TEATRO PRINCIPAL

Ahora irrumpe en mi mente el recuerdo de la primera vez que mi madre me llevó al cine. Seguro lo evoco mal, que idealizo esa escena que tal vez viví de modo diferente, pero eso es lo menos que importa: ¿acaso no es la existencia la sumatoria de nuestros recuerdos más o menos sublimados? El recuerdo del primer beso, de la primera pérdida, del primer júbilo.

Lo cierto es que “mi primera vez” en el cine lo asocio al Teatro Principal, y a una película interpretada por Kirk Douglas y Tony Curtis: “Los vikingos”. ¿Qué edad tendría entonces?, ¿Cuatro?, ¿Cinco? Ni idea. Ya sé que suena sospechoso. Lo natural sería hablar de algún animado de Disney. O hasta una película de Chaplin. Pero no: lo que persiste en mi memoria primigenia es la imagen de Kirk Douglas, con el ojo tapado, desafiante, invencible hasta después de muerto.

Y junto a la película está la retentiva del Teatro Principal, que entonces era cine. ¿Será que me invento ese parquecito donde, después de salir de la escuela (la “Enrique José Varona”), nos íbamos a jugar bolas?

En el Teatro Principal no alcancé a ver demasiadas películas. Pero lo tengo entre los cines que el viento se llevó en Camagüey.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el agosto 22, 2009 en CAMAGÜEY: LO QUE EL CINE SE LLEVÓ. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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