GUSTAVO ARCOS Y LOS NUEVOS OFICIOS (2)

Juany:

Volviendo sobre el tema de las “nuevas” especialidades del audiovisual. Como ya comenté, el asunto tiene múltiples aristas. Como las cajas chinas, abres una y aparece otra y así sucesivamente. He conversado sobre esto con varias personas, realizadores, teóricos, técnicos, docentes y cada uno ofrece criterios interesantes, atendibles, razonables, y también polémicos. Es bueno que existan puntos en conflicto y que las preocupaciones que compartí contigo hace unos días hayan suscitado varios comentarios. Esa era la idea y ojalá tengamos más. La homogeneidad suele ser aburrida y producir monstruos o falsas creencias de que todo marcha bien.

Una cosa es cierta, el cine, como el audiovisual tiene la singularidad, desde su acta de nacimiento, de implicar a la industria. Por décadas, esa “mancha” lastró su legitimación como arte y cuando tal debate parecía superado aparecieron los videos y las nuevas tecnologías digitales. El cine ha tenido que lidiar contra los más diversos obstáculos y su acta de defunción ha sido firmada más de una vez. Asistimos a una transformación total del lenguaje cinematográfico atendiendo a las nuevas formas y espacios de producción, distribución o exhibición, los nuevos soportes y formatos o la mezcla de géneros y estilos narrativos aportados por el amplio acceso que tienen en el mundo de hoy aquellos que se interesan por este arte. No debe olvidarse que su naturaleza combina por igual a técnicos y a artistas, porque además se trata de un arte colectivo en el que intervienen muchos especialistas que de una u otra forma influyen en el resultado final de la obra. Desde este mismo espacio, Pucheaux y otros con sus memorias y anécdotas han ofrecido una lección en este sentido.

Hay que situarse en el tiempo que uno vive y hoy para bien o para mal las nuevas facilidades que brinda la tecnología inundan prácticamente todas las obras o productos audiovisuales. Los problemas artísticos que décadas atrás enfrentaban muchos filmes se resuelven hoy con el golpe de una tecla de ordenador. Lo que antes llevaba días o semanas e implicaba el esfuerzo de varios creadores, hoy puede solucionarse en cuestión de minutos gracias a un software universal.

Tal certeza por brutal o aplastante que sea no debe hacernos olvidar que, como ha dicho alguien, lo que importa no es la cámara, sino lo que colocas delante de ella. Ese debe ser el camino, prestar atención no al artificio o la habilidosa ejecución técnica (ahora, una posibilidad real para muchos) sino al resultado, al sentido artístico o estético que puede estar detrás de cada obra. Hoy cualquiera puede tener decenas, centenas de trabajos realizados, pero cuántos de ellos llegan a tener real importancia o trascendencia. Cuántos se han dejado la piel, en ellos. No se trata de clamar y llorar por el Orson Welles del presente, el Alea, el Billy Wilder o el Rocha de nuestros días. Bastaría con que se preguntaran, qué es lo que quiero decir con mi obra y hasta donde soy capaz de, formal o conceptualmente, llegar con ella y ojo, que en ese camino no están solos.

Un abrazo,

Gustavo Arcos.

Publicado el agosto 5, 2009 en POLÉMICAS. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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