Archivos diarios: octubre 19, 2009

RUDY MORA SOBRE EL EVENTO TEÓRICO “CARACOL”

DESDE “LAS CERQUITAS”.
Por Rudy Mora.

Concluidos los debates teóricos del CARACOL UNEAC 2009, comienza el ciclo hacia los próximos en el 2010 como ha sucedido hace más de dos décadas y como se supone será en los próximos años, solo que las experiencias recientes deberán matizar la proyección futura del evento. En esta emisión no hubo instantes memorables en ningún sentido pero por la clara visión de sus organizadores se consiguió retornar a las premisas que dieron lugar su creación, traspasando la inmediatez que hacía habitualmente del encuentro una “reunión de reclamos” y consiguiendo de manera general un cierto nivel teórico sin que fuera posible evadir totalmente la clásica polémica institucional.

El CARACOL en su primera década y quizás un poco mas fue un espacio esperado, se recuerdan momentos donde el llamado “debate” llegó hasta el delirio, la entrega de premios constituía verdadera fiesta emotiva para los realizadores del país, prestigiaba ser ganador de un premio y había participación de artistas de otras manifestaciones, siendo estos y otros aspectos los que le otorgaban el tono y color particular. En la siguiente década hasta hoy el rumbo se extravió y la perdida de sus virtudes por razones vinculadas a la gran depresión que trajo el período especial condujo a la apatía, secuela que en esta ocasión volvió a dejar constancia evidente, diría que como se esperaba a pesar de los esfuerzos por encontrar un nuevo elemento movilizador.

Se evidenciaron que las CERQUITAS divisorias entre parcelas laborales ya no es solo una tendencia y que después de luchar para obtener el “pedacito” preservándolo en muchos casos, y garantizando el regreso a el en otros, no es posible que existan deseos ni interés de mirar un poco mas allá y menos de oír un tanto mas acá por que tampoco nada hace que sea necesario, siendo por esto que la poca participación, por no decir nula, de creadores con espacios y resultado puntuales, cineastas, especialistas y profesionales vinculados concretamente con la producción fuese un hecho, sustituidos en cada una de las secciones por interesados de instituciones relacionadas, varios académicos y personas con criterios, algún que otro diletante, pocos estudiantes, curiosos y no mas de 3 o 4 críticos legitimados, aunque en ocasiones se dejó ver algún realizador.

Es consenso que por las grandes dificultades materiales para hacer concretamente la TV del día a día, la de “de vez en cuando” la obra alternativa y la oficial en otras productoras, disminuya la importancia de las valoraciones conceptuales, de ahí que los monólogos también proliferen y la preocupación fundamental radica en acumular fuerzas para pelear por lo que cada cual considera imprescindible en su lugar, momento, quehacer y subsistencia. No obstante, aun existe otra minoría que tienen otras interrogantes que no siempre son lanzadas públicamente por temor a la subvaloración moviéndose los tópicos en un espectro amplio y aunque en tono bajo y casi siempre en forma de comentario se deja escuchar:

¿Es que ya no es posible un encuentro teórico que se concentre en temas artísticos excluyendo los pasajes cotidianos?… (Que tampoco son abordados en otro lugar, es cierto). ¿Es que la vieja ausencia de recursos, es incompatible con el intercambio inteligente de criterios?. ¿Es que los audiovisuales actuales y los programas de TV no necesitan pensarse a sí mismo?. ¿Es que después de lograr…. lo que se hace esta muy bien y no hace falta más?. ¿Para qué cambiar si no repercute en mi vida profesional y sin embargo me la complica?.. “Estamos mirando por un catalejo hacia martes”… parafraseando la canción de Buena Fe.

Para otros que también padecemos los mismos males pero que necesitamos la interacción, entre otras razones por la poca literatura actualizada sobre Comunicación y los Medios que se dispone, la muy esporádica o ninguna confrontación internacional y por el valor de escuchar, no interesándonos tanto la ¿propiedad de la plaza? si no la prosperidad y el acceso a ella, el intercambio como en la comunidad primitiva… (ej.; Te ofrezco un dato a cambio de un artículo encontrado) tiene mucho sentido, por ende el evento debe renacer y consolidarse.

Sigue siendo complejo saber, y en las actuales circunstancias mucho mas, si hay que aplaudir o no la no existencia en la TVC de un indicador de rendimientos y resultados solo comprometido con la creación en toda su dimensión, la calidad y funcionalidad, ese sería un punto y aparte, sin embargo resulta fácil entender que por esa indefinición los objetivos personales se dividen en dos bandos y que la mayoría prefiere preservar, por lo que el CARACOL teniendo en cuenta esto y lo que debe suceder al respecto en tiempos cercanos, debe consolidar su estrategia contribuyendo mas que nunca a lo contrario.

Conseguir un mayor interés en el debate artístico y cultural que es el que justifica la permanencia útil del foro CARACOL es un objetivo, y seguir distinguiendo los paneles con la participación de artistas de cualquier edad con resultados no solo en la TV, académicos y teóricos de las Artes, los Medios y las Ciencias Sociales, volver a involucrar a los creadores y directivos no para enfrentar si no para intercambiar, todos dispuestos a ejercitar el pensamiento colectivo (como se logró en alguna medida) es otro objetivo y requiere de mas ideas y fundamentos, no obstante creo posible el viraje debiendo ser estos enunciados las próximas conquistas, aunque es justo decir que para lograrlo ya se han y se están dando pasos y entre nosotros, mejor, entre los que les interese la propuesta pertenezcan a la UNEAC, a cualquier lugar o sin lugar está el apoyo y la colaboración que se necesita.

Rudy Mora.

FÉLIX SÁNCHEZ A PROPÓSITO DEL TEXTO DE IÁN PADRÓN

MI REINO POR UN CARTUCHO MÁS….
(A los lectores de la carta abierta a Julia Osendi)

“¡No siempre han de ser inútiles la honradez y el valor!”
JOSÉ MARTÍ

Compañeros, colegas, cubanos:

No he recibido hasta hoy respuesta alguna de Julia Osendi, ni de ninguna institución que haya estado detrás de la censura al jonrón de Kendry Morales, pero sí muchos mensajes de amigos y de gente que sencillamente ha querido transmitirme su solidaridad, agradecerme el bien que puede hacer una reflexión así a la patria, a nuestro futuro. Otros, aunque no me han escrito, sé que han sentido y expresado su respaldo a estas palabras. A todos debo gratitud, esos actos compensan con creces todos los sinsabores del silencio.

Cuando uno da un paso así, sabiendo o imaginando los riesgos —de una tendenciosa interpretación, de la ira que puede despertarse en los cuestionados—, lo hace sacrificando su instinto de conservación, casi acopiando, acumulando en una dirección única, esos gramos de valor que todos más o menos llevamos dentro y que las causas nobles nos ayudan a agrupar. No se trata de un valor excepcional ni mucho menos, es el mismo del que en una asamblea levantó su mano contra la corriente, del que sabiéndose en desventaja optó por hacer lo correcto en un momento de la vida.

Mi carta abierta podía decir más. Claro, lo sé. Solo un tonto creería otra cosa. Una carta no es un manifiesto. Pero entiendo que los que te agradecen ese acto, recordando a Martí en su sentencia sobre los desagradecidos y las manchas del sol, se fijan, no en las ausencias, sino en el poco de luz de esas palabras, en lo que se dijo y no en lo que se dejó de decir. Cuando alguien tiene sed y le tiendes medio vaso de agua, lo justo, lo moral, es que recuerde que le diste un vaso medio lleno de agua y no un vaso medio vacío.

Por esto que les he dicho antes, me ha resultado realmente “simpático” algo que he leído en el blog del importante crítico de cine Juan Antonio García, días atrás, un artículo de la autoría del joven realizador cinematográfico Ián Padrón, que él tituló “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, en cuya introducción, verdaderamente como de pasada, calentando el brazo, se refiere a la carta abierta y cierra su referencia —luego de atenuar la participación de Julia Osendi con cierta filosofía de que “maldad de muchos, culpa de nadie”— con estas palabras, donde el reconocimiento a la honestidad funciona solo como analgésico para el mazazo final:

Aquel que hizo la carta hacia Julia fue honesto, pero no tuvo toda la valentía para llamar a las cosas por su nombre”.

No he escrito “simpático” por error, es que tras darle muchas vueltas a la conclusión del joven cineasta, no he encontrado otro adjetivo mejor. Tanta gente a la que ha faltado valor para defender la verdad en la historia de nuestras censuras deportivas, incluso no pocos probablemente en este caso específico de Kendry, y el joven cineasta elige para herir, disminuir en su orgullo, precisamente al que se ha atrevido a denunciar lo ocurrido y lanzar la denuncia a los cuatro vientos.

Confieso que, tras un primer momento de desconcierto, pensé responder a esta parcialidad, a este insulto, de un modo más enérgico, escribí algunas cosas que Ián Padrón merecía escuchar acerca de la tradición que existe en la ética (y también en la dramaturgia del cine), y que exige que si irrumpo y digo que te faltó valor para algo, seguidamente me atreva a ese algo, so pena de resultar un villano o un bufón. Pero al final me pareció excesivo todo, un derroche de pólvora, y me confié a las útiles lecciones de la historia.

Seguramente Ián Padrón conoce bien la anécdota de nuestras guerras independentistas, cuando un capitán se negó a cumplir la orden personal del Generalísimo de tomar un fuerte con tres cartuchos por hombre. Para el capitán era una locura intentar la toma del fuerte con ese parque. El Generalísimo obvió sancionar a su subordinado diciéndole cobarde o algo similar (ningún mambí pusilánime llegaba a capitán). Como hacen los héroes, y Máximo Gómez sí lo era, cuestionó el valor de su oficial de otro modo, se colocó ante la tropa, les dijo a los soldados que entregara cada uno dos de los tres cartuchos que tenía, y partió al frente de ellos a tomar con apenas un cartucho por fusil el fuerte español. Y lo tomó.

Yo creo finalmente que sí, que me faltó mucho valor en esa carta. Mi valor no es muy grande, y menos infinito. En mis veinticinco años de servicio en las FAR hice lo posible porque estuviera a la altura del deber, de cada circunstancia, pero nunca logré que creciera tanto como para vanagloriarme hoy de él. Nunca me propondría para kamikaze con una sonrisa de desafío a la muerte en los labios. He corrido muchas veces en mi vida y no puedo jurar que no lo haré otras tantas. Sé lo que es el susto, el temor, y la cautela, y muchas veces he callado y después me he enojado con esa victoria de mi prudencia. Pero nunca esperé que alguien, por su aval de un documental sobre la pelota, un documental valioso, humano, un buen documental, pero donde no menciona ni causas ni nombres de nada, y que se dice tan preocupado por la pelota cubana, leyera mi carta y se propusiera reparar únicamente en la supuesta mancha solar, en el vaso medio vacío, como los desagradecidos. ¿Ya antes habrá acusado Ián Padrón públicamente a alguien, así sin rodeos, por falta de valor para algo? ¿Lo hizo en aquellos días de censura de su documental? ¿Estrena acaso su etapa de radicalismo conmigo? ¿Me ha concedido el mérito de ser diana inaugural de tan virtuosa saeta?

Como el joven realizador achaca lo que yo no digo, mi “faltante”, a un problema de insuficiente valor y no desconocimiento, se nos presenta incluso como adivino. Sí señor, allá, a cuatrocientos sesenta kilómetros de Ciego de Ávila, sin haber intercambiado jamás una palabra conmigo, Ián Padrón sabe lo que yo sé y lo que me callo. ¿Desaprovecharán a partir de hoy los abnegados oficiales de Día y noche esta singular facultad suya?

Lo esperanzador es saber que, si el joven realizador dice que yo no llamé las cosas por su nombre, está pregonando a la misma vez que él sí sabe esas otras cosas, ese complemento silenciado por mí, y, por supuesto, cuáles son sus nombres (y apellidos) verdaderos. Con la misma fuerza con que blasona esto, me imagino que ha de sentir la responsabilidad pública de administrar esta riqueza informativa que posee y ostenta. ¿Debe esperarse mucho para que esta responsabilidad halle curso más útil que un infeliz y simpático anatema contra mí?

Yo me hice algunas preguntas en la carta que parece que para él, muy cercano a los medios, a la capital de todos los cubanos, y en particular a Julia Osendi, no son necesarias. Si él no necesita las respuestas a estas preguntas, porque sabe los nombres reales de las cosas, me lleva gran ventaja, está en condiciones, con su valor (que espero no resulte inferior al del Gómez de la anécdota, asumiendo yo el papel del aleccionado capitán), de contribuir a la continuidad y profundidad de la polémica. Solo nos queda esperar, pues, que suene la claqueta y se reanude la filmación. ¿Quizás Ián está pidiendo que otros se pongan, junto con él, o por él, valientemente, la chamarra de Industriales, y salgan al combate? Me gustaría que este itinerario en busca de la verdad y los responsables de la censura, no terminara causando apenas un embotellamiento fotogénico en las puertas de un estudio del ICRT.

Aguardo, les digo, porque no creerá Ián Padrón que la sublime lección suya de cómo llamar a las cosas por su nombre esté en su documental, en su carta de protesta, en el propio texto “¿Béisbol o no béisbol cubano?”, este último un listado de preocupaciones y propuestas, sin un cuestionamiento revolucionador, una duda, una objeción, sin causas ni responsables, auténtico ejemplo del discurso fiel a los límites, donde no hay un solo porqué. Se trata de un documento-programa muy propio de un buen amante del béisbol, que la burocracia leerá siempre con satisfacción, pero lejano de esa agudeza, ese saber ver lo esencial tras lo aparente, que uno esperaría de una gente de cine, arte que siempre ha nucleado —y recuerdo aquellas polémicas de los 60— a verdaderos paradigmas de nuestro pensamiento cultural. No, seguramente habrá otro texto (otro fuerte español tomado) de Ián Padrón, un documento sí radical, repleto de cosas bien llamadas por su nombre, y donde, por supuesto, su valor cumplirá con las expectativas de exceder en no menos de dos pulgadas la nimia estatura del mío.

Les debía estas palabras a todos. Me siento mejor. Gracias a los que han reconocido la utilidad de la carta abierta, y me han perdonado mi escala humana, sin exigirme la virilidad de un gladiador romano.

Gracias también a Ián Padrón, cómo no. Soy escritor, tengo nombre, como todo ser humano (aunque para el joven realizador soy solo “aquel que la carta escribe”), y he descubierto ya, en mi más de medio siglo de trajinar con la vida y con los libros, que mientras más conozco a algunos de mis contemporáneos mejor entiendo a muchos personajes de la literatura, desde Alonso Quijano hasta Julien Sorel.

Un abrazo fraterno,

Félix Sánchez
Ciego de Ávila, 18 de octubre de 2009