LA VIRGEN DE LA CARIDAD (1930), de Ramón Peón

LA VIRGEN DE LA CARIDAD
(1930)/ 71’/ Produce: B.P.P. Pictures: Mussie del Barrio/ Productor ejecutivo: Enrique Perdices/ Dirección: Ramón Peón/ Argumento: Enrique Agüero Hidalgo, basado en su novela homónima/ Adaptación: Ramón Peón/ Fotografía: Ricardo Delgado/ Escenografía: Ernesto Caparrós/ Edición: Ramón Peón/ Intérpretes: Miguel de Santos (Yeyo), Diana V. Marde (Trina), Matilde Mauri (Ritica), Francisco Muñoz, Guillermo de la Torre, Julio Gallo, Roberto Navarro, Juan Antonio López Gabell, Sergio Miró, Ramón Peón (mambí).

Sinopsis del argumento:

Yeyo vive con su abuela Ritica Betancourt en la finca “La Bijirita”. Ella se entristece al recordar a su hijo que murió en la guerra de independencia en forma heroica. Yeyo la alegra y la lleva a una fiesta a la que quiere ir por ver a Trina, su amor secreto. La joven llega acompañada por su padre, Don Pedro del Valle, el cacique del pueblo. El piensa que Yeyo es poca cosa para su hija. Tiempo después, durante las fiestas del santo del pueblo, reaparece Guillermo Fernández, hijo de un poderoso terrateniente ganadero, que se había ausentado desde la guerra independentista. Lo reconoce Matías, un ser malvado que odia a Yeyo. Fernández se interesa por Trina, sobre todo al saberla hija del cacique local.

Con Matías maquina la forma de despojar a sus legítimos dueños de la finca. Aprovecha las buenas relaciones que ha logrado establecer con el cacique y le pide la mano de su hija. Este accede gustosamente, y rápidamente deciden el día de la boda. La joven envía un mensaje a Yeyo, en el que lo pone al tanto de todo y le propone la fuga. Yeyo, algo confundido, consulta con su abuela esta posibilidad, y ella, después de censurarle esta acción, le aconseja que implore a la Virgen de la Caridad del Cobre para que “lo ilumine”.

Yeyo comienza la oración y Nicomedes, dueño de la casa donde se han tenido que refugiar al ser desalojados, se dispone a colocar un cuadro en el lado opuesto de la pared donde cuelga la imagen religiosa. Cuando el dueño de la casa golpea la pared, cae la imagen de la Virgen y se deshace en varios pedazos; Yeyo entonces descubre en su interior están la propiedad de la finca, que había sido escondida por su abuelo. Cabalga hacia el pueblo para que se detenga la boda y se haga justicia; a tiempo se salva la propiedad y la amada, ya que Trina estaba a punto de ser casada a la fuerza con el malvado Fernández. Al lograr desenmascarar al “villano”, finalmente es aceptado por el cacique para esposo de su hija.

Fuente: Arturo Agramonte, Luciano Castillo. Ramón Peón, el hombre de los glóbulos negros.

La Virgen de la Caridad tiene un valor intrínseco en el orden fílmico, no sólo como obra de la época en Cuba sino Hispanoamérica. Y se le ha de reconocer además la cubanía del asunto, en el cual juegan factores y autoridades en favor de la clase posesora para despojar al campesino y al hombre de trabajo. Nada de eso está visto y tratado a fondo, ni pasa de mera presentación factual e intuitiva, pero responde, si bien de modo simplista, a la realidad cubana. Sabemos bien cuántos reparos se le pueden formular a La Virgen de la Caridad, pero siempre la hemos juzgado obra estimable, digna de atención, hasta el punto de representar en buena medida una orientación justa del cine nacional. Después de La Virgen de la Caridad y antes de la actual etapa iniciada en 1959 no hizo el cine cubano nada que aventaje en genuina cubanía a esa cinta de Ramón Peón.” (José Manuel Valdés Rodríguez).

“La importancia de esta cinta no radica en el hecho de que sea la única copia conservada completa de toda la producción silente de ficción, ni siquiera en el hecho de ser la cinta que cierra el ciclo del cine mudo producido en Cuba. Su mérito radica exclusivamente en el hecho de que, entre tanta cursilería y sin abandonar esos patrones, hace un intento de penetrar hasta cierto punto en la realidad del campesino. Originalmente una novela, la versión fílmica muestra frescura – visto, claro está a la luz de la época, un mensaje dinámico y actuaciones aceptables. Además, aunque éste no haya sido precisamente su propósito, muestra el desalojo, los manejos de los terratenientes para despojar a los campesinos de sus tierras, la vida humilde de nuestros hombres de campo. Y si, en efecto, hay una pequeña intervención divina al aparecer el título de propiedad de la tierra gracias a la caída del cuadro de La Virgen, ésta queda relegada en el balance total en el que esta mano divina o deux machina está ausente. Años después el mismo Peón que hiciera esta cinta digna abordaría nuevamente el tema de los campesinos, pero sería ya como el representante del cine camp que negaba su obra anterior” (Raúl Rodríguez).

Publicado el agosto 9, 2009 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Hola:
    Necesitaria información sobre :
    «bodas en cuba año 1930»
    Muchas gracias

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