Archivos diarios: agosto 14, 2009

SOY CUBA (1964), de Mijail Kalatozov

SOY CUBA
(1964)/ 141’/ D: Mijail Kalatozov/ P: Miguel de Mendoza y Simyion Mariachim/ G: Eugueni Evtouchenko y Enrique Pineda Barnet/ F: Serguei Urusevski/ M: Carlos Fariñas/ Actúan: Sergio Corrieri, Salvador Wood, Luz María Collazo, José Gallardo, Celia Rodríguez, Jean Bouise, Isabel Moreno, Raúl García, Alberto Morgan, Zilia Rodríguez, Fausto Mirabal, Roberto García York, María de las Mercedes Diez, Bárbara Domínguez, Isis del Monte, Luisa María Jiménez, Mario González, Tony López, Héctor Castañeda, Roberto Villar, Roberto Cabrera.

Cuatro episodios muestran diferentes aspectos de la vida en Cuba antes del triunfo de la Revolución. Una muchacha forzada por las circunstancias a convertirse en prostituta de un club nocturno habanero; un campesino cuya finca es vendida por el dueño a una compañía yanki; un estudiante revolucionario que reniega de su decisión de ajusticiar a un policía corrupto y los combatientes en la Sierra Maestra protagonizan cuatro episodios en los cuales el director y el fotógrafo de Cuando vuelan las cigüeñas intentaron retratar los últimos días de la dictadura batistiana.

“No he escogido actores experimentados. Algunos no han actuado nunca y otros apenas empiezan. Yo creo que el cine no necesita mucho del actor profesional, porque lo que cuenta, para lograr un personaje en la pantalla, es antes que nada una presencia humana, y eso es lo que da el Pedro de la tercera historia de Soy Cuba. El espectador sentirá ante él que está ante un campesino, ante un hombre que lleva en él los signos de su lucha con la tierra y los elementos. A José Gallardo no le hace falta, pues, actuar. (…) La historia se refiere a la condición real de la clase campesina en Cuba, pero no la vamos a hacer de modo naturalista, sino en cierta forma simbólica y poética. Porque Pedro representa a la vez un personaje concreto y un símbolo de todos los guajiros cubanos, con su vida difícil y explotada. Nosotros queremos darle al público fuera de Cuba, y especialmente de los países socialistas, una imagen sintética del hombre del campo cubano, y por eso Pedro tiene muchos rasgos del campesino de todos los países, más los rasgos característicos cubanos…”. (Mijail Kalatozov).

“Antes de venir a Cuba la primera vez, nosotros nos preparamos bastante intensamente. Leímos todo el material que podíamos encontrar sobre Cuba –situación geográfica, política, climatológica…- de manera que llegamos aquí con una opinión formada de lo que era el país. Pero, lo importante no era esa opinión, esa idea formada sin conocer el país, lo fundamental era cómo reflejar todo eso en el aspecto plástico y ver, sobre todo, si la realidad corroboraba nuestras opiniones. Para nosotros lo más urgente no era lo que íbamos a filmar, sino cómo filmarlo. Si reunimos trescientos pintores frente a una “naturaleza muerta”, cada uno la interpretará a su manera. Ahora ¡cuánto más difícil resulta la interpretación de algo tan complejo y variado como la naturaleza y los hombres de todo un país! Esto me preocupaba pero, comprobé en nuestra primera visita, que no nos habíamos equivocado en la idea que nos habíamos hecho a través de nuestras lecturas. Al contrario: la realidad corroboró nuestras opiniones. Durante ese primer viaje hice algunas pruebas fotográficas que confirmaron plenamente todas mis ideas. Inclusive realicé algunas tomas experimentales con cosas que no conocía por medio de las lecturas. Esas experiencias también estuvieron de acuerdo con los métodos, con los conceptos fotográficos que había imaginado antes de llegar a Cuba. Desde luego, el conocimiento concreto de la situación real fue lo que, de una forma múltiple, valoró todos esos datos obtenidos antes, a través de la lectura y favoreció el desrrollo ulterior del trabajo real. (…) Cuando empiezo a pensar en la película que he de hacer debo imaginármela cómo se verá en la pantalla, es decir, tengo que visualizarla completamente para determinar cuál será el resultado. Cuando empiezo a realizar la película, parto de esa idea que me he hecho, trato de plasmar lo que he concebido en la imaginación. Eso me lleva a planificar escrictamente mi trabajo: toda la marcha de la película está, pues, predeterminada. Por ello, no filmo ninguna secuencia, ningún plano, si antes no he logrado la imagen completa de su proyección en pantalla. Ahora bien, cuando llega el momento de filmar pueden comenzar las dificultades, es decir, en ese instante yo debo resolver, prácticamente, todas las ideas forjadas, todo el trabajo de pre-filmación (dibujos, descripciones detalladas, etc), haciendo coincidir lo real con lo imaginado. (…) No soy capaz de imaginar cómo se puede llegar a la locación e improvisar, sin llevar una idea pre-fijada. Un trabajo así me parecería nulo. (…) (La utilización del material infra-rojo) se debe a una opinión artística. La mitad del film está hecha con infra-rojos. Ese es un material corriente, que todo fotógrafo conoce, pero que se utiliza poco. Verá, la utilización del infra-rojo corresponde a la concepción plástica que nos hicimos de la película. La primera vez que visitamos Cuba, nuestro grupo se componía de tres personas: el director Kalatozov, el poeta Evtuchenko y yo. No teníamos ninguna idea concreta de cuá iba a ser el guión, cómo iba a presentarse, etc. Estaba claro que no íbamoa a escribir una novela sobre Cuba, ya que para eso hubiese sido necesario quedarse en Cuba varios años para conocer plenamente el tema. Realizar una película sobre tipos sicológicos cubanos, nos parecía también aventurado y atrevido ya que, siendo extranjeros, no podíamos dar un reflejo cabal de la realidad. Pensamos, sin embargo, que se podían escribir versos sobre Cuba. Por eso decidimos que la solución artística de la película estribaba en realizar un guión que fuese como un poema dedicado a este país. En los poemas no se requieren esos pequeños detalles sicológicos y de hábitos que se necesitan en una novela. El poema requiere unas imágenes muy claras, muy definidas que penetren rápidamente en la imaginación. Por eso quisimos que la película fuera como un poema romántico. Partiendo de esa opinión, surgió mi idea de filmar con material infra-rojo. Cuando ustedes vean la película podrán decir si tuvimos razón en emplear ese material. Nosotros creemos que sí. El infra-rojo es un material que comunica luminosidad y penetración a la forma” (Serguei Urusevski, director de fotografía).

“Estrenamos hoy la primera coproducción cubano-soviética. Este filme es el producto de un acuerdo suscrito entre los Estudios ICAIC, del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, y los Estudios MOSFILM, del Consejo Estatal de Cinematografía de la URSS. Tales acuerdos no podían sino reflejar el espíritu de amistad y estrecha colaboración que une a nuestros países. Pero ni aún así puede decirse que sean tales acuerdos lo más importante. El filme es el producto, sobre todo, de la colaboración práctica, forjada en el trabajo diario e infatigable, de nuestros artistas y técnicos, de los creadores de Cuba y de la Unión Soviética. Por eso tiene para nosotros una doble significación, la de la obra cinematográfica en sí misma, y la de la experiencia humana y artística que en el proceso de creación tuvo lugar. No todo ha sido fácil. Durante largos meses se filmó y editó, decenas, centenares, y a veces miles de trabajadores colaboraron en el filme. Y lentamente, pero también firmemente, fue surgiendo en imágenes el canto que varios poetas soviéticos dedicaron a Cuba. Soy Cuba es ante todo un poema, no se trata de una obra cinematográfica narrativa convencional. Al más directo realismo sucede a veces un encaje de imágenes, aparentemente arbitrarias, que subrayan el canto como puede hacerlo un coro, y como puede hacerlo también un eco, o un rumor. Y es a veces el silencio el que se encarga de hacerlo. Este poema, de acciones e imágenes, de angustiosos gritos de protesta o de muerte, termina en un canto al triunfo revolucionario. Pero ni el canto más pleno puede o necesita o debe acallar el dolor sobre el que se levanta. La sangre que define su precio, y el combate que le hizo posible. Por eso los cuatro cuentos de Soy Cuba muestran con el valor y el triunfo, la muerte y la lucha. En un día como el de hoy, aniversario de aquél en qu cayó asesinado Frank País, es fácil comprenderlo” (Alfredo Guevara)

“En el nacimiento y desarrollo del cine cubano las coproducciones jugaron un papel esencial. Un filme como Soy Cuba no creo haya dejado demasiado aportes artísticos, pero sí heredamos con él infinidades de equipos y tecnología, decisivos para el ulterior desarrollo de la industria. Generalmente, las coproducciones se establecen con los países latinoamericanos y europeos. Las primeras se dirigen, fundamentalmente, a ayudar, a colaborar con determinados directores que lo necesiten. Las segundas buscan ventajas artísticas, económicas y tecnológicas imprescindibles para asegurar el empaque de ciertos proyectos. Es bueno señalar que estas obras de verdadera colaboración profesional, se hacen sin afectar en lo más mínimo nuestra producción” (Camilo Vives, productor de cine cubano).

“Cumplí veinte años el primer día de rodaje de Soy Cuba. Hacía unos meses que estaba junto al equipo soviético en la pre-filmación así que tuve hasta una torta de cumpleaños, y cumplí veintiuno y todavía estábamos filmando y tuve otra torta. Era una gran superproducción. Había un técnico soviético por cada especialidad. El ingeniero de sonido Vladimir Sharum venía solo, y yo estaba por la parte cubana, con Rodolfo Plaza como microfonista. La película constaba de cuatro historias, con Enriquito Pineda que era el co-guionista, realizaron una búsqueda cuidadosa de los actores para los personajes protagónicos de cada una; como no se decidían con el estudiante del tercer cuento, este se fue quedando para el final del rodaje. Se dice fácil, pero recuerda que estamos hablando de más de un año de filmación. Yo no estaba muy al tanto pero imagino ahora la angustia de Miguel Mendoza y el equipo de dirección al ver que se les estaban acabando las historias y no tenían al estudiante del tercer cuento. Resumiendo, estábamos filmando y viviendo en Yateritas, una playa situada varios kilómetros después de Guantánamo, cuando vino la crisis. Hubo una reunión con la dirección soviética y la parte cubana; por supuesto, y yo no estaba incluido. Al terminar, el traductor principal, Pavel Grushko, a quien recuerdo con mucho cariño, me cuenta que propuso que me probaran para el personaje de Enrique, el estudiante del tercer cuento, y que a todos les había parecido una buena idea; sin entrar en detalles, estuve dispuesto a hacer la prueba con la absoluta seguridad de que no iba a resultar. Escogieron la escena del discurso en el Alma Mater, la filmaron en 35 mm con la Cameflex y la vimos unos días después, creo que en un cine de Guantánamo frente al parque. La dirección en pleno estaba en las lunetas del centro y yo casi escondido en la última fila; me pareció horrible, se prendieron las luces de la sala, conferenciaron unos minutos y vi venir a Pavel Grushko, que me da un abrazo y me dice: “Tú eres Enrique”. Lo hice y todavía pienso que el resultado no es bueno. Claro que los amigos han sido muy comprensivos. En aquel entonces, Sergio Corrieri quiso estimularme con las posibilidades del teatro pero no me convenció. Me veía tan mal en el personaje de Soy Cuba que di por cerrado el asunto” (Raúl García, sonidista del ICAIC, y actor en Soy Cuba).

Premio:
Prix Excellent, VI Congreso de la Unión Internacional de Técnicos cinematográficos, Milán, Italia (1964).

Bibliografía:
Agramonte, Arturo. Cronología del cine cubano.Ediciones ICAIC, La Habana, 1966, p 137. // Chanan, Michael. The Cuban Image. Cinema and Cultural Politics in Cuba. BFI Publishing, London 1985, p 130. // López, Luis M. No soy Cuba. B (34): 24-25; 21 ago. ’64 (Crítica) // Pineda Barnet, Enrique. El cadillac de puro charol. CC (8): 53-58; ’62 (Crónica del recorrido de los realizadores soviéticos) // Pineda Barnet, Enrique. Después de pasar un charco. CC (9): 56-66; ene. ’63 (Nota sobre la estancia en Moscú y su colaboración en la película) // Alejandro Leyva. Extranjeros en el cine cubano. En “Coordenadas del cine cubano 1”, pp 193-205 // Alfredo Guevara. La materia viva del poema: el pueblo (Palabras en el estreno de Soy Cuba, de Mijail Kalatosov, primera coproducción cubano-soviética, cine La Rampa, 14 de julio de 1964). En “Tiempo de fundación”, Iberautor Promociones Culturales, 2003, pp 112-113 // Tania Carvajal Morelle. Creo que lo hago bien. Entrevista a Raúl García. Revista Cine Cubano Nro. 154, pp 22-28 // // Juan Carlos Sánchez. Al habla con Camilo Vives. Revista Cine Cubano Nro. 128, p 47 // Eduardo Manet. Ochenta minutos con Serguei Urusevski. Revista Cine Cubano pp 1-8.

DE GUSTAVO ARCOS RESPONDIENDO A ABELARDO MENA

Juany:

Aquí te van algunas observaciones personales sobre los diferentes asuntos que últimamente se han venido tratando en el blog, espacio que, por cierto, ha tenido un prolífico verano atendiendo a las numerosas entradas, interrogantes y criterios expuestos.

Abelardo indagaba por la existencia o no de una memoria digital editada por el ICAIC, que recogiera los materiales significativos de su producción. No existe por el momento tal cosa. La industria llegó tarde a la digitalización, y los procesos de remasterización y sonorización basados en los nuevos estándares mundiales, se han ejecutado de forma muy lenta. Por tal motivo la comercialización de esas obras es insuficiente y errática.

Apenas hay tiendas o espacios con una identidad definida donde puedan encontrase tales obras y me atrevería a considerar como una mayúscula irresponsabilidad cultural que películas claves dentro de la historia cinematográfica de la nación, auténticas obras de probado valor estético y artístico como “Memorias del Subdesarrollo”, “Lucía”, “La muerte de un burócrata” o los principales documentales de Santiago Álvarez por solo citar algunos, solo pueden encontrarse en las tiendas en divisa. Como mismo, el propio Estado ha diseñado estrategias culturales y comerciales que permiten a la población adquirir en moneda nacional ediciones de las obras cumbres de nuestra literatura, música o plástica, se ha mantenido indiferente ante las obras cinematográficas. La única promoción a gran escala de una material en soporte digital comercializado en moneda nacional corresponde al DVD de… “Kangamba”!!!!!!!.

Tímidamente se han realizado en los años recientes, DVD de los llamados clásicos del cine cubano, que como ya dije solo pueden adquirirse a precios altos y en escasas tiendas. La mayor parte de la obra fílmica del ICAIC espera por la inversión económica que haga posible su digitalización. Pero hay que tener en cuenta que para digitalizar hay que primero conservar en los archivos, de forma adecuada y especializada, copias de estas obras. Tenemos entonces un grave problema, el extraordinario archivo fílmico del
ICAIC, posiblemente unos de los más ricos del mundo, está siendo salvado en artículos mortis. Considerado recientemente como Patrimonio Fílmico de la Humanidad por la UNESCO, se ha iniciado un proceso, cual película de Griffith, de rescate a último minuto. Los resultados prácticos de este salvamento están aún por ver.

El “mercado negro” ha sabido aprovechar ese vacío, distribuyendo de forma ilegal y mayormente con lamentable calidad, muchas de nuestras películas, convirtiendo de manera artesanal filmes cubanos desde soportes VHS, hacia discos digitales. Hoy no existe en la isla ningún sitio o espacio que permita a los investigadores, estudiantes, críticos o simples espectadores, visualizar de forma organizada y eficaz la obra fílmica o audiovisual de la nación. No hay videotecas, ni salas especializadas en cine cubano. La única escuela de cine que hay en Cuba, la del Instituto Superior de Arte (la de San Antonio tiene otras características) no dispone de mediateca, solo de un pequeño cuarto, donde se acumulan decenas de filmes en soporte VHS, algunos de los cuales, aquellos de factura nacional, han sido entregados por el ICAIC.

Se han producido varias tesis sobre autores, filmes o períodos de nuestro cine. En este mismo blog, Mario Piedra y yo hemos hecho comentarios acerca de ello. Esos textos se hayan guardados en las gavetas de sus autores, pues no han sido editados o publicados. Sin embargo hasta donde sé, no se ha estudiado en profundidad, el cine documental cubano desde esas aristas que propone o sugiere Abelardo Mena. Esa otra historia del Cine Cubano espera aun por su escritura, y aunque Juany y otros, con sus libros o escritos han desbrozado el camino, queda mucho terreno aun por escudriñar, zonas inexploradas que permitan comprender un poco la relación evidente o subterránea, entre nuestro cine y los traumáticos procesos sociales o políticos que ha vivido la nación.

Un abrazo,

Gustavo Arcos

ABELARDO MENA A PROPOSITO DEL ENSAYO DE MARINA OCHOA

Querido Juani,

Este último número CUATRO EN UNO (1), indica el crecimiento sostenido y sobre todo participativo del blog, que mas que un “capricho” personal tuyo es una importante contribución al debate y la investigación seria sobre la imagen cubana.

Leí el epígrafe de Marina con gran interés, y ahí me surgieron dos notas:

a) ¿Sabe alguien si existe un DVD “Made in ICAIC” o “made in Bolsa negra” que contenga la producción referida por Marina, de manera que uno pueda contemplar sin premura estas realizaciones?.

b) Muy útil la reflexión de Marina en torno a la “crisis” del documental cubano en 1963, la opinión de Julio y su exhortación a una relación mas “directa” con la realidad. Este es un tema que merece una tesis acuciosa (¿existe ya?); desmontar documental a documental las representaciones que el cine de no ficción hasta 1968, por ejemplo, ofrecía de la realidad “revolucionaria”, y cuáles espacios de la “otra” realidad marginaba o escondía por no ser “verdaderamente” revolucionarias (¿la censura a “PM” actuó como lección y canon al respecto?), (hubo documentales con entrevistas a los alzados?, ¿alguien interrogó al Che micrófono en mano y a camisa quitada sobre los planes de industrialización?), sistematizar que imágenes del proceso social eran privilegiadas y cuales no (la Plaza en la fotografía épica, por ejemplo), detectar cuales discursos expresivo-técnicos fueron “mas útiles” en darles “voz” a los nuevos protagonistas, establecer diferencias, oposiciones o complementariedades entre el documental “de cine”, el producido por la TV, y los creados por aficionados (¿existen?), ver la manera en que ficción y no ficción se trasvasan en sus procedimientos de y se complementan incluso en el proceso de exhibición, detectar las estéticas adoptadas por los cineastas cubanos: ¿Free Cinema ingles? ¿Dziga Vertov? ¿Agnes Varda? ¿cine independiente norteamericano?

Es realmente un campo investigativo en si mismo, que nos puede devolver claves importantes de nuestra memoria, a la cual el cine cubano contribuye sin duda.

Sin más, un abrazo

Abelardo Mena

(1) Nota de “La Pupila”: se refiere al “Blogmail” que circuló en la red con el nombre de “CUATRO EN UNO”.