GONE WITH THE WIND

La idea del mundo como sueño o pesadilla, como representación de acontecimientos furtivos que, sin embargo, permanecen intactos de manera misteriosa en nuestra memoria, ha sido el tema inspirador de no pocos encumbrados intelectuales. Pienso en primer lugar en Schopenhauer, quien terminó escribiendo ese clásico de clásicos que es “El mundo como voluntad y como representación”, y que tanto influyera en escritores como Borges.

A mí de Schopenhahuer lo que más me interesa no es su paralizante pesimismo (aún cuando comparta buena parte de su suspicacia ante la altisonancia de los nombres propios), sino el intenso realismo con que examina esas maneras que tenemos los humanos de adjudicarnos determinadas etiquetas, y a partir ellas, vivamos más pendientes del reparto (porque concede “reconocimiento”, “rango”, “jerarquía”, así sean ganancias efímeras) que de la vida real, que es y será siempre impredecible, agónica, y a todas luces, finita, en tanto culmina con la muerte, o lo que es lo mismo, con la dejación de todo.

El otro día, mientras releía la excelente crónica de Fausto Canel sobre Joe Massot me preguntaba cuántas historias de vida como esa no se habrán extraviado por allí, convertidas en polvo de sueños que ya no se podrán recuperar. Y hablo de eso: “historias de vida”. Ya no me refiero a ese gran mundo que nos representamos y llamamos “ICAIC”, sino de los pequeños mundos que habitaron ese universo, a veces en armonía, a veces en franca discordia. Es decir, no hablo del ICAIC como algo abstracto, sino de lo que ha sido para algunos “la vida” en el ICAIC, y “después” del ICAIC.

Lo que conocemos, desde luego, es la historia de una utopía, y utopía al fin, se prioriza al sujeto colectivo, su lado más fotogénico. Las desgarraduras individuales, o las deserciones del sueño, no cuentan. Estas últimas, desde el punto de vista historiográfico, en otros tiempos solían despacharse con una lacónica línea: “Abandonó el país”. Al menos, cuando he intentado rastrear sobre quién fue ese hombre o mujer que hizo la edición de tal película, o grabó el sonido de esta otra, todavía puedo tropezar con ese escollo que parecía dictar el fin de una vida. Como si el rebasar lo geográfico hubiese implicado el no da más de una existencia.

La primera vez que me puse a pensar en la importancia de investigar qué había pasado con estos cineastas que “abandonaron el país”, no fue leyendo a alguien que escribiera desde el exilio, sino disfrutando de un provocador ensayo de Cintio Vitier sobre la identidad, donde afirmaba que:

“Del Estado podemos disentir; de la nación, en cuanto es un pueblo asentado en un territorio, podemos alejarnos; pero la nacionalidad, que en definitiva es la cultura en su más amplio sentido, nos une a todos. Que los portadores de esa cultura, al emigrar, adopten o incorporen otros contenidos, experiencias, costumbres y sabores, no le quita necesariamente su unidad y puede añadirle diferencias enriquecedoras o empobrecedoras, sin que descontemos un margen, a la larga, de desarraigos totales e irreversibles”.

Entonces me pregunté qué habría sido de aquellos que alguna vez pertenecieron al proyecto ICAIC, y de los que nunca supimos algo más. Y así surgió el libro “Cine cubano: nación, diáspora, e identidad”. Y el dossier sobre el tema publicado por “La Gaceta de Cuba”. Pero ahora en verdad no estoy hablando de aquellos directores que, como el propio Fausto Canel, Roberto Fandiño, Eduardo Manet, Fernando Villaverde, Nicolás Guillén Landrián, o Alberto Roldán (quizás por aquello de la visibilidad que involuntariamente concede la “teoría de autor”), consiguieron prolongar una “presencia” artística en nuestro imaginario. Hablo de los otros: de los que hay que revisar los créditos para enterarse de sus nombres, porque los críticos hablarán del sonido (si hablan), pero no de quienes lo hacen posible; del dinamismo de la fotografía, pero nunca del operador de la cámara, o de quien construyó un aditamento que solucionaba miles de problemas no previstos para la luz de esta isla.

También mirando “La imagen rota” (1995), de Sergio Giral, encontré el impulso para hacerme de una pequeña lista de esos nombres que me hubiese gustado seguirles la pista, y que no aparecen allí. Sin ánimo de parecer exhaustivo, mencionaré solo algunos:

– Alejandro Caparrós (sonidista de “Muerte al invasor”/ 1961)
– Enrique Cárdenas (camarógrafo del Noticiero ICAIC Latinoamericano)
– Julio Chávez (editor de “Congreso de juventudes”/ 1960)
– Antonio Fernández Reboiro (director de “Rumba”/ 1972; “Un retablo de para Romeo y Julieta”/ 1971; “Edipo Rey”/ 1972)
– Armando Fernández (sonidista de “Tierra olvidada”/ 1960)
– Mario Franca (grabador de sonido de “Las 12 sillas”/ 1962)
– Hernán Henríquez (director del animado “El origen del Gugú”/ 1966)
– Adalberto Jiménez (grabador de sonido de “Desarraigo”/ 1965)
– José Antonio Jorge (director de “Vuelo 134”/ 1967)
– Humberto Lanco (editor de “Granjas del pueblo”/ 1962)
– Amparo Laucirica (editora de “Escenas de los muelles”/ 1970)
– Alberto Menéndez (operador de cámara en “Lucía”/ 1968)
– Carlos Menéndez (editor de “Carnaval”/ 1960)
– Raúl Molina (director de “La danza de los dioses”/ 1964)
– Gloria Piñeiro (editora de “Médicos de la Sierra”/ 1961)
– Rodolfo Plaza (grabador de sonido de “Ociel del Toa”/ 1965)
– Antonio Rodríguez (director de fotografía de “El bautizo”/ 1967)
– Jorge Sotolongo (director de “La historia del ron”/ 1979).
– Ramón F. Suárez (director de fotografía de “Memorias del subdesarrollo”/ 1968)
– Eugenio Vesa (jefe de Departamento de Sonido del ICAIC entre 1959-1968)
– Len Zayas (productor del Noticiero ICAIC Latinoamericano hasta 1963)

Hoy, por fortuna, el pensamiento excluyente de antaño ha cambiado. Creo que a casi nadie (para no ser absoluto) se le ocurriría pensar que porque Pucheux ahora mismo esté en México, Mario Crespo en Venezuela, Madrid, o en el desierto, Fausto Canel en Miami, Francisco Puñal en Galicia, José Llufrío en Nueva York, por mencionar algunos de los amigos que ayudan a mantener este blog con sus evocaciones, ya no formen parte de “la memoria del ICAIC”. Que no quiere decir que se tengan que compartir los recuerdos del mismo modo, pues justo cada memoria tiene un contenido personal e intransferible: la “memoria histórica” es la suma de todo eso; es, al mismo tiempo que flujo, contrastes.

Las remembranzas, el tiempo que ya no se recobrará pero evocamos, tal vez (como sugería Schopenhauer) no conforman más que una larga cadena de ensoñaciones. Pero devienen imprescindibles si queremos que estas experiencias no se extravíen en medio de ese inmenso océano que es la indolencia colectiva (“la inocencia del devenir”, diría Nietzsche). Se lo comento a todos aquellos que se quejan de que los han “invisibilizado”; quizás no exista mejor acicate para vivir que defender nosotros mismos la huella de lo que se ha sido y se sigue siendo. Sin esperar a que terceros lo hagan por nosotros.

Algo de esto lo dijo mejor que yo Luis Marimón, un poeta que descubrí tardíamente, y sabía de qué hablaba: “El tiempo también borrará todo esto/ A mí solo me salvará del olvido lo que he escrito”.

Juan Antonio García Borrero

PD: FAUSTO CANEL SOBRE “LOS QUE SE FUERON”

Juan, algo que sé de algunos en la lista:

– José Antonio Jorge (director de “Vuelo 134”/ 1967) vivió en West New York, (New Jersey) hasta bien entrados los años 80; allí murió…

– Amparo Laucirica (editora de “Escenas de los muelles”/ 1970), vive en Miami, perfectamente localizable…

– Alberto Menéndez (operador de cámara en “Lucía”/ 1968), vive en Miami… Está en La Imagen Rota…

– Carlos Menéndez (editor de “Carnaval”/ 1960), y de Desarraigo y de Papeles son papeles, entre otros… Vive en Madrid, donde trabaja para la TV Española…

– Raúl Molina (director de “La danza de los dioses”/ 1964), trabajó en El Diario La Prensa, New York, hasta su muerte en 1988…

– Gloria Piñeiro (editora de “Médicos de la Sierra”/ 1961), trabajó en Nueva York como editora de comerciales en español… Allí vive semi-retirada, mientras enseña y apadrina a sus sobrinas, siguiendo la tradición familiar (El padre de Gloria fue esencial en el cine cubano de los 50) … Fue editora de El super y los largos de Camilo Vila, Jorge Ulla, etc, la escuela de Nueva York..

– Antonio Rodríguez (director de fotografía de “El bautizo”/ 1967)… Tucho Rodríguez trabajó en Madrid, hasta su muerte reciente…

– Jorge Sotolongo (director de “La historia del ron”/ 1979)… Vive en Miami donde realiza documentales y semblanzas biográficas para la TV…

– Ramón F. Suárez (director de fotografía de “Memorias del subdesarrollo”/ 1968)… Vive en Paris, donde ha hecho una larga carrera en el cine francés… Acaba de terminar en México, a los 75 años, un largometraje galo…

– Eugenio Vesa (jefe de Departamento de Sonido del ICAIC entre 1959-1968)… Trabajó como ingeniero de sonido en la televisión mexicana y murió en Miami…

Pero, además, debes agregar…

Norma Torrado (editora) trabaja en el departamento de Folklore del Museo de Miami…

Mequi Herrera (actriz) está retirada y vive en Miami…

Yolanda Farr (actriz, cantante) todavía trabaja en music hall y vive en Madrid…

Amaro Gómez (guionista) se retiró como periodista y vive en California…

Alberto Roldán (director) trabaja en tv y vive en Miami…

Babi Díaz (script, productora) ejerce de abuela y vive en Miami…

Reboiro (cartelista) trabaja en publicidad y vive entre Madrid y Miami.

Sergio Giral (director) vive en Miami y sigue haciendo cine…

Orlando Rojas (director) vive en Miami y dirige la programación excelente del Teatro Tower…

Saludos,

Fausto Canel

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Publicado el noviembre 1, 2009 en CINEASTAS EN LA DIÁSPORA. Añade a favoritos el enlace permanente. 10 comentarios.

  1. Juany, no todos pueden sentirse tan afortunados, al emigrar, como creo puedo sentirme yo, que sigo trabajando casi en lo mismo que hacía en el ICAIC.
    Muchos de los compañeros ex-ICAIC han encontrado nichos en las televisoras locales de las ciudades donde viven. Otros están en fotografía o en la enseñanza de cine y los medios masivos. Otros, tal vez más tristemente, se ganan la vida de disímiles maneras que no tienen nada que ver con su vocación o su historia previa en Cuba.
    Sin embargo, la parte de nuestra existencia pasada en el ICAIC nos identifica a todos, y nos mantiene, hasta cierto punto, unidos y en comunicación.
    Es parte de nuestra nacionalidad o cultura, como lo puede ser tomar el buchito de café, o comer frijoles negros.
    Y nadie puede negar eso.
    Seguimos siendo lo que somos.

  2. Querido Juany, aun hoy , después de tantos años, LOS QUE AVANDONARON EL PAIS, se siguen reuniendo todos los 24 de marzo para convivir un ratico y platicar del pasado y sobre todo del futuro. Esto sucede en cualquier lugar donde exista un amigo del ICAIC. Lo querramos o no, esa fue nuestra casa por muchos años y en ella están nuestros sueños y vivencias de antaño, lo que fuímos y lo que hoy somos, No importa el trabajo que hoy tengamos.

  3. Reynaldo Lastre Labrada

    Hermoso e inteligente tu post, que reafirma en cierta medida lo que viene constituyendo el Blog: nuestro cine cubano reencontrado. Decía Nancy Morejón que nuestra lengua es también una patria, luego con perfecta coherencia entraban en la construcción de nuestra lengua (la cubana), tanto Martí y Guillén, como Alberti. Pues creo yo que el cine cubano también es una patria, patria que pertenece a todos los que se quieran sentir parte de ella, sin importar donde se viva o como se piense. Es hora de que los que escriben de manera hegemónica nuestra historia, comiencen a tomarlo en cuenta.

  4. Juan, algo que sé de algunos en la lista:
    – José Antonio Jorge (director de “Vuelo 134”/ 1967) vivió en West New York, (New Jersey) hasta bien entrados los años 80; allí murió…
    – Amparo Laucirica (editora de “Escenas de los muelles”/ 1970), vive en Miami, perfectamente localizable…
    – Alberto Menéndez (operador de cámara en “Lucía”/ 1968), vive en Miami… Está en La Imagen Rota…
    – Carlos Menéndez (editor de “Carnaval”/ 1960), y de Desarraigo y de Papeles son papeles, entre otros… Vive en Madrid, donde trabaja para la TV Española…
    – Raúl Molina (director de “La danza de los dioses”/ 1964), trabajó en El Diario La Prensa, New York, hasta su muerte en 1988…
    – Gloria Piñeiro (editora de “Médicos de la Sierra”/ 1961), trabajó en Nueva York como editora de comerciales en español… Allí vive semi-retirada, mientras enseña y apadrina a sus sobrinas, siguiendo la tradición familiar (El padre de Gloria fue esencial en el cine cubano de los 50) … Fue editora de El super y los largos de Camilo Vila, Jorge Ulla, etc, la escuela de Nueva York..
    – Antonio Rodríguez (director de fotografía de “El bautizo”/ 1967)… Tucho Rodríguez trabajó en Madrid, hasta su muerte reciente…
    – Jorge Sotolongo (director de “La historia del ron”/ 1979)… Vive en Miami donde realiza documentales y semblanzas biográficas para la TV…
    – Ramón F. Suárez (director de fotografía de “Memorias del subdesarrollo”/ 1968)… Vive en Paris, donde ha hecho una larga carrera en el cine francés… Acaba de terminar en México, a los 75 años, un largometraje galo…
    – Eugenio Vesa (jefe de Departamento de Sonido del ICAIC entre 1959-1968)… Trabajó como ingeniero de sonido en la televisión mexicana y murió en Miami…
    Pero, además, debes agregar…
    Norma Torrado (editora) trabaja en el departamento de Folklore del Museo de Miami…
    Mequi Herrera (actriz) está retirada y vive en Miami…
    Yolanda Farr (actriz, cantante) todavía trabaja en music hall y vive en Madrid…
    Amaro Gómez (guionista) se retiró como periodista y vive en California…
    Alberto Roldán (director) trabaja en tv y vive en Miami…
    Babi Díaz (script, productora) ejerce de abuela y vive en Miami…
    Reboiro (cartelista) trabaja en publicidad y vive entre Madrid y Miami.
    Sergio Giral (director) vive en Miami y sigue haciendo cine…
    Orlando Rojas (director) vive en Miami y dirige la programación excelente del Teatro Tower…
    Saludos,
    Fausto Canel

  5. Francisco Puñal

    Hola Juan,
    Recuerdo a esta extraordinaria y bella actriz que es Yolanda Far, quien trabajó en Memorias del Subdesarrollo
    (era la mujer de Sergio que abandona el país). Ella es española, aunque de niña fue con sus padres para la isla.
    Yo recuerdo haberla visto en Cuba en una pelicula española y la doblaron porque el acento cubano era muy fuerte
    La menciona Canel en su lista y que está en Madrid, España.

  6. Ángel Velásquez Callejas

    Querido Juan Antonio:
    El ser humano suele olvidarse de sí mismo. Suele negar de un modo involuntario su existencia real. Vive representándose una realidad sin voluntad. Vive de impulsos exteriores. El conductismo es la esencia del ser humano actual. Por eso entiendo el pesimismo de Schopen-hahuer. Entonces cómo salir del sueño, como abolir la pesadilla que retumba en memoria, cómo deshacerse de esa voluntad de la espe-ranza. Schopenhahuer nunca tuvo una respuesta práctica, real. Su experiencia se limitaba al pensamiento. Se dice que cuando por pri-mera vez tuvo el Gita en sus manos, el pesado libro de la escritura hindú, lo puso de sombrero en su cabeza y bailó de alegría. ¡Muy simbólico! Entonces le preguntaron: por qué bailaba de alegría. A lo que respondió: “es el lugar donde por primera vez encuentro una respuesta al pesimismo de ver la vida”. Nada más falso. Desde una falsa voluntad representamos nuestra angustia, nuestros celos y ter-minamos en un
    sueño de “infinitas posibilidades”, comparándolo to-do. Lo que importa entonces, como tú dice Juan Antonio, es “adjudi-carnos determinadas etiquetas”: la nación, la nacionalidad, la patria, el ICAIC. Desterramos lo esencial; desvaloramos al individuo. Yo sostengo que eso que llama “abstracto” no existe; no me mal interpre-te Juan Antonio, pero el ICAIC no existe, es pura representación in-voluntaria. Por eso hemos olvidado lo que nos parece fútil y angus-tioso. Esa idea de la muerte, de que todo termina con ella, me parece aterradora; por eso comparamos y por eso nos angustiamos. Scho-penhahuer debió leer en el Gita su “representación”, de que la vida, tal y como la conocemos, no es real. Algo que no esperaba, pero de-seaba saber. Habría que estudiar a fondo esa coyuntura de los 60 en Cuba: la psicología de un cambio, la del “individuo” a lo “abstracto”; la de lo “real” a lo “irreal”.
    Un Abrazo,
    Ángel Velásquez Callejas

  7. Amigo.
    Evidentemente Fausto llegó hasta su generación. La lista es interminable. Intenté hacerla, pero es mejor poner las cosas al revés. Es más fácil hacer la lista de lo que se quedaron allá.
    Tony Somoza.

  8. Querido:
    Acabo de leer tu artículo,como siempre muy interesante.Soy de las que creo,que no importa en que parte del mundo se encuentren aquellas personas,que de una manera u otra hicieron posible,la existencia del Cine Cubano o de cualquier otro movimiento artístico.Muy bien por Cintio Vitier,aunque se esté en cualquier parte del planeta no se pierde el verdadero sentido de nacionalidad,el amor hacia la tierra que te vio nacer,hacia tu patria chica.Pienso,que ya es hora de que no se hagan diferencias,que la frase,” abandonó el país” suena algo obsoleta para los tiempos que corren.La participación o aportes que realizaron,los que se fueron o los que se quedaron están ahí.No se pueden borrar y el tiempo
    así lo demostrará.
    Besos,
    Amelia

  9. Querido J.A, no tenía al alcance tu blog durante noviembre y esa es la causa de que no leyera este interesante post sobre los que no estamos permanentemente, o con los pies sobre la isla. La cabeza, ya sabemos, es muy difícil sacarla de allí, por lo menos a los que salimos algo grandecitos.
    Hace unos años, una muchachita que trabajaba en el 6to piso, colaborando en un diccionario de cine cubano, me envió mi bio filmografía para que yo la revisara y agregara aquello que faltara. En un párrafo introductorio decía textualmente: “abandonó el país en 1992”. Antes de enviarle la actualización de mi curriculo, le escribí aclarándole que yo no había abandonado a mi país. Que yo seguía siendo cubano y no porque me obligaran a entrar con el pasaporte cubano o a pedir permiso de entrada o salida, sino porque la palabra abandonar significa, dejar, ceder, desasistir, abdicar y yo ni he dejado a Cuba, ni la cedo, ni abdico de ella y mucho menos la dejaré desasistida, viva donde viva. La muchacha rectificó el párrafo, aunque no sé si estoy o no en ese diccionario, pues estoy claro que no es culpa de mi país, ni del ICAIC que algunas malas cabezas se empeñen en omitir nombres y excluir gentes de las listas. Y es que en nuestro país nos metieron en la cabeza que vivir fuera de Cuba es casi un delito al punto de que se reúnan cientos de personas a “repudiar” las partidas sin que apareciera personal de orden público a parar “aquello”. Lo triste del caso es que algunos han salido a vivir a otras tierras y se quedaron con el mismo chip incorporado y ahora vemos con tristeza que las exclusiones son también de afuera para adentro. Pero hablamos de Cuba, el cine cubano y su historia y de vez en cuando afloran intentos de exclusión y censura a la ¿vieja usanza? Por suerte el tiempo pasa y vienen nuevas generaciones y nuevos conceptos… ¡Y EXISTE LA INTERNET! y con la ayuda de éste, ya es difícil tapar la historia, negar existencias y méritos. No se puede ningunear a álguien, por más mal que nos caiga o por estar en las antípodas de nuestra visión del mundo o la política o por haber decidido vivir su vida un poco más lejos.
    El carácter democrático de Internet, de los blogs, de los sites debería enseñar entonces a algunos dirigentes y censuradores, la lección. Ya no son poseederes de la verdad absoluta, ahora tienen que lidiar con múltiples criterios y verdades.
    El post de Pancho sobre Yolanda Farr, las semblanzas de Lacosta y la lista que nos entregan tu y Canel, nos vienen a recordar que somos muchos y que estamos en todas partes del mundo y, como dices, cada pequeña o grande historia, viene a conformar la historia grande de una obra, que no es de un hombre ni un grupito de hombres, sino de muchos que deben ser tenidos en cuenta.
    Me felicito por tanto, de pertener a este gran mundo que es el ICAIC, esta gran obra imperfecta, creada una vez con el entusiasmo y la febril pasión de muchos
    que están diseminados por el mundo y que aún sin conocerse, podrían identificarse y sentirse familiarmente comunicados, sin importar la generación o el año de entrada o salida, la religión o el color político, con una sola frase: trabajé en el ICAIC.

  10. Rene Rodriguez

    Que fue de la vida del sonidista Cubano Adalberto Jimenez ? . Emigro a USA a principio de la decada de los 80 , para reunirce con su madre ( Concha ) . Bertico como le llamaban sus allegados dejo obras como por ej: LP “A Bayamo en coche . Grabo’ al cantante español Luis Garvey , colaboro mucho con Irakere , etc. y a mi me fabricaba amplificadores de tubos , jajaaa. Me daria mucho gusto volver a tener noticias de el . Su esposa por aquellos tiempos era una compositora tambien cubana llamada Josefa Caviedes . Cualquier informacion me la pueden enviar a mi email : renerr1990@yahoo.es . Gracias anticipadas.

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