Archivos diarios: diciembre 24, 2009

ARMANDO PÉREZ PADRÓN SOBRE “EL GRITO”

ALGO MÁS QUE “EL GRITO” DE LA DESESPERANZA.
Por Armando Pérez Padrón

Han transcurrido más de 15 años desde que Fidel Castro, con su habitual inteligencia para sortear las dificultades de cada momento histórico, lanzara aquel GRITO, en el V Congreso de la UNEAC: «Lo primero que hay que salvar es la cultura», y para ello resultaba imprescindible lograr un pueblo con una cultura general integral por encima de cualquier otro país del planeta.

¿Cuánto se ha brindado desde entonces en aras de tan titánica epopeya, pese a continuar el país en la peor de las crisis económicas que pueblo alguno haya resistido y enfrentado con decoro e hidalguía?; ¿cuánto se ha invertido en los telecentros de cada provincia, con la esperanza de que los creadores pongamos todo nuestro talento en función de una cultura audiovisual suficientemente fuerte como para al menos discernir, entre lo que es arte y lo que es banalidad, entre el panfleto y la información oportuna; entre las propuestas norteamericanas con excelentes facturas estéticas, pero con sus siempre bien elaborados códigos del modo de vida norteño y las apologéticas cintas con odas a la violencia sin límites, que pululan en la inmensa mayoría de los espacios a que se enfrentan los espectadores cubanos de hoy?.

Para nadie es un secreto que el siglo XXI es el universo de las imágenes audiovisuales, ya no para el cine, la televisión, y las computadoras; lo es para todo. Hoy no existe actividad humana alguna que no sustente parte de su funcionamiento y hasta la supervivencia en las imágenes audiovisuales; y en medio de esto, nuestro pequeño país, pobre económicamente, pero inmensamente rico en capital humano; ¿y es que ese caudal de talento es patrimonio privativo únicamente de la capital? (por cierto colmada en todos los medios por emigrados del resto de las provincias, de estos mismos rincones que para algunos que tienen en sus manos el poder de acá y de allá, no estamos preparados los artistas para exhibir, promover, discutir y enseñar con materiales, que se puedan prestar a disímiles lecturas y los televidentes no tienen cultura suficiente para asimilar lo que ven los que viven en la Habana o los que pueden asistir a alguno de los eventos de cine que se realizan en el país).

¿Cómo podemos contribuir desde una televisora provincial al conocimiento del lenguaje audiovisual de los televidentes, sin exhibir nada que conlleve a las más mínima motivación a ejercer el pensamiento, sin exhibir nada extranjero, sin exhibir película alguna aunque sea cubana?, ¿hasta donde se ignora el talento de los creadores que no vivimos en la Habana?, ¿hasta donde se ofende a esa parte nada desdeñable de la población que ansía ver en la televisión de su terruño lo más valioso y genuino de la cultura cubana y universal?; ¿hasta cuándo hay que soportar que los mojigatos de siempre, condenen a quienes asumen la sexualidad en el arte sin tapujo alguno; cuando en esencia el sexo es, la fuente inagotable de vida y de placer, instinto primario de los seres vivos y más aún en un país que es sensual hasta en el movimiento de sus palmeras?.

Pienso que efectivamente una de las funciones claves de los tele centros es divulgar la realidad diaria de su territorio, pero considero que parte indisoluble de esa realidad es la cultura que día a día ha ido alcanzando nuestro pueblo, y eso no se puede sustentar solamente con lo que haga la televisión nacional; la batalla por la cultura, que es decir la batalla por la identidad, la batalla por salvaguardar la nación, la independencia y las conquistas del socialismo, no se gana en la capital: se gana en Cuba entera. Y si “El Grito” es una obra de arte en la capital y en algunos eventos de provincias, —¡porque además, lo es! con el mérito añadido, de ser una obra realizada por una mujer joven, sobre unos de los temas tabú de la sexualidad criolla—apreciable por los presentes en esos espacios; entonces también es apreciable por el resto de los cubanos, vivamos donde vivamos, de allí que como miembro de la UNEAC, como intelectual, como cubano y especialmente como ser humano, me adhiero a este GRITO de la razón y la vergüenza, en aras de que todo este proceso concluya con la reposición de los artistas separados de sus cargos injustamente y que el incidente sirva para algo más que “El grito” de la desesperanza.

Armando Pérez Padrón
Camaguey, 20.12.09