Archivos diarios: agosto 4, 2009

MARIO PIEDRA SOBRE EL VERDADERO CINE CUBANO SUMERGIDO

Querido Juany:

Quizás este comentario no guste a muchos, pero no puedo evitarlo. Aborda,como dice Gustavo Arcos, una zona “muy escabrosa” de nuestro audiovisual.

Siempre que he escuchado sobre el cine cubano “sumergido”, he pensado en lo que ahora aborda tu blog: asistentes de dirección, directores de fotografía y de arte, técnicos de trucaje, escenógrafos, choferes, pintores, luminitos y toda la pléyade de especialistas que hacen posible al cine cubano, para muchos, un cine de “autor”. Creo que ese es también un mundo muy sumergido, e
incluso, más injustamente sumergido que otros que vamos conociendo.

Como sabes mejor que yo, la visión “zen” de las cosas, advierte que en su principal fortaleza se esconde su principal debilidad. Declarar que “el cine es un arte”, fue un enorme acto de osadía y voluntad que trazó derroteros cuyos frutos, más allá de cualquier discusión, recogemos al hacer un balance del cine cubano del 59 al presente. Esa idea propició la aparición de los grandes filmes de los cuales hoy todos nos enorgullecemos; y que conste, no me refiero
solamente a los “grandes” de la década llamada prodigiosa.

Pero esa declaración también tiene su lado oscuro. Sobre todo porque su asunción se vinculó rápidamente a una visión, a una manera de hacer cine, que conocemos como “cine de autor”. Que, dicho sea con perdón, no es sino la hiperbolización del cine amateur.

Según esta visión, todo el que se coloca en la posición de “autor”
-quien dirige una película, para entendernos- si no entregó previamente su alma a las exigencias del mercado, se vuelve un “artista”, demiurgo cuyas decisiones están más allá de cualquier cuestionamiento. El problema consiste en que cabe la posibilidad de que nuestro “autor” no sea realmente un “artista”, sino apenas
un empecinado suficientemente persuasivo.

Y es aquí donde entran todos esos “oficios invisibles”, esos “resistentes de dirección”, o luminotécnicos, o lo que fuera, todos lo que fueron ayudando a crear una película dando ideas, sugiriendo sutilmente, apoyando con su trabajo y (ahora sí) profesionalismo, las carencias, dudas, incongruencias y
limitaciones de nuestro aplaudido (o denostado) “autor”.

Esos “autores” que se enamoraban gratuitamente de una locación que
multiplicaba por diez los costos, o que llegaban al “set” sin siquiera imaginar dónde iría la cámara, o que necesitan 7 planos de lo mismo “para estar seguros”, o que extendían el tiempo de filmación al infinito porque “no veían los planos”, en fin, todos aquellos “autores” que sin el apoyo de una pléyade de técnicos, asistentes y colaboradores, sólo hubieran sido una caricatura
lamentable de lo que pretendían ser.

Si no fuera porque se trata de un improbable trabajo de arqueología
cinematográfica, valdría la pena dilucidar cuántas de esas películas de otros tantos “autores”, no son sino el resultado de un equipo convenientemente “sumergido”. Pero, a toda costa, había que mantener que “el cine es un arte” y, por lo tanto, sus realizadores eran “artistas”.

Creo francamente, Juany, que el apoyo y participación de todos esos
compañeros que constituyen el (otro) “cine cubano sumergido”, son muy necesarios para establecer, sin muchos miramientos, verdaderamente “a cómo tocamos” en el cine cubano.

Un abrazo

Mario Piedra

A PROPÓSITO DE LAS INTERROGANTES DE GUSTAVO ARCOS

Gustavo:

Me has dejado pensando, y mucho, con esas abundantes ideas que anotas en el post anterior. A mi me parece, por ejemplo, que lo realizado por Jorge Pucheux para “Memorias del subdesarrollo” es algo técnico que, sin embargo, fue decisivo para la factura final que (en cuanto a arte) presenta esa secuencia del filme. Se trata de un ejemplo envidiable que nos pone al tanto de cómo las tecnologías pueden ayudar a que el cine se exprese con más profundidad que el simple documental. Pero, ¿sucede lo mismo cuando se utiliza la tecnología solo para hacer gala de una actualización que siempre será efímera dados los cambios incesantes, y dejando a un lado los aportes de la tradición?

Intentare sumar algunas ideas muy personales. Lo primero tal vez sea preguntarnos si ese cine que hoy predomina es, de veras, “arte”. Esta consulta puede sonar decepcionante (cuando no escandalosa) en boca de alguien que se presume lucha por promover la memoria del cine cubano en su totalidad, sin importar las consecuencias.

No tengo dudas de que ese registro exhaustivo será importante incluso para nuestro futuro, porque en la distancia nos permitirá apreciarnos críticamente; cada una de esas películas que se han hecho (sean artísticas o no, lo mismo en la isla que fuera de la isla), reflejan diversos fragmentos del ser nacional, evaluados ya sin esa cisura ideológica que ahora mismo atenta contra el análisis diáfano de lo que ha sido nuestra existencia.

Para mí el cine tiene el mérito de mostrarnos esas pequeñas y numerosas historias que es imposible vislumbrar cuando se invoca a las ideologías, pero a mi juicio eso no tiene mucho que ver con el arte, sino con las gestiones culturales. Al menos yo no voy al cine rebuscando réplicas fílmicas de cuadros de Goya o Van Gogh. Si las encuentro (y eso no ocurre con la misma frecuencia que cuando uno entra al museo), salgo espiritualmente iluminado, desde luego. Pero en el cine, como espectador, me interesa detectar las formas en que se articulan discursos más generales, y estudiar los modos en que se ponen en función de un interés (a todas luces político) que rebasa a quienes lo hacen. Y estudiar también las maneras en que los cineastas, aquí o allá, resisten esas invasiones institucionales a sus marcos privados de creación.

Con esta poca disposición que tengo a aceptar a un tipo de cine mayoritario como “arte” (¿puede ser arte lo que Hollywood y sucedáneos nos recicla una y otra vez, como si se tratara de una misma marca de coche?), me resulta embarazoso pensar en quienes ejercen los nuevos oficios sin un respaldo de lo que ha sido el lenguaje cinematográfico hasta hoy, como “artistas”, al menos en su sentido más aristocrático (aquí no me refiero a linajes formales, sino a jerarquías del espíritu, que es lo que al final marca las diferencias entre un auténtico artista y alguien que se conforma con imitar lo que está de moda).

Pregunto: ¿habría algún problema en reconocernos como artesanos de la imagen, incluso hasta cuando la consumimos?, ¿por qué no hablar de ese cine dominante como lo que es: una industria cultural? Eso no tiene absolutamente nada de negativo. No sé, es que en lo personal, cuando leo y releo a Borges, por mencionar uno, me siento sencillamente un iletrado.

¿No sucederá lo mismo cuando alguien termina una película con tecnología de punta, y esta tiene “¿la suerte?” de ser exhibida en televisión justo después de “El ciudadano Kane” o “La Strada”? Para esclarecer un poco más la idea: que está muy bien reconocer la existencia de todos estos nuevos oficios, pero hay que cuidarse de no confundir al que fabricó el lienzo donde pintaron “Guernica” con Picasso. A todas luces, son funciones y habilidades distintas: en el caso del cine, tal vez su Arte está en la sumatoria de todo, pero una cosa es lo que hizo Pucheux con el efecto logrado en “Memorias del subdesarrollo” (allí si hay un efecto artístico que difícilmente podremos ver reproducido, no obstante la existencia de sofisticados programas), y otro el jugueteo con las distintas posibilidades que aporta el menú de determinado programa informático.

De lo que hablo es de mostrar un poco más de humildad a la hora de pensarnos como “artistas” o “intelectuales”. Que predomine menos ese ego camorrista que suele convertirse en el ombligo del mundo, para concederle un poco más de valor a la observación meticulosa de lo que la tradición ha hecho llegar hasta nosotros. ¿Cuántos siglos necesitamos para que existiera la obra de un Carpentier, un Lezama, o una Dulce María Loynaz? Varios. Por eso es que me parece un espejismo letal creer que apenas un siglo de cine cubano nos puede reportar tantas cantidades de “arte fílmico”, distribuidas en pequeños estancos que, aislados entre sí, nada aportan al conocimiento del Ser en su integralidad: ¿qué decir de tanta tecnología que recién comienza?, ¿qué nace y se hace vieja a los dos días?

Ahora, si de lo que se trata es de concederle “identidad” a aquellos que se mueven en un mismo contexto, que intercambian inquietudes comunes, ingeniosidades más o menos parecidas, ideas donde el plural del número de bocas no garantiza necesariamente la riqueza de perspectivas, entonces sí puedo entender que nos quedemos en la superficie del asunto, y dejemos atrás lo que realmente interesaría: contribuir a que las nuevas tecnologías hagan del cine cubano una herramienta perdurable que permita adentrarnos en los misterios de nuestra existencia. En sus insondables paradojas.

O sea, apelar al cine como sueño que contribuye a liberarnos, no como espejo engañoso donde solo descubrimos a diario caricaturas de nosotros mismos.

Te abraza,

Juan Antonio García Borrero

PUCHEUX SOBRE EL POST DE GUSTAVO ARCOS Y LOS NUEVOS OFICIOS EN EL AUDIOVISUAL.

SOBRE EL POST DE GUSTAVO Y LOS NUEVOS OFICIOS EN EL AUDIOVISUAL.
Por Jorge Pucheux

Hace unos días me levanté temprano y a las pocas horas me vi envuelto de pronto en el asesoramiento de un nuevo canal de cable. Ya hace varios años que solo hago algunas pequeñas cositas en Producción, pues me dedico a impartir clases en mis dos Universidades varios días a la semana. No obstante esta nueva vida, me interesé en ayudar a gentes que tenían un canal de cable, pero que al respecto nada sabían. Allí me enfrenté a situaciones diversas, entre ellas las mismas dudas que Gustavo ha dejado escritas en su Post sobre los nuevos oficios en el audiovisual.

A partir de este Post me gustaría tratar de ayudar en lo que mi experiencia me permita en relación con este nuevo tema, porque sí es un nuevo tema, aunque parezca que no. Gustavo bien se hace todas un serie de preguntas que aún en muchísimos lugares no han podio ser respondidas.

Permítanme volver a hacer referencia a TRUCAJE del ICAIC, y preguntarnos, qué hacía, cuál era la verdadera función de este departamento en todo el proceso cinematográfico. Su trabajo principal era ayudar, colaborar con los realizadores a encontrar un Diseño de Imagen, en los efectos visuales, en los créditos y demás manipulaciones visuales -totalmente coherente con su historia- mensaje; allí se distribuían los procesos visuales por especialistas, se discutían estos con los directores y editores y luego se llegaban a las etapas de ejecución de los mismos.

Primero, todo el personal estaba totalmente capacitado, tanto técnicamente como artísticamente, no solo en el Mundo audiovisual, sino en la Cultura en general. Recuerdo los pequeños encuentros entre compañeros para discutir sobre una obra literaria determinada, o una buena composición musical, amén de los debates de películas. Después del almuerzo, Ávila servía de moderador, y allí en el salón de descanso se hablaba de Arte todos los días. Había ocasiones en que éramos regañados, pues nos pasábamos del tiempo libre para el descanso.

Trucaje era entonces el catalizador de todo cuanto se realizaba en Diseño y manipulación de la Imagen dentro del Instituto. Logramos tener la confianza y hasta una total libertad creativa por parte de los directores, productores y directivos. Pero, ¿que acontece hoy?

Voy a poner un ejemplo. Hace ya unos cuatro meses que fui invitado a unas pláticas en Guadalajara, en 3dmx, Digital Design University. Toda una institución dedicada solamente al trabajo creativo digital.

Allí el tema que abordé fue SABER SER UN BUEN COMPOSITOR DE IMÁGENES, (porque también eso es lo que hacemos). Estuve con ellos varios días, que me resultaron muy provechosos, pues me hicieron comprender muchos de las interrogantes que Gustavo se hace con razón. Esta Universidad, donde solo se estudia, repito, todo lo que se debe saber para trabajar en 2 y 3D y que también tienen una Casa Productora donde realizan sus pequeños proyectos, estaban enfrentando dificultades con sus realizaciones y proyectos audiovisuales y todo era debido a que había una pequeña laguna en su comprensión del lenguaje audiovisual y el manejo de estos elementos dentro de una historia determinada.

La 3dmx, es una excelente institución que ya marcha, contra viento y marea, hacia delante. Muchos de los jóvenes allí comprendieron el papel que juegan estos elementos y que hay que conocerlos y estudiarlos, agregándoseles lo que significan también el estudio de LA PUESTA EN ESCENA, LA DRAMATURGIA, LA CONTINUIDAD DE LAS ACCIONES DRAMÁTICAS, El RITMO, EL ESPACIO FÍMICO, LA DIRECCIÓN ESCÉNICA y muchas especialidades más. Ahora ya están claros en eso y funcionan muy bien. Incluso ya están produciendo un serial histórico. (Si no allá en La Habana, en el ICAIC profundo, pregúntenle a mi hermano, Ernesto Padrón, en dibujos animados, que recién está trabajando un largo de animación en 3D).

Otro aspecto que veo por acá, es que cualquiera que conozca el Photoshop, o cualquier programa de FX o de edición, ya se considera toda una estrella. Algunos si son graduados de Universidades en Diseño gráfico, otros en Comunicación, otros en Publicidad, en Merca, en Artes plásticas, etc, pero, ¿qué conocimientos tienen de todos los elementos que conforman un producto audiovisual? ¿Han integrado todas estas especialidades? ¿Hoy día se estudia así?, ¿Integrando todas las especialidades?.

Creo que aun no. Y pienso que por ahí está el gran problema. ¿Qué sabe un Publicista o un graduado de Comunicación de dramaturgia, o de puesta en escena, o un Diseñador gráfico, de la animación, del Story Board, de la continuidad, del espacio fílmico, del valor del frame o de varios, o de dónde salió el plano americano, o la diferencia en tanto su significado entre un Dolly in y un Zoom in??? Esto solo lo logran algunos que si se preocuparon desde el inicio en estudiar al menos empíricamente. Muy bueno que ya tienen un Plus, saben de su especialidad.

Gustavo se preguntaba ¿qué hacer?, ¿dónde colocarlos?, ¿seguir desparramándolos en secciones y más secciones? Gustavo, muy buena preocupación. Yo también estoy preocupado. ¿Qué hacer? Pues resumiendo te diré, primero, a mi parecer, realizar planes nuevos de estudios mucho más integrales, segundo, para los que ya están realizando, trabajos, planes de titulaciones o Talleres integrales, donde aprendan de todos los elementos que SI realmente conforman el mundo audiovisual.

Gustavo, te repito, aun estoy confundido, disculpa, pero el asunto es bien complicado. Aquí solo he tratado de arrojar un poco de más Luz. Si opino que es muy importante dedicarle tiempo a este asunto.

Solo soy un trabajador más de los Medios. Espero que otros especialistas, con mucho más elementos, se dispongan a trabajar en la definición de este problema, o mejor, de este tema. Que ya quedó con tu Post, en el tintero.

¡¡¡Saludos¡¡¡

CON EL DESEO EN LOS DEDOS (1958), de Mario Barral

Ficha técnica:

CON EL DESEO EN LOS DEDOS
(1958)/ 85’/ D: Mario Barral/ Actúan: Enrique Santiesteban, Minín Bujones, Jorge Félix, Rolandito Barral, Enrique Montaña.

“Una escultora se casa por interés para tener el dinero que le permita dar la educación que desea al jovencito elegido para, en cierto sentido, modelarlo a su gusto y así entregarle su amor cuando se convierta en hombre. Lo logra en parte, pero luego el muchacho se reconcilia con la joven que lo ama de veras y la escultora termina por morir abrazada a la obra que lo reproducía. Por lo burdo e incongruente de su guión, y por su mala factura artística, esta película es un descrédito más para la incipiente industria cinematográfica cubana” (Guía Cinematográfica 1959-60).

“Merecedor de recordación, como en tantos otros casos, es el esfuerzo cooperativo con que se hizo esta película, en la que nadie cobraba y se vivía de la esperanza en el éxito que habría de llegar. Como las ambiciones creadoras eran muchas y la tónica habría de ser romántica, pasional, erótica, trágica, siempre a altos niveles, y todos los elementos eran moderados, discretos, limitados, sin la inspiración básica que hubiera hecho falta para hacer el milagro, el resultado trascendía la frontera de lo risible, en especial cuando la protagonista se abraza a la estatua de yeso que le cae encima. Pero así se hizo cine en Cuba, y los que lo hicieron fue con mucho cariño e ilusión, y así lo evocan. Y es este derecho a soñar de la condición humana el que hemos enarbolado siempre para enfrentar los denuestos a nuestro cine prehistórico, malo de resultados, pero no de intención.” (Walfredo Piñera).