Archivos diarios: enero 4, 2010

LA VIDA SECRETA DE LAS IMÁGENES

“Primer lunes del año 2010”, me digo, mientras camino la ciudad. Intento medir qué hay detrás de esas palabras que aspiran en sordina a alguna “novedad” para los próximos 365 días. Por el momento no vislumbro nada distinto. Aunque es lunes de trabajo (y el cuarto día del recién nacido), la ciudad todavía no parece recuperada del todo de su resaca de deseos y esperanzas de fin de año: la gente va repitiendo de manera automática las felicitaciones, como si aún viviéramos en diciembre. El futuro como droga que nos permite aliviar los embates de lo cotidiano.

Por mi parte quisiera que el blog siguiera siendo un esfuerzo (no importa que modesto) de descotidianización de las miradas en torno al cine cubano. Lo cotidiano termina convirtiendo a la rutina mental en nuestro peor enemigo, porque nos aleja de todo lo que está vivo, y nos convierte en simples repetidores de aquello que ya se ha dicho. O lo que es igual: de las mismas palabras, los mismos gestos.

Cuando Sergio se queja de que las palabras devoran a las palabras, está lamentando esa incapacidad de los humanos para renunciar a las habladurías (en el sentido que esclarecía Heidegger) con tal de encontrar el fundamento de aquello que se afirma. Y es que siempre será más fácil afirmar lo que la gente repite de boca en boca, que empeñarnos en fiscalizar lo legítimo de cada una de las opiniones. Repetir lo que los otros dicen nos concede seguridad, pues, la verdad, además de exigente, puede resultar muy peligrosa.

“La falta de base”, decía Heidegger, “no cierra a las habladurías la entrada en la publicidad, sino que la favorece. Las habladurías son la posibilidad de comprenderlo todo sin previa apropiación de la cosa. Las habladurías preservan incluso del peligro en semejante apropiación. Las habladurías, con las que puede arramblar cualquiera, no solo desligan de la obligación de llegar a un genuino comprender, sino que desarrollan una indiferente comprensibilidad a la que nada le es ya cerrado”

Gracias a los amigos que han estado colaborando en el blog, ha renacido en mí la confianza de que, entre todos, es posible dejar atrás “las mismas palabras, los mismos gestos” con que hemos estado hablando en todos estos años del cine nacional, para acceder a la vida secreta de esas imágenes en movimiento que hoy conocemos por cine cubano.

Juan Antonio García Borrero