Archivos diarios: diciembre 21, 2009

ÁNGEL VELÁZQUEZ SOBRE “EL GRITO”

GRITO, PODER Y EL EGO FEMENINO
Por Ángel Velázquez Callejas

La UNEAC nacional convoca a que contribuyamos al debate sobre lo ocurrido en torno al corto “El Grito”. Dejé plasmado una esquela en “El cine meditativo y El Grito” que para mí no fue suficiente. Ahora retomo la idea no para satisfacerla, sino para enjuiciarla. No estoy por los efectos colaterales del corto, sino por los de sí mismo. Ellos quizás arrojarían luz sobre la intolerancia y el miedo, sobre el fundamentalismo y la exageración.

“A mí no me interesa demasiado el feminismo, me parece algo repetitivo y antiguo, pero sí estoy de parte totalmente de que las mujeres tomen el poder en las relaciones y ejerzan, sin exageraciones y fundamentalismos. La androfobia me parece ridícula, y aunque yo pueda sobrevivir al machismo, no puedo con la posesividad ni con los yugos. No creo en verdad que mi corto sea demasiado erótico, pues la relación sexual que muestro ocurre en la oscuridad, fuera de foco, es rápida, y no necesariamente sugestiva. Me interesa el llamado realismo sucio, y me gustaría mucho, aunque no me ha pasado hasta ahora, que alguien se me acercara y me dijera que aprendió algo sobre cómo mejorar las relaciones hombre-mujer”.

Estas son palabras de un fragmento de entrevista a Milena Almira, realizadora del corto “El Grito”. En sí misma, la toma de poder es exagerada y fundamentalista. La forma del poder es absolutamente destructiva, y esa es la experiencia de todo un siglo que culmina y el que recién comienza: grito, poder y ego. El corto de Milena es extraordinariamente interesante; lo es porque es muy especulativo. Genera una vieja disquisición femenina. Debido a que entre el poder y la especulación no media nada; nada se pierde. Es realismo sucio. Pero este realismo ha sido la desgracia y herencia de un siglo en medio de la era moderna: no haber dejado espacio al crepúsculo. En torno a ello, en lo crepuscular ausente, lo femenino ha derivado una impresionante aptitud psicológica para derrotar a su oponente.

Entiendo perfectamente a Milena, pues ha heredado un mal ajuste feminista y ha intentado devolverle su espada. El machismo debe ser cortado. Cómo entonces tomar el poder, si la esencia femenina es anti-poder. Ahí es donde veo lo ridículo del realismo sucio. La mujer no vino al mundo para luchar, para imponerse; vino para recibir, para poetizar, para cantar y danzar. La mujer es un reto para el hombre en tanto tiene la capacidad de absórbele su locura sexual, su ansia de poder, la ira y el odio. Pero la mujer ha estado haciéndole el juego. ¿Por qué? La respuesta es compleja, pero obedece por entero a una fijación psicología inconciente. La mujer ha sido hipnotizada por el falo; de ahí toda su lucha y agonía. Sin embargo, la naturaleza de la mujer es que es un útero envolvente, no es un modo de lucha. Su lucha ha nacido equivocadamente; persiste debido a la injerencia de tanta ciencia social, de tanto prejuicio especulativo. Si el mensaje del silencio de la protagonista del corto es receptivo, entonces lo crepuscular se manifiesta. Entonces la verdad femenina sale a flote.

Las relaciones hombre-mujer no se pueden mejorar. Este es un falso comienzo. El hecho de relacionarse y no fusionarse hace que no exista una armonía entre dos entidades separadas por el ego. El corto es muy ambiguo, esa es la verdad, pero tiene una mirada crítica, muy sensible. Es para mi algo extraño que siempre una mujer artista toque apasionadamente la problemática del machismo. Esto me recuerda una idea de Nietzsche sobre la voluntad de poder: la mujer no tiene poder, pero si voluntad. Posee lo que el hombre le falta, la voluntad de recibir. Si tiene poder, el ego crece; si tiene voluntad de recibir entonces el ego muere. ¿Quién está dispuesto a que su ego muera?

Milena no parece estarlo. Esa es la experiencia de todo ese siglo XX. Sin embargo, la felicito por atreverse nuevamente a escudriñar en un pasado que nos asombra y nos quita el sueño. Milena ha querido luchar. Lo destructivo se le revela. No es malo, pero no puede ser el fin. Espero que su relato alcance la altura de la voluntad femenina. Con esto no estoy promoviendo el veto; no se mal interprete lo que digo; eso sí, me gustaría que los creadores fueran mas creativos. La creatividad es esencialmente femenina.

DELIO G. OROZCO SOBRE “EL GRITO”

¿DÓNDE ESTÁN LOS ENEMIGOS DE CUBA?

Por: Delio G. Orozco González.

Historiador.

Vice-Presidente UNEAC.

Manzanillo, Cuba.

Ante el agobio de un sinnúmero de obligaciones personales, existenciales y también profesionales; dedicarle tiempo a la sinrazón puede parecer un contrasentido; sin embargo, el cumplimiento del deber radica en hacer en cada instante y lugar lo que cada circunstancia demanda (sentido del momento histórico según Fidel Castro), y levantar la voz, también el alma ante la injusticia para decir lo que se siente, expresar lo que se piensa y solidarizarse con los compañeros en el momento que más lo necesitan, es imperativo moral y obligación práctica, mas no sólo para el hoy; sino, para el mañana por lo que importa para la cultura y el arte cubanos; también para la nación.

Cuando en el telecentro Golfovisión de Manzanillo, perteneciente igual que el de Bayamo a la actual provincia de Granma, le dijeron a Ramón Cabrera Figueredo -creador del audiovisual y también de boca-, que estaba prohibida la exhibición de filmes cubanos, no pude menos que hacerme una pregunta que comparto con ustedes y en esta breve reflexión, honrada hasta la médula, trato de responder: ¿dónde están los enemigos de Cuba?

La isla es el fin, no el medio; el medio es la revolución, y en mi sincera y no comprable ni vendible opinión, es el medio que más ha hecho hasta ahora por el país; ambos tiene muchos y variados enemigos, dentro y fuera, conscientes e inconscientes. «Enemigos blandos» son aquellos que desde dentro y de modo inconsciente -la más de las veces, estimo yo-, matan la fe, dinamitan el espíritu público, quiebran la esperanza y alejan la utopía, por cuanto físicamente viven en Cuba y militan con la revolución; empero, intelectual, emocional y en la práctica diaria comulgan contra ella, en tanto el resultado de su praxis deviene desacierto real y laceración en más de un sentido; lamentablemente, de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Estos enemigos son los más, y la clasificación de «blandos» también les viene porque de seguro saldrían al ruedo sin temor ninguno a coger el toro por las astas -junto a muchos de nosotros-, si por desgracia la corrida se plantease; los menos -al igual que algunos de nosotros-, buscarían refugio en las paredes de la barrera. No obstante, la rudeza de los errores cometidos por estos «enemigos blandos» puede llegar a ser dramática; no se olvide que por dinero se mata pero no se muere, se muere por ideales, y si el daño inflingido por ellos llegase a ser sostenido y no revertido, logrando erosionar de tal modo las ideas que sostienen el empeño nacional, la experiencia de lo sucedido allende el mar, a 9550 kilómetros del Caribe, nos hablan de un amargo acontecer que la mayoría de los habitantes del verde caimán no queremos compartir.

Una relación sistémica de causales conducen a funcionarios, administrativos y políticos a obrar contra la ínsula y su revolución, o dar lugar a lo que Joel James llamó «el contra sí»: en primer lugar, ignorancia «sobre el estado del arte» de los temas que vetan, acorralan o menosprecian y aquí el llamado del Che en su fundacional ensayo “El socialismo y el hombre en Cuba”, a elevar el nivel intelectual de los funcionarios sigue siendo una asignatura pendiente en muchas de las estructuras de poder intermedias; segundo, la falta de una sistémica cultura del debate impide el natural intercambio entre actores sociales y estructuras de poder; necesitadas estas últimas como nunca antes de recibir, en una realidad tan diversa, polisémica y multiforme como la actual, las resonancias definitivamente esenciales que, proveniente de la masas raigales del pueblo y en este caso de su vanguardia intelectual, les permita, de modo creador, situarse al frente de la conducción nacional; tercero, la persistencia estereotipada del funcionario socialista, el cual, por su condición (relaciones, puesto, influencias, beneficios y estructura de mando), cree no equivocarse y servir ciegamente al país si cumple con las orientaciones emanadas desde «arriba», aún a todas luces desacertadas; y en cuarto lugar, quizás consecuencia o corolario, la creencia altamente tóxica y destructiva de que la libertad individual, la diversidad, la honradez intelectual y novedad creadora, resultan enemigos de Cuba y su revolución y no su baluarte espiritual más firme.

Llegados a este punto y con el objeto de restarle significación al aforismo de Enrique José Varona, quien decía que todo el mundo prevé catástrofes pero nadie ofrece soluciones; habría que empezar por buscar una salida honorable al conflicto, cuestión esta que pasa -antes que todo-, por la restitución incondicional de Juan Ramírez Martínez y Alexander Delgado Sosa a sus puestos de guionista y director respectivamente en el telecentro bayamés.

Deglutir y sacar experiencias de estos infelices acontecimientos, es obligación ineludible de todo político cubano contemporáneo y ello significa iniciar, de forma definitiva y permanente, un sostenido diálogo que derive en aprendizaje continuo entre las estructuras de poder en la provincia Granma, los telecentros de Bayamo y Manzanillo y la UNEAC, como garantía básica para evitar la repetición de lo sucedido; además de que su ejecución sistémica devendrá ejercicio potenciador de buenas prácticas gubernativas, no sólo para esta parte de Cuba; sino, en todo la ínsula.

La selección de regentes para telecentros debiera contemplar, como condición ineludible, la suficiencia probada de los candidatos en el mundo del audiovisual y la TV; no perdamos de vista que nadie da lo que no tiene ni ama lo que no conoce.

Finalmente, la preparación y superación de cuadros, funcionarios y administrativos, especialmente los vinculados al mundo de los audiovisuales, debería contemplar no sólo cursos técnicos; sino, los más importante según nuestra experiencia: aquellos que demuestren que la cultura cubana ha sido y es un proceso de fundación y refundación constante; donde la búsqueda incesante de la libertad, ora individual, ora colectiva, se yergue en su núcleo duro; donde se explique de modo tácito aquel aforismo de Pascal que fijaba de modo inapelable que la unidad que no contempla la diversidad conduce a la tiranía; un curso constante que explane y demuestre en la práctica diaria que revolución es cambio, es transformación, es asombro y no sólo para unos pocos; sino, para todos, porque sólo entre todos será posible construir una nación en la cual la dignidad humana sea algo más que aspiración y postulado constitucional; sea -como quería Martí-fórmula del amor triunfante.