Archivos diarios: octubre 30, 2009

JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC (2)

Alguien debe contar la historia del Taller de Partes y Piezas, situado en 25 esquina a 10 en el Vedado, donde se fabricaba todo, desde un mecanismo de “cruz de malta” para los proyectores, hasta el cromado duro de carretes dentados para todo tipo de equipo de cine. Quiero mencionar dentro de este taller a dos que me fueron muy cercanos y queridos amigos y compañeros: René Calichs, y Alberto Ramos. Calichs, o como lo conocían casi todos, “Caliche”, era una persona con manos de oro. Podía reproducir cualquier equipo mecánico idéntico a su original.

Dos anécdotas: Cuando llegó a Cuba el equipo de filmación de “Soy Cuba”, traían una sola cámara, la en aquel entonces innovadora “ECLAIR”, pero tenía un defecto: Cada vez que se quería utilizar la cámara en un cierto ángulo, el motor se trababa. René Calichs fue el único capaz de reparar ese defecto de la cámara, según brinda testimonio uno de los operadores de cámara de la película, Alexander “Sasha” Calzatti. En otra ocasión, y para participar en un equipo de pesca de la aguja, en el Torneo Ernest Hemingway, Calichs pidió prestado un costoso carrete de pesca marca “Penn”. Al terminar el torneo, el dueño vino al taller a recoger su carrete, y Calichs lo recibió con dos carretes sobre la mesa, y le dijo, escoge cuál es el tuyo… Hubo que buscar el nombre estampado de fábrica, para identificar el original, ya que el que Calichs había construído, era absolutamente idéntico…

Con talentos como ese, y la pasión de lograr que el Cine Cubano creciera y prosperara, los técnicos y mecánicos del Taller de Partes y Piezas jugaron un importante papel en mantener todo funcionando durante años…

En los laboratorios existía otro grupo de mecánicos-artesanos-técnicos, que reunían en si mismos todas estas características, y que resolvieron no pocos problemas técnicos para mantener los laboratorios funcionando…

Digo los laboratorios, y aprovecho para mencionar otro, además de Cubanacán y el del Noticiero, o de “Tuto”. Se trata de “Telecolor”. Telecolor era el nombre de la empresa de Gaspar Pumarejo que introdujo en Cuba la primera emisora de TV en colores en Latinoamérica: Canal 12 de TV, en 1958. Al nacionalizarse todas las instalaciones de las empresas de Pumarejo, queda en manos del ICAIC un laboratorio y pequeño estudio, situado a la entrada del “Bosque de La Habana”, conocido por las actuales generaciones como “Parque Almendares”.

Esta instalación tenía máquinas para procesar película de 16mm solamente, en blanco-y-negro y en colores. Las máquinas fueron modificadas y adaptadas para trabajar con el sistema de negativo y positivo, para cine en 16mm, y fue la base de apoyo fundamental a los planes de “Cine-Móviles” que llevaron la maravilla de la imagen en movimiento a todas partes del archipiélago cubano, desde el pueblito de “Los Mulos” en la Sierra Maestra (¿Recuerdan el documental “Por Primera Vez”?), hasta los barcos de pescadores en los mares alrededor de Cuba. Hay que recordar a los lectores más jóvenes que no existía video en formatos portátiles (cassettes) en esa época…

Todas esas modificaciones y adaptaciones, así como la operación de ese laboratorio de 16mm, que todos siguieron llamando “Telecolor” estuvieron en manos de los mecánicos y técnicos del ICAIC. Gente como Neno Alba, Antonio Alpízar, Oscar Nager, Asterio Clemente, otros más, cuya labor fue igual de importante, pero cuyo nombre se me escapa… Y los que operaban el laboratorio, desde la directora, María Estrabao, hasta los operarios Mario Fraga, Blas Mora, Gabriel Aparicio, José Piña, Arnaldo Galeano, Freddy Figueroa, Rosita, la esposa de Alpízar, y aquellos cuyos nombres se me siguen escapando…

Escribir toda esta historia, que yo viví durante 30 años, y la parte que escuché de labios de los que llevaban 10 ó 12 años más que yo en el ICAIC, solamente de memoria no resulta fácil, y el resultado no es justo. Esta historia requiere investigación y recopilación, porque es parte de la historia del Cine Cubano, y no solo basta con hacer una recopilación de las películas producidas, ni de los artistas que las realizaron, sino que se necesita conocer más de todo el esfuerzo de la industria “invisible” y de los trabajadores “anónimos” que también las hicieron posible, para poder hablar de una Historia del Cine Cubano…

José Llufrío (Químico y Tecnólogo de los laboratorios del ICAIC 1972-2002)Actualmente químico de los Laboratorios Technicolor en New York.

JOSÉ LLUFRÍO SOBRE LOS GUERREROS Y CUSTODIOS TECNOLÓGICOS DEL ICAIC

Querido amigo Juany:

Trato siempre de mantenerme al tanto de lo que se publica en tu “blog”, que es nuestro “blog”, La Pupila Insomne.

Mi compadre (en todos los sentidos de la palabra) Jorge Pucheux, me ha puesto “pie forzado” para contar historias sobre lo que él llama muy románticamente “Los Guerreros y Custodios Tecnológicos del Cine Cubano”.

Verdaderamente, hay muchas historias que contar, muchas ricas anécdotas. Y no pocas tienen que ver con la parte oculta, menos “glamorosa” de hacer cine, que es la parte industrial y de apoyo tecnológico a la realización de una obra cinematográfica, es decir, los laboratorios, trucaje, animación…

Y romántica es la historia, pues la dedicación, el entusiasmo y el compromiso de todos los que trabajamos alguna vez en la parte industrial del Cine Cubano, solo son comparables a un romance con la idea de hacer cine y de ser parte del proyecto cultural del ICAIC.

Jorge (Pucheux, o Pucho, como le llamamos muchos con cariño) comienza hablando de Tuto, Restituto Fernández Laza, quien es toda una leyenda en la historia del Cine Cubano. Su laboratorio de la Calle Trocadero, construido por él mismo, y del cual no queda sino el testimonio de la memoria de los que allí trabajaron y los que le conocieron, pues no recuerdo haber visto nunca fotos ni filmaciones de cómo era el lugar. La leyenda cuenta que Tuto aprendió de otros laboratorios, y de manera autodidacta, leyendo revistas y manuales del giro cinematográfico, hasta que montó su propia empresa de producción y revelado e impresión de un noticiero. Y cuando se funda el ICAIC, allí está Tuto, ofreciéndole al recién creado Noticiero ICAIC su laboratorio, y sus servicios, para producir el Noticiero, y así lo hizo hasta su muerte.

A principios de los años 60 en los terrenos de Cubanacán, alrededor del “Foro” o estudio sonoro de filmación se comienzan a establecer los distintos departamentos de apoyo técnico a la filmación, y en una casa, que había sido originalmente de oficinas de producción, se monta el primer laboratorio creado por el ICAIC, utilizando algunos equipos que se habían intervenido y nacionalizado de empresas privadas, como la de Manolo Alonso.

Allí se construyó también el edificio de Trucaje, que incluso se terminó alrededor de la Mesa de Animación Oxberry, ya que debido al “embargo”, conocido por todos nosotros como bloqueo, las empresas norteamericanas no podría realizar negocios con Cuba. Pero la empresa Oxberry, a la cual ya se habían comprado los equipos de Proyección de Fondos, Mesa de Animación, e Impresor Optico o “Truca”, encontró la forma de enviar a sus técnicos para el montaje de los equipos, aún sin terminar el edificio, pues no podían esperar.

Los primeros técnicos en operar las máquinas del laboratorio eran gente proveniente de las pocas pequeñas empresas privadas que hacían “cine” en Cuba: Noticieros, Cinerevistas, cortos humorísticos y publicidad, así como del mundo de la fotografía comercial, fundamentalmente. Ahí estaban Moisés Hernández, Angel Rego Bagarotti, José Martínez Temes (Pepe el Calvo), Tony Hernández, Diego Valenzuela, Nicolás Chao, Alejandro Carrillo, Miguel Azpéitia, Francisco Fábregas, y otros muchos que mi memoria recuerda, pero no logro casar los nombres correctos (les pido mil disculpas, pero esta “descarga” es a memoria, sin investigación ni consulta).

Pero el ICAIC, como proyecto cultural de mayor alcance y perspectiva, necesitaba formar cuadros técnicos que pudieran llevar a realidad, con calidad, los proyectos del cine como obra de arte, y alrededor de 1963-1964 se organiza el primer curso de formación de técnicos, con ayuda de especialistas e ingenieros provenientes de Checoslovaquia (que en esa época era todavía un solo país). Carlos Bequet, Eliovel Castellanos y Oscar Vázquez formaron parte de ese grupo.

La capacitación de cuadros técnicos y profesionales fue siempre una preocupación en el ICAIC. Una de las características que diferencian nuestra fuerza laboral, de las de otros países, es el profesionalismo y preparación de nuestros técnicos.

El Laboratorio de Cubanacán se fue ampliando con equipos adquiridos junto con los equipos ópticos de Oxberry (la máquina Houston “Spray”), y otros equipos que se fueron recuperando de las empresas nacionalizadas (la máquina “Unión” de revelado, impresoras Bell & Howell modelo ‘C’, etc.). En el edificio del laboratorio se instaló la “Truca”, y se montaron salas de proyección (para el control de la calidad del producto) y un estudio de sonido, dirigido por el Ingeniero Eugenio Vesa.

Los ingeniosos técnicos y mecánicos que lograron ensamblar todos aquellos equipos, y mantenerlos funcionando sin suministro de piezas adecuadas merecen capítulo aparte.

Eso viene en próximo mensaje…

José Llufrío (Químico y Tecnólogo de laboratorio en el ICAIC, 1972-2002. Hoy trabajando en Technicolor, en New York)