Archivos Mensuales: diciembre 2009

ADIÓS, 2009

A Mark Twain le encantaba afirmar que “hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”. No fue el único que mostró sus reservas con esa manía del conteo que nos embarga ocasionalmente, y sobre todo cuando se aproximan estas fechas de fin de año. Para los hermanos Goncourt, por ejemplo, “la estadística es la primera de las ciencias inexactas”, mientras que para George Bernard Shaw, “la estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos automóviles y yo ninguno, los dos tenemos un automóvil”.

La verdad es que las estadísticas terminan siendo las más engañosas de las conclusiones si uno se descuida, se embelesa con ellas, y nos las mira con distancia crítica: porque podemos olvidar que también ellas son vanidad de vanidades, devenidas simples gráficos, así se expongan en elegantes soportes. ¿Por qué entonces me sumo a ese carro de entusiastas manejadores de cifras? Pues porque si algo quedó claro a lo largo del año, es que el blog ya no es un sitio personal, sino un foro donde un grupo de amigos nos sentimos a gusto conversando sobre cine cubano. Y esos amigos se merecen que se sepa como ha estado funcionando el asunto.

Pudiéramos empezar diciendo que el blog ha mostrado un crecimiento inaudito de visitas. Si en el 2007 fueron 24.854 visitas, y en el 2008 exactamente 34.305, en este que ya va concluyendo se computaron, hasta el momento que escribo estas líneas, 72.656, lo cual hace un total de 131 815.

Sin embargo, no son los números en sí (que a algunos les parecerá cosa mínima, a otros, una desmesura) lo que en lo personal me inclina a sentirme satisfecho. En todo caso es la calidad de las polémicas, ideas, y comentarios aportados (y que las estadísticas difícilmente podrán describir) lo que consigue mantener despierto en mí el entusiasmo.

Agradezco a quienes han colaborado de manera explícita con el sitio, y también a aquellos que nos han apoyado incluso con el silencio cómplice (aún cuando sé que no siempre coinciden con las ideas que aquí expresamos). Desearle para el Nuevo Año a cada uno de esos amigos todo lo bueno que se merecen (no menciono ningún nombre, porque para eso está cada post que se ha firmado, y los comentarios que han llegado) sé que suena a lugar común: y lo es. Pero no tengo otro modo de mostrar mi gratitud.

Debo confesar que a diferencia del grueso de las personas, estas fechas más bien logran mantenerme dividido. Por un lado alegre. Por el otro melancólico. Porque me pongo a pensar en los amigos que ya no están. O en los que están, pero decidieron que era mejor mantenernos a distancia. Y también en los sueños que no se me cumplieron. O en los que se cumplieron, pero no del modo que yo soñaba (¡ay, Lennon!: la vida sigue siendo algo que acontece, mientras estamos soñando otra cosa).

Ya sé que son días para hacer de la esperanza lo primero, pero no consigo desterrar de mi mente a Arthur Schopenhauer con aquella reflexión tan inquietante como lúcida:

“Vivimos en todo momento esperando algo mejor que lo que tenemos, y frecuentemente a la vez con nostalgia arrepentida de lo pasado. En cambio, el presente lo tomamos solamente como algo provisional y no lo consideramos otra cosa que el camino hacia alguna meta. Por ello, cuando miran hacia atrás desde el final, los más encuentran que han vivido toda su vida interinamente, y se asombran de ver que lo que dejaron pasar sin darle importancia y sin disfrutarlo era precisamente su vida, precisamente aquello en cuya expectativa vivían. Y así, la trayectoria vital del hombre consiste, por regla general, en que, entontecido por la esperanza, va bailando hasta caer en brazos de la muerte”.

Paradojas de la vida, pero es el pesimismo agobiante de Schopenhauer lo que más conciencia me concede de que son las metas propias (no la que los otros nos imponen), las que nos otorgan vitalidad. Un fin de año no deja de ser otro espejismo vertiginoso. Es preciso salvar en medio de ese inmenso bosque de apariencias que es la vida, lo único que a la larga resulta vital: el compromiso de todos los días proponernos vivir el presente.

Muchas felicidades para los amigos, y espero que sigamos viajando un buen rato en este, nuestro particular “tren de cercanías”.

Juan Antonio García Borrero

Visitas por meses:

Enero: 3.978

Febrero: 3.786

Marzo: 5.454

Abril: 5.824

Mayo: 6.414

Junio: 5.334

Julio: 4.707

Agosto: 6.141

Septiembre: 5.848

Octubre: 9.156

Noviembre: 8.707

Diciembre: 7.491

Visitas por países:

ESPAÑA 27.609

UNITED STATES 15.004

MEXICO 5.659

CUBA 4.096

FRANCIA 3.003

ARGENTINA 2.648

COLOMBIA 2.039

VENEZUELA 1.681

CHILE 1.368

PERU 1.246

UNITED KINGDOM 1.005

ALEMANIA 965

URUGUAY 716

ITALIA 599

CANADA 496

BRASIL 482

ECUADOR 471

DOMINICAN REPUBLIC 410

PUERTO RICO 315

COSTA RICA 299

UNITED ARAB EMIRATES 268

BOLIVIA 202

PANAMA 177

SWITZERLAND 177

RUSIA 127

EL SALVADOR 118

PORTUGAL 116

GUATEMALA 109

NETHERLANDS 109

BELGICA 93

SWEDEN 87

HONDURAS 78

POLONIA 75

NORUEGA 72

CHINA 72

TURKEY 61

JAPON 58

AUSTRIA 52

NICARAGUA 52

HUNGRIA 45

FINLANDIA 45

CZECH REPUBLIC 36

PARAGUAY 36

AUSTRALIA 35

GREECE 35

ROMANIA 27

ISRAEL 20

INDIA 20

BULGARIA 17

DINAMARCA 17

GREENLAND 15

JAMAICA 14

IRLANDA 14

SLOVAKIA (Slovak Republic) 14

ANTIGUA AND BARBUDA 13

ANGOLA 13

MOROCCO 13

KOREA, REPUBLIC OF 12

THAILAND 11 0,01 %

UKRAINE 11

TRINIDAD AND TOBAGO 10

MARTINIQUE 9

INDONESIA 9

SIERRA LEONE 9

VIET NAM 8

NETHERLANDS ANTILLES 6

ESTONIA 6

ANDORRA 5

TAIWAN, PROVINCE OF CHINA 5

SOUTH AFRICA 5

SENEGAL 5

SLOVENIA 4

ALGERIA 4

SAINT KITTS AND NEVIS 4

EGYPT 4

LUXEMBOURG 4

ENGLISH 4

CROATIA 4

ARUBA 4

REUNION 4

ZIMBABWE 3

YEMEN 3

LEBANON 3

SINGAPUR 3

BELIZE 3

BARBADOS 3

ICELAND 3

HONG KONG 3

GUINEA 2

GABON 2

ETHIOPIA 2

QATAR 2

EQUATORIAL GUINEA 2

PHILIPPINES 2

MALI 2

MAURITANIA 2

DOMINICA 2

LITHUANIA 2

NEW CALEDONIA 1

CAYMAN ISLANDS 1

MOLDOVA, REPUBLIC OF 1

LATVIA 1

CAMBODIA 1

GUYANA 1

BENIN 1

BAHAMAS 1

COTE D’IVOIRE 1

BELARUS 1

NIGERIA 1

MALAYSIA 1

UGANDA 1

SYRIAN ARAB REPUBLIC 1

TURKS AND CAICOS ISLANDS 1

OMAN 1

PALESTINIAN TERRITORY, OCCUPIED 1

LA BELLA DEL ALHAMBRA (1989), de Enrique Pineda Barnet

Hay películas que, como los buenos perfumes, disimulan sus historias secretas. Son abismos donde uno se sumerge a gusto y protege de la cotidiana devastación del tiempo. Esas películas se recuerdan no solo por lo que cuentan, sino por lo que inspira en nosotros su sola evocación. El placer de evocarlas se convierte en un raro estremecimiento al que nos gusta recurrir con demasiada frecuencia.

“La Bella del Alhambra” tiene para mí muchos significados. Es la película, con su banda sonora de lujo, su historia romántica, y el descubrimiento de una Beatriz Valdés sencillamente impresionante. Pero es también el puente que me hizo amigos de personas a las que, de entonces para acá, no he podido dejar de admirar, de extrañar. Sé que soy demasiado predecible, y que todo el que me lee ahora sabe que hablo en primer lugar de Enrique Pineda Barnet. Mas no es el único: en todo caso tendría que decir que Enrique se ha erigido en el puente mismo a través del cual se deslizan sus amigos, la gente que lo quiere.

Me hubiese gustado estar hoy a su lado, festejando la existencia de ese clásico de clásicos que es “La Bella del Alhambra”. Pero Enrique me ha enseñado que no es la distancia física lo que arruina la comunicación entre los seres humanos, o la hace posible. Gracias a Enrique Pineda Barnet, sé de puentes que ahora mismo me permiten llegar hasta él. Y la mayoría de las veces sin que lo note.

Juan Antonio García Borrero

PD: Ayer estuve toda la tarde intentando colgar este post. Pero Internet estaba infernal (esa es una de las pesadillas con las que tendrá que convivir todo aquel que quiera bloguear desde aquí, en mi caso, desde Camagüey). Solo tengo a mi favor una ligera variante que he propuesto al famoso dicho: nunca es tarde si “La Bella del Alhambra” es buena.

JAGB

Ficha técnica:
LA BELLA DEL ALHAMBRA
(1989)/ 100’/ D: Enrique Pineda Barnet/ Productor: Humberto Hernández/ Argumento basado en la novela “Canción de Rachel” del escritor Miguel Barnet/ Guión: Miguel Barnet, Enrique Pineda Barnet, con la colaboración de Julio García Espinosa/ Fotografía: Raúl Rodríguez/ Edición: Jorge Abello/ Sonido: Raúl García/ Actúan: Beatriz Valdés, César Évora, Carlos Cruz, Isabel Moreno, Omar Valdés, Verónica Lynn, Ramoncito Veloz, Jorge Martínez, Miguel Navarro, Miguel Gutiérrez, Omar Padilla, Héctor Echemendía, Chaflán, Roberto Jiménez, Gaspar González, Carlos Más, Adolfo Robal, Ulises Requeiro, Andrés Piñero, Héctor Eduardo Suárez, Yara Yglesias, María Elena Molinet, Paula Alí, José Raúl Cruz.

Inspirada en la novela de Miguel Barnet “Canción de Rachel”. En la atmósfera de La Habana de los años veinte, transcurre la vida de Rachel, corista de una carpa, que ambiciona llegar a ser una vedette del famoso teatro Alhambra. Con el apoyo del dueño del teatro, que la hace su amante, y sus dotes artísticas, llega al pináculo de la fama, siendo conocida como La Bella del Alhambra. En el camino ha perdido trágicamente el amor de su vida y se han entregado a una pasión que estuvo a punto de destruir su carrera.

“He querido contar la historia de una mujer que, como la República, no quiso ser prostituida, y su mayor aspiración fue la de ser actriz. La cinta es un melodrama que incorpora diversos números musicales, pero no es un musical. Contiene todos los géneros de nuestra música y pretende renovar para los oídos actuales, con una sonoridad nueva, nuestra vieja música. Por representar el testimonio de una época estoy seguro que le va a interesar especialmente a los jóvenes y al público en general.”

Enrique Pineda Barnet

“La bella del Alhambra es un excelente ejemplo de la obra de arte como sistema complejo y riquísimo de lenguajes y estructuras multidimensionales. Lejos de ser el acto unipersonal de una estrella, se conforma como un sistema planetario orgánico que gira en torno del protagonismo excepcional de Beatriz Valdés, quien combina ingenuidad, frivolidad, gracia, timidez y cierta malicia erotizada, con una admirable madurez artística que pulveriza la probable connotación kitsch de su diva. (…) La bella del Alhambra es una obra mayor sin la grandielocuencia de las aspirantes a ‘grandes obras’. En cierto modo, este filme es como su protagonista: un simple ser humano que supo jugarse la apuesta de la vida, sin miedo y sin pecados preconcebidos, entregando su eros y su alma a una opción cultural, contaminada para siempre por el virus maldito del arte escénico. Ella es Beatriz Valdés y la nostalgia, la cubanía y su reencuentro. La aprehensión de la belleza y del placer del sonido, el reino de comunicación de los valores de una fuente específica de nuestra nacionalidad. En su rostro hermoso nos hemos encontrado con esa verdad que Martí nos alertara: en este filme, todo es música y razón.”

Eduardo López Morales

“La bella del Alhambra desborda por su complejidad y su nitidez, por su transparencia y su densidad, los objetivos de estos apuntes apresurados, pero eso sí apasionados. Si en otras ocasiones hemos hablado -refiriéndonos al teatro sobre todo- de que muchas veces ignoramos, y hasta despreciamos lo que tenemos al alcance de la mano, Pineda Barnet logra aquí un precioso homenaje a la cultura cubana en sus costados más esenciales. Lo tragicómico, que es una de nuestras evidentes y cardinales características como pueblo, está aquí de forma coherente y diáfana. Es una película repleta de música, de ¿alegría?, de ritmo y picardía insular…pero tiene momentos profundamente trágicos. En otras situaciones -como la brillante secuencia en que Rachel se reencuentra con su descubridor Adolfito- el resultado del trabajo actoral, de la fotografía y de la música, dan ganas de reír y llorar a la vez, en una casi inexplicable y lúcida mezcla que recuerda inevitablemente a Brecht. Puede argumentarse que en otros momentos asoma su oreja el melodrama, que hay encuentros que se tornan artificiosos como el de Rachel y el villano amante o la casual muerte de Adolfito…pero ¿acaso este matiz un tanto sensiblero no está también, como componente, en el ajíaco de nuestra idiosincracia?. La música de Mario Romeu, la escenografía, el vestuario (Derubín Jacomé-Diana Fernández) y el sentido mismo de las caracterizaciones, convierten a la película en un homenaje al teatro cubano, a la música y a la época de la primera mitad del siglo XX. Pero es mucho más; se hace evidente la indagación, desde nuestras circunstancias, sobre el destino individual del artista y su responsabilidad social. Recuerdo que para los estudiantes de teatro, la historia del Alhambra fue siempre un tema controvertido. Leímos al maestro Robreño en sus defensas afectivas y argumentadas, junto a otros intelectuales que atacaban con vehemencia todo ese género que se le ha dado en llamar bufo, vernáculo, o en ocasiones, alhambresco. Porque, sin dudas, fue en el Alhambra donde la música de Anckerman y otros compositores brilló más y donde actores como Regino López, Acebal y actrices como la Rachel histórica, imprimieron un estilo donde la gracia personal, el canto y el baile, aseguraron público suficiente para abrir ininterrumpidamente el telón desde 1902 hasta el 36, en lo que se ha llamado la temporada teatral más larga de la historia. Pineda Barnet nos ha dado una gratísima sorpresa en una película muy bien facturada en todos sus elementos; pero que concede protagonismo al talento del actor. Mucho se hablará de la encantadora Rachel de Beatriz Valdés, tal vez esta y las venideras generaciones le pongan a su figura y encanto el misterioso rostro de la legendaria artista de la que se enamoraron, allá en la adolescencia, los abuelos”.

Amado del Pino.

“Desde una seriedad de planteamientos en sus propósitos, Pineda Barnet transita conocidos caminos expresivos y sale bastante airoso, además de por los aciertos apuntados, porque tiene el apoyo de una excelente fotografía y una actuación general que se mueve a tono con los requisitos estilísticos del filme. En esos desempeños sobresale Beatriz Valdés como Rachel, un personaje que la obligó a convencer también desde la canción y el baile. Las semanas y meses de trabajo dedicados al afán de convertirse en una dama de las tablas de los tiempos del Alhambra dieron un fruto inmejorable. Ahora bien, el siempre atrayente y a la vez peligroso melodrama, hace que La bella del Alhambra esté punteado de algunos tonos que resultan demasiado facilistas y hasta sensibleros, como la muerte a balazos y a cámara lenta del chaplinesco Adolfito, el telegrama del rompimiento amoroso y posterior anuncio periodístico anunciando el suicidio del novio y el espejo que se rompe con premoniciones del mal agüero. Son aspectos que en un rejuego discursivo que contemplara la parodia u otra estructura no convencional a partir de la reformulación de viejos modelos hubieran encontrado un mejor campo para la plasmación. Pero ése no era el propósito del director, sino la película que hizo, seria en intenciones dramáticas, una La bella del Alhambra que con sus más aciertos que defectos se agradece y disfruta”.

Rolando Pérez Betancourt

PREMIOS:
Premio Goya a la mejor película extranjera de habla hispana. Corales a la mejor música, escenografía y ambientación en el Festival de la Habana’89; mejor actuación femenina en el Festival Latino de Nueva York; mejor película en el Festival de San Juan, Puerto Rico. Premio especial de El Caimán Barbudo a Beatriz Valdés, premio de la Universidad de la Habana; premio al mejor filme de ficción y premio Pitirre en II Festival de San Juan, Puerto Rico (1990), mejor filme y mención especial a Beatriz Valdés en Troia, Portugal (1990); premios Caracol de dirección, fotografía, sonido, edición, diseño de vestuario y escenografía, actuación femenina en VII Festival de la UNEAC, La Habana (1990), premio a la mejor película concedido por la Universidad de La Habana (1990), premio El Mégano de la Federación de Cine Clubes de Cuba, La Habana (1991).

ELIECER JIMÉNEZ: PENSANDO EL CINE CUBANO

PENSANDO EL CINE CUBANO
Por Eliecer Jiménez Almeida.

Hace casi diez minutos estaba gastando un poco de ese infinito amor… que como ser humano intento cada día compartir y hacer crecer. Sucede que justo cinco minutos después… me bañaba placenteramente y miraba por la ventana del décimo piso del Edificio Lugareño en mi querido Camagüey (la casa de mi suegra) y veía la calle Bembeta, milagrosamente iluminada. Saben qué: me sorprendió verla alumbrada… otra vez con la crítica que no llega a ningún oído.

Bembeta, un nombre raro en mi geografía sentimental. Sin embargo, los ojos se me perdían en las luces de neón y Pupila Insomne, me dispuse a buscar la casa de Juani para de alguna forma, pienso que espiritual, decirle que una vez más vi “La bella de la Alhambra” y después, “Canción de Rachel”.

Me toqué la Barba y pensé en Pineda Barnet. De cierta manera, por culpa de Luciano Castillo, que todos los domingos obliga a mi sensibilidad cinematográfica a hacerle culto al buen gusto. Aleluya, Luciano, Hasta cierto punto, somos Los sobrevivientes ante tanta globalización. Me levanto de la cama, son las 3: 57 a.m., voy a la cocina, tomo una taza de Coffea Arabbiga, suspiro, cierro los ojos y veo la Zona de silencio que me separa de lo que seré Mañana… no veo la Habana Blues, Camagüey sigue siendo Bella y durmiente y yo seguiré Tiolet-ando sin ganas, tratando de hacer Pasión y tinta, porque a Mamanantuabo ¿tierra de nadie?… no le hago La guerra necesaria, ustedes saben, me pueden mandar pa´ Madasgacar. Al final La vida es silbar, si te dejan.

Soy Cuba, soy un Joven rebelde, que espera La muerte de un burócrata, junto al Che, Mella y David, que lo sepa Juan Quin Quin, le daré Muerte al Invasor, Now o en Hanoi, martes 13.

Hago un Reportaje de un Ciclón, me hundo en Memorias del subdesarrollo, Buscándote Habana y a las Grandes ligas, donde El Benny un día cantó después de salir de El fanguito en que estaban los Vaqueros del Cauto.

No puedo más, la cama está muy incomoda y me voy a la mesa, paso por el refrigerador Despertando a Quan Tri y cojo la pasta y las galletas, que el viaje es largo Hasta Santiago y. Ave María, son las 4: 37, hoy es el homenaje al veinte aniversario de La bella de la Alhambra, quiero felicitar a Pineda, pero me gano El premio flaco si lo cojo en el teléfono.

Otra galleta, pasta y platanito, que no tenía patria, fallecieron en Kangamba. Por primera vez, veo que es Tiempo de amar. Nada, Alicia en el pueblo de maravillas, me dijo que dentro de cincuenta años el ICAIC no sabremos si existe. Nunca será fácil la herejía.

Sin embargo, Existen y existirán personas que pierden el sueño en una especie de Cosmorama o en un Madrigal pensando el cine cubano.

Tal vez Un día de noviembre, Lucía y Elpidio Valdés se hagan novios y arremetan contra su garganta, El grito de Viva Cuba.

Comienza a salir el sol y es La anunciación, tengo que ir al baño/Toilet… mirar por la ventana hacia la calle Bembeta; Juani ha de estar durmiendo. Yo también voy a dormir. 20 años, felicidades Pineda.

Ah, un consejo, coge hoy La primera carga al machete y no te mires en El retrato de Teresa para que puedas ver a Rachel. First el amor y la libertad…

UN LIBRO, DEDICATORIAS, Y OMISIONES

Finalmente tengo en mi poder un ejemplar del libro “Otras maneras de pensar el cine cubano” (Editorial Oriente, 2009). Se lo acabo de arrebatar a Luciano Castillo, quien, de visita en Camagüey, pretendía que se lo firmara.

La cubierta me gusta, y el diseño interior también. Ya vendrán, desde luego, comentarios de todo tipo sobre las ideas que allí se manejan. Ojalá que el libro contribuyera a estimular nuestra cultura del debate alrededor del cine cubano, que tan mal está. Que hablen de forma negativa sobre lo que allí se expone no me contrariaría tanto como que se le ignore. Pero ahora mismo no es eso lo que me mantiene dividido ante el libro.

Ante todo seguiré agradeciendo a la “Editorial Oriente” la posibilidad que, en lo personal, me ha brindado de publicar libros como “La edad de la herejía” (del cual tengo entendido que ya no existen ejemplares), o los dos que hablan del premio Oscar. Esta es la editorial donde más cómodo me he sentido como autor, y donde he recibido una deferencia que a estas alturas pienso que no merezco.

Con este volumen yo tenía mis temores. O más bien mis reservas. Pensaba que no era publicable en el contexto editorial actual. Sobre todo porque algunos de los textos que allí aparecen cuestionan de una manera directa, y a veces descarnada, el enfoque “icaicentrista” de la historia del cine cubano. Sé que ahora corro el riesgo de que algunos (no tan amigos) piensen que utilizo este espacio para promover un libro propio. Para el autobombo. Bueno, tendré que cargar con eso en lo adelante, pero lo que no puedo es dejar de mencionar lo que sigue.

Otras veces he comentado que los autores escriben el libro y el editor los hace. Ahora sé que eso es mentira: uno es autor incluso de la más insignificante de las comas que no salga. El autor tiene que seguir hasta el final el proceso de edición e impresión. Sobre el trabajo de edición de “Otras maneras de pensar el cine cubano” no tengo queja alguna. Consuelo Muñíz Díaz no es esa editora que impone, sino todo lo contrario: conversa, expone sus razones, y al final casi siempre gana porque llega ante uno con los argumentos en la mano. Dicho de otro modo: no improvisa, sino que sabe de qué habla. Las cosas que quitamos de este libro fueron porque me convenció. Pero no quitó nada que resultara esencial.

En mi caso me confié, por un lado, en el probado profesionalismo de Consuelo Muñíz, y por el otro, en las ventajas tecnológicas que permiten enviar por correo electrónico gran cantidad de información, sin movernos de casa. Eso me hizo olvidar que resulta imperioso exigir la revisión de las pruebas de galera, antes de que el libro entre en imprenta. No solo para protegerse uno como autor, sino también para proteger a la editorial que nos ha acogido. Ahora la responsabilidad de las omisiones que al final de este mensaje detallaré recae por entero en mí.

Por lo que he podido verificar, a la editora jamás llegó el mensaje donde se actualizaba a quién iba dedicado cada uno de los ensayos, faltando al final las dedicatorias a Desiderio Navarro, Enrique Pineda Barnet, y Fausto Canel. Y tampoco está la hoja de agradecimientos, que en cada uno de los libros que he escrito suelen contener más nombres que los que aparecen en los créditos de una película de Spielberg.

Sin embargo, lo que más me fastidia de todo esto es lo relativo al ensayo “Cine cubano post-68: los presagios del gris”, texto que leí en el “Centro Teórico-Cultural Criterios” el 2 de septiembre del 2008, y que escribí justo porque me lo pidió Desiderio Navarro, rector de ese sitio, a propósito del ciclo sobre el “Quinquenio Gris”. Lo más lógico es que se indicara ese hecho.

Aunque hablar con Desiderio y escucharlo decir que “no me cogiera lucha” pudiera resultar tranquilizante, a mí me parece que lo menos que le debo es esta nota pública. No solo por él, sino por “Criterios” como institución. Me fastidia encontrarme de modo involuntario, y no importa que temporal, en el grupo de aquellos que se empeñan en ignorar o invisibilizar la labor de Desiderio Navarro en este país.

Sé que están quienes intentan ignorarlo porque son enemigos de sus ideas (tan parecidas a las mías), pero hay otros que caen en ese rol por pura ingratitud. En mi caso, yo preferiría que Desiderio Navarro pensara que soy cualquier cosa, menos ingrato. Sé que en el blog hay demasiadas referencias a esa gratitud que guardo hacia él y el espacio que dirige, pero aún así quiero reiterarla. Porque además, la lectura de ese ensayo pierde sentido si no se aclara que se leyó originalmente en “Criterios” (una de las pocas instituciones que, para las fechas, ha invitado a discutir con total sinceridad los problemas de nuestra nación, y la que tuvo la iniciativa de organizar el ciclo sobre el quinquenio gris y nuestra memoria histórica).

A continuación les dejo con el índice, y las dedicatorias tal como debieron quedar. Si en un futuro a la Editorial Oriente u otra empresa dedicada a esos menesteres le pareciera interesante reimprimir el volumen, lo primero que exigiría es que apareciera, a manera de prólogo, esta nota aclaratoria que ahora publico en el blog.

Juan Antonio García Borrero

ÍNDICE Y DEDICATORIAS:

“Cine cubano: Historia, historiografía y post modernidad”.
Para Luciano Castillo, mi maestro.

“Sobre las fuentes y el narrador en la Historia del cine cubano”
Para Mirtha Ibarra

“Algunas provocaciones en torno al cine cubano: Nacionalidad, nacionalismo y cubanía”
Para Nancy Berthier

“De Primary a PM: La recepción del “cine directo” en Cuba”.
Para María Luisa Ortega y Alberto Elena.

“Cine cubano post-68: los presagios del gris”
Para Desiderio Navarro, que ha inspirado estas ideas.

“Las iniciales de la ciudad”
Para Fernando Pérez, desde luego.

“Los pronósticos de la imagen”
Para Esther María Hernández, que vivió esta historia.

“El miedo a soñar”
Para Enrique Pineda Barnet, siempre soñador.

“Breve introducción al discurso audiovisual de la diáspora cubana”
Para Fausto Canel, por los puentes.

“Arquitecturas invisibles”
Para Teresa Toledo.

DIME QUÉ CENSURAS, Y TE DIRÉ A QUIÉN TE PARECES…

Se ha hablado tanto en el blog de lo acontecido en la provincia Granma con “El grito”, que preferiría partir de ese hecho puntual, para reflexionar brevemente sobre lo que ha significado y significa la censura “entre nosotros”, pero en términos más generales, tal vez más ambiciosos.

Y digo “entre nosotros” (comillas incluidas) porque, con perdón de quienes hablan con real convicción de la existencia de “sociedades libres”, soy de los que piensa que el ser humano es por naturaleza un censor: mientras existan relaciones de poder o servidumbres (sobre todo de índole económica, que son las peores), va a existir siempre alguien con autoridad que en nombre de sus intereses particulares pondrá límites.

Para brindar el ejemplo de la persona que más cerca tengo de mí: en este blog yo también censuro, establezco demarcaciones, impongo condiciones. No por razones ideológicas (a pesar de que en este terreno tengo mis filias y fobias, como todo el mundo: jamás aceptaría aquí, por ejemplo, un punto de vista que anime al exterminio de los otros), sino porque en lo personal aspiro a un modo de convivencia donde no tenga cabida el insulto, la descalificación ad hominen. Mas estoy consciente que la vida no es ese orden idílico que puede sugerir el blog, con sus debates y comentarios civilizados, pero virtuales: a la Historia real no la conduce la impoluta Razón, sino en todo caso las pasiones encontradas, las voluntades insatisfechas, y sobre todo, los intereses humanos que nos obliga a pactar (aunque sea a ratos), con el fin de sobrevivir o ser reconocidos mediante eso que llaman “sentido común”.

Sin embargo, ese “sentido común” que parece alimentar a la convivencia, y por el que se guían los censores, tengo la impresión que hasta ahora ha sido construido sobre la base que inspira el miedo a ser reprimidos, castigados, si incumplimos con ciertas reglas del juego. A partir de allí, la insinceridad se ha vuelto tradición, y el censor pierde libertad para pensar por cabeza propia, toda vez que no reprueba aquello que en lo personal le parece mal, sino lo que le han indicado quienes le mandan. Resultado: a este censor podríamos decirle “dime qué censuras, y te diré a quién te pareces…” (lo cual no significa que no sienta como propio el acto de censurar).

Lo ideal sería guiarnos en nuestras vidas (también los censores) por un sentido de mayor realeza en términos espirituales que el sentido común, el cual corre el riesgo de convertirnos en meros autómatas del deber. Lamentablemente, todo censor (lo mismo en Hollywood que en la provincia Granma), es compulsado a actuar por el mencionado sentido común. Un sentido demasiado cicatero, pues apenas repara en los cánones que antes ha dictado un grupo dominante, cuando no la tradición más conservadora.

A partir de allí, la censura institucional (ejercida lo mismo en regímenes capitalistas o socialistas) tiene como principal objetivo preservar aquello que esos grupos en el poder han conseguido enmascarar y “naturalizar” como el orden social, no obstante el carácter histórico de las maneras de organizar la vida. Por eso para ese grupo de censores, su razón de ser tiene casi una connotación pastoral, de modo que “el pueblo” se convierte en una especie de niño al que hay que proteger, y en ese sentido, la terminología pública utilizada apenas varía, no obstante las diferencias personales que pueda existir entre quienes suscriben la prohibición.

En nuestro país los ejemplos abundan. Cuando lo de “PM” (1961), el decreto a través del cual se prohibía el corto de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal se apoyó en la consideración de que el mismo era “en ese momento, nocivo a los intereses del pueblo cubano y su Revolución”. Dos años más tarde, el ICAIC se vería envuelto en otra sonada polémica debido a su política de programación, y los argumentos en contra de la institución rondaban más o menos los mismos términos, pues para Blas Roca (quien inició el cuestionamiento desde su sección “Aclaraciones” en el periódico “Hoy”) “nuestro pueblo vive en un momento de su historia que reclama la contribución de su heroísmo, de su laboriosidad, de su ingenio, de su esfuerzo, de su espíritu de sacrificio”, por lo que terminaría dictaminando que “no son los Accatone ni los Gardelitos modelos para nuestra juventud”.

Un poco más acá, cuando lo de “Cecilia” (1981), al crítico Mario Rodríguez Alemán se le hizo inaceptable una versión tan libérrima como la que filmara Humberto Solás, llegando a afirmar que la cinta “indigna a un pueblo” o “hiere la sensibilidad nacional” (hoy sabemos que detrás de la descalificación estética se parapetaban otros intereses). El caso más conocido tal vez llegaría a ser el de “Alicia en el pueblo de Maravillas” (1991), donde lo publicado en los medios oficiales (casi siempre firmado por personas que no ejercían sistemáticamente la crítica de cine) parecía hablar en nombre del “clamor popular”.

¿Cuál podría ser el denominador común a encontrar detrás de estas reprobaciones, y que, en el fondo, es lo que ha permitido ya no solo la censura de “El grito” en la televisora de Granma, sino también la drástica sanción laboral de quienes la exhibieron? El denominador común lo veo en que todos hablan “en nombre del pueblo”, término tan ambiguo como legitimador, que sirve de comodín para tomar soluciones fáciles allí donde la complejidad demandaba un mayor esfuerzo intelectual. Algo de esto pudo percibir Titón en su momento cuando, comentando “Memorias del subdesarrollo”, escribiría que:

“Hay una raza especial de gente con la que tenemos que convivir, con la que tenemos que contar, para nuestro disgusto cotidiano, en esto de construir la nueva sociedad. Son los que se creen depositarios únicos del legado revolucionario; los que saben cuál es la moral socialista y han institucionalizado la mediocridad y el provincialismo; los burócratas (con o sin buró); los que conocen el alma del pueblo y hablan de él como si fuera un niño muy prometedor del que se puede esperar mucho, pero al que hay que conocer muy bien, etcétera (y nos parece estarlos viendo, con el brazo protector por encima de los hombros de ese niño); son los mismos que nos dicen cómo tenemos que hablarle al pueblo, cómo tenemos que vestirnos y cómo tenemos que pelarnos; saben lo que se puede mostrar y lo que no, porque el pueblo no está maduro todavía para conocer la verdad; se avergüenzan de nuestro atraso y tienen complejo de inferioridad nacional”.

Es obvio que ningún censor, cuando actúa, piensa que está haciendo algo negativo. En primer lugar, cumple con un deber, y eso lo alivia de cualquier remordimiento. Pero además de eso, posee sus convicciones (las cuales ha heredado, y casi nunca somete a fiscalización). Y como el cura de “Una pelea cubana contra los demonios”, piensa que la mejor manera de salvar a los suyos, es manteniéndolos alejados de la posible fuente de conflictos, perversiones, o intranquilidades. En su mente, lo que pudiera ser una legítima visión de grupo, pasa a convertirse en la visión de toda la sociedad. Impone (o pretender imponer) su criterio como “el criterio de todos”, o al menos, el criterio de esa parte de la sociedad que se le antoja sana porque cumple con todos los parámetros legitimados en su interior. El censor tiene la convicción de que está contribuyendo a proteger la felicidad colectiva, lo mismo en el socialismo que en el capitalismo. Solo que en este último sistema la censura no parece tal cosa.

La gente es feliz hablando lo que quiera, piensan los defensores del capitalismo, olvidando que las relaciones de dominación en ese sistema resultan más sutiles, pero no menos opresoras, menos destructivas. Es por eso que en Hollywood puede contarse cualquier historia, y los poderosos no están a salvo de las críticas: los de abajo disfrutan con esa posibilidad virtual que tienen de poner las cosas en su lugar, y darle su merecido a los depredadores de Wall Street. Hasta el presidente de los Estados Unidos puede llegar a ser caracterizado como un vulgar delincuente.

Lo único que no se permite es someter a crítica radical el sistema mismo: la propiedad privada es intocable, y la acumulación de riquezas en unas pocas manos un derecho casi divino (similar al de los antiguos reyes). El capitalismo fomenta la ilusión de que ese orden, ese régimen, es algo natural y que no hay alternativas, por los que aquellos que quedan por el camino en la vida real (y que son unos cuantos millones) nacieron con ese destino escrito: son, y serán siempre, los condenados de la Tierra. Intentar corregir ese equívoco, aunque sea en un papel, puede llegar a convertirte hasta en un “terrorista”.

De allí que la indigencia social extrema jamás llegará a ser descrita, por pudor al público, o pánico a su hipersensibilidad, en toda su crudeza: “Slumdog Millionarie” pudiera ser un buen ejemplo del modo en que se convierte en “fotogénica” la miseria terminal de los otros; el llamado “realismo sucio” de Hollywood tiene que apelar a la estética de postal si de veras aspira a comunicar (en realidad “vender”, que es el verdadero fin), y eso es otro modo de censurar, aunque efectivamente, menos prosaico que prohibir de modo explícito un filme.

En el socialismo la historia del censor ha sido otra. Antes, cuando existía el antiguo campo socialista, encabezado por la extinta URSS, era común argumentar que la infelicidad de la gente que vivía allí se debía a que un Estado totalitario confiscaba la libertad de expresión de sus súbditos, y la convertía en mero instrumento de algo colectivo. Tras el derrumbe de aquel socialismo, y la llegada a esos países del “capitalismo real” (no el que se sueña mientras se consumen películas que hablan bien o mal del sistema, sino el que se padece todos los días), ya no se puede justificar de una manera tan burda el malestar de millones de personas (incluyendo a antiguos miembros del campo socialista).

Por el contrario, a medida que pasa el tiempo, se ponen en evidencia los lugares comunes que existían entre aquella “izquierda autoritaria” y esta “derecha mesiánica” que hoy domina el panorama internacional: en ambas, hay una suerte de teleología que confía ciegamente en lo que vendrá; para los de “izquierda”, la Historia habría de resolverlo todo; para los de “derecha”, el mercado se encargará de la solución final. Mientras, el sacrificio de millones de seres en virtud de la construcción de ese futuro superior, justifica “moralmente” la tranquilidad económica (en el capitalismo) o ideológica (el en socialismo) de unos pocos.

Si traigo a colación lo anterior es porque me interesa fijar desde dónde aspiro a meditar sobre la censura en Cuba. En mi caso, hablo desde ese ángulo de la izquierda donde es imposible soslayar las contradicciones que genera el enfrentamiento de dos términos hasta ahora irreconciliables: libertad individual y justicia social. Un lugar donde mi vocación socialista (esa que no me interesa disimular) se enfrenta al dilema de ser egoísta o solidario.

Hasta ahora, que yo sepa, en la Cuba revolucionaria jamás se ha establecido un debate a fondo entre censores y censurados. Es cierto que muchos de los primeros han terminado en la palestra pública, pero también es verdad que casi todo ha quedado en la algarabía intelectual, y no ha existido seguimiento de aquellas correcciones que se proponen a la política cultural que sirve de coartada a esos que gustan apretar el puño, o lo descargan con fuerza sobre la mesa de su buró, sin siquiera estar al tanto de la dinámica actual de la cultura cubana, de sus complejidades. Solo eso es lo que explica que se sigan repitiendo incidentes como los de Granma, que recuerdan a los denunciados hace apenas tres años, a propósito del resurgimiento de figuras que tuvieron que ver con el tristemente célebre “quinquenio gris” (o “decenio negro”, según otros).

Me queda claro que la figura del censor no va a desaparecer de nuestra cultura occidental, ni siquiera en el hipotético caso de que el mundo se convirtiera en el paraíso de los hiperliberales. Los propios liberales se encargarían de fijar límites a aquellos que se oponen a sus convicciones, y liberales insaciables al fin, mostrarían su intransigencia inmediata a todo lo que huela a tolerancia hacia aquello que los cuestiona por indolentes ante la injusticia social. Por suerte, el ser humano cuenta con las posibilidades del arte, que en manos fecundas saben inventar mundos que se salvan de ese círculo vicioso, y nos permiten soñar alternativas a lo que ya existe, es decir, a ese supuesto “Fin de la Historia”.

Por eso, y dada mi confianza en las posibilidades heréticas del arte, cuando aquí o allá, un censor profesional (que, pese a su poder temporal, es un ser humano concreto, con sus limitados cinco sentidos, común a todos los mortales), con la mejor de sus intenciones me justifica un acto represivo argumentando que ello contribuirá a mantener la justicia social o la tranquilidad colectiva, termino al lado del artista hereje. El verdadero arte está a favor de la libertad de intranquilizar, y yo ya hice mío a Camus cuando escribió:

“Finalmente, elijo la libertad. Porque incluso si la justicia no se produce, la libertad preserva el poder de la protesta contra la injusticia y mantiene abierta la comunicación”.

Juan Antonio García Borrero

OTRAS ENTRADAS EN EL BLOG RELACIONADAS CON LA CENSURA EN CUBA:

CARTA DE ENRIQUE COLINA A DESIDERIO NAVARRO

CARTA DE JUAN ANTONIO GARCIA BORRERO A ENRIQUE COLINA

CARTA DE GUSTAVO ARCOS A JUAN ANTONIO GARCIA BORRERO

CARTA DE JUAN ANTONIO GARCÍA BORRERO A GUSTAVO ARCOS

UN DÍA DE NOVIEMBRE (Fragmento de DIEZ PELÍCULAS QUE ESTREMECIERON A CUBA)

DUANEL DÍAZ: EL PAVONATO EXPLICADO A LOS NIÑOS (COMENTARIO A UNA PROPUESTA DE GARCÍA BORRERO)

“FRESA Y CHOCOLATE” POR PRIMERA VEZ EN TV

FRESA Y CHOCOLATE EN LA TV CUBANA

ZONA DE SILENCIO (2007), de Karel Ducases

CENSORES Y PRÓTESIS

DE “CIERTA MANERA” A “CAFÉ CINEMA”: TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A UN CASTILLO

Acabo de leer en “La Gaceta de Cuba” (Nro.5, Sep-Oct/ 09) un artículo del profesor y crítico de cine Pedro Noa sobre el programa televisivo “De cierta manera” (Canal Educativo 2, domingos, 9.30 pm), que conduce Luciano Castillo, y que según el articulista:

“(…) tiene el mérito de mostrar nuestro cine sin distinción de un antes de u otro después de…, ni está dedicado exclusivamente al culto de los directores-autores-dioses, a hablar sólo de los actores, o a traernos, sencillamente, noticias de lo que está ocurriendo en el mundo cinematográfico nacional, acompañados de sus respectivos videos clip sobre bandas sonoras, ni, mucho menos, a facilitar el lucimiento de un presentador destinado a iluminar o apabullar a los espectadores con su conocimiento crítico real o aprendido en un guión”.

Esto último me parece una observación finísima. En verdad, quienes conocemos a Luciano Castillo en persona, sabemos que su impronta está impregnando todo el programa, pero curiosamente, ese contundente liderazgo del investigador ha cedido el protagonismo al CINE CUBANO (así, con mayúsculas): uno escucha con interés las intervenciones de Luciano, desde luego, pero como parte de un fluir mayor que tiene que ver con esa producción de imágenes y sonidos que ha sido (es) nuestro cine.

Para suerte de los camagüeyanos, esa impronta, esa manera de encarar “desde la pasión” el cine nacional, Luciano Castillo la fue desarrollando en su ciudad natal. Ejemplos de esa desbordada pasión son los que sobran. Mencionemos algunos: la creación de innumerables cine-clubes de apreciación. Los ciclos organizados en la Cinemateca. Y aquel programa “Claqueta” que tan popular devino en sus tiempos.

Con tanta pasión desbordada, era de esperar que la provincia fuera lo que es hoy (una suerte de “ciudad simbólica” para cinéfilos), y que la Televisión Camagüey cuente en la actualidad con un programa sobre cine que no imita al que conducía Luciano, sino que aprovecha las lecciones del maestro, y le concede un sello personal al espacio. Los camagüeyanos seguramente saben que hablo de “Café Cinema” (Canal Televisión Camagüey, viernes, 8.30 pm).

Escrito por Armando Pérez Padrón y Jorge Campanería, les puedo asegurar que “Café Cinema” se deja ver con agrado, y lo que es mejor, nos deja con ganas de seguir viendo, de seguir disfrutando de ese viaje que cada viernes nos propone el equipo de realización.

Como sus realizadores me son muy cercanos, no quiero pecar exhibiendo un desmedido entusiasmo: lo que es bueno se defiende solo. En realidad, apenas quería llamar la atención sobre dos hechos que, no obstante las distancias físicas, para nada están aislados: Luciano Castillo sembró en Camagüey una semilla que ha dado muchos frutos. Sería bueno que la provincia no perdiera de vista esas fortalezas que podrían contribuir al renacimiento del entusiasmo colectivo por el cine en estos predios.

No es que no respete la decisión que toman aquellos que deciden probar suerte y talento más allá de Camagüey, o incluso Cuba, pero alguna causa existirá para que se siga concediendo más importancia al “más allá” que al “aquí y ahora”. Ya perdimos a Luciano Castillo (aunque él no ha renunciado jamás a su condición de camagüeyano ilustre); ruego para que otros con talento no se le sumen.

Juan Antonio García Borrero

ÁNGEL VELÁZQUEZ SOBRE IMAGEN VISUAL Y MEDITACION

IMAGEN VISUAL Y MEDITACION
Por Ángel Velázquez Callejas

He estado oteando en diferentes fuentes –históricas, teorías estéticas, resultados empíricos, propuestas fílmicas, datos axiológicos y biográficos en el contexto en que el cine surgió y se desarrolló- y yace en mí la inquietud de que el cine en su conjunto es también una extensión cuidadosa, refinada y sutil de la evolución de la mente humana.

El cine no puede surgir en el siglo XIX, aunque ya al finalizar este el sueño estaba latente. Todo indica, y la posibilidad es un hecho, que el cine es producto de una propuesta esotérica: “entre un tipo de sueño y su nivel de realidad”, que toma cuerpo, forma y estilo en los albores del siglo XX. Desde luego, este presupuesto argumentativo no descarta la posibilidad que un grupo esotérico, de cualidades alquímicas, trabajase para que un movimiento artístico de tal naturaleza haya salido a la realidad empírica. Sospecho en gran medida de un modo colateral en el dadaísmo porque hay muestras, huellas contundentes de que fue una fuente de inspiración para muchos de los grandes cineastas del momento. El dadaísmo no era un movimiento esotérico, pero mis indagaciones me permiten especular que un grupo esotérico estaba detrás de ellos. Un grupo esotérico intentaba colocar un semi, una semilla de conocimiento sobre las potencialidades del inconsciente a través del arte, sobre todo en la creación poética y pictórica.

Esta era una de las maneras subyacentes existentes de cómo se actuaba, sobre todo en la esfera del arte, al finalizar e iniciar el siglo XX: que existe una historia, oculta, detrás de la Historia, es decir, lo que conocemos no es tan real a cómo sucedió. Existen pruebas que Tristan Tzara, el fundador del dadaísmo, había dedicado esfuerzos a la práctica teosófica y masónica, cuya filosofía sucumbió ante el pragmatismo de considerar el arte moderno como contestable, destructurable e iconoclasta de una larga práctica tradicional artística clásica, romántica y moderna. Tristan se convirtió en un ejemplar vehículo de esa fuerza esotérica que llevó al mundo al punto de la locura existencial. Todos los movimientos artísticos de vanguardia, incluyendo al cine y a la filosofía del momento, le deben mucho a la influencia dadaísta: yo primero y luego mi circunstancia.

Ahora bien, cómo y con qué objetivo se infiltró esta idea esotérica en el quehacer artístico para que un tipo de sueño alumbrase un nivel de la realidad determinada. Este presupuesto que se delinea a fines del XIX y principios del XX, ha estado lejos de los objetivos investigativos de la historia del cine. Los historiadores del cine no han indagado en base a esta sugestiva dirección. ¿Por qué? Porque el pensamiento y la manera de investigación de la crítica estuvo y ha estado condicionada por la razón histórica y la razón psicoanalítica. El dadaísmo muere como movimiento porque no incluye otra razón de compresión que la histórica y la psicológica. El dadaísmo se vuelve, de este modo, contra sí mismo. Con la espada que cortan y se cortan. Soñar con los estímulos del cuerpo físico es muy fácil; es fácil también soñar, como dice Freud, con los deseos reprimidos; pero es un poco difícil soñar sobre los mecanismos que desarrollan los sentimientos humanos. Generalmente, a los artistas les sucede este tipo de sueño. Sueñan frecuentemente con que su segundo cuerpo, el cuerpo emocional, ha viajado y se ha salido del soñador. Siempre he mirado el film surrealista “Un perro andaluz” como este tipo de sueño. Un sueño que penetra en una dimensión de la realidad que no es la del sueño físico y de la vigilia. El sueño surrealista es un sueño sobre la realidad, pero no es la realidad. Esto trajo tanta dificultad para entender el sueño en un segundo nivel de existencia que el psicoanálisis contribuyó a una mala interpretación y permitió se truncara un viaje prometedor para los seres humanos. De esto, de ese mensaje, se trataba la idea esotérica.

Leyendo en la biografía secreta de Salvador Dalí, me percato de que su personalidad encontrada, egocéntrica y a vece petulante se debe en esencia a la manipulación del psicoanálisis sobre su persona. Decir “yo soy el surrealismo” fue una manera equívoca tomada de la interpretación y práctica psicoanalítica. Dalí estaba conmocionado por la persistencia del tiempo en el ser humano. Algo que era de hecho fundamental en los estudios del inconsciente por el psicoanálisis. Es aquí donde se estanca, a mi modo de ver, el cine como categoría estética.

El inconsciente ha revelado todas las potencialidades de conocimiento en el ser humano. Se ha vuelto dictatorial. La idea esotérica del sueño irrumpe sobre dos movimientos artísticos y ahí se estanca: se estanca por la presencia del psicoanálisis; se inicia con el dadaísmo y muere con el surrealismo. No hubo otro movimiento de vanguardia posterior que asumiera el legado esotérico; por ende, ya no vamos a ver ningún otro movimiento artístico preocuparse por el sueño.

Esto no impide que algunas individualidades continúen por ese sendero abierto por los dadaístas y los surrealistas. Orson Welles y Akira Kurosawa retomarán el sendero sin apartarse de la experiencia psicoanalítica del sueño, sobre todo este último que trata de penetrar mas a allá de los sueños de los sentimientos y vislumbra un espacio donde el sueño es casi la realidad: el inconciente irrumpen con un nuevo espacio. Los “Dreams” de Kurosawa son ejemplos de sueños astrales. El sueño comienza a penetrar en las profundidades del inconsciente, hasta tocar la raíz misma de su vida pasada. Estos “dreams” son joyas para avanzar en el legado esotérico de que entre un tipo de sueño y su nivel de realidad no lo separa nada. Debido a que en el surrealismo fílmico el sueño se hallaba aun separado de la realidad, el neorrealismo surge como contraposición. Entonces nadie creerá en el surrealismo; la llamada superrealidad es arrasada por la razón histórica y desaparece casi por completo en los 50 como propuesta estética. El realismo se puso en boga, inmediatamente el soñar se determinó como un subproducto imaginario de la mente misma.

Desde luego, con Kurasawa y sus “dreams” la idea esotérica de que lo soñado y la realidad se pueden hallar en un mismo nivel de existencia, cobró vida, reaparece con nuevos bríos. Hay que esperar casi 50 años para que la última frase del Charles Foster Kane ante la muerte en “Ciudadano Kane” recobre contemporaneidad. Esa frase es enigmática: Rosebud es una palabra muy simbólica: todo el pasado soñado debe ser quemado. Traducido al lenguaje psicológico moderno, antes de expirar, en el momento de entrar en la muerte, todos los sueños deben cesar. “Ciudadano Kane” es un film de unas metáforas muy elevadas que se sumerge, a través Charles, en los sueños sobre vidas pasadas, que no corresponde a él, sino al padre y la madre de Charles Y el mayor sueño a quemar es la del ego. El ego es como una bola de cristal, cargada de cosas. Pero Welles simboliza que si no han pasado tres generaciones de carga, de condicionamiento humano, no estalla. La bola de cristal rueda por un escalón y en el tercero estalla. Hoy se sabe que Welles tomo la palabra Rosebud de una tribu indígena. Welles ha soñado un tercer tipo de sueño a un nivel de la realidad. No es surrealista, es algo más. Welles con “Ciudadano Kane” se ha aproximado a la realidad de que el hombre ante de morir debe soltar todo su pasado, el que le pertenece en vida y el largo sueño extemporáneo.

El cuarto tipo se sueño no ha sucedido en el cine: el sueño meditativo. De ahí la idea esotérica de que el sueño es posible como realidad soñada. Cuando ha soñado con la existencia de la conciencia, que precede al ego entonces la calidad del sueño es auténtica, es real. Soñar con la conciencia, con la percepción en sí, con el soñador es aun muy difícil. Porque sonar en este nivel es morir, es soltar todo el pasado. Kurosawa sueña en un tercer nivel de la realidad. Por eso el arte aparece así de pronto como un subproducto de estar soñando a través de un estado sentimental, anímico y melándolo. Recuerda muchas cosas del pasado. Pero esto no es todo, es casi imposible soñar en el cuarto nivel de los sueños. Desde luego, tras esto ha habido una política segadora para que el ser humano no alcance el verdadero derecho a soñaar. Por eso Rosebud en Welles es una frase enigmática; lleva el signo de la protesta

La prueba anti-arte manifestada por el dadaísmo demuestra sin ninguna dificultad que había llegado un punto de cansancio: la mente artística tradicional y ortodoxa habría de estallar y sucumbir en cualquier momento. De esa manera, los dadaístas concebían la realidad como carente de sentido, basada en una pesada carga de significados alegóricos incontratables a lo largo de los siglos sin acceder a la realidad. Pero le resultaba irrealizable un proyecto artístico razonable que diera sentido al clamor. De ahí que, el genero cinematográfico surgiera para atenuar un posible derrumbe total de la creencia humana. El cine viene a dar la impresión de tolerancia, creíble o no, que la vida tiene un significado vivirla. Ese significado es enteramente imaginativo: entonces la realidad puede ser soñada. Y este fue el lema también, cosa extraña, de quienes descubrieron que si la mente sueña entonces el sonar puede convertirse en una fuerza para trascender al sueño y la imaginación.

El cine no solo fue posible con el acceso a cierta tecnología, sino también a la “vitalidad del soñar”. Es decir, el cine resulta viable, por alguna razón que desconocemos totalmente, dentro de un proceso enigmático que aconteció en la mente moderna, no en la percepción en sí. Cuando la percepción pasa por la mente moderna, la mente de los conceptos estructurados – y ahora es posible entender la disonancia epocal de las mentes a través de la teoría de la física cuantica- entonces la idea del cine, de la imagen en movimiento, se reformula como un perspectivimo, formando una estructura secuencial y racionalizándose en un concepto: “el séptimo arte”.

Lo de arte resulta aún sospechoso; irónicamente, la fuerza con que ha sido defendido este concepto, la del cine como arte, es muy juiciosa, pero no absoluta. El relativismo con que los teóricos del cine defendieron la categoría de arte para el cine es fácilmente constatable. Ortega y Gasset, el gran filósofo del raciovitalismo, comentó en una ocasión en un tono melancólico que de nacer otra vez le hubiese gustado hacer el trabajo de Luís Buñuel. Estaba impresionado por el surrealismo y no podía ser de otra manera. Ortega y Gasset no hallaba mejor manera para pragmatizar su enfoque de que la razón tiene un substrato vital que el surrealismo cinematográfico.

A veces uno se queda perplejo ante la compleja situación que motivara a un Eisenstein a reformular al cine como una estructura de montaje. Los pensamientos en tanto formas e imágenes crean la concepción cinematográfica. Y esta concepción no puede ser más que operativa y ondulatoria: se apoya en la razón histórica y psicoanalítica. Por eso un cineasta, un realizador, es al mismo tiempo, la imagen, la forma, el guión y el proyector. La sala de proyección de un film es solo un instrumento para esa posibilidad. De modo que lo que proyecta el cine en audio y video es también ilusorio; un gran sueño por antonomasia de la vigilia humana.

Aunque su obra, “Fragmentos de una enseñaza desconocida”, fue publicada dos décadas después de su elaboración, en 1924 Ouspensky plasmó quizás mejor que otro intelectual un término para precisar la obsesión de la mente contemporánea: “imaginaziones”. Si algún repertorio conceptual puede calificar certeramente las características de la mente moderna, del retorno del sujeto, imaginaciones es la prueba empírica y lógica. El arte y la ciencia en aquel entonces dependían de esta cualidad imaginativa. Si un siglo como el que recién culmina necesita ser calificado en su extensión, este término lo satisfacer adecuadamente. El siglo XX y los años que corren del XXI es la época de las “imaginaciones”; una época de una extraña enfermedad mental. El cine es un producto de la imaginación de la mente moderna, de una forma de soñar en niveles primarios. Soñamos a ciertos niveles de la realidad, pero no alcanzamos su más alto nivel. Aún la idea esotérica de que “entre un tipo de sueño y su nivel de realidad” solo media el soñador, está por abrirse camino. Esta idea del esoterismo está latente desde sus primeros días. El dadaísmo y el surrealismo fueron movimientos contestatarios; el meditativo revelará su impotencia.

MARINA OCHOA SOBRE “EL GRITO”

Querido Juan Antonio:

“El grito” fue premiado por el hasta ahora último concurso Cine Plaza en el cual formé parte del jurado. Fue premiado por la indiscutible calidad, por su ingenio, por su atrevida mirada de género y por otras tantas cosas más. Fue exhibido en los cines e incluso creo que formó parte del programa de la clausura de tan importante evento.

Cuando conozco de estas cosas involuntariamente me viene a la mente el quinquenio gris, situación absolutamente trágica cuyas consecuencias estamos todavía sufriendo.
¿Con qué derecho estos censores se abrogan el privilegio de ir en contra de la política cultural del país?

¿Serán estos pobres muchachos en virtud de una hipócrita moral pequeñoburguesa y analfabetismo cultural convertidos en otros Diegos? ¿Son los telecentros parcelas de poder, ajenas a la política de unidad absolutamente indispensable para la supervivencia de la Revolución?

Los que critican materiales como éste, tienen el gusto y apreciación deformados por el abuso de telenovelas mexicanas de cuarta a los que se accede gracias a los prolíferos bancos clandestinos. Novelas plagadas de una ética mogigata de países donde la mujer es un cero a la izquierda y no ha sido protagonista de una Revolución como la nuestra. Novelas donde los machos tienen el sartén por el mango.

¿Quienes `protestaron? ¿Los machos, recontramachos?

¿Que tiene que decir el asesor nacional de los telecentros?

No hay ninguna coyuntura política que justifique actos como estos, ni oportunistas ni obtusos tienen derecho a socavar la confianza de la cultura en la dirección del país.

Desde luego, pueden elaborar argumentos “técnicos” y otros para pretender justificar la absurda metedura de pata, pero nadie se los cree, ni el tonto de Los tres Villalobos.

Confío en que muy pronto estos compañeros sean restituidos a sus responsabilidades y que se les pida perdón públicamente.

Yo por lo pronto desde mi vergüenza confío además en que los autores serán emplazados.

Este es un buen espacio para que se expliquen.

Un abrazo

Marina Ochoa

MANUEL ZAYAS DESCUBRE EN LA HABANA A OCIEL DEL TOA

“En 2003, intenté rastrear la suerte de los protagonistas de unos de los más bellos documentales filmados en Cuba, Ociel del Toa (1965), que dirigiera Nicolás Guillén Landrián. La muerte del cineasta condicionó la estructura y el contenido de mi documental sobre su vida, y en el que casi no se deja escuchar nada más que su propia voz. Después de indagar mucho, alguien informó que el joven protagonista de Ociel del Toa vivía ahora en La Habana”. (Para seguir leyendo, pinchar en el blog de Manuel Zayas).

YOELXY PILLINER SOBRE EL FESTIVAL DE LA HABANA EN CAMAGÜEY

UN FESTIVAL INSÍPIDO
por Yoelxy Pilliner López

En diciembre el cine latinoamericano está de fiesta en la Habana, pero desde hace algunos años el Festival Internacional de Cine Latinoamericano se extiende por todo lo largo (y no ancho porque este caimán es más extenso que vasto) de la Isla, así los habitantes provincianos, amantes del buen cine, tienen la posibilidad de disfrutar de tan magna cita.

Aprecio mucho los esfuerzos ingentes que realiza el ICAIC por llevar a cabo este proyecto por todo el país, y este año no fue la excepción. Sin embargo, este agramontino (y pienso que el resto de mis coterráneos y no-capitalinos) se quedó con los deseos de disfrutar de algunos de los títulos que llegaron a la Habana. A las provincias enviaron 12 títulos, de ellos un dibujo animado, pero todos exhibidos en el 30 Festival. En fin, los que tenemos hambre de cine nos comimos las sobras del pasado Festival.

Conozco y entiendo sobre los derechos de exhibición, pero considero que si ya se logró extender el Festival por todo el país, al menos los provincianos del resto de la Isla merecíamos disfrutar de algunos de los estrenos exhibidos en la Capital. Por otra parte, a este evento llegan muestras de cines de varios países no latinoamericanos (España, Noruega, Italia, Canadá etc.) que a los del Este del país también nos gustaría disfrutar. ¡¡¿Hasta cuándo vamos a continuar castigados por el “fatalismo geográfico”?!!

Otra cosa que dejó un profundo dolor en alma de este cinéfilo fue la poca divulgación que tuvo el Festival de Cine Latinoamericano en Camagüey, máxime cuando ésta cita representa el segundo evento de cine más importante de la provincia después del Taller Nacional de la Crítica. A excepción de la televisión, ningún otro medio local se encargó de promover el acontecimiento. No hubo inauguración, la ciudad no vivió el ambiente de festival de años anteriores… Claro está, nunca comparable con la capital, debido a las pocas salas de cine que existen en la ciudad. El Festival de Cine Latinoamericano en Camagüey estuvo insípido, pasó sin penas ni glorias, simplemente pasó y el público ni cuenta se dio.

A simple vista podría culparse a los medios por no jugar un rol activo en la divulgación; en cambio, la máxima responsabilidad recae en el Centro provincial del Cine de la provincia, específicamente en su cuadro centro por no prever las acciones para el éxito del evento.

Quizás el filo de estas palabras hiera la sensibilidad de algunos de los que laboran en ese centro y también en el ICAIC, personas que se preocupan y empeñan su alma para que esta ciudad continúe siendo la segunda Capital del cine en Cuba. Más que una crítica, es un llamado de atención. Sacar y ganar experiencias de las dificultades es mi intención, para que el próximo año, los hambrientos de cine, se deleiten con un sabroso Festival.