Archivos diarios: agosto 17, 2009

AGENDAS

En el filme de Daniel Díaz Torres “Hacerse el sueco” (2000), el personaje que interpreta Enrique Molina colecciona agendas. Confieso tener el mismo vicio. Soy incapaz de desprenderme de esos cuadernos donde duermen, aprisionados, los nombres y teléfonos de las personas que más he querido en algún momento.

No quiero parecer un sentimental. En realidad, son pocos los que sobreviven en la misma condición afectiva de antes. Algunos se han distanciados. Otros murmuran que he cambiado, y debe ser verdad. Aunque detrás de eso uno sabe que hay otras cosas. Lo curioso es que hablan como si los cambios únicamente fueran ajenos. Y una vez más viene a mi mente ese aforismo que tanto le gusta a Enrique Pineda Barnet: “¿por qué cuando me apuntas con un dedo hay tres que quedan mirando hacia ti?”.

Creo que el sentimentalismo es una de las peores lacras que afecta al hombre. Nos hace débiles. Nos impide mirar a la realidad tal como es ella. Nos hace esclavo de una visión donde solo caben los estereotipos. Donde los malos siempre son “los otros”. Donde la autocrítica es un absurdo. A los amigos hay que quererlos con sus virtudes y defectos, incluyendo entre estos últimos, el legítimo derecho que tienen a, un día, desertar de aquello que se llamaba amistad.

Medito sobre esto mientras leo por enésima vez el epistolario de Titón. Este libro tiene la virtud de animarme cuando llegan esos momentos en que, para decirlo en términos sartreanos, me convierto en ese hombre que se capta “en su soledad”. Me ayuda a entender un poco mejor la diferencia entre un grupo de personas que se siente fuerte solo porque están juntos, y ese otro grupo que es fuerte porque cada cual respeta y estimula la personalidad propia de sus miembros. En este último grupo la mediocridad difícilmente florece.

¿Cuánto demora uno en aprender esa lección? Tal vez toda una vida. O quizás no lo aprende nunca, por aquello de que siempre estamos expulsando al sentimentalismo por la puerta, y un segundo después, éste entra por la ventana.

Juan Antonio García Borrero

ABELARDO MENA SOBRE EL POST DE MARIO CRESPO

“Puedo arreglar la frase que me citas y decir: la política, /*fatalmente*/, es la que marca el ritmo para el desarrollo de la ciencia, la tecnología la economía y el arte. “

…..Si se refiere a Cuba, esta frase esconde un fatalismo no solo victimizante sino casi incierto (por no decir falso). Son los cubanos quienes están marcando el ritmo de los cambios, no los políticos.

a) De la micro-macroeconomía: Bajo los rigores del Periodo Especial, los cubanos de a pie se independizaron de los políticos cubanos y la paternal “libreta de racionamiento”, y asumieron que “la política no cabe en la azucarera”. Comprendieron que la actividad económica independiente (léase cuentapropismo, forrajeo, cimarronaje urbano o simple emigración) aportaba mas ingresos que un honesto salario y se lanzaron, sin las autoinculpaciones de un Jean Vajean, a “la lucha” y “a resolver”. Enérgico accionar vital que hoy sacude y sacudirá a la sociedad cubana, véase no solo la cifra de nuevos “españoles” que- nietos de Rezoplez (y también de Elpidio Valdés) arribaran próximamente a la Madre Patria sino también las propuestas socioeconómicas de Pedro Campos y otros ensayistas, iceberg de las 3 millones de ideas aportadas en julio de 2006.

b) Las Artes de la Economía o la economía del Arte: En Las Artes Visuales, el Renacimiento Cubano desde mediados de los 80 hizo precisamente saltar los cimientos de la institucion arte (y las sillas calmadas de mas de un funcionario) a cuenta de la iniciativa de los propios creadores. Esta voluntad “empresarial” no solo se acentuó en el Periodo Especial, se constituyo en la mas fuerte manifestación de diplomacia cultural cubana nunca vista, florecida bajo la era Clinton y que hoy ya ha fijado al arte cubano como una marca internacional en la economía del arte (ver http://www.cuba-avantgarde.com). Este empuje ha incluso modificado la naturaleza no comercial de la Bienal de La Habana. Y sus marcas, aunque sean tímidas, podemos encontrarlas en la oleada imparable de los nuevos cineastas cubanos que con cámara digital en mano y centenares de ideas en la cabeza se han lanzado, sin permiso” de nadie, como corresponde a hombres y mujeres libres, a capturar la imagen de su época.

La misma rabiosa voluntad emancipadora, tanto de todo autorizo como de quienes des-autorizan, la encontramos en la blogosfera cubana, y los usos “no autorizados” del potencial de las IT: léase Sepermuta.com, Revolico.com, los bancos de DVDS y MediaPlayers, la música vía Ipod y las vertientes “piratas” de la distribución audiovisual. Son los cubanos y cubanas quienes adelantan a las instituciones en el uso free de las nuevas tecnologías, sea para usos “cultos” o banales”. Y eso, colegas, es desarrollo.

c) Otras voces, otros ámbitos: Es extremadamente peligroso, por no decir de agrios ribetes nostálgicos, acusar a esta generación de “carencia de pensamiento”. Las “marcas” estéticas que una generación deje no radican en la longitud kilométrica de sus manifiestos, apariciones en mesas redondas, pavoneos en festivales, discursos y otras figuras verbosas, sino deben ser estudiadas, trazadas, rastreadas, en sus producciones de sentido. Si se manifiestan o no, es harina de otro costal. Quizás han aprendido de la fuerza del susurro modesto, en oposición al vocerío radicalista infantil. Quizás aprendieron que no basta delinear gigantescas utopías trazadas en el aire, sino creen en la lucha sorda por hacer sus imágenes. Quizás no pretendan emancipar al Hombre, sino dejar una brizna de arena en las pantallas. Quizás ni les importe el Cine, sino otras maneras de hacer la vida.

Nada más,

Abelardo Mena

MARIO CRESPO SOBRE EL OFICIO DE ASISTENTE DE DIRECCION (5)

SOBRE EL OFICIO DEL ASISTENTE DE DIRECCIÓN. (El director es la estrella) (5)
por Mario Crespo

«Me gusta cualquier director, siempre que te haga darte cuenta quién diablos ha dirigido la película».Howard Hawks. (Who the devil made it. Peter Bogdanovich)

Tomo el título que dio Peter Bogdanovich a sus dos tomos de relajadas y profundas conversaciones con directores de cine, que en español se llama El director es la estrella, (España T & B EDITORES, 2007) destacando la importancia del director de una película en la industria de Hollywood, donde sabemos que el estudio es el verdadero dueño del filme y el director, un empleado más. Aún así, en este libro, a través de experiencias y anécdotas del trabajo de grandes directores al frente de sus equipos, se destaca que la verdadera estrella de un filme, es el director. Y es que el cine no puede ser democrático y quien no lo entienda, no hace nada en el set. Sólo así, al finalizar la película se podrá decir “la hicimos entre todos” aunque parezca un contrasentido. En la consecución de todo esto, el asistente del director tiene una gran responsabilidad. Sigamos revisando el tema.

Marina Ochoa describió muy bien su entrada al oficio y todas las presiones que siente el novato en su interés de quedar bien en este trabajo, que no espera por nadie, que tiene un tiempo de desarrollo demoledor e implacable desde que se da el primer llamado a filmación, hasta el último día de rodaje. Sobre todo, porque cuando el nuevo asistente de dirección se une a un equipo, queda rodeado por un staff con alto profesionalismo y ética de trabajo, puesto en función de lograr que el proyecto que el director ha puesto en sus manos, culmine con éxito.

Siempre se dice que si el director está tenso y de mal humor, todo el equipo empieza a ponerse de esa manera y yo lo creo firmemente. El binomio director – asistente es responsable del buen estado de ánimo en el set. Siendo, como hemos dicho, el asistente del director el enlace entre éste y el equipo (imaginemos por un momento que todo lo que es necesario resolver en un rodaje se le pregunte al director, ¿en que estado quedaría éste y cómo podría pensar y dialogar con sus actores si todos los colaboradores se dirigen a él a consultarle o proponerle algo?), es el asistente el vallado necesario; el ataja problemas. Tiene que tener toda la información necesaria para tomar una decisión y ésta sea la más acertada de acuerdo al gusto y los intereses del director y la película que se realiza.

El deber del asistente del director es, (apoyado por supuesto, por el productor de campo o locación, quien también tiene que ser un lince atajando problemas y organizando) ya lo he comentado, tener todo a punto en cada día de rodaje a la llegada del director y ya en el rodaje, estar siempre preparando el plano que sigue al que se filma; o la escena siguiente y pensando en la del próximo día, a la vez que no se puede ausentar del rodaje y estar siempre dos pasos detrás del director. Si me permiten un símil, diría que es como el instrumentista en un quirófano. Siempre con el instrumento necesario listo y a la mano del cirujano, para el próximo corte. No puede distraerse. Pero el asistente es un ser humano y puede también equivocarse. Aquí es donde no puede ponerse tenso, no puede aflojarse y tiene que buscar la manera de resolver un posible entuerto, sin crear alarma, angustia e inquietud en el director.
¿Qué es necesario para que le salgan bien las cosas? Primero que todo la colaboración del equipo, pues en el cine nadie puede hacer nada solo y todos, trabajando para el director. Marina dice también en su artículo, que el segundo asistente de dirección es al primer asistente, lo que éste es al director y su reflexión me invita a hablar de esta cadena de trabajo, que tiene en su cúspide al director de la película. Y ya que Marina ha tenido la honestidad de revelarnos una “trampita” que le hizo a Enrique Pineda y que ella jura, él no se dio cuenta, cosa que me permito dudar conociendo como conozco a mi gran amigo, observador, acucioso, prolijo, celoso en grado superlativo y a quien es difícil se le escape algo en “su” set de rodaje. De todas formas, lo importante de la anécdota estriba en el hecho de que todo un equipo trabaja arduamente para que el director mantenga la presencia de ánimo que le permita dirigir, artísticamente, esa cadena de producción que es una película y el asistente del director, es el primer encargado de conseguir esa tranquilidad tan necesaria. Por eso Marina habló con Tania y ésta se puso de acuerdo con el camarógrafo y con la actriz para que cada uno hiciera lo que correspondía para salvar la escena y sobre todo, el estado de ánimo del director. Estoy seguro que si la carterita hubiese tenido indicado un plano detalle o fuera de mucha importancia en el plano a filmar o, tuviera muchos planos seguidos, Tania no habría dudado en llamar al productor de locación y pedir rápidamente un transporte para ir a buscar la carterita a dónde hubiera quedado. Estoy seguro además que en ese caso, se hubiese propuesto al director de fotografía que solicitara al director hacer otro plano en el que no “jugara” la carterita dichosa en lo que ésta aparece. Muchas cosas se pueden hacer para salvar la eficiencia y la productividad del rodaje y a la vez no incomodar al director con asuntos de fácil solución. Claro que si no queda más remedio, si la cosa es insalvable, habrá que ir a dónde está el director a comentarle, pero con una propuesta factible en la mano, nunca preguntándole qué hacer, pues si el director nos tira el guión por la cabeza, bien empleado lo tendríamos. Y es que no hay que tratar al director como un loco irascible, alguien con quien no se pueda dialogar y llega a acuerdos, ni temerle. El director también hace un esfuerzo por no intranquilizar, no mostrarse tenso, nervioso e inseguro. También es su deber.

Hasta aquí, como se puede observar, lo que se pone de manifiesto es que el asistente del director debe tener una excelente relación con su equipo de asistentes, con el cámara, con vestuario y maquillaje y con los actores. Imponer un amable respeto entre sus compañeros y hacer entender a todos que es el jefe de escena. Por eso siempre digo que el asistente del director, no es aspirante en un concurso de simpatía. Su preocupación no tiene que ser “caer bien” si no, ser eficiente con el director y seguro y firme en sus decisiones y ordenes.

Ya que la anécdota de Marina nos lleva a una película de Enrique, voy a hablar de mi relación con él, esta vez siendo yo su asistente en la película “Aquella larga noche”.

Decía arriba que Enrique es el director más acucioso y observador en detalles que he conocido y por eso dudo que se le escape el color de una cartera, con perdón de Marina. Lo que pudo suceder es que el propio Enrique no le dio demasiada importancia al hecho y como es un director tranquilo y trabaja con alegría, no quiso crear un problema con el asunto. Lo he visto parar un rodaje sin hacer ningún escándalo hasta que le consigan aquello que él sabe imprescindible para la escena. El tiene la última palabra, por suerte lo tenemos bien cerca para sacarnos de la duda.

Ya conocía yo un poco a Enrique de mi trabajo con él en “La Diversión” (no filmada) y sabía que su método de trabajo es de una prolijidad en detalles, ninguno injustificado, que requieren una gran atención y trabajo por parte de todos los colaboradores, desde los directores de arte, los ambientadores y utileros, los directores de fotografía y los actores. Dije también que es testarudo con sus criterios, pero es que éstos los tiene siempre muy bien fundamentados y los va rumiando, justificando y enriqueciendo desde que comienza con la escritura del guión, hasta que hace el trabajo de mesa con los actores y en todo, hace partícipe a su asistente – a quién le gusta tener desde muy temprano en el proceso incorporado al trabajo- y éste debe tener buena cuenta de ello e ir enriqueciendo el desglose de guión e informando a aquellos que corresponda. Cuando hablo de testarudez, me refiero a que si le vas a cuestionar una propuesta, la tuya tiene que estar tan bien fundamentada y estudiada como la de él o más. Si no, él con la mayor paciencia del mundo hará un alto y, abrazándote, tirando el brazo por encima de tu hombro, llevándote a un rincón, argumentará por qué es importante éste o aquel detalle, tranquilamente y con un gran respeto por ti y tu trabajo.

En una película de Enrique es importante una sortija (recordar la anécdota de Beatriz Valdez en “La Bella del Alhambra”), nunca puede ser una sortija cualquiera, su diseño tiene que tener un significado para la actriz, para el personaje. A veces es importante, muy importante algo muy pequeño que no se ve, pero que el actor sabe que está ahí para él y en complicidad con el director. Es lo que se dice un director de método y que aprovecha hasta la más última de las memorias afectivas del actor y las suyas propias para crear esa complicad necesaria. Y también con el equipo. Es de los que piensa que una palabra que unifique a todos o una melodía puesta en el set, crea entendimiento y espíritu positivo de trabajo.

Para ir a lo anecdótico, recuerdo que yo me atreví a cuestionar una medallita que Enrique y Armando Bianchi, habían acordado éste llevaría en su bolsillo un día en que en su papel de Ventura, tenía que hacer una redada en la carretera vieja de Guanabacoa. Era algo que el personaje real hacía y que significaba mucho para él. Aquel asesino de jóvenes, frío y calculador, siempre vestido de blanco impecable, que se emocionaba frente a la Virgen de Regla, era devoto y apretaba en su mano, hasta el dolor una medallita ¿de la Virgen?, no lo recuerdo. Y osé cuestionar su importancia. Enrique detuvo todo lo que estaba haciendo y con gran modestia uso un ejemplo de otro director: ¿crees que Visconti pide géneros auténticos en el vestuario cuando hace Gatopardo por que le gusta, por capricho, por hacer costosa la película? El sonido que hace una tela la define y esto es importante para el actor, que debe tener una prestancia, reflejar una clase social. Tranquilo, en voz baja argumentó un rato más y yo recibí una gran lección. Al final me dijo: Por favor, manda a buscar las medallas para que el actor escoja una.

Desde ese momento, yo era el primero en ocuparme que la medallita, no cualquier medallita, sino la que se había decidido, estuviera en el pantalón del gran actor que era Armando Bianchi.

Mario Crespo

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MARIO CRESPO SOBRE EL OFICIO DEL ASISTENTE DE DIRECCIÓN (4)

MARINA OCHOA SOBRE LAS MUJERES Y EL CINE CUBANO

Querido Juany:

Lo que preguntas de Rosina Prado ha desatado en mí la necesidad de abordar el tema de la mujer realizadora, donde te confieso que tengo más preguntas que respuestas.

El tema es mirado de soslayo por sospechas de feminismo. No soy feminista, pero tengo y estoy trabajando en perfeccionar mi conciencia de género. Hay también comentarios – en el nivel coloquial porque nadie se atreve a escribirlo- de que abordar el tema de la mujer realizadora es malentender el concepto diversidad, es reducirlo y asociarlo a significantes anatómicos: negro, mujer, indio y/o a filiaciones sexuales, religiosas, ideológicas, políticas etc., y que potenciar el concepto mujer podría ser portador de un patrón fragmentador que puede conducir a la devaluación de la identidad colectiva. O sea identidades contra identidad

¿Y entonces…qué nos proponen hacer estos ideólogos, a veces ideólogas -¡cuidado, los de café con leche en franca minoría!- para rescatar a la mujer realizadora de una sofisticada, escurridiza y rara vez aceptada, manifestación de la discriminación: la invisibilidad.?

No podemos olvidar que en primera instancia estamos hablando de una manifestación artística que lleva nombre de varón: el cine. También su sobrenombre es masculino: el séptimo arte. Pero además, hasta donde sé, solo tiene padres, pues no hubo ninguna mujer que le sirviera siquiera de partera.

Antes de 1959 solo una mujer logró colocar en la pantalla (creo que de televisión) el crédito de directora: Evelia Joffre. Pero ella solamente se ocupó de dirigir el montaje de un desastroso material filmado por un hombre cuyo nombre ha permanecido en un anonimato protector: “La rumba en televisión”.

La Joffre, script hasta ese momento, creyó estar en posesión de una gran oportunidad y cargó con los créditos y con los descréditos, pues el material resultó insalvable y constituye una de las peores películas del cine anterior al 1959. No conozco que haya podido volver a realizar posteriormente.

No es hasta 1959, cuando se crea el ICAIC, que el cine entreabre las puertas a la mujer, y remarco entreabre porque no podemos desestimar el fuerte componente sexista de nuestra idiosincrasia activo y actuante a pesar de la voluntad de igualdad del proyecto social de la Revolución Cubana.

Propongo para medir cómo este componente sexista se materializa en actitudes discriminatorias, muchas veces no conscientes o no asumidas, tratar de contestarnos las siguientes preguntas:

En 47 años de existencia del Nuevo Cine Cubano ¿cuántas mujeres han logrado dirigir ficción? ¿cuántas han dirigido documentales? ¿camarógrafas ? ¿ ingenieras de sonido o sonidistas? ¿productoras? ¿editoras? ¿asistentes de dirección? ¿directoras artísticas? ¿musicalizadoras?, ¿cuántos afiches para filmes han sido realizados por mujeres? Y sobre todo ¿cuántas mujeres están ubicadas en las instancias que toman las decisiones sobre los proyectos que se aprueban o son vetados o cuáles se exhiben y cuáles no, o donde se decide la política de promoción?

En el caso de algunas de las profesiones donde se desempeñen mujeres de manera significativa, por ejemplo productoras, ¿cuál es la proporción con respecto al total, asumiendo que el resto son hombres y teniendo en cuenta que somos la mitad de la población de la isla, y cuál la jerarquía?

El caso de la edición es muy interesante porque con el surgimiento de las nuevas tecnologías se ha ido masculinizando, mientras que la fotografía y el sonido se resiste a las mujeres a pesar de que la digitalización ha disminuido el peso de los equipos, argumento utilizado con anterioridad a la existencia de las escuela de cine en nuestro país pues, por ejemplo, la carrera de fotógrafo arrancaba de manera general, en la posición de asistente lo cual implicaba cargar los equipos por entonces enormes y muy pesados.

¿Cuántos conocen que Teresa Ordoqui realizó, en la década del 80 “Te llamarás Inocencia”, primer largometraje realizado totalmente por una mujer , ya que el filme “De cierta Manera”, de su antecesora Sara Gómez, insuficientemente explorada a pesar de ser según refiere el mito, la primera mujer cineasta del Nuevo Cine Cubano y Latinoamericano, fue terminado por Tomás Gutiérrez Alea a causa de su prematuro fallecimiento?( tengo dudas con el caso de Rosina Prado, tan absolutamente desconocida que ni siquiera sé si era cubana, pero cubana o no hizo su obra con el ICAIC). Creo que está ahí , ahí, picando.¿Y cuántos otros están informados de que en los años 80 del pasado siglo Ana Rodríguez, Mayra Segura y Mayra Vilasis realizaron tres de los cortos de ficción que conformaron el largometraje “Mujer Transparente”.?

¿Quiénes se han enterado de que “Laura”, el corto que Anita aporta a este filme aborda por primera vez en el cine de ficción ( tengo también mis dudas con “Lejanía” donde fui asistente de dirección), pero en todo caso considero que con más riqueza, el reencuentro con los que se fueron, con todas las dudas, temores, prejuicios y satanizaciones de esos tiempos, iniciando una mirada humana hacia el problema, al mostrar el sentimiento de los seres individuales interactuando con el conflicto político en el que están irremediablemente atrapados?¿Y cuántos saben que el abrazo de Laura y su amiga es anterior al de Diego y su significado tiene más riqueza que el de este último, sin que por ello descalifique la importancia del último?

Ninguna de las realizadoras mencionadas tuvo una segunda oportunidad a pesar de sus logros. Tres de ellas no las tendrán porque están fallecidas De las otras dos diré que una está totalmente retirada de la realización audiovisual y habla de su filme como de un sueño-realidad remoto, quizás vivido en otro plano temporal paralelo, quizás más justo, donde a este le hubieran sucedido otros más y la otra realizadora ha permanecido en el mundo del cine pero como productora.

Tal parecería que la muerte prematura de Sara Gómez hubiera desatado una suerte de maldición sobre las mujeres cineastas cubanas que intentan abordar el cine de ficción.

Esta maldición solo la ha logrado romper Rebeca Chávez, con su filme “Ciudad en Rojo”, a pesar de los intentos infructuosos de realizadoras de la talla de Mayra Vilasis, Belkis Vega, Marilyn Solaya entre otras valiosas realizadoras. En el caso de Belkis Vega es inconcebible que no haya encontrado un espacio en el ICAIC luego de haber realizado casi como clímax de su inestimable obra “La casa de Bernarda Alba”, donde brilla su dominio del lenguaje del cine de ficción, y cuya calidad y densidad conceptual destacan por sobre la obra de algún que otro realizador masculino que si tuvo su oportunidad con nosotros.

Sin embargo, considero que “Ciudad en Rojo” no recibió ni remotamente el despliegue publicitario de “Kangamba”.

Marisol Trujillo la directora de “Mujer ante el espejo”, uno de los documentales del cine cubano más premiados internacionalmente por sus calidades cinematográficas y que generaciones de cinéfilos desconocen (y otros que “han olvidado”), comenzó la prefilmación de su primer largometraje de ficción, hace ya tanto, tantísimo tiempo, y no pudo continuar porque sobre ella se tejieron leyendas, o comentarios, o campañas, (da igual), sobre actitudes caprichosas “de mujer” que dañaron su reputación como realizadora y conllevó la frustración de un hermoso y original proyecto dedicado a los niños y jóvenes. Porque, cuando un hombre grita se dice que tiene carácter, pero cuando lo hace una mujer, por muy justificado que sea se dice que es una histérica. Y con esto no quiero decir que haya sido el caso de Marisol, solo es un apunte en cuanto a los raseros diferentes

Aunque todas cruzamos los dedos y rogamos porque Rebeca rompiera el nefasto sortilegio yo por mi parte, estoy tratando de convertir en novelas la ficción que he escrito. Ya convertí una en teatro y voy por la transformación de otra también en teatro.

¿Me he dado por vencida? Por supuesto que no. Sigo tratando de hacer en el único espacio que he conquistado: el cine documental donde me encuentro a gusto artísticamente hablando, hasta más ver.

Pido disculpa por mi pasión pero mi mirada es desde dentro del problema y no está exenta de subjetividad.

Un abrazo de,

Marina Ochoa

PD: PUCHEUX A PROPOSITO DEL POST DE MARINA OCHOA

Leyendo el trabajo que viene haciendo Marina sobre la mujer y el cine en nuestro país me llegan a la mente una serie de sucesos de los cuales, tanto Pepín Rodríguez como yo en Trucaje, fuimos testigos presenciales. Me refiero al trabajo que debíamos acometer para una película nunca producida, o mejor, nunca permitida.

Lo cierto es que jamás supimos qué fue lo que sucedió con este filme. Sí puedo comentar que el mismo fue uno de los pocos (y sobre este aspecto ya he escrito algo) que sí tuvo una preproducción muy bien pensada. Recuerdo que pudimos trabajar con guión técnico y hasta con Story Board, cosa poco común en esa época.

Estuvimos trabajando en todos los procesos que llevaba la película, hicimos gran cantidad de pruebas para lograr efectos visuales de primera, pasamos meses en esto, lo cuidamos todo, tanto técnico como creativamente, pues iba a ser un filme dedicado a los niños y los jovencitos. Era una magnífica fantasía que se iniciaba en la Isla de Pinos, en el interior de una cueva y que tenía una buena cantidad de acciones fantásticas muy bien pensadas. Sí estaba claro que no iba a ser una superproducción ni nada que se le pareciera, iba a ser una muy sencilla y necesaria película (qué hay en el ICAIC pensado y realizado para los niños y jóvenes, además de los dibujos animados y algún que otro filme por ahí?)

Escribo sobre este filme, porque fue preparado por Marisol Trujillo, una destacada realizadora de documentales, que un buen día dejó de trabajar. Nunca más se habló del filme, nunca más se aclaró nada sobre todos los recursos empleados por nosotros durante tantos meses, y sobre todo, de tanto trabajo desarrollado de la única y verdadera manera de realizar un buen trabajo en un filme.

¿Qué pasó con Marisol y su frustrada película? Aún hoy no lo sabemos, porque por organización y desvelos nada se hubiera podido plantear. Para nosotros, esta fue una historia triste, y hoy, leyendo el trabajo de Marina y todo lo referido a lo sucedido a Marisol, más dudas caen sobre este episodio.

Jorge Pucheux.