Archivos diarios: octubre 27, 2009

LUCIANO CASTILLO SOBRE EL CINE PORNO EN CUBA

Me entero tarde de la mención especial recibida por Luciano Castillo en el Premio de Ensayo “José Juan Arrom ‘2009”, convocado por la revista La Gaceta de Cuba con el objetivo de promover los estudios sobre el arte y la literatura cubanos.

El texto presentado por Luciano forma parte de ese texto mayor que, una vez que se publique (y será pronto), está llamado a convertirse en una referencia insoslayable para todo estudioso del cine nacional: hablo de la “Cronología del cine cubano” (co-escrita junto a Arturo Agramonte), actualizada y sensiblemente aumentada.

El otro día comentábamos aquí la ausencia de estudios o investigaciones que nos aproximaran críticamente a esa producción pornográfica que existió en la Cuba pre-revolucionaria, y que pudiese dar pie a una buena disertación académica. Como para confirmarnos que le sobra todo eso que un investigador lúcido debe tener (amor a la búsqueda de la verdad, por encima de los prejuicios que paralizan), Luciano nos regala un texto lleno de revelaciones inéditas, el cual será publicado íntegramente en la revista que convocó el concurso.

Mientras llegue ese momento, disfruten de un brevísimo fragmento de la investigación. Es toda una primicia que debo agradecer doblemente, conociendo la “blogofobia” crónica y empedernida de Luciano Castillo, mi maestro.

Juan Antonio García Borrero

EL CINE CUBANO EN CUEROS (Fragmento)
Por Luciano Castillo

El título podría aludir a la progresiva desnudez del cine cubano en los años 50. Como en un revelador strip-tease, al ritmo frenético de una rumba o con la cadencia de un bolero, era sucesivamente despojado de presupuestos, de técnicos (contratados solo para coproducciones) y de artistas (asimilados por la televisión y la radio, cuando no partían hacia otros destinos más promisorios). La supuesta protección estatal —el fantasmagórico Instituto Nacional para el Fomento de la Industria Cinematográfica Cubana— apenas alcanzaba para cubrir su esqueleto. Abordaremos, sin embargo, un tema que si bien soslayado durante mucho tiempo, no puede dársele la espalda: el cine cubano filmado con personas en cueros o, de acuerdo al apelativo popular, las películas «de relajo». Afrontar sin el menor prejuicio ni la carga peyorativa del término, nuestro cine pornográfico sin el conocimiento de un solo minuto de material fílmico, conlleva el riesgo de recurrir a fuentes disímiles.

Ephraim Katz, al definir el cine de explotación en su enciclopedia, anota que son películas realizadas con poca o ninguna atención a la calidad o al mérito artístico, y orientadas a un rápido beneficio. Los bajos presupuestos del cine porno, rodado con mucha rapidez y economía de medios, son amortizados de inmediato. Concebido para satisfacer una apetencia humana muy extendida, desde sus ingenuos balbuceos en la etapa silente, este cine siempre tendió a que la consumación del acto sexual visto en pantalla no admitiera la menor duda. No obstante las posiciones «artísticas» de sus participantes, el coito real delante de una cámara era la meta de esta vertiente transgresora del séptimo arte.

La popularidad alcanzada en muy poco tiempo por estas cintas fue abruptamente coartada por la censura. Gaumont y Pathé tuvieron que abandonar la producción de un rubro tan rentable y surgió un mercado clandestino abastecido, en el caso de España, por películas filmadas en Argentina que ya en el primer decenio, mostraban escenas de sexo explícito. Estudiosos de este cine, como el español José Miguel Baquedano, plantean que los cortos de la época muda, «constaban solo de una única escena entre dos, o como mucho tres personas, por la corta duración de la bobina. Solían estar rodados en plano general o medio y la cámara permanecía sin moverse en un aburrido plano fijo». (1)

Por mucho que se especule, siempre resultará difícil precisar con exactitud el inicio de la circulación de este tipo de cine en Cuba desde las primeras décadas del siglo xx. A juicio del profesor e investigador francés Emmanuel Vincenot, idéntica barrera oculta la naturaleza de su producción, fuera local o importada. No puede obviarse la propensión del cubano al chiste de doble sentido, del cual se apropió el teatro vernáculo en innumerables obras. La fogosidad del negrito criollo alentada por la tentadora anatomía de la mulata, vencía al gallego menos dotado para estos lances, según el humor popular, ante todo sobre las tablas de aquel coliseo para hombres solos que fuera el Teatro Alhambra.

NOTA:

1) José Miguel Baquedano: «Sucinta historia del cine X»: http://www.seronoser.free.fr/laincineradora