Archivos diarios: enero 18, 2010

DE CARPENTIER A SOLAS: LAS LUCES DE OTRO SIGLO (Fragmento)

Para Humberto,
por las luces en su cine
de fin de siglo.

“La vida de los hombres de ayer
se asemeja tremendamente a
la de los hombres de hoy:
las mismas preocupaciones, las
mismas luchas, las mismas discusiones.
Entre la historia de ayer y la de hoy
existen interferencias curiosas,
que es bueno conocer y descubrir”

Alejo Carpentier (1)

Humberto Solás no había cumplido aún los 18 años, el día, el minuto, el segundo aquel en que José Lezama Lima, en su mítica casa de Trocadero 162 se aprestó a leer, con el fervor propio del célebre culto que rendía a la amistad, una de las cartas recibidas en la mañana y que, entre otros asuntos, comentaba:

“Saint-James (Barbados)
A 9 de septiembre de 1958.

Mi querido Lezama:

Mucho pensamos en ti, Lilia y yo, en esta isla inverosímil, donde vinimos a buscar un poco de Trópico marítimo – arena, olas, algún cocotero y nada más – y nos vino al encuentro una isla imaginada por Horacio Walpole, casi habitada por Lewis (ignoraba yo que el autor del The Monk hubiese caminado por las Antillas inglesas), y completada, desde luego, por Mistress Ann Radcliff. Todo el romanticismo inglés se ha refugiado en Barbados, isla de pequeños presbiterios rodeados de tumbas infinitamente melancólicas – con la cruz céltica rematando la lápida rectoral (…) que invitan a remozar las meditaciones de Young en Las noches.

(…) Trabajo muy bien en esta atmósfera rara. Acabo de terminar una cosa bastante voluminosa y difícil. Veremos.

Recibe, mi muy querido Lezama, un gran abrazo de Lilia y de tu siempre fiel

Alejo. (2)

Apenas seis años después, lo que el propio Lezama nombró el azar concurrente, orientó los pasos de Solás y Oscar Valdés a las puertas de la casa más famosa de la calle Trocadero, con el fin de pedirle a su eximio inquilino, un poema que pudieran incorporar al corto que ambos realizaban en esos momentos: “Minerva traduce el mar”. Tal vez la euforia del instante, el magnetismo de la singular personalidad de Lezama, no permitió a los jóvenes cineastas (más atentos entonces al carácter de un Antonioni o de un Godard que a los estrépitos del mal llamado boom de novelistas latinoamericanos) reparar en el nuevo libro publicado bajo el sello de Ediciones R que el líder de Orígenes sujetaba con sus manos, todavía regocijado de descubrir ya en forma de poesía narrativa, aquella atmósfera rara que tanto conmovió a su amigo; ahora Lezama sabía por qué Carpentier mencionaba en la epístola a la Radclif y más tarde la citaba en la novela, por boca de un desilusionado Esteban: “I am a miserable wanderer on a distant shore!…”, tampoco podía disimular la embriaguez que le suscitaba comprobar la incidencia que en la trama habría de tener ese misterioso lienzo notificando la explosión en una catedral, pues él mismo, un poco antes, a propósito de su homenaje a René Portocarrero, se había referido a las fantásticas ciudades engendradas por Monsú Desiderio, ese dueto creador (Barrat y de Nome) de arquitecturas góticas que sucumben en medio de los más impensados desastres, incendios, tempestades, todos paradigmas ideográficos de una convulsión mayor.

Tres décadas después, el misterio compuesto por tantas ataduras invisibles, tantas coincidencias soterradas, se completó la noche que Humberto Solás (como siempre, extenuado por la angustia que toda premiére supone) estrenó en La Habana su versión (también como siempre, bien personal) de la monumental “El siglo de las luces” (miento: el misterio, al menos para mí, prosiguió aquella mañana en que se me hiciera impostergable la necesidad de escribir esto, y seguirá en pie el día en que Alguien que todavía no conozco, que quizás nunca conoceré, se vea en la obligación de refutar este mismo escrito).

Los temores de Solás, no obstante el enorme crédito que su obra fílmica (sobre todo “Lucía”) le reportaba desde hacía mucho, no eran para nada gratuitos. Por el propio Carpentier sabía que la relación de este con el cine había estado marcada desde sus inicios, por una suerte de fatum casi imposible de corregir, pese a que desde su juventud, el escritor se había pronunciado a favor del nuevo arte, llegando a sostener en alguna ocasión que “resulta increíble que, por los años que corren, haya todavía espíritus bastante obtusos para discutir el valor del cinematógrafo como arte. Se nos dice que es inferior al teatro, que es un hermano degenerado del viejo tinglado, se pondera la insipidez de muchas producciones norteamericanas o francesas, se habla de la pomposa tontería de ciertas “estrellas”…pero no se tiene la generosidad de contemplar, desde un punto de vista elevado, el panorama de veinte años de cinematógrafo, para ver todo lo que ese arte juvenil y flexible nos ha dado ya, como anunciación de un futuro magnífico” (3)

Pero las anécdotas que evidenciaban el deterioro de la relación eran bien familiares: en 1957, Tyrone Power juró concederle al cine norteamericano un matiz más intenso que el de las producciones al uso y para ello pagó la adaptación de “Los pasos perdidos”, mas su prematura muerte impidió que el proyecto se cumpliera alguna vez; por esa misma fecha Luis Buñuel le anunció a no poca gente que filmaría la versión de “El acoso” con el mismo tiempo que Beethoven utilizara para su “Eroika”, pero una imprevista sordera (sordera que según Carpentier le permitía escuchar sólo lo que le convenía) dejó la promesa intacta; por su parte, Harry Belafonte aún conserva entre sus frustraciones más notables la dificultad para rodar “El reino de este mundo”, estado de ánimo similar al que, en sus momentos, Manuel Octavio Gómez y Tomás Gutiérrez Alea manifestaran con la imposibilidad de traducir al cine “El camino de Santiago” y “Los pasos perdidos”, respectivamente. Lo prodigioso de todo ello está en comprobar cómo tantos infortunios nunca fueron suficientes para desestimular el interés sobre la novelística de Carpentier, todo lo contrario, pues en 1978 Miguel Littin se encargó de interpretar fílmicamente “El recurso del método”, diligencia que repetirían en 1982 y 1989 José Montes-Baquer y Paul Leduc (en los dos casos a propósito de “Concierto barroco”) y en 1994, Octavio Cortázar con “Derecho de asilo”.

Sin embargo, si alguna versión se esperó de siempre, casi pudiera decirse se exigió, era la de “El siglo de las luces”. Humberto Solás lo sabía demasiado bien: con ella, Alejo Carpentier había logrado no solo una de las obras cumbres de la novela latinoamericana de todos los tiempos, sino igual, un relato que se permitía el lujo de ignorar fronteras temporales o espaciales, que se asomaba a la esencia misma de la naturaleza humana colocada en situación límite, que hacía de El Hombre (sin nombres, sin razas, sin edades, sin uniformes transitorios) el protagonista de un relato que podía ser el más intimista de los nuestros.

No solo era la novela más apreciada por Carpentier: era también la más acreditada por los otros y para Solás, un desafío que implicaba un riesgo tan descomunal como el que corriera once años atrás, cuando a propósito de la exégesis que hizo de una (para algunos) intocable Cecilia, estuvo a punto de provocar un colapso en las mentes de los que demandan la sumisión del creador a dictados extrartísticos, en franco desprecio de las leyes inherentes al Arte.

Por aquellos años (principios de los ochenta), Solás sufrió los embates de los nuevos ortodoxos y quedó la impresión, la triste impresión, de que a partir de entonces el cine cubano se haría solo para nuestro deleite más sabatino y doméstico. De esa fecha en lo adelante, abundaron las comedias amables, los chistes complacientes, las historias fáciles de resumir a la hora del almuerzo, cerveza, tabaco y exageradas risotadas por medio.

Se hicieron películas impecablemente correctas, tan impecables que no valía la pena reiterar el poco sobresalto de la fotografía, la comodidad de los cortes en la edición y a grosso modo, la tediosa pulcritud técnica de nuestras producciones. Utilizamos conflictos superficiales que por supuesto se solucionaban también superficialmente. En realidad, se necesitaron no menos de diez años, para volver a hablar con seriedad de “Cecilia” y reevaluar el derecho de todo artista a pensar y crear por cabeza propia, y así rescatar aquel espíritu de herejía que tanto bien le había proporcionado al cine cubano en los míticos sesenta. Comenzaban los noventa, mejor dicho, nuestros noventa. Sin darnos cuenta (tanto nos ocupaban y preocupaban otras cosas) habíamos llegado a la última década de este ¿otro? siglo.

Juan Antonio García Borrero

Notas:

1. Entrevistas a Alejo Carpentier. Editorial Letras Cubanas, 1985, p . 248.
2. Luisa Campuzano. Carpentier entonces y ahora. Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1997, p 32-34.
3. Alejo Carpentier. Crónicas. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1976, Tomo II, p 352.

NOVENA MUESTRA DE JÓVENES REALIZADORES ICAIC 2010

Novena Muestra de Jóvenes Realizadores ICAIC 2010

La Habana.- Del venidero 23 al 28 de febrero tendrá lugar en los cines Charles Chaplin de la Cinemateca de Cuba, 23 y 12 y en el Multicine Infanta, la novena edición de la Muestra de Jóvenes Realizadores ICAIC 2010, dedicada al desaparecido Humberto Solás, realizador de los laureados filmes Lucía, Cecilia y El siglo de las luces, entre otros; así como fundador del Festival de Cine Pobre de Gibara. Por ello se le rendirá homenaje mediante una muestra de sus más emblemáticas obras.

Igualmente se efectuará una Muestra ICAIC, la cual ofrecerá un panorama de la producción de la institución destinada a potenciar el diálogo entre las diversas generaciones de cineastas que hicieron y hacen el audiovisual cubano.

La cantera de futuros cineastas y técnicos del Séptimo Arte, jóvenes talentos, menores de 35 años de edad, procedentes del Instituto Superior de Arte, del Movimiento Nacional de Cine Aficionado y de otras instituciones del país, mostrarán sus más recientes realizaciones.

En las habituales secciones Nuevos realizadores participan los cubanos y en La mirada del otro los estudiantes extranjeros de escuelas radicadas en Cuba, cuya edad no rebase los 35 años, con filmes de ficción, documentales y animación realizados en nuestro país y que no hayan sido inscritos en muestras anteriores.
Asimismo sesionará Moviendo ideas con clases magistrales, donde destacados cineastas reflexionarán sobre determinados asuntos de la creación cinematográfica, partiendo de algunos de sus filmes. También habrán debates entre autores, críticos y público; encuentros teóricos con talleres y seminarios sobre la problemática contemporánea del audiovisual y exposiciones fonográficas y de carteles.

Esta Novena Muestra de Jóvenes Realizadores ICAIC 2010 en su sección Haciendo cine convocó a guionistas y directores cubanos, de hasta 35 años de edad, a presentar proyectos de guiones que conciliaran un alto vuelo estético con un esquema de financiamiento de bajo presupuesto, para que mediante un pitching se encuentre u acuerden la materialización de filmes con las entidades que apoyan la producción audiovisual, ya sea en régimen de producción total o en coproducción.
Y no dejemos a un lado el Concurso de carteles destinado a los nuevos diseñadores con el objetivo de estimular nuevas miradas hacia el quehacer de la cartelística nacional en serigrafía. Se otorgará un Premio Único de mil pesos moneda nacional al mejor cartel. La decisión del jurado será inapelable.

CUBARTE

SERGIO GIRAL Y JESÚS HERNÁNDEZ CUÉLLAR CONVERSAN

ENTREVISTA CON EL VETERANO DIRECTOR DE CINE SERGIO GIRAL

Jesús Hernández Cuéllar

Con más de cuatro décadas como director de cine, Sergio Giral tiene lista su próxima película, “Dos Veces Ana”, después de un extenso período sin realizar largometrajes de ficción. La mayor parte de su obra cinematográfica la dirigió en su natal Cuba, y casi toda esa obra estuvo dedicada al rescate de temas raciales. “Cimarrón” (1967), que fue su primera cinta, “Rancheador” y “El Otro Francisco” (1975), o “María Antonia” (1991) hasta la película sobre Benny Moré, “Al Bárbaro del Ritmo” (2004) se proyectan en esa cuerda. “Dos Veces Ana” no tenía por qué ser la excepción.

Giral ha dirigido muchas películas conocidas a lo largo de su carrera y es una de las figuras más destacadas del cine latinoamericano. Nació en La Habana, Cuba, en enero de 1937. Desde 1991 vive en Estados Unidos.

“Dos Veces Ana”, con guión del propio Giral y de Armando Dorrego, está protagonizada por Elvira Valdés, y el elenco está formado por conocidos actores cubanos, entre ellos Isabel Moreno, Lili Rentería, Yvonne López Arenal, Jorge Luis Álvarez, Gilberto Reyes y Frank Cairo. Próximamente, la película se presentará en varios festivales cinematográficos.

Sobre este último filme y otros temas, Contacto Magazine tuvo la siguiente plática con Giral.

JHC.- ¿Qué se propone exactamente con Dos Veces Ana, su película más reciente y la primera desde que vive en el exilio?

GIRAL.- Dos Veces Ana es una reflexión sobre el tema racial de los hispanos en los Estados Unidos. Si bien es cierto que el cine y la televisión de Estados Unidos han roto las barreras del color en cuanto a actores y argumentos, es apreciable la ausencia de actores negros, mestizos e indios en la media hispana. Mi cine ha seguido esta temática de rescate social y cultural de las llamadas minorías. Y encontré a la actriz idónea para interpretar el personaje, Elvira Valdés, que reúne estas cualidades tanto étnicas como actorales y se entregó al proyecto. A la vez, el filme en cuestión es un divertimento sobre la vida cotidiana de una mujer trabajadora que sueña, un tema por cierto universal.

JHC.- ¿Alguna razón especial por la que demoró varios años en hacer su primera película en Estados Unidos?

GIRAL.- Miami no tiene una tradición de producción cinematográfica, por lo que los realizadores generalmente acuden a la producción independiente con un presupuesto bajo e infraestructura muy reducida. He realizado varios documentales a lo largo de estos años, y en el 2000, comencé el rodaje de un guión de Armando Dorrego, que vendría a ser mi primer film en Estados Unidos. Desgraciadamente la realidad presupuestal golpeó el proyecto y se canceló. Cuando un artista emprende una obra y ésta se frustra, se hace muy difícil comenzar otra. Hace dos años atrás, un grupo de amigos se interesó en realizar un filme conmigo sobre otro guión de Dorrego, y fue así como comenzó este filme, un verdadero trabajo de equipo, donde el guión bebe mucho de experiencias y vivencias y también de la fantasía que todos tenemos en nuestras mentes.

JHC.- Muchos cineastas cubanos que filman fuera de Cuba encuentran también una pared llamada “cultura de masas” que aplasta al cine de arte, especialmente en cuanto a encontrar financiamiento. ¿Cómo observa ese llamado triunfo de la cultura de masas dado por la televisión, la música pop, el cine de Hollywood, Internet y la telefonía móvil en relación con el cine de arte?

GIRAL.- La televisión, la música pop, el cine de Hollywood, Internet y la telefonía móvil son realidades del mundo moderno y tienen su valor y función social, esto no impide la presencia del cine de arte en los medios de difusión. Pienso que ambos pueden sobrevir y compartir los espacios, ya que los cinéfilos y televidentes en general tienen la capacidad de elección, y de eso se trata. El tal llamado cine de arte siempre ha existido y lo que hoy consideramos clásico, El Gabinete del Dr. Caligari, por ejemplo, en su momento pertenecía al cine de masas y entretenimiento. Lo importante es integrarse a esos nuevos valores y poder utilizarlos en el mensaje artístico-social que uno quiera dar, sin olvidar que el cine también es entretenimiento.

JHC.- ¿Alguna esperanza de que haya otra vez un cine de autor, a lo Fellini o Buñuel?

GIRAL.- Lo hay, lo que hay es que buscarlo. Los genios sobran, y muchos hacen una película “de autor” sin proponérselo y otros, cuando se pretende hacer ese tipo de cine, la mayoría de las veces se frustra.

Lo que destaca a un Fellini o a un Bunuel, o al propio Bergman, Pasolini o Welles, al haber realizado un cine de autor, fue la libertad con que hicieron esas películas. Si uno depende exclusivamente del capital es víctima del juego propagandístico de cualquier sistema o entidad, por mucho que se trate ese cine se frustra.

JHC.- ¿En qué situación se encuentra el cine cubano que se hace en Cuba actualmente, si lo compara con el que usted hacía cuando estaba en la isla?

GIRAL.- Mi cine en Cuba, como el de otros realizadores que hicimos el nuevo cine cubano, fue un cine muy romántico apoyado mucho en rescatar la historia y la cultura popular, eso se fue popularizando cada vez más.

Desconozco la situación del cine cubano actual, como dije, fue una etapa superada de mi vida ya que no mantengo relaciones con ese medio. En Cuba existen prioridades más allá del cine, como es la estabilidad de un pueblo.

JHC.- En Hollywood se han establecido varios directores latinos, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro, González Iñárritu, mexicanos los tres. También se ha situado muy bien allí, como director y guionista de televisión, Rodrigo García, hijo de Gabriel García Márquez. ¿Hay en la meca del cine algún director cubano de relieve internacional?

GIRAL.- Podemos citar a Andy García como el adalid cubano en Hollywood y al director León Ichaso. Creo que los directores cubanos en su mayoría se encuentran en Miami y mantienen poco contacto con la meca del cine. Y algo que pienso que limita un poco al cubano del exilio, es lo sumergido que estamos en nuestra realidad y nuestra historia. Pero lo cierto es que irse a Hollywood a buscar fortuna podría ser un “risky business”. A Hollywood no se va, sino que Hollywood llama.

JHC.- ¿Y qué tal en cuanto a actores? En Hollywood también funcionan Penélope Cruz y Javier Bardem, con un Oscar cada uno, Salma Hayek y Antonio Banderas, y algunos cubano-estadounidenses como Andy García y Cameron Díaz. ¿Por qué no hay allí actores cubanos, inmigrantes recientes, de los que se han radicado en Miami, España o América Latina?

GIRAL.- No lo sé ni quiero arriesgarme a dar una opinión sobre prejuicios políticos y de nacionalidad.

JHC.- ¿Algún otro proyecto después de Dos Veces Ana?

GIRAL.- Tengo un viejo proyecto en mi mente, con el que he soñado por años, es un drama inspirado en una novela corta de Leonid Andréyev, hay un título tentativo La amarga vida de Candita Puig, que no tiene nada que ver con el de la novela. El guión ya está escrito y sólo faltan los actores y en esta ocasión algo más que la ayuda de los amigos. Hay productores interesados pero aun nada decidido. Este proyecto es mucho más ambicioso que Dos Veces Ana. No he podido nunca lograr proyectos sencillos, no es mi naturaleza cinematográfica. En una ocasión encerré a dos actores en una habitación durante 12 días, pero como dije antes, el proyecto no se dio. Nuestro destino es el cine independiente y aun así, tenemos que estar preparados para no esperar por Hollywood ni para competir con su cine independiente. Pero si Hollywood llama, bienvenido sea.

PD de “La Pupila Insomne”: Agradezco la gentileza de Joaquín Borges Triana, quien me envió por correo electrónico este material.