Según García-Espinosa, “Barbachano, en uno de sus viajes a Cuba, se enteró de “El Mégano” y se ofreció para ponerle música y esos pocos diálogos que tiene el corto”. (4) También firmó con García-Espinosa un contrato para hacer “Cuba baila”, así como otro por un guión de este futuro realizador basado en la novela “Cecilia Valdés”.

Juan Antonio García Borrero

Notas:
1) Alfredo Guevara-Cesare Zavattini. Ese diamantino corazón de la verdad. Iberautor Promociones Culturales S. L., Madrid, 2002, p 204.
2) Alfredo Guevara- Cesare Zavattini. Ese diamantino corazón de la verdad. Iberautor Promociones Culturales S.L, Madrid, 2002, p 38.
3) Alfredo Guevara-Cesare Zavattini. Ese diamantino corazón de la verdad. Iberautor Promociones Culturales S. L., Madrid, 2002, p 27.
4) Víctor Fowler. “Conversaciones con un cineasta incómodo”. New England Latin American Film Festival, 1997, p 59.

EL DIRECTOR CUBANO PÁVEL GIROUD GANA EL 7º PREMIO SGAE DE GUIÓN JULIO ALEJANDRO

Pável Giroud se ha alzado con el 7º Premio SGAE de Guión Julio Alejandro para Largometraje por su obra “El acompañante”. El jurado ha estado compuesto por su presidente, José Luis Borau, presidente de la SGAE; Manuel Gutiérrez Aragón, director del Instituto Buñuel; Ana Amigo, productora; Antonio Ojeda, guionista, en representación de ALMA; Fernando Castets, guionista argentino; y Remedio Crespo, guionista, ganadora del certamen el pasado año.

Pável Giroud (“La edad de la peseta”, “Omertá”) obtiene así los 50.000 euros que contempla este premio convocado por el Instituto Buñuel y la Fundación Autor de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y que se ha resuelto en el transcurso del Festival de Cine Español de Málaga, que celebra su 13º edición desde el pasado día 17 hasta el próximo 24 de abril.

Además, la SGAE ha decidido otorgar un premio especial de 3.500 euros a los otros cuatro guiones finalistas: “Pagoda”, de Berta Alonso (Madrid), “En la puta calle”, de Cristina Caporicci (Barcelona), “Operación Baby”, de José Luis Valle (México); y “De humanidades y límites”, de Cecilia Ruth (Chile).

Tomado del Boletín “Miradas” de la EICTV de San Antonio de los Baños