Archivos Mensuales: septiembre 2009

IAN PADRÓN SOBRE EL BEISBOL CUBANO

Acaba de llegar a mi correo esta carta del cineasta Ian Padrón sobre el beisbol cubano. El texto me parece interesante, polémico, provocador. Algunos me dirán que no tiene nada que ver con el cine, pero es que lo que intento proponer en el blog no es una mirada municipal sobre esta expresión artística (el que habla solo de cine ni de cine habla), sino una perspectiva de conjunto que permita insertar al cine de la isla en la realidad cotidiana.

Por otro lado, lo que propone Ian Padrón es lo que yo llamaría una nueva “actitud ante la vida”. Y eso debería aplicarse en todas las esferas (incluyo el modo en que discutimos o dejamos de discutir los problemas del cine nacional). Si eso fuera poco, podríamos añadir que Ian Padrón es el realizador de “Fuera de liga”, ese excelente documental que no solo rinde homenaje al equipo “Industriales”, sino que nos anticipa lo que pudiera ser algún día una manera más civilizada de hablar sobre aquello que nos apasiona.

Juan Antonio García Borrero

¿Béisbol o no béisbol cubano?

Por Ian Padrón

A los cubanos que aman nuestro deporte nacional:

Hace unos días leí un correo dirigido a Julia Osendi, reclamándole con toda razón el haber suprimido de su reportaje televisivo a Kendry Morales.

No es un caso aislado ni único. Ni creo que Julia Osendi se merezca ser el foco de culpa al respecto cuando es algo reiterado en el tratamiento mediático que se les da los deportistas que “ya no están”. Julia Osendi es alguien que ha evitado se borre el patrimonio visual del deporte cubano y se ha preocupado por salvar sus memorias. En ese aspecto quizás desconocido para muchos, se merece todo el respeto del público cubano y los años venideros me darán la razón. Aquel que hizo la carta hacia Julia fue honesto, pero no tuvo toda la valentía para llamar a las cosas por su nombre.

Pero hoy escribo no para hablar puntualmente de un caso de omisión injustificable como el antes mencionado. La reciente derrota en el Campeonato del Mundo de Béisbol 2009 me ha sacudido una vez más como en los últimos años y siento que el momento requiere “un antes y un después” sobre nuestro béisbol.

“Es triste ver que haya cubanos que de tanto amar este deporte, desean que el Equipo Cuba pierda porque creen que es la única manera de que las autoridades deportivas cubanas intenten cambiar o mejorar las cosas”- me dijo un viejo aficionado recientemente fallecido.

Aunque la calidad de nuestros peloteros es inobjetable; hemos perdido casi todos los torneos internacionales en los últimos 3 años de todas las categorías y la Serie Nacional cada vez interesa menos a nuestro público. La baja de calidad es inobjetable y los estadios casi siempre están vacíos… y aburridos.

Como aficionado cubano que lleva muchos años haciendo del estadio su segunda casa, me permito proponer 10 acciones que quizás podrían mejorar el día a día de nuestra pasión nacional y sembrar bases más sólidas para el futuro:

1. Debatir a profundidad y en un ambiente de respeto a los más disímiles criterios, todo lo referente a cómo mejorar La Pelota Cubana. Pedirle opinión a los propios jugadores y entrenadores de manera prioritaria. Acabar de entender que el verdadero triunfo de Cuba no será en eventos internacionales, sino en su propio país, teniendo los estadios llenos y la pasión sostenida al más alto nivel posible.

2. Crear una verdadera cultura de respeto por parte del público cubano hacia nuestros atletas: léase no permitir que se les ofenda en los estadios y preocuparse de que sus problemas materiales sean resueltos por las instituciones y no por amigos o familiares. Es evidente que hay mejorías respecto a años anteriores, pero aún distan de ser suficientes.

3. Manteniendo la cantidad de 90 juegos, hacer una Serie Nacional de 8 equipos, para concentrar la calidad. Ya esa estructura está probada: 4 equipos de Occidente y 4 de Oriente. En Cuba hubo pero ya no hay suficientes peloteros de 1er nivel como para 16 equipos. Hacer dos torneos cortos tampoco es el remedio, ambos entonces perderían importancia estadística e histórica. Hay que tener una sola liga, un solo evento, al mejor nivel posible. La estabilidad vendrá por los 90 juegos y sus play-off.

4. Crear sistemáticamente –y no con larga intermitencia como hasta ahora- toda la gama de memorabillia que existe en todas las ligas del mundo: postales, fotos, revistas, afiches, calendarios, gorras, llaveros, etc. Eso acercará a los peloteros a sus fans y viceversa.

5. No poner más peros y concretar sea donde sea que se decida, un Museo del Béisbol Cubano y la continuidad de su Salón de la Fama. Y ser lo suficientemente inteligentes y valientes como para no obviar a nadie que se merezca estar allí. Cuba es el tronco y no debe temerle a nada al respecto.

6. Volver a convertir nuestros estadios en lugares seguros y atractivos para poder ir en familia. Prohibir la entrada de aquellos que están en estado de embriaguez y ser severos con los que lanzan ofensas o agreden el entorno. Hacer de cada juego un hecho artístico y espectacular. Algo diferente a oírlo por radio o verlo por televisión.

7. Difundir más de un juego diario y hacer un programa a modo de resumen al final de las transmisiones, con todos los resultados, las mejores jugadas, comentarios especializados y entrevistas a los protagonistas.

8. Crear a gran escala nacional una verdadera campaña mediática diaria donde todo aficionado que lo desee pueda tener información como: rosters, tabla de posiciones estadísticas, uniformes, historia de los equipos, dvd resumen de cada temporada, etc. Involucrar en ello a diseñadores y creadores en general que eleven al máximo posible todas las propuestas.

9. No puede haber calidad máxima si los implementos no son de máxima calidad: Las pelotas escasean, los bates a veces se comparten entre varios jugadores, no caben todos los atletas sentados en los dogouts, las luces de los estadios casi nunca están completas, las pizarras -como la del Latino que es de 1971 y se cae a pedazos- carecen del elemental modernismo requerido, la merienda de los atletas a veces está mal elaborada y mal conservada, etc., etc. El béisbol es un deporte caro y eso no es ningún secreto. Poco a poco hay que destinar inversiones al respecto o todo colapsará.

10. Evitar politizar siempre cada suceso de nuestro béisbol. Entender que es un deporte por sobre todos los demás aspectos y que si se conjuga con espectacularidad y emoción, nuestra afición siempre estará feliz. No desechar ni obviar a peloteros que decidieron no vivir o jugar en Cuba. Muchos no podrán decir que sí quieren jugar con nuestro equipo nacional y la historia los juzgará; otros sorprenderán a más de uno y se verá su aporte. Así pasa con Venezuela, República Popular China, Dominicana, Puerto Rico, Japón y muchos más. Todo el esfuerzo que hace Cuba por “hacer” a un atleta, le da el derecho a convocarlo a su selección nacional. Y es un deber de cada jugador cubano, esté donde esté, el priorizar al país que lo vio nacer. Son cubanos y seguirán siendo cubanos… para bien y para mal.

Sé que lo que evoco y propongo puede parecer utópico o ingenuo, pero si algo tiene Cuba de especial es que nada, absolutamente nada, es imposible.

El deporte cubano debe hacer suya la frase martiana “con todos y para el bien de todos”. Sería una verdadera victoria de nuestra nación el salvar su béisbol para siempre. Sería una vergüenza imperdonable que nadie haga nada al respecto. Sería un burla a los que por más de 100 años han dedicado su vida a mantener vivo el béisbol cubano.

Si alguien quiere hacer ver que todo está bien, se estará auto engañando y sobre todo, estará propiciando que los demás eclipsen su potencial contribución en búsqueda de una solución definitiva.

Tengo 33 años y como artista, le brindo a mi país parte de mi juventud y mi tiempo para llevar a cabo acciones que puedan regenerar la perdurabilidad de esta pasión entre todos los aficionados. Ojalá se pueda lograr que la Cultura Cubana toda, se acerque al Deporte Cubano y lo haga más cercano, más trascendente y más colosal de lo que ha sido.

Muchos deben tener miles de buenas ideas y cientos de buenas intenciones; por favor, no se las guarden.

A los que tienen como encargo el tomar decisiones, por favor, oigan antes de accionar.

Para los que discrepan de cómo pienso, de antemano mis respetos,

Los saluda, intentando ser útil,

Ian Padrón

Cineasta cubano.

Ciudad de La Habana, Cuba. 27 de septiembre de 2009.

pd: GUSTAVO ARCOS A PROPÓSITO DEL DEPORTE EN CUBA

A propósito de la carta anterior de Ian Padrón, Gustavo Arcos me hace llegar otra, firmada por él, que ya había circulado desde la semana anterior. La posteo porque creo que enriquece esa discusión que Ian Padrón está proponiendo.

JAGB

Siguiendo con las ideas y preocupaciones expresadas a través de esta vía por Félix Sánchez y Pavel Giroud recordaría, que manipular, ocultar, tergiversar o maquillar la Historia en aras de intereses políticos, morales, religiosos o ideológicos ha sido y será siempre una práctica del poder sin importar la sociedad, el sistema, o grupo en que este se manifieste. Es un acto que se cree “legítimo” para mantener el orden, la unión y el pensamiento dócil de las masas.

No es un secreto para nadie que el deporte en Cuba es un asunto de Estado. Alrededor de él se ha construido todo un discurso nacionalista que lo identifica de forma unívoca con la Patria y las conquistas de la Revolución. Es una verdad indudable, pero tras ella hay desgraciadamente muchos puntos oscuros cuya acta de nacimiento, si bien no nos corresponde, la hemos suscrito sin objeciones. Pudiera decirse, para hablar de un suceso no muy lejano en el tiempo, que desde que la URSS apareció ganando decenas de medallas en los Juegos Olímpicos de Helsinski-1952, el deporte y su tratamiento mediático pasó invariablemente al terreno de la confrontación ideológica, visible entonces, por la existencia de dos sistemas políticos.
Ya Hitler había dado la asonada convirtiendo la Olimpiada de Berlín-1936 en una formidable plataforma que propagara del poderío de su régimen. Así que,lamentablemente las arenas, tabloncillos, piscinas o espacios deportivos se fueron configurando como zonas de expansión, vitrinas para mostrar no solo las habilidades o límites humanos sino también el supuesto valor de una cultura, una ideología, una marca publicitaria, o un sistema, sobre otros. Y en ese enfrentamiento prevalece desgraciadamente todo, menos la ética y la objetividad. Ya no importa el talento individual, el esfuerzo de un grupo de
entrenadores, las habilidades naturales, o los años de entrega y sacrificios de un deportista, mucho menos el placer o gozo por practicar una disciplina,sino las obsesiones de un estado o grupo de poder por convertir cada competencia en un ring con solo un vencedor, disolviendo para siempre aquella frase de, lo importante no es triunfar sino competir.

Instigada por tales ideas la prensa deportiva se ha convertido en nuestro país en un ejemplo formidable de manipulación y falta de objetividad.Incluso nuestros mejores comentaristas, narradores o periodistas deportivos han estado marcados por esa penosa tendencia de ocultar la “verdad de las cosas”, aquella que solo aprecia, una cara de la Luna, una parte de los acontecimientos. Si un sector ha tenido espacios donde expresarse, ese ha sido justamente el de los periodistas o especialistas que tratan temas deportivos. La prensa, la radio o televisión cuentan sistemáticamente con sus servicios. Pero no estamos hablando de cantidades, sino de cualidades o
para decirlo de la forma correcta de Profesionalidad y Rigor.

Todos aquellos que en esta isla seguimos y amamos con pasión el deporte sentimos frecuentemente como se escamotea vergonzosa y sistemáticamente la verdad de los acontecimientos que tienen lugar en este terreno. La falta de objetividad y mirada crítica prolifera en las lecturas o criterios que se ejercen sobre el deporte en nuestro país, lesionando el prestigio de muchos de nuestros más avezados periodistas, quienes, amarrados unos por criterios provenientes de otras estructuras de poder y otros por sus propias limitaciones, caen en la superficialidad, el chovinismo o la burda tergiversación. En se sentido me gustaría compartir algunas interrogantes:

¿Por qué hay un doble rasero a la hora de hablar sobre el profesionalismo?. Desde hace décadas el deporte es sobre todas las cosas, Profesional. El nuestro no es la excepción. ¿Hasta cuándo vamos a estar diciendo lo contrario?. ¿ Es que acaso nuestros atletas laboran o ejercen otras funciones durante el día y en su horario libre, corren o entrenan en un estadio cualquiera?. ¿ No les paga el estado un salario por ser lo que son, Deportistas?. ¿ No perciben anualmente nuestros atletas, beneficios, primas o ayudas económicas del estado en caso de que resulten medallistas o figuras de alto rendimiento?. ¿Cómo puede pensarse el deporte hoy, fuera del trabajo
profesionalizado y especializado de muchos individuos que en el campo
técnico, sicológico, médico o científico, hacen posible que un atleta logre resultados extraordinarios en su disciplina?. Si se quiere mostrar un verdadero potencial deportivo hay que invertir enormes recursos, crear estructuras y convocar a personas que desde diferentes funciones se entregan diariamente a conseguir tales propósitos. La alta tecnología y la mente humana se ha puesto de lleno al servicio del deporte en el mundo y si queremos estar en la élite hay que tener un deporte cada vez más profesionalizado y entiéndase esto como sinónimo de rigor, sacrificio total de sus practicantes y ciencia aplicada. ¡Ah y por cierto, también de
dinero!

Otras cuestiones : ¿ Por qué podemos transmitir, hablar o comentar sin ningún tipo de censura acerca del tenis profesional, las carreras de Fórmula 1, el futbol o el volley ball y no podemos ni siquiera mencionar o pasar imágenes del beisbol o el basquet profesional que se juega por ejemplo en Norteamérica y que tantos seguidores tiene en nuestro país?. Si como piensan algunos “el deporte profesional envilece, enajena y crea ambiciones deshumanizadas” es qué acaso tales “características” no les corresponden a los corredores de autos, los tenistas o los jugadores de fultbol europeos y
si a los que lo ejercen en Norteamérica. ¿ Cómo es posible que el Noticiero Deportivo tenga un slogan relacionado con lo “mejor y más importante que acontece en el mundo del deporte universal” y jamás haga comentarios de los equipos, figuras, finales o sucesos que tienen lugar en las Grandes Ligas o la NBA, dos sitios donde se concentra buena parte de los mejores atletas en esas disciplinas?. ¿ Por qué hablamos con lujo de detalles acerca de los peloteros profesionales y sus equipos o Ligas cuando llega el Clásico y
debemos esperar otros cuatro años para volver a saber de forma oficial y en nuestros medios, algo de ellos?.

¿Por qué las Olimpiadas o eventos de gran magnitud que se organizan en los países “enemigos”, son ampulosos o derrochadores de recursos y los que tienen lugar en sitios “hermanos” son un ejemplo de organización, modestia y disciplina?. ¿ Por qué los otros atletas simplemente triunfan a diferencias de los nuestros que de forma extraordinaria, sacan a relucir su “estirpe de campeones, dejando la piel en el terreno, o rompiendo el estambre con el corazón en la mano”? ¿Por qué nuestros atletas lucen casi siempre llorosos,
apenados, confusos o tristes al perder o incluso recibir una medalla de plata o bronce en una final olímpica? ¿ Por qué nuestras delegaciones que “son las más aplaudidas en el desfile inaugural” apenas se ven en las jornadas de clausura cuando en el éxtasis y la fiesta final desfilan en jolgorio colectivo entrenadores y atletas? ¿ Por qué nuestros deportistas rara vez transmiten la sensación de felicidad, placer o diversión en la práctica de sus disciplinas sustituyendo sus emociones por una imagen de tensión, preocupación, seriedad o aburrimiento?. ¿ Por qué siempre tienen que dedicarle la medalla o el triunfo a alguien? ¿ Por qué durante décadas construimos un fantasma sobre el verdadero nivel de nuestros beisbol haciendo comentarios grandilocuentes tras cada triunfo, mientras enfrentábamos rivales sin verdadera calidad? ¿ Por qué crear falsas expectativas en la población y los aficionados enalteciendo el papel de nuestros atletas o equipos cuando enfrentan a rivales de bajo nivel en
torneos de poca autoridad como los Centroamericanos o los juegos del Alba ?. ¿ Por qué cuando nos conviene, sacamos cuentas de las medallas por habitantes o dirigimos la mirada hacia el total de preseas, o la cantidad de figuras que tenemos en finales, y otras veces nos olvidamos “olímpicamente” de este asunto? ¿ Por qué si el deporte en Cuba está al alcance de todos y la entrada a nuestros estadios es tan accesible, la mayor parte de las veces observamos gradas vacías y un desinterés total de los aficionados, incluso
con un “deporte nacional” como el beisbol? ¿ Por qué en un país con tanta afición deportiva y tan buenos logros en ciertas disciplinas, no tenemos canciones, himnos, coros, banderas, logos, u otras señas de identidad que puedan enarbolar o visibilizar la pasión de sus seguidores en las gradas? ¿Por qué, cuando hay eventos fuera de Cuba, solo apreciamos en los estadios “a los compañeros de nuestra misiones diplomáticas o solidarias”?. ¿ Por qué informados y talentosos jóvenes periodistas deportivos con criterios propios, son relegados o apartados concienzudamente de nuestras delegaciones o espacios, para darle cabida a la mediocridad y “la gente de confianza”? ¿Por qué apenas aparecen en nuestros medios mujeres ejerciendo esta profesión?. ¿ Por qué cada día vemos partir a muchas de nuestras mejores figuras sin que se analicen de forma seria e individual las razones del éxodo, aplicándoles a todos por igual el calificativo de traidores a la Patria?. ¿ Por qué un documental como Fuera de Liga de Ian Padrón tuvo que soportar cinco años de censura hasta que fue pasado por la Tv en un canal provincial y con inusuales comentarios aclaratorios?. ¿Por qué si los aficionados y buena parte de la población sigue con deleite, curiosidad y orgullo el éxito de un atleta cubano aunque no se encuentre actualmente viviendo en la isla, nuestros medios siguen atrapados en la idea de que son traidores, figuras deleznables o seres que deben ser borrados de las
estadísticas o la Historia?. ¿No sería mejor digo yo, pensar de una vez que lo verdaderamente importante aquí es que se trata de un CUBANO, no importa donde se encuentre?.

Preguntas, preguntas y más preguntas. ¿No será también esta, una zona en que aun quede mucho por decir?.

Gustavo Arcos.

Ciudad de La Habana

Nota de La Pupila: Me han remitido la carta escrita por Félix Sánchez Rodríguez, origen de la polémica, así como un comentario del cineasta Pavel Giroud.

¿QUÉ OCURRIÓ CON EL JONRÓN DECISIVO DE KENDRY MORALES?

(Carta abierta a la comentarista deportiva Julia Osendi)

Ciego de Ávila, 13 de septiembre de 2009

Estimada Julia:

Su rememoración en el espacio deportivo del Noticiero del Mediodía —este 9 de septiembre— de aquel partido histórico frente a Brasil en el Mundial de Beisbol del 2003, contado todo con la clarísima intención de que el héroe real del juego resultara ignorado, que aquel jonrón decisivo en el noveno inning con Yulieski en tercera y a punto de irnos por primera vez sin medallas en un evento de esa alcurnia, desapareciera, sencillamente me ha indignado.

Es que las grandes consignas necesitan inevitablemente expresarse en la práctica cotidiana o se hacen retórica. ¿Se cumple así, en esa versión suya de uno de los momentos más emocionantes de nuestro beisbol, con el “no mentir jamás” contenido en el concepto de Revolución dado por Fidel? ¿Es que alguien cree todavía a estas alturas que ese “ocultar” al traidor hace bien al prestigio del país, a la ética del periodismo, que así se realiza trabajo político ideológico, así se ganan las batallas de las ideas, así se educa a un pueblo? No sé qué habrán pensado los miles de cubanos que saben la historia verdadera, que la vivieron, cuando vieron en sus televisores únicamente el batazo de Yulieski, y la oyeron a usted decir que los héroes de ese juego fueron Michel Enríquez, Odelín y Yulieski Gourriel. No lo sé, sí, pero lo imagino, y usted, estoy seguro, también lo puede imaginar porque conoce bien a nuestro pueblo y su sentido de la justicia. ¿Es que se puede adulterar impunemente la verdad ante una cámara de TV sin que ocurra nada, sin sonrojarnos?

Me pregunto y le pregunto además: ¿Existe algún principio revolucionario que pueda sustentar esa manipulación? ¿No es eso un fraude tan fraude como otro, o peor? ¿Es ese el modo como el periodismo deportivo responde a la necesidad imperiosa de asumir nuestra historia con sus luces y sombras?

¿Ha escuchado usted alguna vez esta frase: “Se ha de vivir y morir abrazado a la verdad”? Pertenece a Martí. Hay decenas de sentencias martianas sobre la verdad y no es casual ello. ¿Somos fieles a una revolución martiana, dignos de ella, cuando nos falta el valor para aceptar las cosas como fueron, o permitimos, con el silencio, que otros quieran acomodar la historia a sus deseos? ¿Es que creemos que nos hace fuertes y no débiles la falta de valor para contar siempre los hechos apegados a la estricta verdad? ¿Necesita un pueblo tan valiente tergiversar, ocultar hechos y nombres, no de un gran suceso histórico, político, sino ya de un simple partido de beisbol?

¿Ha pensado usted lo que sucedería si algún día nos diera por borrar de las acciones mambisas del 68 y el 95 a todos aquellos generales que fueron héroes con el machete y después en la República no estuvieron a la altura de su propio historial?

Creo que el periodismo deportivo cubano tiene todo el derecho a no hacer un “Confesiones de grandes” con Kendry Morales, ni dedicarle un documental o el nombre de una peña deportiva. Bien, eso puede defenderse, argumentarse. Que no se quiere repetir epítetos de aquella jornada, se quiere evitar el elogio, nada de “el prometedor jonronero”, nada de “un alumno aventajado de otros grandes como Gourriel y Kindelán”, bien, eso puede comprenderse. Pero, ¿hay algún modo de defender con decoro y ética el acto de contar parcialmente la historia por el simple deseo de no mencionar un nombre que ahora consideramos maldito? ¿Cree usted entonces que los nuevos libros sobre Playa Girón deben excluir la hazaña de un piloto de guerra que años después abandonó el país? ¿Nos da moral un acto así, de abierta desinformación, para criticar después a otros cuando sacan hechos y personajes de su historia para acomodarla a sus propios intereses?

La historia es tozuda, Julia, y los hombres no podemos rescribirla a gusto. Ningún poder puede contra ella. Ahí está aún, en el sitio http://www.granma.cubaweb.cu/eventos/mundial35/not/index.html, y con la firma prestigiosa de su colega Sigfredo Barros, la verdad de esa noche en que media Cuba saltó y aplaudió a su héroe:

“Kendry Morales puso a brincar a los miles de espectadores reunidos en el Latinoamericano con el batazo más importante de su vida, un jonronazo a la segunda sección de gradas del jardín derecho, para arruinar el formidable trabajo del derecho Kleber Ojima y meter a Cuba en la semifinal de la XXXV Copa Mundial de Béisbol (…) la garra cubana salió a relucir…¡y de que manera! Con la afición gritando ¡Cuba, Cuba, Cuba!, Yulieski se acordó de sus ilustres ancestros y llegó a tercera con un triple. Era el lanzamiento 120 de Ojima y el prólogo de su revés. Kendry se paró en el plato y después de dos bolas descargó toda su fuerza sobre la Mizuno 150 y la puso a volar como un proyectil. Espectacular encuentro, matizado por las lágrimas del derecho brasileño, merecedor de todo el reconocimiento por su formidable desempeño.”

También en El Habanero digital, al reseñarse la victoria siguiente, sobre Taipéi de China, el periodista volvía entonces sobre esa verdad:

“Los cubanos pegaron ocho imparables, incluidos sendos cuadrangulares de Yulieski Gourriel y Kendry Morales, para provocar el deleite de los cerca de 25 mil aficionados presentes en el Coloso del Cerro. Héroes del ya histórico partido del miércoles precedente frente a Brasil, Kendry encontró en base al propio Gourriel y a Carlos Tabares para abrir el marcador en el tercer capítulo, en tanto Yulieski impulsó en el séptimo a Michel Enríquez.”

¿Si eso está ahí, así, en la historia, a qué vienen esas tijeras actuales de “censura deportiva”? Me asusta pensar, Julia, que acumulando hechos como ese la sociedad superior, más humana, justa, ética, que le hemos prometido a nuestros nietos, a la que millones de cubanos le hemos dedicado nuestra juventud y nuestro sudor, pueda terminar un día extraviada, corrompida por prácticas como aquellas que se nos cuentan en la terrible fantasía de una novela como “1984”. Aquí le transcribo este fragmento de “1984”:

“Este proceso de continua alteración no se aplicaba sólo a los periódicos, sino a los libros, revistas, folletos, carteles, programas, películas, bandas sonoras, historietas para niños, fotografías…, es decir, a toda clase de documentación o literatura que pudiera tener algún significado político o ideológico. Diariamente y casi minuto por minuto, el pasado era puesto al día (…) Toda la historia se convertía así en un palimpsesto, raspado y vuelto a escribir con toda la frecuencia necesaria.”

¿Terrible, verdad? Sí, por eso me gustaría conocer su opinión, sus argumentos para ese recuento adulterado de aquel partido entre Cuba y Brasil. ¿Hay en el INDER, en la UPEC, en la TV, alguien autorizado para emular con Dios y decir esto que pasó no pasó? ¿Puede ser más fuerte el deseo de sancionar con el olvido que el respeto que nos merece siempre la verdad, esa que como sentenciara el maestro José de la Luz y Caballero es la única que “…nos pondrá la toga viril”? ¿No nos basta con la amarga lección de aquellos países amigos que podando méritos a sus villanos y manchas a sus héroes acabaron construyéndose una realidad paródica, un pasado de cirugía estética sobre el cual les fue imposible sostenerse?

No se quede callada, por favor. La tengo a usted por una mujer cubanísima, de criterios, y por eso, y más, admirable. Usted sabe que no se trata de un hecho aislado este del día 9, ni de una falta que únicamente ha cometido usted, que usted inaugura. De ahí el carácter público de esta carta.

Últimamente han aparecido en Juventud Rebelde y Granma artículos que parecen atacar desde sus generalizaciones todas esas prácticas relacionadas con la simulación, con la imagen, con el temor a la verdad, pero adolecen de un defecto que a mi modo de ver los hace inútiles: critican lo que está ocurriendo simultáneamente y no lo que acaba de ocurrir en concreto, de modo que al hablar de algo abstracto, sin nombres y fechas, todo el mundo deja al vecino el darse por aludido. Como soy enemigo de esta crítica infuncional me he ceñido a ese momento específico del 9 de septiembre. Es solo un hecho, pero así, enfrentando hechos concretos, es como único veo posible ascender por la escalera de la guerra a aquello que hoy nos frena, desvirtúa y amenaza. Necesitamos en la Cuba de estos tiempos, más que la crítica de ropaje filosófico, de profundidad simbólica, la crítica oportuna, concreta y denunciante.

Estoy convencido de que debatir abiertamente sobre cosas puntuales como estas será un modo valiente de luchar porque tontos recelos, mentalidades burocráticas, dogmatismos trasnochados, estrechas concepciones sobre la eticidad y lo revolucionario, no nos lleguen a avergonzar ni hoy, ni mañana, ni nunca.

Huir de la verdad, Julia, será siempre innoble y cobarde. Ese juego ante Brasil se ganó porque tras el triple de Yulieski vino el espectacular jonrón de Kendry Morales. Y si no ha cambiado el beisbol, el bateador que impulsa el empate y la victoria y cambia el destino de un juego, es el héroe de ese juego. Y si lo hace en el noveno inning y con un jonrón, es un superhéroe, así de simple, duela a quien duela. Ese batazo no lo dio el pelotero que luego abandonó el país, lo dio el pelotero que entonces todos aplaudían, mimaban, entrevistaban. Esa es la verdad, y lanzar un manto sobre ella es moralmente censurable.

Permítame terminar mis palabras con este lema que tanto gustaba al gran filósofo, marxista y luchador italiano Antonio Gramsci, y con el que fue consecuente siempre: “Toda verdad es revolucionaria”.

Con la más alta consideración y afecto,

Félix Sánchez Rodríguez

… y yo recuerdo su documental resumen del primer clásico de baseball. Ahí aparecían, en el ramillete de héroes, Alexei Ramírez y Yadel Martí entre Garlobo, Borrero y Lazo, que sin duda fueron los más destacados.

Sin embargo, en los días previos al segundo clásico, repiten ese documental con algunos “pequeños ajustes”: ni Alexei, ni Yadel aparecían en él. Y es que en el espacio de tiempo entre un clásico y otro, Alexei Ramírez se convirtió en uno de los pilares de Chicago White Sox -con record incluido- y Yadel llegó a Miami, buscando otros caminos a su vida deportiva.

Así mismo, entre nuestros narradores recalcitrantes jamás se menciona al Duque Hernández cuando se habla de balance de ganados y perdidos o a la hora de hablar de los peloteros mas grandes de la historia, como si ganar cuatro anillos de campeón de la serie mundial en las grandes ligas fuera tomarse un vaso de agua. Hablan bien de Maglio Ordoñez, el pelotero venezolano que apoya a Chávez y juega en las mayores, enaltecen sus números y no son capaces de dar los números de los Cubanos que están haciendo maravillas en la gran carpa y nos tienen llenos de orgullo a todos los que no vemos la partida como una traición, sino como una búsqueda de alternativas y nuevos horizontes, algo inherente al ser humano desde que era animal.

Pero la historia no la hacen estos comentaristas, narradores o periodistas propagadores de amnesia. La historia la vienen haciendo El Duke, Alexei, Yunel Escobar, Contreras, quien dejó de ser de la noche a la mañana el titán de bronce, por un paseíto, de la misma manera que la hicieron Arrojo, Arocha y los que se quedaron, Kindelán, Pacheco y mi ídolo de ídolos, quien por cierto, me hubiera gustado ver en las grandes ligas dándole batazos a malanga, Omar Linares.

Estoy seguro de que cada persona que ama al deporte siente ganas de reventar su televisor cada vez que algo de esto ocurre.

Pavel Giroud

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MIRTA AGUIRRE SOBRE “SIETE MUERTES A PLAZO FIJO” (1950), de Manolo Alonso

“Algunos de los nombres de quienes han intervenido en la realización de “Siete muertos a plazo fijo” serán recordados como los de quienes pusieron la primera sólida, básica piedra del gran edificio del cine nacional.

Antes de este filme de Manolo Alonso, en Cuba había habido intentonas más o menos felices o desdichadas, algunas de ellas – “Hitler soy yo”- debidas al mismo Alonso; pero con “Siete muertos a plazo fijo” es que puede decirse que nace el verdadero cine cubano, concebido no como aventurilla fotográfica de carácter pintorequista, sino como serio maridaje de industria y arte, negocio y ciencia, cuyo conflicto central se encuentra en el equilibrio entre las apetencias y las urgencias de taquilla de la producción y los imperativos de la técnica y las demandas de la estética. Problema dificilísimo para las cinematografías novatas y para el cual, hasta hoy, no habían apuntado en Cuba soluciones.

(…) Manolo Alonso, hábil como director cinematográfico (…) ha garantizado dos aspectos esencialísimos de los cuales, en cine, depende casi todo: la fotografía, para la cual utilizó a Hugo Chiesa, el artista suizo-argentino laureado en el último Festival de Cannes, y el corte, encomendado a Mario González, el notable editor cubano, ganador en México del premio Ariel 1949.

Bien fotografiada, admirablemente cortada y dirigida con acierto, realizada sobre un tema sin limitaciones localistas, es la primera película cubana que podrá salir de nuestro país en condiciones de atraer el interés de públicos extranjeros y con oportunidades de recogida de una estimulante cosecha crítica.” (Mirta Aguirre)

Ficha técnica:

SIETE MUERTES A PLAZO FIJO
(1950)/ 86’/ Dirección: Manolo Alonso/ Actúan: Raquel Revuelta, Eduardo Casado, Alejandro Lugo, Ernesto de Gali, Hugo Montes, Rosendo Rosell, Julito Díaz, Juan José Martínez Casado, Pedro Segarra, Manolo Fernández, Elizabeth del Río, Martica Díaz, Rolandito Barral.

Sinopsis:

La cena de fin de año de un banquero y sus amigos, es interrumpida por el súbito asalto de un connotado delincuente, prófugo de la justicia en La Habana de los cincuenta.

ALFREDO VA A LA PLAYA (1963), de Roberto Fandiño

Hay películas que nacen con la voluntad de ser olvidadas al instante, pero que con el tiempo devienen puntos involuntarios de referencias, pues contribuyen a esclarecer las diversas tensiones que se vivían en la época que fueron realizadas.

Nada que ver con lo estético. Ni con lo que temáticamente abordan. Lo que muestran, transcurridas tres o cuatro décadas después de su estreno, y probablemente inmediato olvido, tiene que ver con lo que gira alrededor de esos grupos que protagonizan en la esfera pública (ya sean los creadores entre sí, o los creadores relacionados con el Poder) los diversos pactos u oposiciones.

Dentro del cine cubano, este podría ser el caso del corto de ficción “Alfredo va a la playa” (1963), de Roberto Fandiño, un divertimento inofensivo que el ICAIC filma para el mexicano Alfonso Arau, quien por aquellos años residía en Cuba. Arau, junto a Yolanda Zamora y Wember Bros, interpreta esta comedia al estilo de “las películas silentes, con los personajes típicos del galán tonto, la ingenua y su padre, el guapo, el policía, las bañistas y la trama llena de gags y persecuciones”.

El material no busca ninguna trascendencia, pues solo se realizó con el fin de ser incluido en el programa semanal que Arau mantenía en el teatro Nacional. Ahora bien, para un historiador quizás resulte de interés el nombre de su argumentista, guionista y narrador Segundo Cazalis, periodista de origen español, encargado por aquellos tiempos de la sección “Siquitrilla” del periódico “Revolución”.

Sucede que por esa misma fecha el ICAIC se vería envuelto en aquella tremenda polémica donde le cuestionan, desde el periódico “Hoy”, su política de programación, y al parecer Cazalis fue uno de los que más fuego atizó. Al menos eso es lo que pudiera interpretarse, cuando se revisa el discurso televisado de Fidel, a propósito del juicio a Marcos Rodríguez, delator de los mártires de Humboldt 7. Las palabras de Fidel, refiriéndose al también periodista, y a quien le critica haber publicado informaciones capciosas sobre el caso, más duras no pueden ser:

“Encendedor de candelas, fue quien encendió aquella polémica tan inoportuna como innecesaria sobre cine y sobre arte, a destiempo, cuando nosotros estábamos ocupados de muchos problemas. Y yo quiero que me digan si debemos abandonar todos los planes económicos de la Revolución y la defensa del país (…) para dedicarnos a discutir sobre arte y sobre cine. Realmente a nosotros no nos podrán arrastrar a eso; porque esas cuestiones pueden esperar diez años si se quiere; nadie nos puede obligar ni tiene derecho a obligarnos. (…) Y este señor cree que es lo mismo echar a pelear a críticos de cine que echar a pelear a hombres de la Revolución” (1).

Es en este punto donde creo que las películas adquieren un valor testimonial que va más allá de lo que se cuenta en pantalla, y que obliga a que el investigador extienda sus pesquisas a otros terrenos.

Sabemos que todo historiador corre el peligro de ser víctima de su propia teleología, pues al conocer el “principio” y el “fin” de aquello que quiere describir, por lo general organiza su relato de modo que confirme su tesis inicial, su propia versión de los hechos. Mucho más impredecible resulta esa narración que se adentra en ese mundo que intenta apresar, desde el paradigma de la complejidad: como en la vida, el experto encontrará situaciones imprevistas, situaciones donde sus filias y sus fobias terminan confundidas en una condición ambigua que le hace dudar sobre el sentido último de aquello que ya tenía en su cabeza.

Ninguna película es inocente, porque la hacen los seres humanos, agrupados de acuerdo a ciertos intereses. Son esos intereses, alianzas, encuentros y desencuentros, los que el experto debería poner en los primeros planos a la hora de contar la historia del cine cubano.

Juan Antonio García Borrero

1) Fidel Castro. Revista Bohemia, 4-marzo-1964, p 73.

Ficha técnica:

ALFREDO VA A LA PLAYA
(1963)/ 15’/ Dirección: Roberto Fandiño/ Productor: Luis Felipe Bernaza/ Guión: Segundo Cazalis/ Fotografía: Alberto Menéndez/ Edición: Caíta Villalón/ Música: Fred Smith/ Sonido: Departamento de Sonido del ICAIC/ Actúan: Alfonso Arau, Yolanda Zamora, Wember Bros.

PUCHEUX SOBRE SU ANTERIOR POST

ANEXO NECESARIO A MI POST SOBRE DIBUJOS ANIMADOS.
Por Jorge Pucheux.

He recibido un comentario muy interesante de mi amigo Francisco Puñal cuestionando algunos aspectos que para él no quedaron claros en mi anterior post. Después de leer sus preguntas, pienso que sí, que es necesario tratar de responderlas y así de esta manera esclarecer aun más el contenido de este Post.

La primera preocupación de Puñal es que cómo el ICAIC permitió esto de realizar los filmes animados con celuloides que eran comprados para fabricar los envases de pastillas por Salud Pública. Y claro está, esta pregunta nos lleva a la otra, ¿cómo es posible que hayan seguido trabajando con estos celuloides tan dañados para estos fines?

Bueno, al respecto solo puedo argumentar, y dentro del área en que me tocó, junto a Raúl Canosa y Pedro Luis Hernández, de alguna manera, conocer y padecer de esta situación, (responsables de las filmaciones de los Dibujos animados en Trucaje, lugar donde se efectuaban todas), que los informes sobre lo que estaba pasando y sus consecuencias en la calidad de la imagen de los mismos, llegaron a los niveles en los cuales supuestamente se deberían de resolver. Existieron muchas respuestas: ESTO SE ESTÁ VENTILANDO, ENTENDEMOS EL PROBLEMA, etc, etc…

Lo cierto fue que si se querían seguir produciendo películas de Elpidio Valdés, de Matojo, de Vampiros, La gamita ciega, El Cocuyo ciego, El Guije, etc, era necesario continuar trabajando con este tipo de acetato. Es claro que el país había decidido hacer estos ajustes en la compra de materiales en esta área de trabajo del Instituto… Y donde manda capitán no manda marinero. Toda esta situación generó una serie de medidas técnicas que después ambos departamentos tuvieron que llevar a la práctica con mucho cuidado.

Primero, en Dibujos animados, se deberían seleccionar los mejores acetatos para ser usados en la etapa de línea y relleno (parte del proceso de la realización de un Dibujo animado donde se pasan los dibujos del papel al acetato, haciéndole un calco con tinta china para luego darle la pintura que fue diseñada para cada personaje). En esta etapa participaban una buena cantidad de compañeros, los cuales debían tener sumo cuidado en no dañar cada hoja de celuloide.

Posteriormente, estos paquetes con las escenas ya terminadas eran enviadas a Cubanacán, a Trucaje para su filmación, en el área de cámaras. Antes de entrar a la Oxberry y otras, los camarógrafos debían también realizar una revisión celuloide x celuloide para detectar cualquier anomalía que pudiera luego ser fotografiada y agregar manchas, aberraciones ópticas y demás daños a la imagen terminada. Obviamente no voy a hablar del cuidado con que ellos debían asumir la filmación de las escenas , pues recuérdese que estas filmaciones se hacían cuadro a cuadro y a veces en una sola escena participaban hasta 4 o 5 capas de celuloides (leyers), situación que muy fácilmente podía provocar aun muchos más reflejos y daños ópticos, a demás de los que ya tenían de fábricas.

Fueron años muy difíciles, pero creo que después de todos los resultados, más o menos con mayor o menor calidades ópticas fotográficas, cumplieron su objetivo y mucho más, aprendimos a crecernos todos.

Ahí están los filmes de Dibujos Animados, realizados en una etapa de la historia del cine latinoamericano en que ningún país de la región pudo conformar una producción de este género (más de 20 películas mensuales con una estabilidad productiva de una Industria del Primer Mundo).

Hoy día, después de tanto tiempo, siento un respeto gigante por toda aquella tropa que se aventuró a enfrentar un sueño casi imposible. Hoy día, con toda la tecnología digital, ¿cuántos países han podido consolidar una producción de este género, como lo hizo Cuba en años turbulentos?

Mis respetos a ese grupo, a Jesús de Armas, Enrique Nicanor, Carruana, Don Pepe, Tulio Raggi, Hernán Henríquez, Mario Rivas, Juan Padrón, Gisela González, Modesto García, Lucas de la Guardia, Rosa María, Paco Prats, María del Carmen, Cristina, Jorge Jardón, Jorge Válfer, Erasmo Juliachs, Leonardo Bueno y todos los que vinieron después y aun andan aterrizando sueños.

CARNAVAL (1960), de Fausto Canel y Joe Massot

Desde hace un tiempo estoy interesado en escribir algo sobre las miradas que propuso el cine del ICAIC a esa Habana carnavalesca post-59. Me parece que puede resultar interesante estudiar los recursos utilizados por los cineastas, en un contexto y una época que intentaba dejar atrás la imagen estereotipada de una “ciudad de fantasías”, conjugado con el simbolismo de un proceso político que proponía el sacrificio colectivo y la austeridad como un modo de concederle a la nación ese espíritu de “querencia colectiva” que echara de menos en su momento Mañach.

“PM” (1961) todavía sigue resultando un buen ejemplo de cuánto podía chocar la representación en pantalla de un cubano displicente, o entregado a sus instintos más primarios, con la demanda oficial de subordinarse al llamado de la patria. Y junto a “Carnaval” (1960), de Canel y Massot, y “Primer carnaval socialista” (1962), de Alberto Roldán, ese pequeño corto podría iluminarnos zonas del campo de tensiones en que pugnaban las representaciones de entonces.

Como me falta por ver el documental de Roldán, en este post quisiera solo llamar la atención sobre un hecho que al parecer no ha sido tomado demasiado en cuenta, y es que “Carnaval” no solo fue “el primer cortometraje en colores realizado por el ICAIC” (María Eulalia Douglas en “La tienda negra”), sino probablemente el primer material donde se utilizó la famosa Oxberry de la que tanto ha hablado Jorge Pucheux en este blog, toda vez que los créditos fueron realizados por el Departamento de Animación del ICAIC (habría que precisar incluso si esos créditos no anteceden, incluso a “El maná”, considerado el primer animado de la institución).

Por lo demás, el corto todavía se deja ver con agrado gracias a esos planos bulliciosos, respaldados por el contagioso ritmo de “Los guaracheros de Regla”. Y en el equipo de realización encontramos verdaderas sorpresas, como puede ser Santiago Álvarez en el rol de Jefe de Producción, y como operadores de cámara a Arturo Agramonte y Dervis Espinosa.

Los dejo con el comentario que en su momento Fausto Canel tuvo la gentileza de enviarme con el fin de incluirlo en el libro “Cine cubano de los sesenta: mito y realidad”, publicado en el 2007 por el Festival de Cine de Huelva y la editorial madrileña “Ocho y medio”.

Juan Antonio García Borrero

“En una entrevista que se publicó el 27 de febrero de 1961 en “Lunes de Revolución”, dije:

“Carnaval (…) fue concebida cómo una película de atmósfera: la atmósfera violenta del carnaval habanero y la atmósfera atávica de La Habana Vieja de noche. Su función es una función turística: mostrar la realidad de unas fiestas y la amabilidad de una ciudad al posible visitante extranjero. Pero también tenía una intención política: mostrar un pueblo que goza en contra de las mentiras sediciosas del enemigo de afuera y mostrar la alegría del momento en comparación con la fingida alegría de los carnavales de otra época.”

¿Agitprop en EastmanColor? Esa es la impresión que se saca de mi entrevista. Pero una visión actual muestra al documental como un entretenimiento amable e ingenuo, una ligera historia de amor en un carnaval que tiene más del Hollywood de los años 50 que de Dziga Vertov. Su realización sigue siendo aceptable, sobre todo si se tiene en cuenta los 20 añitos que tenía el director. Carnaval lo volví a ver en 1987, por primera vez en 27 años, cuando Néstor Almendros lo descubrió en las bóvedas del Laboratorio DeLuxe de Nueva York, dónde el ICAIC había enviado el negativo para su revelado y tiraje de copias. En 1961 vino el embargo comercial, Cuba no había pagado su deuda al laboratorio y DeLuxe incautó la película hasta nuevo aviso. Nuevo aviso que todavía no llega.

El director del laboratorio tuvo la amabilidad de darme una copia en vídeo (esplendorosa la fotografía de Minervino) después que le firmé un documento en el que me comprometía bajo pena de cárcel a no explotar la película comercialmente. “El documental es propiedad del ICAIC”, me dijo, “y sólo ellos lo pueden comercializar. A usted, como director, le damos una copia en vídeo para sus archivos, que es su derecho como autor. Pero el negativo sólo le será devuelto al ICAIC el día que paguen la factura por el revelado y las copias que en 1960 enviamos a La Habana.”

Fausto Canel

Ficha técnica:

CARNAVAL
(1960)/ 20’/ Dirección y guión: Fausto Canel, José Massot/ Jefe de producción: Santiago Álvarez/ Productores: Raúl Canosa, Amaro Gómez/ G: Fausto Canel, José Massot/ Fotografía: Minervino Rojas/ Edición: Carlos Menéndez/ Director de sonido: Eugenio Vesa/ Música: Nilo Rodríguez, Eugenio Vesa/ Operadores de cámara: Arturo Agramante, Dervis Espinosa/ Luces: José Ochoa/ Asistente: José M. González/ Créditos: Departamento de Animación del ICAIC/ Con: Norma Martínez, Gil Suárez, Enki.

MAÑANA (2006), de Alejandro Moya

Ayer, por fin, pude ver “Mañana”. No se trata de uno de esos juegos de palabras que los críticos suelen utilizar, donde el ingenio fugaz enmascara la ausencia de argumentos: es que desde hace mucho tiempo tenía pendiente ver la película de Alejandro Moya (Iskánder). Y siempre tropezaba con algo (compromisos de los que no me podía desmarcar, o no aparecía el disco, o el equipo donde verla).

La película me ha entusiasmado. Hay en ella zonas mejorables, de acuerdo. Pero digo esto con prudencia, sabiendo que quien escribe sobre películas no tiene la verdad absoluta en sus manos ni mucho menos, y es posible que en un futuro no tan lejano, lo que hoy vemos como “defectos estéticos” (casi siempre sacados a relucir desde una nostalgia que clama por ver reciclados entre nosotros lo que “los clásicos” ya dejaron establecidos como puntos intocables) “mañana” (mira que me gusta el título), sea la realidad nuestra de cada día.

La historia me atrapó desde el inicio. Y el modo en que la narran me invitó a no perderme su desarrollo y desenlace. Por el camino me fallan ciertos “tics”. Cámara lenta que, a mi juicio, no aporta nada al crecimiento (suena a pistoletazo poético en medio de un concierto muy dramático). Del mismo modo que el uso de la estupenda canción de Pedro Luis Ferrer me resulta reiterativo (aquí tengo la impresión de que Tamara Morales consiguió imprimirle a esa misma tonada mucho más fuerza en aquel final terrible que tiene su corto “Dos hermanos”).

Ya he confesado que en los últimos tiempos no me enfrento a nuestras películas con el ánimo de encontrar a toda costa lo que pudiera ser el anuncio del relanzamiento del cine cubano, como parte de la vanguardia audiovisual latinoamericana. Si esa grandeza estética llega, perfecto; el disfrute es doble. Pero no es lo más importante para mí. Antes quiero reconocerme en la pantalla; reconocer a mis padres, a mis hijos, el lugar que ocupo en todo este vapuleo que se llama vida: necesito recobrar las preguntas esenciales en medio de tanto ruido que no me dice nada, que más bien me aturde y convierte en un zombie.

Las interrogantes que “Mañana” plantea devienen harto inquietantes. Sus protagonistas forman parte de una realidad que más diversa no puede ser, por mucho que los estereotipos que hasta ahora prevalecen nos hagan pensar que existe un solo tipo de “cubano”, una sola “juventud”. Tony no es un símbolo de nada, es tan solo una muestra de la diversidad de formas en que se viene manifestando la juventud de este país. Pero su singularidad, su devenir trágico, resulta el pretexto perfecto para introducir reflexiones mayores que tiene que ver con eso que nos atañe a todos, más allá de las diferencias de edad, de raza, de ideologías, del lugar donde se viva: ¿qué pasará mañana con nosotros? Esta es una pregunta que, por lo general, también hemos delegado su respuesta en manos de terceros. Como Tony, que tal vez piensa que sus padres son para siempre. Que disimula el déficit de autonomía con una falsa independencia.

A pesar de que en el orden temático no tienen nada que ver, esta cinta me ha recordado un relato de Julio Cortázar que me gusta mucho: “La puerta condenada”. En ese cuento, el protagonista alquila una habitación en un hotel, para decirlo con palabras del autor, “sombrío, tranquilo, casi desierto”. Y mientras se mira en el espejo del armario, descubre con sorpresa los bordes de una puerta que daba a la habitación inmediata, y que no había advertido al entrar.

Entre el hoy y el mañana siempre tendremos “una puerta condenada” por alguien que llegó antes, y puso por medio un espejo. El mañana es un misterio que nos es vedado, que llega a nosotros (no nosotros a él) en forma de sorpresa porque todo el tiempo hemos estado prendidos del espejo que impide mirar “más allá”. El espejo ideológico. El espejo del mercado. El de la religión. El de la ciencia. El espejo de la tradición.

En este sentido, la historia de Tony y su familia resulta ilustrativa de las consecuencias funestas que puede traernos confundir el futuro con el pasado, que es lo único que siempre se ve en un espejo, por elegante e inmenso que este sea.

Ya he recomendado a varias personas esta cinta. Y a todas les he dicho: no dejes para mañana lo que esta película te propone que pensemos ahora mismo.

Juan Antonio García Borrero

Ficha técnica:

“Mañana” (2006)/ Dirección, guión, dirección de arte: Alejandro Moya (Iskánder)/ Producción: Adriana Moya/ Fotografía: Ángel Alderete/ Edición: Carlos Alberto Carnero, Iskánder/ Sonido: Esteban Vázquez/ Actúan: Rafael Ernesto Hernández, Violeta Rodríguez, Hugo Reyes, Adria Santana, Enrique Molina, David González, Lieter Ledesma, Amanda Sánchez, Mario Balmaseda, Coralia Veloz, Serafín García, Dianelis Brito, Leonardo Benítez, Daiana Molina.

PD: ANNA ASSENZA SOBRE “MAÑANA”

Querido Juan Antonio,

me alegra que finalmente se hable de la película Mañana de Iskander, aunque yo creo que de esta película se hubiese debido hablar ‘ayer’ ya que pasaron tres años desde que salió y AHORA me parece un poco tarde para hablar de ella como de algo que hace parte de los acontecimientos Artísticos de Cuba que salen a la luz de vez en cuando para revelarnos algo inevitablemente desatador de polémicas constructivas positivas, y con AHORA quiero decir que este Cineasta hizo otra cinta diña de ser criticada en todos sentidos y ya estamos en el tiempo del después de mañana ya que ni de AHORA se ha hablado como ese documental merecía cuando salió a la luz en Febrero de este mismo año. ‘Ahora’ hace parte de un proyecto que con Mañana y otra cinta que saldrá a la luz (espero pronto) forma parte de un tríptico que el director, sin respaldo económico alguno, ha filmado con mucho Amor para su País y para los cubanos todos.

Cuando vi Mañana en aquel entonces, el 2006, me sorprendí mucho. Cuando me senté a verla no me esperaba una obra tan limpia y sincera, por primera vez (después de Madagascar, o sea después también de la Época en que Titón marcaba una diferencia sustancial como lo hizo, para mi gusto, Pasolini en Italia, que esos eran otros tiempos….) vi algo que me contaba finalmente una realidad que no era solamente cubana, mas bien me mostraba conflictos que se pueden encontrar en cualquier parte del mundo, y en el mismo tiempo me revelaba la tendencia a un actitud católico-burguesa que existe también aquí, tierra de gran revolucionarios izquierdistas, me reveló las contradicciones de una educación equivocada que no acaba de presentarnos ese Hombre Nuevo que tanto nos ha fascinado desde hace 50 años hasta la fecha.

Alejandro, creo (que no ‘creo’, estoy convencida, pero utilizo la palabra ‘creo’, porqué por lo contrario se desataría una polémica infinita y por lo tanto digo ‘creo’ tanto por ser un poco hipócrita que eso hace parte de la cultura cato-comunista-radical-schic, decir lo que uno piensa como lo piensa no es Aristocrático) es uno de los mejores directores de cine cubanos de la Nueva tendencia artística audiovisual que más admiro (televisivo admiro mucho a Rudy Mora) porque es el único que me parece sincero hasta las consecuencias negativas que lo mantiene parado en el girón (dantesco) de los ‘Locos’, hay muchos intelectuales que lo consideran Loco que ni se porque ya que raramente en mi vida he encontrado un ser tan auténticamente sincero y poéticamente creativo, y su ultima película ‘Ahora’ me confirmó redondamente lo que aquí estoy diciendo con toda sinceridad.

Lo que me gustó muchísimo a nivel ético de la película ‘Mañana’ fue el coraje de este director a querer decirnos que los errores de los padres caen sobres los hijos que crecen y no acaban de hacerse Hombres, aunque solo eso, sin el Nuevos. El padre que dice (con su uniforme de militar puesta) ‘Me equivoque’ me pareció genial, y me pareció genial la revelación que nos hace Iskander en mostrarnos todas las contradicciones del PRESENTE que atraviesa esta sociedad cubana que hace de todo para aparentar perfecta ya que se auto celebra y se compara constantemente a las sociedades de otros lugares del mundo y se olvida de construir algo de verdad Nuevo aquí y ahora, lo que todos los que somos de izquierda hemos siempre deseado ver finalmente (para ser más clara: yo encuentro inamisible encontrar todavía latas de cerveza por donde quieras en la calle y basura varia, creo que después de 4 generaciones la escuela debería haber alejado para siempre el bicho de la estupidez crónica desde la mente del Individuo pensante, que falta de respecto hacia nosotros mismos el pensar que tanto hay alguien que recogerá la basura que nos gusta tanto almacenar, que falta de respecto al ser Humano tener en la cabeza el concepto de ‘Criada que limpia lo que yo ensucio’ bien firme y plantado como si fuese un tornillo irremovible de nuestros cerebros, o que todavía tenemos que oír de la diáspora eterna de que si soy barón o soy hembra, o que si soy blanco o negro, chino no importa, y que ya que estoy aquí escribiendo me incorporo a la charla de este mes sobre la mujer y el cine, quiero subrayar que nosotras los parimos, por lo tanto no debemos pedir el permiso a ningún macho para ser lo que queremos ser). Alejandro nos muestra las miserias humanas y la negación del Hombre a esforzarse para tramitarse en un algo Nuevo por convicción mental (me encanta la mirada silenciosa y impotente del cuñado de Toni, la mirada de Iskander, un cubano de a pié). Después de 50 años de revolución socialista a mi personalmente me duele mucho ver que todavía nada significativo ha cambiado en el sitio mas profundo del alma de cada cual, ni siquiera a Cuba, son la mayoría todavía a los que les gustan mucho los diamantes y el oro en la boca y prendas absurdas puesta en los cuerpos a mo de arbolito de navidad y Dios y cruces y cotillones varios que no sirven de nada (Opio de los Pueblos, remember?) y pero sin embargo continúan a ser el emblema de un estatus simbol de las sociedades capitalistas todas, esta también, que inventan falsas libertades de movimientos atreves de la arrogancia de los Políticos que están al mando, que se olvidan constantemente de bajar al nivel de la gente de a pié. (Quisiera ver yo como vive un político con 15 Cuc al mes, me gustaría estrecharle la mano si me demuestra como hace a mantenerse gordito y bien plantado físicamente)

‘Mañana’ nos revela eso sin pelos en la lengua, (el papa de Toni que tiene una paladar clandestina para ‘resolber’, robar es otra cosa para mi gusto) ese coraje, para mi gusto, es lo que distingue Alejandro Moya, y me lo hace querer muchísimo. Finalmente un Hombre Nuevo, y permítanme decirlo, Alejandro Moya es lo que yo siempre he soñado encontrar en mi camino, un Hombre sincero a pesar de lo que les puede suceder después, un Cubano con la C mayúscula.

La fotografía la considero impecable, limpia en todos sus enfoques, hasta el primerisimo plano del zapato izquierdo que se desbrocha constantemente. La dirección de actores extraordinaria.

El montaje es perfecto, no falta nada, no sobra nada. También el tiempo lento que pasa es necesario, hay que sentirse incómodos en la butaca de las salas cinematográficas, estoy de acuerdo con eso, ese cuerpo de joven lindo que hace sentir a las madres súper orgullosas de tenerlo bien amarrado a la saya, el machito de la casa que repite al infinito idiosincrasias insoportablemente insoportables en el nuevo milenio, que es el tiempo nuestro, el de ahora. Ese tiempo que se detiene por un buen rato, casi asfixiándonos, en esas imagines, es necesario a la reflexión de cada espectador. El tiempo de la película les corresponde rotundamente al Tiempo real de esta vida ‘moderna’ cubana, es la realidad nuda y cruda, sin cuentos hacia un Pasado ya ido hace rato. Tiene que doler, les gustes o no. Después de Suite Habana se necesita ver ‘Ahora’ y ‘Mañana’, las cito al revés porque estoy convencida que así hay que leer este Tríptico. La ultima saldrá al aire, prepárense los críticos para no sorprenderse afuera de tiempo en criticarla cuando será el momento, yo la espero con afán, el cine de Iskander me hace cambiar, me hace crecer, y eso es extraordinario en un director, la capacidad de decir algo que hace cambiar para bien, que sugiere, que obliga a la polémica sin ningún panegírico almibarado.

No soy una crítica de cine, pero si soy una maniática cinéfila, y esta película me llegó derechita al corazón, lloré todas las veces que la vi, tres, y no soy cubana de nacimiento. Me llegó y se me pegó tanto que entendí perfectamente la Obra que vino después, ‘Ahora’, lloré otra vez, tres veces lloré, y no soy cubana. Y me maravillo del echo de que cada vez sale una película de Alejandro Moya, (que lo reitero: el hace con sus propios recursos que no se ni como carajo hace ya que el vive como la gente de a pié de todos los Países subdesarrollados. Admiro mucho la gente que hace sin buscar escusas banales para no hacer….. falta de sexo indicado por los que se arrogaron el derecho de tener el poder de decidir quien como y cuando, o falta de dinero o etc… etc…) se desata una cierta tendencia a boicotearla. Pequeños acontecimientos raros, que no entiendo, se presentan todas las veces que sale algo de Alejandro Moya. Siento como que el famoso dicho ‘la ropa sucia se lava en familia’ (que es un pensamiento típico burgués) existe aquí también, en la tierra que yo personalmente consideraba, cuando era joven, mi Meca, y por eso estoy aquí viviendo, a pesar del echo que muchas veces desearía irme lejos y pero no me voy porque me considero una emigrante, exactamente como los que emigraron aquí en otros tiempos que al cabo de los años se incorporaron a esta tierra como individuos que hacen parte integrante de la sociedad donde decidieron clavar sus culos, muchos deciden emigrar donde hay recursos materiales, yo decidí con todo derecho de Libertad de Movimiento emigrar a Cuba donde a mi juicio hay recursos espirituales, (que considero la única riqueza verdadera) por lo tanto me hace feliz ver que existe un Alejandro Moya que es capaz de darnos un cocotazo, dejándonos libres después de continuar con los errores de siempre, con sus Obras que según mi opinión se quedaran en la Historia del cine d’ESSÉ (Kult) y con su Poesía áulica, ya que Iskander es un Poeta también, yo lo leo con mucho placer.

Anna Assenza, cineasta italiana.

UNA NOTA DE PUCHEUX SOBRE DIBUJOS ANIMADOS

UNA NOTA SOBRE DIBUJOS ANIMADOS.
Por Jorge Pucheux.

Aunque esta nota le correspondería mejor contarla a un miembro de ese departamento que la haya vivido, me atrevo a, con todo el respeto, dejar correr mi memoria, clara aún, (gracias a Dios), para contarles sobre la época en que las películas de animaciones en el ICAIC – infiero también las del ICRT- estuvieron a merced del Ministerio de Salud Pública.

Por muchos es sabido que los filmes de este género necesitaban de papeles, lápices, gomas de borrar, reglas perforadas para lograr el cambio en los movimientos dibujo por dibujo, colores acrílicos.

Pero también además de esas herramientas, había una muy importante, sin la cual hubiera sido muy difícil lograr el acabado final a todo color que hoy recordamos cada vez que vemos los filmes de Mario Rivas, Tulio Raggi, Juan Padrón, Jesús de Armas, Hernán Henríquez y otros. Me refiero al acetato, mica, celuloide, material llamado de cualquiera de esas maneras, que permitía pasar al acetato el dibujo del papel, a partir de redibujarlo, usando una pluma con tinta china para después, con pinceles, rellenarlos, agregándoles los colores, siempre diseñados sabiamente por Gisela González, la colorista por más de casi 45 años.

Este acetato o celuloide, ya pintado completamente el dibujo, (eran miles de ellos), era colocado sobre un fondo dibujado que servía como escenografía o locación de los personajes, siendo conformada de esta manera la llamada escena. Fue Modesto García entre otros, quien se destacó en este trabajo de realizar los escenarios o fondos de cada escena, de cada película.

Lo cierto es, que ya terminada cada escena, estas se enviaban en el famoso paquete para los Estudios de Trucaje, en Cubanacán. Allí se iniciaba el antepenúltimo paso de la realización de un filme animado. Su filmación, pues después venían la edición y por último, el proceso final de Laboratorio.

Durante los primeros años del ICAIC, todo marchaba a toda máquina, hasta que un día, los camarógrafos comenzaron a ver daños en el acetato. Venían rayados, con burbujas, manchas, etc, que hacían difícil lograr buenos resultados de calidad. Estos daños, algunos muy severos, provocaban grandes reflejos en la imagen en movimiento, cada vez que durante la filmación, cuadro por cuadro, se cambiaba un acetato. Durante años padecimos de esta situación. ¿Qué pasaba que los acetatos venían ya dañados? ¿Por qué sucedía esto? ¿Ya no los fabricaban igual?

Durante años sufrimos de esta situación y muchos filmes de esa época están marcados por esta irregularidad. Era obvio que los acetatos que eran para este tipo de trabajo tan cuidadoso debían tener cualidades especiales de carácter óptico, o sea, no podían presentar ningún tipo de anomalía que pudiera alterar la imagen fotografiada.

Pero un día cualquiera de aquel tiempo, nos informaron que ya los acetatos no eran de Suecia, sino que eran comprados por el Ministerio de Salud Pública de manera masiva, en cualquier lugar, para también ser usados en la confección de envases de pastillas, y demás artículos necesarios de ese medio. Así que también entraba el ICAIC en esa lista. ¿Que bueno, no? Porque sin eso nunca más hubiéramos tenido una película de dibujos animados, salvo aquellos filmes que por sus características no hubieran necesitado de acetatos.

Después de todo tenemos que darles las gracias a los señores que tuvieron esa gran idea. Los filmes están allí, forman parte de la historia del cine cubano, ¿o no?

HOMENAJE A GERMÁN PUIG EN EL ATENEO DE MADRID

Hago un breve paréntesis, en medio del agobio, porque no puedo dejar de promover el homenaje que el próximo 14 de octubre recibirá Germán Puig en el Ateneo de Madrid.

Confieso tener sentimientos encontrados en cuanto a esta noticia. Por un lado, desde luego, me alegra. Por el otro me entristece, porque tenía la esperanza de que ese reconocimiento se hiciera primero en Cuba, entre sus compatriotas. Guardaba la ilusión de que los organizadores del venidero Taller de la Crítica Cinematográfica gestionaran fondos con el fin de invitarlo, ya que, entre otros temas, se estarán festejando los cincuenta años de la Cinemateca creada en 1959, y eso era una oportunidad única para establecer con nombres y apellidos los antecedentes de esa valiosa institución, y cumplir (no importa que tarde) con aquel precepto martiano que nos recuerda que honrar honra.

No quiero sonar dramático, pero tengo la impresión de que ese reconocimiento institucional jamás llegará, al menos en vida de Germán Puig (tal vez yo tampoco me entere). Al principio eso me atormentaba, porque no lograba entender el por qué de ese empeño en mantener en las sombras lo que es evidente. Ni siquiera puede hablarse aquí de algo político, porque Germán Puig más bien se ha ubicado al margen de esos diferendos ideológicos que mantiene divididos a tantos cubanos. El reconocimiento de su gestión cultural pre-59 implicaría ganancias para todos, porque Puig cuenta con un formidable archivo, y memorias donde están presentes algunas de las más grandes personalidades de la cultura nacional.

Debo anotar que a Germán Puig no lo conozco personalmente. Nunca nos hemos visto frente a frente, a pesar de que he visitado Barcelona par de veces. Es más, hace seis o siete años ni siquiera sabía que vivía. De su existencia me enteré gracias al investigador francés Enmanuel Vincenot, que sí le ha seguido la pista, y ha escrito relevantes textos sobre el tema, con argumentos y pruebas documentales que hasta el momento nadie ha podido refutar. Sin embargo, esas investigaciones, lejos de asumirse como ganancias, todo lo que ha podido fomentar son resquemores que terminan cifrándose en el “enemigo rumor”. Ya en lo personal, ¡cuántos amigos he perdido por este asunto!; ¡cuántos afectos que me hacían pensar que la búsqueda de la verdad, lejos de dividir a las personas de buena voluntad, más bien debía ser un acicate para apoyarse entre sí!

Dije que antes eso me atormentaba. Hoy no. Creo haber entendido que nuestra autoestima no puede estar subordinada en modo alguno a la voluntad de “los otros”, o de los que mandan. La vida está llena, y seguirá saturada, de injusticias históricas, de olvidos escandalosos. Pero eso solo será grave en la misma medida en que la Historia se nos convierta en una suerte de fetiche: un teatro donde, por encima de cualquier cosa, queremos figurar en los primeros planos, olvidando que la Historia es una construcción humana, y que antes estaría lo natural: existir.

Desde luego, sé que quitarse de encima todas esas herencias milenarias no resulta fácil. Así que muchas veces he tratado de ponerme en la piel de Germán Puig. Y me pregunto: ¿cómo se siente alguien que es borrado del mapa cultural de su nación existiendo razones más que suficientes para figurar en él? Esto es lo que a estas alturas más me intriga, porque le puede suceder a cualquiera. Parece una situación límite, pero no. Usted puede poseer talento. Tener una obra valiosa. Personas que admiran su trabajo. Y ser “el hombre invisible”. Porque bien mirado el asunto, Germán Puig ha sido ignorado por tirios y troyanos.

Creo que algo de responsabilidad tiene Puig en todo esto, y se lo he expresado por correo en un par de ocasiones. No sé si es un exceso de modestia o qué, pero Germán Puig ha preferido delegar “en terceros” la responsabilidad de convertir en visible la huella de su trabajo. Y esa delegación tiene sus riesgos, porque “terceros” al fin (no importa la buena voluntad, ni en qué bando milites), siempre estaremos interpretando.

Yo mismo he escrito cosas que a Germán no le han gustado, y lo he visto saltar como un tigre. Y de eso se trata: de saltar, de no dejarnos aplastar por el desaliento, por poderosas que puedan resultar las razones para pensar que todo está perdido. Es uno mismo el que tiene que defender el derecho a dejar de ser simples espejismos. Lo otro, lo que los demás escriban, o dejen de escribir, con el tiempo suele ser menos importante que lo que uno mismo argumenta con su obra diaria.

Me alegra este homenaje a Germán Puig, y me encantaría escuchar todas esas anécdotas que seguramente nos devolverán a través de su voz a Ricardo Vigón, a Titón, a Caín, a Almendros, a Ramón Suárez, a Edmundo Desnoes, y no se sabe cuántas personalidades más. Desde aquí le envío mis deseos de que siga aglutinando.

Juan Antonio García Borrero

HOMENAJE A GERMÁN PUIG FUNDADOR DE LA CINEMATECA DE CUBA/ ATENEO DE MADRID/ 14 DE OCTUBRE DE 2009

Germán Puig funda el Cine Club de la Habana con Ricardo Vigón en 1948. Viaja a Paris para estudiar cine en 1950 y comienza a trabajar con Henri Langlois, director de la Cinemateca Francesa. Con la ayuda de Langlois transforma el Cine Club de la Habana en la Cinemateca de Cuba durante el Congreso de la Federación de Archivos Fílmicos de 1951, en Cambridge. Entretanto, en Cuba, tiene como colaboradores a Tomas Gutiérrez Alea, Néstor Almendros y Guillermo Cabrera Infante.

Participó como asistente del director Claude Autant-Lara en la película “L’auberge rouge”. Película en la que actúo Fernandel entre otros.

Reside en Paris hasta 1952, donde trabaja con Elena Garro como guionista y frecuenta a Octavio Paz, Man Ray, Leonor Fini, Susan Sontag, y José Bergamin.

De regreso en la Habana realiza cine experimental con Edmundo Desnoes, destacándose el corto “Sarna”. Como director y guionista realizo la película inacabada “El visitante”, en la cual participo Néstor Almendros como director de fotografía. Cabe destacar que este fue el primer trabajo de Almendros como tal.

Germán Puig fue el más joven presidente en el mundo de una Cinemateca y en esta función presentó varios importantes ciclos de cine, incluyendo los del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Conoce a Manuel Altolaguirre y colabora como guionista adjunto, consejero de ambiente y actor en la película inacabada de Altolaguirre “Golpe de Suerte”.

Vuelve a Francia en 1957 donde obtiene una beca del gobierno Francés y se gradúa en el Centro Audio Visual de la Escuela Normal de Saint Cloud. En este periodo entabló amistad con Wilhelm Maywald, en cuya casa conoció, entre otros, a Jean Marais y a Nico, musa del Velvet Underground.

Desde 1957 alterna su residencia entre España y Francia.

En Madrid fue Asesor de Imagen de Lucía Bosé en su regreso al cine con Satiricón, de Fellini. También trató a Ramsay Ames y a Hurd Hatfield.

A fines de los años 60, en Nueva York, vuelve a colaborar con Henri Langlois, a través de quien conoce a Fritz Lang y a Zina Voinow, cuñada de Eisenstein. En Nueva York también conoce a Gian Carlo Menotti y colabora con él en la versión en español de su opera El Cónsul. Langlois lo contrata para trabajar en la Cinemateca Francesa.

En los años 70 fue jurado en Barcelona de la Semana de Cine en Color, junto a Mario Vargas Llosa y Robert Balser. Su intima amistad con Manuel Puig quedó reflejada en el libro “Manuel Puig and the Spider Woman: his Life and Fictions” , de Suzanne Jill Levine, escritora y traductora al inglés de Puig y de Guillermo Cabrera Infante. Su amistad con Susan Sontag está mencionada en las Memorias que ella misma escribiera. También Terenci Moix lo mencionó, bajo el seudónimo de Rubén, en el “Beso de Peter Pan”.

En Francia, en los años 80, fue pionero en la fotografía del desnudo masculino y crea, como editor, la primera colección de dicho tema en la historia de la fotografía.

Actualmente continúa con su investigación fotográfica en Barcelona, donde reside.

MENSAJE A LOS AMIGOS

Algunos amigos me han escrito intranquilos por la inactividad del blog. Y el silencio del correo. Les agradezco a todos la preocupación. Lamentablemente tengo la impresión de que en lo que queda del mes no podré actualizarlo, al menos con la misma frecuencia que venía haciendo hasta ahora. Es decir, me refiero a escribir cosas nuevas (he tratado de evitar que el blog se convierta en una agencia municipal de noticias recicladas casi siempre desde el exterior, sin el menor espíritu crítico).

No tengo problemas técnicos o de otra índole, solo una acumulación terrible de compromisos. Y aunque todo esto de escribir para el blog me deja una satisfacción extraordinaria, cabe recordar que no solo del blog vive el hombre. Por supuesto, el blog puede seguir funcionando con las contribuciones que me envíen, porque a la larga, lo que se estaba logrando era que el sitio funcionara entre varios, y no con la entrega única de su administrador.

Así que más bien los animo a que en esta tregua que me he visto obligado a tomar, me ayuden a mantener vivo el blog enviando sus propios post, reflexiones, anécdotas. Sería una lástima que dejáramos morir (una vez más) la posibilidad de enriquecernos intelectualmente: basta revisar toda esa cantidad de debates que tuvimos en el mes anterior (sobre el pensamiento joven, sobre los nuevos oficios, sobre la mujer en el cine cubano) para darnos cuenta que nos faltan todavía mil cosas por discutir. Mientras, los abraza y agradece a todos,

Juan Antonio García Borrero

OTRO POST DE VÍCTOR FOWLER SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO

OTRO DE VÍCTOR FOWLER SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO
Por Víctor Fowler

-Compadre, ¿usted no oyó que voy para el Vedado?-
responde el taxista.
-Perdone, yo pensé que usted iba para el Vedado-
(se excusa el que lo detuvo, antes de correr en busca de otro taxi)

Se van quedando cosas colgadas, alguien nos escucha y hay que evitar esto.

En el post de Abelardo Mena titulado “Sobre las mujeres en el cine cubano” (01-09-2009) hay una idea que, a mi entender, figura entre las peores (sobre todo extemporánea, muy extemporánea) recomendaciones hechas a la crítica cinematográfica cubana: “Más allá de las determinaciones demográficas de cuántos directores han sido mujeres, lo cual me parece válido para un primer análisis…”. A veces, la intención de avanzar más lejos nos coloca detrás, porque la determinación demográfica que se pueda establecer -para el acceso de un grupo a la representación de sí mismo- no es un mero procedimiento inicial; en particular cuando la estadística arroja una apabullante sub-representación del que, a partir de ahora, consideraremos como un subalterno en términos de acceso a la representación de sí mismo. A este respecto, en “Abelardo Mena comenta la respuesta de Marina Ochoa” (post aparecido al día siguiente de la respuesta de M. Ochoa), la cuestión de la demografía no es ya cosa de un “primer análisis”, sino que felizmente se ha convertido en aspecto inseparable de “dos etapas simultáneas”: una donde se constate, mediante análisis estadístico, la subalternización y otra donde se desmonte el aparato “teórico- simbólico-cognoscitivo” (Miércoles, 02 Sep 2009).

Varias de las preguntas o demandas de Abelardo, en ambos post, admiten numerosos comentarios. Exigir al cine cubano “-desde el despertar del guión- una tendencia pornográfica escrita por mujeres”, sería un chiste si no pretendiera resultar serio, pues es algo que igual puede ser exigido a casi todas las cinematografías del mundo; parece más un lanzazo de enfant terrible que frase de un discurso sobre el cine sustentando en conocimiento e ideas. ¿Se habla aquí de cine de industria o experimental y videoarte? ¿O del cine pornográfico puro y duro, en cuyo caso la palabra “guión” más bien parece sobrar? En el cine de industria, más allá de escasísimos nombres (creo que sobre todo resaltan los de Catherine Breillat y Virginia Despentes), ¿dónde se encuentra esta tendencia que Abelardo propone, quiénes son sus cineastas? Al nivel de radicalidad que se nos habla, e incluso en las producciones más independientes o de circuito experimental, ¿quiénes son tales figuras? ¿Annie Sprinkle, María Beatty, quiénes, cuántas? Puesto que para señalar el supuesto atraso del cine cubano hay que comparar con el cine mundial, ¿no estará el crítico sobredimensionado un puñado de nombres?

Por otra parte, si regresamos al inicio del intercambio, cuando la demanda de Marina Ochoa trató sobre la escasa posibilidad que han tenido las mujeres cubanas para hacer cine, en especial en posición de realizadoras, ¿qué sentido tiene saber si existe, como pregunta Abelardo, “… un imaginario anti-falocrático audiovisual, paralelo en sus proyecciones a la literatura escrita por mujeres”? Dado que el dato principal es el de la poca cantidad de mujeres realizadoras, ¿de qué imaginario anti- falocrático hablaríamos para comparar con la literatura escrita por mujeres en Cuba, del de hombres? Y esto es sin detenernos a discutir si el tal imaginario existe en la literatura del país y no en casos aislados.

¿De qué hablamos cuando hablamos sobre “las mujeres en el cine cubano”? ¿De la presencia de temas femeninos? ¿Del instante en el que las mujeres hablan sobre sí mismas? ¿Del intelecto que muestren como directora de película, esta última con el tema que sea? ¿De todas estas cosas a la vez? Donde Abelardo pregunta “¿cómo ha sido representada la vida cotidiana de la mujer-es en filmes, telenovelas y documentales?”, se puede responder que de manera heroica, trascendente, brillante, espectacular, mediocre, irrisoria, evasiva, machista, etc. Una pregunta que admite respuesta tan amplia es casi una no-pregunta y más la demanda de que sea escrita una historia de la mujer en el audiovisual cubano. “Lucía”, de Solás, es una de las representaciones más grandes que el cine mundial conoce de la interrelación entre mujer y nación, a pesar de haber sido dirigida por un hombre (y, por cierto, reivindica una zona de ese “feminismo insular anterior a 1959”); en otro escenario, el del cine africano, varias de sus grandes mujeres fueron postuladas por otro hombre, Ousmane Sembene. Aquí, como sucede para la literatura con la “Madame Bovary” de Flaubert o la “Anna Karenina” de Tolstoi, el análisis pide una especial fineza. Otra cosa, sin embargo, cuando la mujer accede a poder relatarse a sí misma, como, por ejemplo, ocurre en el cine de Jane Campion o Sally Poters.

Además de lo anterior, es curioso el modo en el cual el espectador “macho” – que Abelardo dice ser-, a nombre de una necesaria apertura del canon, establece una tensa relación de control con ese cine de mujeres cubanas que apenas existe; no sólo disminuye la voz que quiere constatar el desbalance demográfico, sino que le asigna tareas: rescatar, narrar la historia que falta para tener la historia total. ¿Cuál otro cine quedaría más obligado, atado, a contar tal vacío, sino ese cine que aún no existe? Lo que tal deseo olvida es que el cine (y, en general, el arte) no es un sustituto del texto de historia ni tampoco su doble especular; dicho de otro modo, parece más correcto desear, e impulsar, la existencia de un cine cubano hecho por mujeres que representen lo que decidan representar: de sí mismas y del mundo, asumiendo que en esto último, por los caminos más tangenciales, igual se estarán representando.

Otras cosas, ahora del segundo post, igualmente me confunden o tal vez se necesite un tamiz más fino para fijar las posiciones. Donde A. Mena esgrime (como dato correcto) la no publicación en Cuba del libro de Lynn Stoner, extrañamente olvida la publicación en Cuba del libro de Julio Cesar González Pagés (sobre el mismo tema). Cuando, tratando de la continuidad histórica de la emancipación femenina en Cuba, pregunta (y, de paso, afirma): “¿Por que aún hoy nadie aborda esta memoria necesaria?”, el desconocimiento, el olvido o la rudeza son todavía mayores. En particular, dada la apreciable cantidad de autores que, fragmentariamente y desde disciplinas o campos diversos, han trabajado sobre esta historia de la emancipación femenina en Cuba (historiadores, escritores, curadores, etc.) Vale la pena aquí no confundir la resonancia mediática del texto con el texto en sí y es muy posible que las inscripciones del subalterno, en no pocas ocasiones pequeñísimos pasos, no alcancen a satisfacer esta ansia de cambio vanguardista; hay que demostrar delicadeza y sensibilidad especiales para evitar el peligro (presente siempre dentro del ansia) de que aquel que se define a sí mismo como aliado del subalterno imite en su hablar al dominador hegemónico. En este contexto, el uso de la palabra “nadie” es inaceptable y hay, en lugar de ello, que rastrear, resaltar, estimular, tejer lo nuevo que –aunque tal vez aislado- ya existe.

Por idéntico motivo de fineza, es que tampoco se debe aceptar –como demanda válida o demostrativa de algo- la hipotética “declaración rampante de escritoras cubanas lesbianas o no, defendiendo a sus compatriotas al tiempo que se empoderan a sí mismas.” Sin tomar en cuenta que tampoco conozco la “declaración rampante” de escritores (o lo que sea) cubanos que entiendan que se empoderan a sí mismos “defendiendo” a sus compatriotas homosexuales, al instaurar la declaración como meta A. Mena vuelve a repartir tareas a esas mujeres cuya invisibilidad le preocupa como tema y como sujetos. Una vez más, en lugar de ello, el trabajo que tales autoras (y, también, autores) han hecho para dar, en sus textos, visibilidad a la sexualidad lesbiana, es una de las grandes hazañas de la literatura cubana contemporánea durante el último cuarto de siglo.

La propuesta implícita de Marina Ochoa en el siguiente fragmento: “… sospecho que además hay algo intangible y hasta ahora invisible a nuestros análisis a la luz de la teoría de Metz que señala “que el cine pone en funcionamiento más ejes de percepción que cualquier otro modo de expresión” que distancia al crítico masculino (a casi todos) de nuestra obra.” es un ejemplo de teoría feminista en su estado más puro y, finalmente, asume la fractura que ella misma ha tratado cuidadosamente de evitar. Vuelvo a repetir que aquí, una vez más, o jugamos o nos pasamos con fichas, pues el verdadero punto álgido del intercambio gira alrededor de esta proposición: si la obra de arte opera en el doble registro de la identidad y la universalidad de su discurso, o si únicamente es explicable gracias a la identidad del autor. En este sentido, las lecturas desde las identidades fragmentan el canon al tiempo que las lecturas desde lo estético reunifican la dispersión; al propio tiempo, la identidad genérica está en sí misma fragmentada (según raza, nivel social, preferencia y prácticas sexuales, etc.) a la vez que lo estético es la norma universal que dictó un grupo hegemónico. Lo que trato de decir aquí es que cualquier análisis no puede sino partir de una continua negociación que nos permita (¡intentarlo al menos!) mantener la más sana distancia crítica ante el documento y sus condiciones de surgimiento, realización o exhibición y distribución.

Puesto que identidad y universalidad lo mismo van en relación de apoyo que de oposición, expresas u ocultas, aceptadas o negadas, más que frente a una oposición binaria estamos en presencia de un extenso y complejo juego posicional de dónde sólo nos adelanta el riesgo de un enjuiciamiento estético. Es así que el favoritismo de la crítica con respecto a determinadas películas y autores masculinos, mientras que apenas se habla sobre las obras dirigidas por mujeres (y mucho menos asumiéndolas como tales), sólo puede ser entendido como la consecuencia de una sospecha estética oculta: hacen un cine de menos interesante factura o de menor intensidad como acto intelectual. Esto último parece rondar una de las preguntas que, para criticar la discriminación hacia la mujer (aplicada al intelecto), se hace Belkis Vega: “¿Por qué una mujer puede dirigir una telenovela de más de 100 capítulos, telefilmes, versiones de obras teatrales, documentales de largometraje, etc, etc y no una película de ficción?”. Si bien es deducible, de lo anterior, que el largometraje de ficción merece un estatuto supremo, ¿en qué se basaría semejante distinción sino en considerársele, de todos los formatos mencionados, el único que a la vez reúne libertad, creación de mundo, pensamiento, posibilidad de osadía formal y/o de pensamiento, diálogo con la Nación y su historia o futuro?

Por tal motivo, cuando Belkis Vega pregunta: “¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente no somos capaces de dirigir o carecemos TODAS de talento y sensibilidad?”, con una pocas variaciones, la respuesta especular para ello es una nueva pregunta en donde basta con sustituir la profesión: “¿puede algun@ pensar con honestidad que sencillamente la crítica cinematográfica cubana no es capaz de escribir acerca del cine hecho por mujeres en Cuba o que carece por entero de talento y sensibilidad para hacerlo?”. La totalidad de los textos en este intercambio se han apoyado en los silencios alrededor del cine hecho por mujeres en Cuba o, lo que es lo mismo, se han apoyado en lo no dicho; sin embargo, lo que quisiera destacar es que ello no es equivalente a lo que no se quiere decir, a lo que desesperadamente se intenta no decir. Respecto al asunto acerca del cual hablamos, hay que leer a la crítica cubana de manera global y entender los modos en los cuales el silencio habla. Esta pregunta, que nadie se atreve siquiera a formular, y a la que no se alcanza responder acusando a su vez, aunque la acusación sea legítima (“no nos aprecian porque no nos conocen”), desplaza la energía hacia donde el texto de Belkis Vega termina: “…prefiero que intentemos entre tod@s encontrar respuestas y caminos hacia un futuro diferente.”

Pero, cuando Marina y Belkis ripostan que no se puede enjuiciar lo que no se conoce, el final del silogismo conduce a una sorpresa; no existen textos que nos enjuicien, no enjuician porque no nos conocen o fueron formados para no hacerlo, ergo, nadie nos conoce. Y recuérdese que igual derivación puede conseguirse al preguntar por la representación o presencia en nuestro cine del sujeto de raza negra, los homosexuales u otros grupos; conduciendo la hipótesis al extremo, estaríamos insertos en el interior de un enorme caos donde los sujetos de identidad sólo “conocen” (a reserva de cualquier fragmentación nueva que pueda aparecer) a los de su grupo. A fin de cuentas si, aplicando lo dicho por Belkis, cualquier conocimiento nuestro ocurre dentro de “las determinaciones prejuiciados de las condicionantes patriarcales de nuestra cultura”, ¿no podemos acaso concluir que, dado que no hay sino ese universo condicionante, ningún sujeto de identidad podrá “conocer” a otro de identidad diferente?

Lo que intento precisar es que no somos únicamente el resultado de acciones condicionantes, sino además (y mucho más importante, quizás) de la hondura de razón que empleamos para analizar aquello condicionante y de la posición subjetiva que ante tal presión formadora adoptemos. Al pensamiento de lo nuevo corresponde tanto deshacer el fantasma que envuelve al objeto e impide la visión, como dialogar si hay razón en aquello considerado como viejo y merecedor de extinción; esa posible razón en lo enemistado obliga a continuamente sospechar de la posición subjetiva propia, a ponernos a prueba. La situación no sólo es más compleja que el silogismo anterior elaborado (pues, en verdad, apenas sería posible encontrar, en esto que hablamos de cine hecho por mujeres en Cuba, a un desconocedor absoluto y sí mucho mal-conocimiento, aunque en escalas diversas), sino que la identidad es el individuo y no una de sus máscaras; dicho de otro modo, las preguntas de la identidad, la territorialidad y la universalidad vienen juntas y es sobre todo la obra (ese otro que es uno) quien tiene que dar respuesta a las tres. ¿Qué representa para la historia de la identidad que reivindica? ¿Qué posición ocupa respecto a la ya hecho en el territorio, a la tradición a la cual se pertenece? ¿De cuál hallazgo se es portador en cuanto a la historia universal del arte que se practica, a las hechuras y mensajes que nos preceden?

Dado que la obra de arte no puede evitar, por expresión u omisión, de cuestiones de identidad (del autor o la “relatada”, territorialidad (dado que se pertenece o se filma dentro de un país o lugar y tradición determinada) y universalidad (porque los significados o sentidos en y de la obra son traducibles a una escala universal), el juicio del crítico y la figura del autor tienen que correr el riesgo (de situar y ser situados) en estos tres abordajes. ¿Existe aún la obra de arte y el valor artístico? ¿O sólo queda lo significativo para los sujetos de esta o aquella identidad? ¿Valen de algo los juicios de valor general? ¿Tiene aún sentido el hallazgo? Sin embargo, la pregunta no-hecha, exactamente por serlo, tiene que ser respondida acaso antes que todas las demás; pero, si la crítica hasta ahora no lo hizo (en realidad, ni siquiera la formuló), ¿quién podrá recibirla sino una crítica nueva, que destruya? Esa crítica que destruye, justiciera, válida para todos los grupos subalternizados – vuelvo a una idea anterior- sólo podrá existir cuando sea tejida, por ello es responsabilidad nuestra que aflore, incluso para que nos barra; de ahí la necesidad de búsqueda, de creación de escenarios, confluencia, alianzas, la fabricación de unión.

Dejo para el final la necesidad de insistir en una distinción elemental: una cosa es hacer obras de arte, otra segunda la crítica y una tercera el trabajo del historiador. El momento donde Marina Ochoa, en un post anterior, nos llama a comprar la significación y trascendencia del abrazo en los personajes de “Mujer transparente” y “Fresa y chocolate”, implica una pregunta alrededor de la ceguera. En caso de aceptar como válida la pregunta, ésta es resuelta de maneras distintas por el crítico de cine (que intentaría comprender ambos momentos como hechos construidos cuyo mecanismo corresponde desmontar) y el historiador (quien tal vez no pueda demostrar los valores de construcción que hacen a uno “superior” al otro, más desglosará los caminos que definen al más significativo). Sólo quien vaya más lejos, el que merezca tal autoridad como para que se le entienda como un pensador del cine, podrá fundir a los dos.

Hace pocos días Juan Antonio escribió un lindo párrafo sobre las distintas actitudes que ha venido recogiendo entre los lectores de La pupila insomne, su combativo blog. Como en toda obra humana, contó que había encontrado amigos, habló de otros que “no publican lo que piensan, pero apoyan leyendo, o sencillamente aceptando las descargas.”, así como ese tercer grupo de siempre que interroga “sobre el posible sentido que tiene para mí esta pérdida de tiempo, si al final, nada va a cambiar.” ¿Qué hago yo escribiendo en mitad de la madrugada, en lugar de haber ido a la cama desde hace rato? Idiota e iluso que soy y me traiciono siempre. Con la ilusión de que, en alguna parte, un mínimo impulso está siendo dado a la futura historia del cine cubano hecho por mujeres, a los trabajos sobre la representación de la mujer en el cine cubano, las lecturas feministas del cine cubano, las muestras de dicha producción audiovisual. Además de ello, servirá como modelo a otras lecturas tensas hechas desde posiciones de subalternidad y, entre todos, reconfigurarán los límites de esa “identidad colectiva” por la que Marina Ochoa aboga. Escribirán, discutirán, aclararán. Ya no pueden ser detenidos.