Archivos diarios: agosto 22, 2009

TEATRO PRINCIPAL

Ahora irrumpe en mi mente el recuerdo de la primera vez que mi madre me llevó al cine. Seguro lo evoco mal, que idealizo esa escena que tal vez viví de modo diferente, pero eso es lo menos que importa: ¿acaso no es la existencia la sumatoria de nuestros recuerdos más o menos sublimados? El recuerdo del primer beso, de la primera pérdida, del primer júbilo.

Lo cierto es que “mi primera vez” en el cine lo asocio al Teatro Principal, y a una película interpretada por Kirk Douglas y Tony Curtis: “Los vikingos”. ¿Qué edad tendría entonces?, ¿Cuatro?, ¿Cinco? Ni idea. Ya sé que suena sospechoso. Lo natural sería hablar de algún animado de Disney. O hasta una película de Chaplin. Pero no: lo que persiste en mi memoria primigenia es la imagen de Kirk Douglas, con el ojo tapado, desafiante, invencible hasta después de muerto.

Y junto a la película está la retentiva del Teatro Principal, que entonces era cine. ¿Será que me invento ese parquecito donde, después de salir de la escuela (la “Enrique José Varona”), nos íbamos a jugar bolas?

En el Teatro Principal no alcancé a ver demasiadas películas. Pero lo tengo entre los cines que el viento se llevó en Camagüey.

Juan Antonio García Borrero

MARIO CRESPO SOBRE EL OFICIO DEL ASISTENTE DEL DIRECTOR (6)

EL OFICIO DEL ASISTENTE DEL DIRECTOR (6)

Del miedo escénico a la histeria.

El peor enemigo de un asistente del director es el miedo escénico. Se dice que este padecimiento eventual se origina en situaciones como enfrentarnos a algo desconocido, a imprevistos ante cualquier tarea, la importancia que tiene la tarea que nos han asignado, la falta de práctica y de vivencias , temor al ridículo y temor al rechazo. A todo esto y mucho más se enfrenta el asistente de un director por diferentes causas.

Todos, por lo general, centramos siempre nuestra atención en un líder, a él nos dirigimos en caso de necesidad o duda. Cuando el asistente del director se mantiene en el centro de la acción en la preparación de una escena y tiene su desglose de guión a mano, conoce todo lo que deberá suceder, conoce bien el set donde se va a filmar; si además, se mantiene al tanto del desarrollo de las tareas en las salas de maquillaje y vestuario, pidiendo información a sus asistentes por departamentos, entonces todos, instintivamente acudirán a él, por ser la persona más enterada, con toda la información necesaria.

Antes que el director entre en la escena, momentos antes del filmar un plano, el asistente estará en el centro de la acción y sólo se retira y se pondrá a unos metros detrás del director cuando éste llega al set. Es un ritual al cual el asistente debe acostumbrar a todo el equipo, incluso al director. La voz del asistente es la que debe escucharse en esos momentos antes de dar paso a la voz del director.

Ya he comentado que el asistente del director, en ocasiones, es la voz del director. Es, por decirlo de alguna manera, el segundo jefe en el set. No quiero quitar importancia al productor de campo quien tiene responsabilidades muy específicas en lo que a organización del rodaje se refiere, tampoco deseo sobrevalorar la función del asistente del director, sino señalar cómo puede, según el director con el que trabaje, destacar más o menos su presencia en el set. A diferencia del director, que puede mantenerse callado en un rincón, hablar en voz baja a todos y concentrarse en sus pensamientos, revisar el guión o, hablando con sus actores; el asistente del director, estará todo el tiempo en el set, antes y durante la presencia del director. Su presencia y su voz son importantes, pues es la que ha sido identificada con los reclamos de atención, silencio, disciplina.

Hay directores tranquilos y ecuánimes y otros muy nerviosos que sólo confían en su propia vista y control total. Para ambos estilos, el asistente debe ir ajustando su método de trabajo. Si el director es de ésos que se va a un rincón a pensar en su puesta en escena, a hablar con los actores, a estudiar el guión y deja en manos de su asistente la preparación de la escena, éste tendrá más presencia. Si por el contrario, el director es de los que no sale del set un momento, de esos que hay que llevarle hasta el agua al plató, entonces su asistente asumirá una posición más discreta, pero siempre apoyando al director con las voces, y solucionando en lo posible con los productores, los continuistas y sus asistentes, los problemas que se presentan fuera del set o dentro antes que lleguen al director.

Recordaré otra vez algunas de las funciones que requieren que el asistente, padezca miedo escénico, para que no se vea socavada su autoridad. Pide silencio, saca intrusos del set, chequea con el utilero y el/la continuista todos los implementos de utilería, tanto de acción como de ambientación y exige su buen estado y exactitud de acuerdo al desglose. Da las voces de alertas para la filmación de un plano o toma, se acerca a los actores para tomarles la letra y a veces hasta hace ensayos “en frío” para cámara y luces; tiene al alcance de su mano a un utilero de set que atiende la utilería de acción y la cuida, también a un asistente de producción que se ocupará del bienestar de los actores y sus necesidades; controla la entrada de maquillaje y peluquería para hacer los retoques necesarios entre toma y toma y además va armado de un megáfono para amplificar las órdenes del director o dirigir los fondos que, en exteriores y en algunas películas, pueden llegar a ser cientos de personas. Creo, después de esta enumeración, no es necesario demostrar que una buena presencia de ánimo es fundamental en el oficio o de lo contrario, el director se sentirá muy desamparado en su trabajo.

Se han dado casos de asistentes que a la hora de tomar el megáfono, pierden la voz, también he visto asistentes refugiados en las salas de maquillaje o vestuario huyendo de la responsabilidad de atender el set y lo que allí sucede. Algunos no saben pedir silencio, tampoco llamar sonido y cámara, una cierta timidez los inhibe. Aclaro: hablo del primer asistente. Para los asistentes de dirección que atienden departamentos o segundos asistentes, la condición primera es ser muy organizado y llevar muy rigurosamente y en constante actualización el desglose del guión. De eso hablaré en otro post.

Ahora bien, si la película es muy grande, tiene muchos exteriores y muchos extras, es aquí donde se vuelcan todos los asistentes a trabajar en el set, en ayuda del primer asistente del director. Es aquí donde se van entrenando los segundos asistentes con la puesta en escena de fondos, a dar voces, a controlar la disciplina entre las masas de extras, a componer con su movimiento, color y volumen en el fondo de la escena. En fin, va perdiendo el miedo escénico, aquel que lo padeciera.

Regreso al punto en el que el asistente debe adecuar su trabajo y el nivel de su intervención al estilo de trabajo del director y para esto, es bueno que pida al director antes de llegar al rodaje y desde los primeros días de su colaboración, cómo le gusta trabajar en el set, cuales deben ser sus atribuciones y sus limitaciones como asistente. Con esto evitará tropiezos y regaños, lo cual puede conducirlo a una inhibición o miedo para el resto del rodaje. He trabajado con directores que se van del set a descansar, a fumar un cigarrillo o simplemente a tomar el aire y pensar en la película. Estos directores a veces sin pedirlo yo, me entregaban en la mañana o el día antes, un plano del set, con los ángulos de cámara y el orden en que se filmaría cada plano. Nada más fácil y… más difícil. Fácil pues no tendré que estar preguntando constantemente qué plano sigue y podré preparar con tiempo cada uno de ellos e ir alertando a los departamentos de servicio de las necesidades futuras. Y es difícil, porque se hace necesario imponer autoridad y convencer al staff que no te lo has inventado y que deben preparar las cosas de acuerdo al orden que les estás informando. Con los maquinistas y los cámaras a veces es lo más complicado, pues no puede el asistente equivocarse y pedir que se monte un dolly, por ejemplo, en una dirección y resulte que después no es allí sino en el sitio exactamente contrario. La que se arma entonces es tremenda. Sin seguridad y con miedo, esto no es posible hacerlo.

Este último, tipo de director, no obstante, es el que preferí siempre. El que se ocupa de su trabajo de dirección artística – que ya es bastante- y deja a todos trabajar a sus colaboradores de acuerdo un plan pre establecido por él.

Para el director obsesivo, desconfiado y que pretende estar pendiente de todo en el set y dirige al utilero, al montador, al que trae el agua, también hay que elaborar un método que, sin dejarlo solo, permita al asistente irlo desplazando de esas preocupaciones, con mucho tacto y como se dice, ir un paso delante de él para no darle tiempo de meterse en ellas. Es posible que cueste más o menos una semana ir conociendo y ajustando este ritmo, pero si el asistente no tiene miedo escénico, va ocupando su espacio y el director y los demás, lo van reconociendo. Lo contrario, es dejarse vencer y convertirse en un cero a la izquierda. Para este tipo de asistente, también se buscó un epíteto -no se si es autoría del gran Germinal Hernández-: asistonto de dirección. Un poco cruel, pero ya lo dije, el ritmo es cruel y no espera por nadie y además, también lo he dicho, el cine no puede ser democrático. El caso es que a partir de aquí para usar un título de Fassbinder: “El miedo corroe el alma” y cada vez perderá más espacio de trabajo.

Del miedo escénico a la histeria.

He visto también casos de asistentes de dirección que combaten su miedo escénico, gritando con el megáfono constantemente, atormentando a todos y a él mismo. Pretendiendo mantener el orden en el rodaje a fuerza de gritos, corriendo de un lado a otro e ignorando el trabajo de los demás, como el de los continuistas o dirigiéndose a los actores, sin que nadie se lo pida. Centro de todo y dirigente de nada. Juro que lo he visto y lo he sufrido también como director, nadie piense que exagero. Y aunque dije en otro post anterior, que el asistente no tiene que aspirar a concursos de simpatía, sí deber tener el tacto suficiente para hacer su trabajo dentro de determinados límites que él y el director van estableciendo, no excederse en sus funciones y sobre todo no imponer su presencia histéricamente, estando en todas partes como un carro loco. Este exceso también le haría perder autoridad frente al equipo y los actores. El director no podría confiar y lo mejor es prescindir de su “apoyo” lo antes posible.

Un asistente ecuánime, que sepa dosificar sus llamadas de atención y el uso del megáfono, un asistente que conozca bien toda la producción en la que se encuentra involucrado, tendrá autoridad suficiente en el set y será fianza de tranquilidad para el director y el productor, pues garantizará la eficiencia y productividad del rodaje.