Archivos diarios: agosto 29, 2009

LOS DÍAS Y EL AGUA

Ayer mostraron en la televisión cubana imágenes de Camagüey después de las fuertes lluvia del jueves. Eso bastó para que terminara montado en una suerte de tren de alta velocidad, y llegara en segundos justo al ocho de septiembre del año pasado, cuando pasé mi cumpleaños en medio de un huracán: con velas y todo.

Esta vez cayó bastante agua, pero nada que ver con los estragos de “Ike”. Sin embargo, lo peor que pasa en estos casos es el modo en que te invaden las imágenes pretéritas: sin tú pedirlo, empiezan las remembranzas, los miedos resucitados, la conciencia de que todo sigue igual, suficiente para que termines hundido en la geografía siempre húmeda de una pesadilla.

No se trata de lo que pasó, sino de lo que puede pasar cuando despiertes, y en medio de la noche descubras que se han (sobre) cumplidos los presagios de la lluvia.

Juan Antonio García Borrero

ONEYDA GONZÁLEZ SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO

“Estoy despierta”
Por Oneyda González

Querido Juany:

Estoy tan comprometida en tareas profesionales y de la mismísima vida, que no me he permitido escribir sobre el tema de la mujer, pero los textos de Marina Ochoa me han interesado, y su manera de enfocar el asunto es tan puntual y objetiva que he buscado el momento para ordenar algunas ideas. Desde que caí en el debate entre mi vida privada y mis apetitos profesionales y hasta el instante en que te escribo, he vencido solamente a base de mucha entereza y sobre todo de mucha perspicacia: “estrategia de género”, diría Susana Montero. Es decir, he luchado por alcanzar conciencia de género, pero deseo muchísimo articular mi pensamiento a un ambiente cultural propicio.

Cuando leí el primero de sus post quise contactarla, pero no encontré la dirección en Cubacine. Luego he visto otros textos suyos y al menos uno de Danae Diéguez que me han ido comprometiendo, aunque desde el inicio me coloqué una limitante: no soy especialista de género, ni soy crítico de cine; lo cual, entre otras cosas, terminaba por paralizarme. Suelo lanzarme a la esfera pública cuando tengo algo muy urgente que decir, lo que es también una herencia del sistema patriarcal, como he intuido por años y ahora confirmo en la experiencia de otras mujeres. Pero ya aprendí que en cualquier camino, la sistematicidad es el mejor modo de obtener resultados sólidos.

Conozco algo de ese trabajo que refiere Marina, el de hacer visible la creación femenina y conseguir con ello una presencia “natural” de las mujeres en los proyectos que antes fueron cotos cerrados para el hombre. Ciertamente es como dice, pero de eso llega muy poco a ciudades como la nuestra, y tampoco abundan las iniciativas, lo cual me indica un nivel aún indeciso en el que no quiero estar. Lo digo porque he escrito (y publicado aquí)un estudio de género sobre la Avellaneda, y me reconozco como una solitaria incómoda, cuyas prácticas en este sentido me colocan cuando menos en la sospecha feminista. Sobre estos temas, me encantaría hablar con ella.

Ahora prefiero referirme a algo que tiene que ver con la “Pupila insomne”. Para el libro “Polvo de alas: el guión cinematográfico en Cuba”, que como sabes está a punto de salir, he buscado entrevistar mujeres, hasta dónde me lo permitió mi residencia en Camagüey. Conseguí solamente una guionista, una crítico y una directora. Hablo de un libro donde he entrevistado a más de veinte personas que desarrollan esas especialidades en el cine cubano. Es bueno aclarar que muchas de esas entrevistas fueron hechas a finales de los noventa. Es importante el detalle porque en ese momento la muestra que tomé fue muy azarosa (aún no había hecho el susodicho estudio de género al que llegué por sugerencia de mi tutora) y fui tomando lo que resultaba fácil encontrar sin un plan, sin una conciencia científica y sobre todo de género. Creo que desde entonces a esta parte, más o menos en la última década, ha cambiado sustancialmente la participación de la mujer en tareas muy diversas, y creo que en gran medida se debe a la voluntad de esas que han hecho eventos, y también de aquellas que se han incorporado a la creación, y la han ubicado en el lugar primero de sus vidas.

Entre las mujeres que logré localizar para el libro se encuentra la crítico de cine Mayra Pastrana, quien ha dado una excelente entrevista, aunque no ha ejercido más que como profesora, y como ella dice, como crítica oral o animadora de espacios de cine-debate. La guionista es Aida Bahr, ganadora del premio “Alejo Carpentier” de cuentos, y guionista de una sola película, aunque hubiera repetido con gusto la experiencia. La directora es Belkis Vega, quien tiene un curriculum admirable y no ha logrado hacer un largo con el ICAIC, por causas que ni ella misma quiere ponerse a explicar. Cuando volví sobre ese proyecto, guardado por casi diez años, fui muy consciente de buscar otras mujeres, mas no lo conseguí. Recuerdo un caso en que por más que insistí, la artista que se había comprometido conmigo, no encontró el tiempo y creo que tampoco el sosiego para responder mi cuestionario. Me he preguntado si no operaría en ello el temor de estar hablando de feminismo, o si creyó que el hecho de ser sincera con mis interrogantes podría causarle problemas, o si escogió dedicarse a cosas más apremiantes, razones todas que tienen que ver con la desventaja que seguimos teniendo.

Las marcas del patriarcado dejan huellas tan sutiles que a veces no logramos darnos cuenta. Hago una anécdota simple, pero ilustra muy bien lo que digo. Cuando se abrían los años noventa fui testigo y artífice de la fundación de un evento que quise mucho: “El Almacén de la Imagen”. Con los años he visto nombres de varones que admiro, y estaban tanto como yo en el propósito, quienes son los reconocidos fundadores. Nunca me consideré fundadora y nadie me concedió la gracia. Pensando en todo esto, acabo de preguntarme porqué. Seguramente porque no era realizadora en ese momento, o por alguna otra cosa; pero si en la creación audiovisual hacen falta productores, promotores y animadores, todo lo cual yo era con creces en ese momento, no me consideré ni me consideraron fundadora, simplemente porque yo no era “visible”. Unas veces es la sociedad y otras veces somos nosotras, llevadas por una costumbre demasiado pesada y metida en nuestros músculos.

Lo cierto es que me sumo a las preocupaciones y ocupaciones de mis colegas, y me ofrezco para la visibilidad, o, mejor que eso, para la conciencia, que no hay que olvidarlo, es, antes que todo, un modo de dejar atrás la inocencia. Por lo pronto, como dice el título de un libro de narraciones de Gertrudis Ortiz, yo, “Estoy despierta”.

Te doy las gracias por ayudarme a conocer el pensamiento de Marina y te abrazo desde la calle Príncipe, con el añadido de una sonrisa (ahora sin café) de tu amiga,

Oneyda González