Archivos diarios: enero 16, 2010

DUDAR ES UN DEBER

Si una institución hizo del pensamiento crítico su gran soporte intelectual, fue precisamente el ICAIC, de allí que su relación con la “política cultural” del país no haya estado exenta de sobresaltos, tensiones y edificantes polémicas.

El propio “Por cuanto” legal donde se notifica que “el cine debe conservar su condición de arte y, liberado de ataduras mezquinas e inútiles servidumbres, contribuir naturalmente con todos sus recursos técnicos y prácticos al desarrollo y enriquecimiento del nuevo humanismo que inspira nuestra Revolución” dejaba sentado el carácter esencialmente crítico que portaba en sí: si humanismo significa reflejo integral del hombre con miras a alcanzar su plenitud, no se concibe un humanismo ajeno a los defectos naturales del ser humano, ni tampoco prescindiendo de la crítica como artificio capaz de subsanar estos, en tanto todo el progreso de la humanidad se ha sostenido en el pensamiento de aquellos hombres que han hecho de la autofiscalización intelectual y consecuente crítica, el plasma invisible de la fe en el avance. Dudar no para negar de manera nihilista, sino para precisar la solidez de los cimientos de aquello que se pretende edificar.

En sentido general, el hombre común prefiere defender las respuestas heredadas antes de hacerse él mismo sus propias preguntas. De creer lo que dice uno de los personajes de “La vida es silbar” (1999), el filme de Fernando Pérez, hay personas que prefieren desmayarse antes de oír ciertos términos peligrosamente ambiguos, términos que ponen en riesgo la seguridad intelectual alcanzada.

Este tipo de receptor se ha acostumbrado a un modo de expresión que da por sentado que todo ya está claro, y quizás por ello, suelen rechazar hasta el desvelo las dobles lecturas y la interpretación múltiple: en pocas palabras, no resisten la polisemia en el arte, y entienden esa ambigüedad como una “provocación”.

Para esos singulares guardianes de la luminiscencia semántica, es imperdonable la herejía que siempre implicará mostrar la imprecisión misma que conforma la vida, y desconfían del pensamiento que se ocupa de problematizar la percepción de esa realidad; de allí su predilección por las películas de estructuras transparentes y la fobia a la cultura de la polémica.

Juan Antonio García Borrero