Archivos diarios: marzo 13, 2010

BAYAMO

Hace una semana que regresé de Bayamo, pero no había podido escribir el post que me prometiera colgar sobre esa ciudad. Todavía ando en trance. Como si caminar, por fin, la ciudad donde nació el Padre de la Patria, la ciudad donde se hizo por primera vez tangible el afán colectivo de cubanía, paralizara mi voluntad de postear. ¿Tradición versus modernidad?

A Bayamo llegué lleno de incertidumbres. Poco equipaje material, pero en cambio, todo un sobrepeso de impresiones heredadas a distancia. No solo está ese pantagruélico caudal de historias patrióticas escuchadas desde la niñez, que ha condicionado una suerte de esquema mental, sino hechos recientes (los de “El grito”) que me hacían pensar en una especie de fortaleza simbólica, vedada a quien osara apartarse un milímetro de las “versiones oficiales”.

Kant, no obstante esa prosa espesa que me apabulla, una vez más demostró tener razones para sus sistemáticas sospechas críticas. La mente humana sigue rebasando de modo irresponsable los límites que le han sido impuestos, y gusta de establecer verdades apresuradas a distancia. Generalidades que se apoyan más en los estereotipos adquiridos que en la fiscalización puntual.

El encuentro en la UNEAC con un reducidísimo (pero valioso) grupo de intelectuales y jóvenes creadores de Bayamo, me gustó mucho. Transparente. Sin protocolos ni protagonismos frívolos. Lo que yo llamaría, una conversación entre amigos. O entre personas que, aún sin conocerse, se sienten cómplices de una vocación que empuja a buscar un equilibrio entre la sobredosis de recepción (pasiva) de la Historia y el déficit de imaginación capaz de soñar un futuro.

Luego está la ciudad misma. Y el cine Céspedes, que en esta era de extinción de las salas cinematográficas en el país, me hizo sentir a gusto un extranjero de mi época. No sé si hay en Cuba otro cine con más confort, o con mejores servicios tecnológicos. Lo que si sé es que no conozco otro donde haya podido advertir un mejor gusto a la hora de ambientar el espacio en función del cine como arte. Por eso me gustó tanto que el libro “Otras maneras de pensar el cine cubano” fuera presentado allí por Juan Ramírez. Agradezco la gentileza de los anfitriones, desde luego, pero presentar el volumen en un sitio tan mágico bastaba para que me sintiera un privilegiado.

El cine Céspedes debería convertirse en una asignatura obligada para todos aquellos que quieran defender la memoria de esos espacios que nos vieron crecer.

Juan Antonio García Borrero