Archivos diarios: marzo 26, 2010

MEMORIAS DE UN TALLER (3)

La tercera sesión teórica del Taller de la Crítica fue dedicada a los nuevos realizadores del audiovisual cubano. Este es otro tema que despierta pasiones, suspicacias, y desencuentros. Como moderador estuvo Frank Padrón Nodarse, y tuve la suerte de acompañar en la mesa a los críticos Gustavo Arcos, Dean Luis Reyes, Juan Ramírez, Rolando Leyva, y al realizador Karen Ducasse.

Como era de sospechar, no faltaron los planteamientos polémicos, y las réplicas apasionadas, sobre todo alrededor de la naturaleza misma de la Muestra de Nuevos realizadores que auspicia el ICAIC. El hecho de haber organizado la primera de ellas no me pone en las mejores condiciones para intentar un balance que, diez años después, nos permita evaluar con objetividad los resultados. Se habló de que la Muestra peca de “habanacentrismo”, algo que me parece esencialmente injusto. Y también de que deviene forzada esa estimulación casi explícita a utilizar el lenguaje experimental.

Ojalá que los ponentes envíen en algún momento los puntos de vistas esgrimidos. Sería muy interesante, pienso yo, retomar lo planteado por Gustavo Arcos en cuanto a la relación entre docencia y nuevos realizadores. O la disertación de Dean Luis Reyes, llamando la atención acerca de las nuevas tendencias que se aprecian en esa producción joven, con un repentino crecimiento del lenguaje, si bien no se descuida lo temático, y donde se sigue apreciando, sobre todo en el documental, características del llamado “nuevo documental social”.

Por la tarde Desiderio Navarro ofreció en la Biblioteca “Julio Antonio Mella” una charla con el título de “La circulación de las teorías, también las cinematográficas”. Para el evento es importante este tipo de acción, que quisimos combinar con un Taller de dirección que impartió a los alumnos del ISA el cineasta Jorge Molina, porque con ello pretendemos superar esa tendencia a que los encuentros se conviertan en suerte de entelequias donde las opiniones van y vienen, pero sin aportar un real crecimiento, y mucho menos en el plano práctico. Con Molina, por ejemplo, los jóvenes entendieron que también es posible “otro cine” al margen de la industria, y con Desiderio Navarro que es imprescindible la densidad teórica.

No debería ser yo quien hable del saldo final. Algunos me comentan de forma positiva la venta de publicaciones, las exposiciones organizadas con fotos de Ovidio González Hernández y materiales de la Cinemateca de Cuba. Sin embargo, lo que más complacido me dejó es que, en términos de programación conseguimos concebir un programa de cine cubano absolutamente inédito. No porque en cada caso fuesen estrenos, sino porque estas películas respondían a intereses diversos, y por primera vez el público local se enfrentaba, sin previo aviso, a cintas que movilizaban en él sentimientos encontrados. Pues el “José Martí, el ojo del canario”, de Fernando Pérez (filmado en la institución ICAIC), nada tiene que ver con “Molina’s Feroz”, de Jorge Molina (rodado de forma independiente), como tampoco encaja en el horizonte de expectativas de ese público las “Memorias del desarrollo”, de Miguel Coyula, realizadas en Nueva York.

Les dejo con el texto que leí en la sesión dedicada a los nuevos realizadores, y ojalá podamos seguir moviendo ideas, mientras llega el próximo Taller.

Juan Antonio García Borrero

DE LA EDAD DE LA HEREJÍA A LA HEREJÍA ILUSTRADA

0.
Las ideas que siguen no alcanzan para conformar el ensayo que algún día me gustaría escribir, a propósito de eso que, no sin indiscreta altisonancia, solemos llamar “audiovisual joven” en Cuba. Digamos que más bien son provocaciones que pretenden desligarse de una circunstancia puntual (algo bastante difícil en el marco de todo lo que tenga que ver con “lo cubano”), con el fin de pensar la herejía fílmica en su condición más radical, y al mismo tiempo, trascendente. Quisiera, pues, en este sentido, regresar una vez más a ciertos aspectos básicos, y revisarlos a la luz de las nuevas circunstancias que nos ha tocado vivir.

1.
Nunca sobrará preguntarlo otra vez: ¿a qué le llamamos “audiovisual joven” en Cuba? Parece una interrogante sencilla de responder, pues casi todo el mundo lo asocia a lo biológico. “Audiovisual joven” pareciera ser, únicamente, aquel que realizan esos muchachos que no traspasan los veinticinco años, que han aprendido a desplazarse a cualquier lado con una cámara, como antes nosotros (los nacidos en los años sesenta) nos movíamos con los libros. A los jóvenes de hoy también les importa, desde luego, la literatura, pero el soporte de su pensamiento no obedece a la cultura literaria, sino a la cultura audiovisual. Y para ellos el zapping (esa novedosa manera de enfatizar la falta de concentración en algo) se ha convertido en un recurso de comunicación. Superficial, pero de todos modos “comunicación”.

2.
Todavía puedo recordar los detalles de aquella noche del 31 de octubre del 2000, en el cine Chaplin. Me habían encargado organizar la Primera Muestra Nacional del Audiovisual Joven. Busqué la asesoría de Jorge Luis Sánchez, y junto a un grupo de amigos curamos lo que se habría de proyectar. A la gente le gustó el programa inaugural, integrado por “Clase Z Tropical” (2000), de Miguel Coyula, “Se parece a la felicidad” (2000),de Aarón Vega, “Caidije… la extensa realidad” (2000), de Gustavo Pérez, “Rrring” (1998), de Pavel Giroud, “Más de lo mismo” (2000), de Esteban García Insausti, y “La Época, El Encanto y Fin de Siglo” (2000), de Juan Carlos Cremata. Como el resultado de la Muestra tuvo un saldo colectivo, no individual, puedo tomarme la licencia de decir que fue un éxito. Y me alegra detectar que las que le siguieron (dirigidas por Jorge Luis Sánchez y Fernando Pérez) perfilaron mucho mejor el superobjetivo de estos encuentros. Para empezar, le pusieron un nombre (“Muestra de Nuevos Realizadores”) que está más ajustado a lo que en el fondo nos debería desvelar: la posibilidad de poner en el mapa cultural de la nación a todos aquellos que, de un modo u otro, aquí o allá, están representando en pantalla la huella integral de nuestra existencia colectiva. Con sus luces y sus sombras, sus alegrías y sus dolores. Sin embargo, no solo basta poner en el mapa a esos actores, y conformarnos con saber que existen: es preciso recuperar aquella energía herética que sostenía el discurso de los fundadores del ICAIC. No imitar a los maestros de entonces, sino superarlos, liquidarlos, y ajustar las cuentas con el desafío que alguna vez nos dejaron.

3.
Desde mi punto de vista, lo peor que ha podido pasar es que no hemos sabido transmitirles a nuestros hijos la lógica de una práctica herética que tiene fundamentos muy sólidos, y que a estas alturas permite hablar de algo que trasciende a la simple revuelta de salón. Quizás hemos creído con demasiada ingenuidad de que nuestra circunstancia es única, y que el resto de los seres que habitan este mundo no han tenido que lidiar con sus propios problemas. Pareciera que nuestro drama nacional se convierte en el único drama que importa.

Creo que los cubanos tenemos un sinnúmero de herejes que nos han enseñado a pensar críticamente nuestra condición, sin perder de vista lo global. Quisiera, en este punto, traer a colación como ejemplo el intercambio de ideas que en diciembre de 1942 sostuvieran, de modo epistolar, Jorge Mañach y Virgilio Piñera, y que nos puede describir la permanencia de esa tensión que suele contraponer lo nuevo a lo viejo. En aquella ocasión, Mañach daba acuse de recibo del ejemplar de “Poeta” (revista editada por Piñera) del siguiente modo:

“Lo he leído y me ha gustado –a pesar de su reticencia polémica un poco menuda, a pesar de su cuarzo y de su niebla. Aparte de logros más sustantivos, le celebro la impaciencia, porque sin ésta no se llega a aquéllos.

Esa impaciencia, esa violación de rutinas, la trajimos nosotros –no lo olviden: nosotros, los que ya somos “viejos” para ustedes, como ustedes lo serán para los de pasado mañana. Y debo confesarle que a veces me asusto un poco de mi propia herencia. Quisiera tener tiempo para escribir un ensayo un poco escandaloso –al que ustedes, naturalmente, no le harían ningún caso- sobre Lo poético irresponsable”.

Desde luego, para aquellos que sabemos de esa adicción a la herejía que convirtió a Piñera en uno de nuestros creadores más trascendentales, no resulta sorpresiva la agudeza de su respuesta, sobre todo cuando dice: “(…) Yo envié Poeta al Mañach de la Revista de Avance, pero el envío me fue respondido por el Mañach de próximo ingreso en la Academia de Artes y Letras. Y como la existencia de este personaje último exige necesariamente la muerte del primero, me pregunto melancólicamente, si el destino del hombre de letras en Cuba sea el de sucesivas metamorfosis hacia un espécimen de simetría cada vez más opuesta a la de este puro hombre de letras”.

Y más adelante:

“Yo no sé por qué causa (dejo esto al minucioso sociólogo) el hombre cubano (el americano en general) en llegando a un punto capitula; y comienzan entonces esos hombres sucesivos que no son ningún hombre y que implantan la confusión; que instauran la escuela del confusionismo. Sí, Usted “se asusta a veces un poco de su propia herencia”… Pero Mañach, es que en materia de sustos, de terrores, la de nosotros tiene sobrados fundamentos para asustarse ante la franca capitulación de la generación anterior. Y sabe Usted que no hay cosa más difícil para una nueva generación que toparse con que la precedente ha capitulado. Y a nosotros –de quienes se dice que somos erizados puercoespines, supercríticos de todo- ha tocado representar ese difícil papel de la rebeldía; del espíritu metódico y de intransigencia en un medio, que después de la pseudo revolución machadista, sólo quería el pesebre y el conformismo en todos los órdenes y en todas las esferas”.

4.
Vuelvo al audiovisual cubano realizado en estos tiempos por los más jóvenes. ¿Cuánto de esa impaciencia poéticamente irresponsable a la que aludía Mañach, podríamos encontrar en todo ese conjunto de imágenes que cada año se nos entrega a la retina, con el fin de convertir el estímulo luminoso en un estímulo nervioso?

Me gustaría precisar algo. Llamo “impaciencia poéticamente irresponsable” a aquel estado de ánimo visceral que no responde al humor del momento, sino al de la época (que es algo que nos trasciende). Que se compromete no con el interés egoísta que nos puede reportar durante quince minutos la fama de una première que se olvida demasiado pronto, sino que piensa y discute ese mundo del cual formamos parte desde el paradigma de la complejidad. Que nos enriquece con la posibilidad de someter a juicio cada una de nuestras ideas con el fin de mejorar la convivencia. Los artistas verdaderos aman la complejidad porque es la única fuente de lo auténtico; el grueso de los seres humanos prefiere esa mediocridad que siempre se refugia en los estereotipos excluyentes, y en la división maniquea de la realidad en bandos contrapuestos que apenas reparan en ángeles y villanos, en buenos y malos que se anulan entre sí.

Esta visión grosera de la existencia ha estado presente en nuestras vidas en innumerables ocasiones. Otra vez Piñera, aunque ahora dirigiéndose a Gastón Baquero en el año 1944, podría sonarnos profético a la par que lapidario cuando le dice: “El momento cubano es terrible en todos los órdenes. Cada día la conspiración contra la inteligencia gana nuevas posiciones; cada día sus conspiradores ganan un neófito más”. ¿Acaso lo sucedido con “El grito” en Bayamo no es ejemplo de esa nueva conspiración contra la inteligencia?, ¿acaso la negativa a discutir críticamente (en vez de lapidarlo de una manera sumaria) el documental “Revolution” no ejemplifica esa fobia al debate inteligente?

Pero aquí también tendríamos que recordar que nada de lo que está ocurriendo ha sido ajeno a ese combate de ideas que el hombre, en sentido general, ha tenido que protagonizar a lo largo de su existencia. Recuérdese a Galileo cuando tuvo que lidiar no sólo con los teólogos de su época sino también con los filósofos aristotélicos, estos últimos reacios a poner en duda las doctrinas científicas de su maestro, no obstante las evidencias. Todavía memorable resulta aquel diálogo que Galileo redacta para librar al filósofo de toda responsabilidad, al advertir que:

“Son sus secuaces quienes han dado la autoridad a Aristóteles, y no él quien la ha usurpado o tomado; y esto es así porque es más fácil cubrirse bajo el escudo de otro que aparecer a cara descubierta, y temen y no se arriesgan a alejarse un solo paso y antes que poner cualquier alteración en el cielo de Aristóteles, pretenden de manera impertinente negar aquello que ven en el cielo de la naturaleza”.

5.
“Sería ridículo, sin haber tenido el apogeo de una cultura pasar como los retóricos de una decadencia”, nos dice Piñera en otras de sus explosivas misivas, esta vez apuntando al corazón mismo de Orígenes. Para Piñera era imprescindible ir más allá de los adornos retóricos “conque se adornan las culturas cuando, habiendo cumplido su fase dinámica entran a esa elegante pero estéril postura de la momia”.

Quisiera ahora trasladar esa inquietud al contexto del audiovisual cubano. En el audiovisual nacional sí puede hablarse de un conjunto de películas que han marcado nuestros hábitos, nuestras maneras de sociabilizar y pensar las circunstancias que nos ha tocado en vida. Quiero decir, que sí hemos tenido un apogeo de la cultura fílmica. Y también un estancamiento. Y aunque para la Historia (escrita con mayúsculas) cincuenta años de cine revolucionario es nada, para un conjunto de individuos (los que han hecho ese cine y los que lo han visto) probablemente constituya toda una vida. ¿Cuál es la relación que vienen guardando los jóvenes realizadores con esa herencia ya cristalizada?, ¿en verdad se muestran a la altura de esa herencia que invita a superarla o se conforman con la simple condición de epígonos?

Mi criterio es que ahora mismo los jóvenes comienzan a ganar conciencia de que una cosa es el simple arribo a la edad de la herejía y otra la llegada a ese punto donde empieza a advertirse la madurez de esa herejía, la cual ya ha arrojado frutos útiles. Si comparo los materiales que los jóvenes hacían en los primeros años de esta primera década que vamos dejando atrás con los de ahora, sale a relucir un indiscutible crecimiento en la conciencia narrativa.

Antes parecía que colocar la cámara sobre todo en aquellas zonas que nuestros medios insisten en ignorar bastaba para concederle valía a lo que se mostraba: el periodismo confundido con el arte. Pero hoy ya son varios los realizadores que no solo exploran la realidad con ahínco, sino que apelan a la sutileza (que nada tiene que ver con la tibieza) para describirnos justo el carácter paradójico de esa realidad que muestran. Podremos estar de acuerdo o no con lo que se expresa en esas películas, pero ya no es solo la catarsis por la catarsis lo que moviliza el discurso de estos materiales. Es el lenguaje mismo que hasta ahora se ha estado utilizando en nuestro cine lo que estos jóvenes han comenzado a poner bajo sospecha.

6.
En este sentido, creo que una película como “Memorias del desarrollo” (2009), de Miguel Coyula, va a marcar un punto de giro radical. Justo porque en su base se aprecia un interés por subvertir el lenguaje más común, es de sospechar que la recepción del filme conocerá de no pocas incomodidades e incomprensiones. Ya no hablo de la lectura estrictamente política, que en un contexto como el nuestro, tan polarizado y precario en diversidades, termina subordinando la impresión personal al criterio colectivo. Hablo de la otra lectura, la que tiene que ver con ese “horror sagrado al cambio” (para decirlo como Piñera) que moviliza no pocas de nuestras inercias.

Coyula nos está proponiendo un filme que pone en crisis la santidad del modelo aristotélico, pero que además, recupera buena parte de aquel escepticismo crítico del primer Sergio para devolvérnoslo no con un ropaje literario (como quizás le hubiese gustado al mismísimo Desnoes), sino arropado con las vestimentas que concede el audiovisual más moderno.

Lo interesante de “Memorias del desarrollo” es que nos reintegra a un Sergio que insiste en su oficio de no ganar, pero que vive con intensidad su derrota, y de ella extrae para nosotros las mejores enseñanzas.

Juan Antonio García Borrero (Leído en Camagüey, el 19 de marzo del 2010)

ALGO DE MENUDO PARA UNA ALCANCÍA VACÍA

Ayer Magdiel Aspillaga, desde Miami, bombardeó mi buzón electrónico enviándome seis veces un post que colgó en su sitio “La alcancía del artesano” (tengo entendido que se lo reenvió a un grupo de conocidos también). Por lo menos tres de esos conocidos me han rogado que apele al silencio como mejor respuesta. Y debiera, porque es obvio que aquí no hay argumentos con los cuales polemizar; solo opiniones histéricas de alguien que cree tener la verdad absoluta en sus manos.

Ignoro el motivo de su tajante hostilidad, y admito que estuve tentado de responderle en el mismo tono ofensivo, en tanto ya se sabe que en esto de intercambiar groserías, los cubanos no se llevan tanta ventaja entre sí. Pero como sé que este modo de discutir a lo único que conduce es a una agresión contra uno mismo (porque estos personajes son solo fantasmas vociferando en medio del mundanal ruido), pasaré por alto la tentación de devolver los epítetos. Después de todo, no hay peor frustración para un adversario que aspira a esa condición, que descubrir que no lo toman en cuenta, al menos en la dimensión que ellos se (sobre)valoran.

Intentaré brevemente, porque me apremian otras cosas, hacer algunas precisiones. Lo primero es que para mí sí es importante defender la libertad de expresión: por eso es que tengo este blog donde escribo lo que pienso, con nombres y apellidos, y sin importarme a quién le pueda parecer bien o no. Me queda claro que asomarse a la esfera pública implica ser interpretado de modo múltiple. Yo hablo desde mi punto de vista, y no trato de imponérselo a los otros. Mucho menos ofendiendo. La polémica respetuosa siempre será bienvenida.

Sin embargo, este señor leyó mal lo que escribí (que al fin y al cabo es apenas una opinión: la mía), porque cuando hablo del ICAIC (desde Camagüey) como pensamiento (no como institución) me refiero a esa voluntad (con Fernando Pérez a la cabeza) que ha defendido una Muestra donde los más jóvenes (incluyendo a “Los Aldeanos”) defienden sus puntos de vista desde aquí. Pero en su afán de satanizar y reducir a la nada todo aquello que no encaje con su modo de pensar prejuiciado, Aspillaga mete en el mismo saco a organizadores y represores. Es decir, según él la Muestra fue organizada por algo misterioso o cósmico (tal vez la Providencia) y reprimida por el ICAIC. Así que exterminar a todos los que piensen diferente a él, detractor acérrimo del ICAIC, es “la gran solución”. Hermosa manera de cultivar la democracia (claro, a noventa millas de aquí).

En alguna parte de su exaltada diatriba afirma que “el blog de Borrero es una mezcla mala de panfleto cultural con porno nostalgia, lleno de palabras que suenen complacientes para los oídos de todos los partidos como suelen ser DIÁSPORA, TOLERANCIA, UTOPÍAS, ETC”. Lo de “mezcla mala” me encanta por aquello de que es preferible que hablen mal a que no hablen: esa es su opinión y hay que respetarla. Y como no me interesan las evaluaciones apresuradas, no me tomo el trabajo de preguntarme si su blog sería entonces el paradigma ideal para esta actividad, o si su cine ha dejado de ser la combinación casi mística, por deshielo tropical, del peor Tarkovski con el mejor Juan Orol.

Ahora bien, que alguien en Miami, donde sé que el tiempo es literalmente oro, me haya dedicado esta sarta gratuita de improperios nacida no sé de qué oscura pulsión, en vez de dedicarse a algo seguramente más útil, me pone a pensar mucho (aunque tampoco me desvela). En todo caso me pregunto si Magdiel Aspillaga, de vivir todavía en Cuba, escribiría sobre “la Diáspora o el exilio, la tolerancia, las utopías, los derechos humanos, los presos políticos, etc…” Trato de recordar nuestros escasos encuentros y conversaciones en La Habana, allá por el año 2000 o 2001. ¿Se ocupaba entonces, como Manuel Zayas con “Café con leche”, de censuras y olvidos?, ¿hacía un cine como el de Jorge Molina, al cual sí considero un auténtico trasgresor del modelo de representación cinematográfica en Cuba, y de quien acabamos de exhibir en Camagüey toda su obra? Puede ser, pero lo más que he retenido en mi mente son sus esfuerzos por terminar un documental en torno a Julio García Espinosa, del cual llegó a hablarme con verdadero entusiasmo (aunque, para ser honesto, no sé si lo terminó). Cosa que trae otra vez a mi mente aquello de que mientras más apuntamos con un dedo a alguien, más tiempo hay tres que quedan mirando hacia nosotros. En su caso, ¿a partir de cuándo el ICAIC (léase García Espinosa), comenzó a ser algo absolutamente “reaccionario”?

En cuanto a sus insinuaciones de que soy “un elegido del poder” y su afirmación de que viajo con pasaporte oficial, mejor ni hablar. Me niego a introducir lo personal en estos asuntos. Desde luego, ya se sabe que la mente humana tiene una tendencia casi inevitable a sacar conclusiones aún cuando no se tenga dominio de aquello puntual a lo que se alude: en esa mente lo único que cuenta son las habladurías, no el saber fundamentado.

Por otro lado, me parece infantil que en vez de concentrarse en argumentar sus ideas (que podrían ser legítimas) prefiera acusarme de “viajar”. Como si fuera un delito aceptar las invitaciones que me cursan. O como si esos viajes me los “regalaran”. Al menos cuando viajo, siempre invitado por las universidades o festivales extranjeros (y nunca “enviado” por el Instituto, como él insinúa) yo no le oculto a nadie mis ideas. Dicho sea de paso, esas ideas me las respetaron íntegramente en ese mismo Miami donde él vive ahora. Por lo menos cuando participé hace algún tiempo en un evento organizado allí por Alejandro Ríos, nadie salió ofendido porque a nadie intenté ofender, no obstante las posibles diferencias. Nadie promovió el mitin de repudio que ahora él intenta promover desde su “Alcancía”. Yo obtuve matices de esa realidad que los medios de acá me pintan monolítica, y quienes hablaron conmigo allá obtuvieron una idea un poco más real que estas ideas mías que personas como Aspillaga se encargan de simplificar de modo tan pedestre.

Por lo demás, entiendo su despiste a la hora de creer que vivo una luna de miel con el poder de este país. Es típico de los que defienden la visión binaria del mundo (me cuidaré de no llamarlo “nazi”, como de manera festinada él hace en su texto, aunque el gesto totalitario se parece): o estás conmigo, o estás contra mí. Tomo una brevísima muestra de su libelo, cuando dice: “EL CINE CUBANO NO ES SINONIMO DE CINE ICAIC, EL CINE CUBANO ES MUCHO MAS QUE EL ICAIC”. ¿Dónde aprendió eso nuestro iluminado? No lo dice, pero quién sabe si en ese silencio no hay otra cosa que cinismo y mala voluntad, porque si algo se ha cuestionado aquí desde hace mucho es el “icaicentrismo”. Pero en su visión excluyente, este blog es un panfleto, y todos los que han colaborado le hacen el juego al régimen.

Y para finalizar, algo que me parece el colmo de su ya egocentrismo galopante. Me reclama haber enlazado un texto suyo aparecido en su blog sin su AUTORIZACIÓN. (acabo de quitarlo, y compruebo que es como si nunca se hubiese colgado). Lo escandaloso es que él colgó en su “Alcancía” un post que en su momento yo le solicitara a Fausto Canel a propósito de Joe Massot, Y NI SIQUIERA TUVO LA GENTILEZA DE COMUNICÁRMELO, o al menos consultarme. Comoquiera que está obligado a indicar el crédito de la fuente original, yo le pediría sin ningún tipo de diplomacia que retirara mi nombre de su engendro, pero al final, esto tampoco me molesta, porque se supone que lo que en el fondo nos debe interesar a todos los que incursionamos en la blogósfera (la cual, por suerte, no conoce fronteras) es la libre circulación de ideas, y el debate civilizado. De hecho, he enlazado y me han enlazado no siempre para elogiar, y eso no me incomoda porque contribuye a hacernos más visibles, y a que aprendamos más entre sí. Mas el subdesarrollo, para decirlo con el bocadillo de ese Sergio de “Memorias” que a Aspillaga le gusta citar sin sentirse curiosamente aludido, sigue en la mente municipal de aquellos que se creen ombligos del mundo, aunque el mundo no se entera que existieron.

Por eso es obvio que para este bloguero con repentinas ínfulas de Comandante en Jefe de los blogs cubanos referidos al cine, un sitio como “La pupila insomne” es algo desechable. Y yo muy feliz de que nos perdamos de vista para siempre, después de haber contribuido en algo a sus ¿quince minutos? de infamia. Pues Internet es demasiado rico para que venga alguien con la falacia de pretender hacernos creer, así sea por un momento, que una intrascendente alcancía puede llegar a ser, en algún instante, la medida luminosa de todas las cosas.

Juan Antonio García Borrero