Archivos Mensuales: agosto 2009

VICTOR FOWLER SOBRE LA MUJER Y EL CINE CUBANO

Juan Antonio, Marina y Oneyda:

La casualidad es providencial. El 25 en la mañana leí el post, escuetamente titulado “Mujeres”, que Juan Antonio escribió a modo de comentario a uno de Marina Ochoa publicado una semana antes y titulado “Las mujeres y el cine cubano”. El 25 por la tarde recibí la visita de Milagros Farfán, egresada peruana de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, quien, como parte de la investigación que hace para el documental en el que ahora mismo trabaja, vino a conversar sobre… las mujeres en el cine cubano contemporáneo. La coincidencia, además de feliz, indica una inquietud extendida, un vacío y también la voluntad para llenarlo.

A medida que he ido leyendo la cadena de posts, surgen preguntas más allá de la particular problemática del cine cubano, territorial a fin de cuentas. Tanto Marina (“El tema es mirado de soslayo por sospechas de feminismo.”) como Oneyda (“…me reconozco como una solitaria incómoda, cuyas prácticas en este sentido me colocan cuando menos en la sospecha feminista.” y “Me he preguntado si no operaría en ello el temor de estar hablando de feminismo…”) ponen en primer plano algo que está entre los más graves problemas de las ciencias sociales cubanas del presente; algo que índice profundamente en el mundo de “la cultura” y, en particular, una ausencia en las interpretaciones del hecho cinematográfico: ¿qué es el feminismo, cómo es entendido en Cuba y qué hacer con sus teorías? O, mejor aún, ¿cuál dialéctica establecer entre identidades (grupales, de género, raza, etc.) y esa “identidad social” de la que habla Marina? ¿Qué es una “identidad social” y de qué modo opera dando visibilidad y voz a las identidades grupales? ¿Es esto posible?

De una parte, es fundamental la realización de acciones concretas, gracias a las cuales sea posible, a la misma vez, hablar desde la identidad (ser voz) y que dicha identidad no sea impedimenta para alcanzar sueños. De la otra, las prácticas identitarias ocurren en el horizonte de una totalidad que, en el contexto en el que hablamos, no podemos sino entender como la nación. Las preguntas sobre la cuestión mujer, como bien señala Marina, abre las puertas al análisis de otros ámbitos de la identidad.

También en “Mujeres”, el post de Juan Antonio, el concepto ‘feminismo’ es leído como interrupción, aunque aquí las consecuencias son distintas; para el crítico, que asegura no tener nada en contra de las teorías feministas, éstas se tornarían discutibles “… cuando aíslan su objeto de estudio, y reciclan el mismo enfoque patriarcal, solo que cambiando el sexo de quienes hablan.” De ahí que afirme que lo mismo le pasaría “… si el negro o el gay, intentaran concederle un punto de vista privilegiado a sus particulares maneras de entender la existencia…”

El problema con lo anterior es que, en la circunstancia que sea en la que pueda ser identificado un sujeto de la diferencia, éste no precisa intervenir desde “un punto de vista privilegiado”, sino que deberá de elegir entre exponer u ocultar “sus particulares maneras de entender la existencia”. Dicho de otro modo, la diferencia es una suerte de plus que el sujeto lleva junto con su condición de universal; de modo que, cuando se suprime lo particular no es una parte lo que sufre daño, sino lo humano entero del sujeto en cuestión. No es un hueso, músculo u órgano sobrante, sino un pedazo de cerebro repartido por la totalidad del cerebro, definidor y no extirpable.

La tensión hacia la que apunta Marina, entre totalidad y fragmento, resulta más clara cuando, en términos de identidad, pensamos la utopía de que la transformación revolucionaria propicia y articula un modelo superior de identidad; una suerte de identidad “agónica”, de la batalla, donde los particularismos quedan subsumidos dentro de una nueva estructura a la que definen la transformación y el combate. Hoy me parece que roba riqueza a la vida y prefiero correr los riesgos de escuchar diferencias, voces; pero, como mismo la identidad-fragmento muestra su sentido último en el horizonte de la nación, el acceso a la voz sólo alcanza cumplimiento en el horizonte de la intervención, el debate y, finalmente, la participación como sujeto de diferencia.

“Marina Ochoa sobre el post “Mujeres” (28-08-2009), que constituye un verdadero correctivo al post ya comentado de Juan Antonio, refiere diversos escenarios en los que cineastas y comunicadoras han luchado durante años para “lograr un tratamiento de equidad”. Aunque no están cuantificados ni citados por sus nombres, puede uno imaginar que se trata de una larga cantidad de eventos (académicos, culturales, políticos y sociales) a los que parece unir una misma circunstancia adversa en cuanto a la actitud masculina hacia ellos: “Ninguno halla un espacio para asistir a estos eventos donde se debaten “cosas de mujeres”. La respuesta se opone a una dura idea vertida por Juan Antonio en “Mujeres”, la existencia de una tradición (que, en el contexto, trataría de las mujeres): “… a través de la cual siempre delegamos en un tercero que cuenta con “autoridad” (cuando no en el Tiempo), la responsabilidad de hacernos visibles como sujetos.”

La fricción, sin embargo, admite ser leída desde otro ángulo si formulásemos la pregunta más difícil y que una verdadera revisión del problema tampoco puede darse el lujo de eludir: ¿qué falta, en qué medida la víctima se fabrica a sí misma como tal, cuáles son su responsabilidad y su daño? Más allá de la existencia puntual de Marina Ochoa, ¿qué explica la no-realización en Cuba de muestras de mujeres realizadoras? ¿por qué esa única vez en la que se hizo, en voz de su propia curadora, el hecho tuvo: “… dentro del marco del IV Encuentro Iberoamericano de las Mujeres en el Arte y el VII encuentro Internacional de la Mujeres en el Arte, donde por primera y al parecer única vez se incluyó el cine, tarea encargada al departamento de…”? ¿Hubiera existido algún encuentro semejante si aquella vez no “se incluye” el cine hecho por mujeres? ¿Cómo es que Marina no se percata de que justo la acción ajena de incluir es la delegación de responsabilidad a la que se refiere Juan Antonio? Además de rabia, sueños, frustración y demanda de voz, ¿qué le falta a la víctima para ser acción?

Donde Oneyda escribe “las marcas del patriarcado dejan huellas tan sutiles que a veces no logramos darnos cuenta”, podemos imaginar que la posibilidad de patriarcado necesita, casi como un imperativo, que su Otro esté privado de voz. A la manera de una ley de funcionamiento, el “otro” mujer no puede hablar; sólo que la ley es intocable, no está en parte alguna, no fue escrita y, quizás, ni siquiera formulada: así, de manera tácita. Tal y como dice Marina: “nadie se atreve a escribirlo” o “cuando un hombre grita se dice que tiene carácter, pero cuando lo hace una mujer, por muy justificado que sea se dice que es una histérica”. Dicho de otro modo, incluso los intentos de escapar a los efectos de la ley terminan reforzándola. Si esto es así, entonces la dominación no sólo priva al otro de voz, sino que secuestra hasta las propias estrategias que el otro pueda desplegar para manifestarse.

Donde Marina afirma, a propósito del cortometraje de Ana Rodríguez en el largo “Mujer transparente”, que: “… el abrazo de Laura y su amiga es anterior al de Diego y su significado tiene más riqueza que el de este último, sin que por ello descalifique la importancia del último”, está haciendo una valoración estética y una profunda revisión la película más conocida del cine cubano, así como un cuestionamiento bien directo a nuestra crítica y su ceguera. En oposición a ello, respondiendo a este mismo post de Marina, afirma Juan Antonio, mientras intenta explicar por qué ha escrito tan poco sobre el cine hecho por mujeres en Cuba: “… es cierto que no me he sentido tan motivado como cuando escribo sobre el audiovisual que están haciendo los jóvenes (que incluye a las realizadoras), o como cuando reviso la llamada “década prodigiosa”. Tengo la prueba más fehaciente de ello con la reciente invitación que me hiciera Laurence a participar en su libro: fui incapaz de hilvanar una mínima página.”
Apelando al lenguaje popular, aquí o jugamos o nos pasamos con ficha.

Dado que Juan Antonio es sólo un ejemplo (incluso el de uno de los más acuciosos, prolíficos y entregados investigadores cubanos en el universo del cine), ¿qué es lo que la crítica nuestra es incapaz de ver y por qué? ¿Por qué no es posible ver a las mujeres como otra cosa que autores neutros, sin marca de género? ¿En cuáles otros terrenos de la cultura y, en general, de la vida social en el país sucede de igual o parecido modo? ¿Se trata sólo de una opción ideológica de quienes hacen crítica (amén de la rutina o el temor de ser identificado como “feminista”) o hay algo más, alguna suerte de sospecha estética? ¿Tiene este cine, juzgado de manera global, como hecho identitario, alguna debilidad o falla? En caso contrario, ¿cuáles son sus fortalezas? ¿Qué hace, para la crítica, poco interesante lo mujer y qué herramientas, doy por hecho que faltan, son necesarias para percibirlo? ¿Dónde se forman quienes hacen crítica, cómo se superan, de cuál instrumental teórico disponen, qué cine ven, qué textos leen, cuál es su diálogo con la contemporaneidad? ¿Cómo y qué se transmite o enseña, a los estudiantes y a los públicos? ¿Cómo se forma ciudadanos?

Un entramado como el descrito no puede ser dejado a su evolución gradual, puesto que la ley se reafirma a sí misma, sino que obliga a la negociación. A la misma vez, y puesto que la ley se reafirma a sí misma, no puede ser negociado, sino que tiene que ser roto. Pero cuando se quiere conservar (y desarrollar) la “identidad colectiva” que Marina defiende, la ruptura (la permanente introducción de escenarios nuevos), es el acto ético por excelencia. Demanda pensamiento, debate, mirada, escritura, influencia, alianzas, estrategias, auto revisiones, proyecto, comunidad: convertirse en máquina de ruptura. Las preguntas valen tanto para la organización de eventos como para colocar en un nuevo nivel la enseñanza del cine en el país, la crítica y el trabajo de los historiadores del cine, las actividades concebidas para la formación del gusto de los públicos, etc. No sólo en lo que pertenece a la producción audiovisual y en lo que corresponde a mujeres, sino atravesando el peligro de la cultura y el de la identidad; escuchando, abiertos hacia un universo nuevo que toca entre todos construir.

Víctor Fowler

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MUJERES II

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MUJERES II

Querida Marina:

Es obvio que si quiero ser coherente con el espíritu de lo que quise expresar en el post titulado “Mujeres” no debo inventarme excusas, o justificaciones. Ya me hice el harakiri, y ahora lo que me interesaría es contribuir a que el trabajo de las realizadoras cubanas fuera un poco más visible. El blog tiene abiertas las puertas para tratar ese asunto, y el que sea.

De cualquier forma, no creo que un sitio como este pueda reportar soluciones concretas a un conjunto de problemas cuyos orígenes resultan milenarios. Como siempre digo: esto solo es un blog, y nada más que un blog. Pero es verdad que mientras más personas tomen conciencia del asunto, podríamos contribuir un poco más al remedio.

Por lo pronto, yo les propondría a los organizadores del venidero “Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica” armar alguna sesión teórica con este asunto, y acompañar esas discusiones con un ciclo de películas dirigidas por mujeres cubanas, que nos de idea de los aportes y las marcas de identidad de ese corpus fílmico.

Espero que con propuestas prácticas de este tipo, los espectadores “machos” comencemos a borrar, aunque sea un poco, nuestro persistente pecado.

Te abraza,

Juan Antonio García Borrero

LOS DÍAS Y EL AGUA

Ayer mostraron en la televisión cubana imágenes de Camagüey después de las fuertes lluvia del jueves. Eso bastó para que terminara montado en una suerte de tren de alta velocidad, y llegara en segundos justo al ocho de septiembre del año pasado, cuando pasé mi cumpleaños en medio de un huracán: con velas y todo.

Esta vez cayó bastante agua, pero nada que ver con los estragos de “Ike”. Sin embargo, lo peor que pasa en estos casos es el modo en que te invaden las imágenes pretéritas: sin tú pedirlo, empiezan las remembranzas, los miedos resucitados, la conciencia de que todo sigue igual, suficiente para que termines hundido en la geografía siempre húmeda de una pesadilla.

No se trata de lo que pasó, sino de lo que puede pasar cuando despiertes, y en medio de la noche descubras que se han (sobre) cumplidos los presagios de la lluvia.

Juan Antonio García Borrero

ONEYDA GONZÁLEZ SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO

“Estoy despierta”
Por Oneyda González

Querido Juany:

Estoy tan comprometida en tareas profesionales y de la mismísima vida, que no me he permitido escribir sobre el tema de la mujer, pero los textos de Marina Ochoa me han interesado, y su manera de enfocar el asunto es tan puntual y objetiva que he buscado el momento para ordenar algunas ideas. Desde que caí en el debate entre mi vida privada y mis apetitos profesionales y hasta el instante en que te escribo, he vencido solamente a base de mucha entereza y sobre todo de mucha perspicacia: “estrategia de género”, diría Susana Montero. Es decir, he luchado por alcanzar conciencia de género, pero deseo muchísimo articular mi pensamiento a un ambiente cultural propicio.

Cuando leí el primero de sus post quise contactarla, pero no encontré la dirección en Cubacine. Luego he visto otros textos suyos y al menos uno de Danae Diéguez que me han ido comprometiendo, aunque desde el inicio me coloqué una limitante: no soy especialista de género, ni soy crítico de cine; lo cual, entre otras cosas, terminaba por paralizarme. Suelo lanzarme a la esfera pública cuando tengo algo muy urgente que decir, lo que es también una herencia del sistema patriarcal, como he intuido por años y ahora confirmo en la experiencia de otras mujeres. Pero ya aprendí que en cualquier camino, la sistematicidad es el mejor modo de obtener resultados sólidos.

Conozco algo de ese trabajo que refiere Marina, el de hacer visible la creación femenina y conseguir con ello una presencia “natural” de las mujeres en los proyectos que antes fueron cotos cerrados para el hombre. Ciertamente es como dice, pero de eso llega muy poco a ciudades como la nuestra, y tampoco abundan las iniciativas, lo cual me indica un nivel aún indeciso en el que no quiero estar. Lo digo porque he escrito (y publicado aquí)un estudio de género sobre la Avellaneda, y me reconozco como una solitaria incómoda, cuyas prácticas en este sentido me colocan cuando menos en la sospecha feminista. Sobre estos temas, me encantaría hablar con ella.

Ahora prefiero referirme a algo que tiene que ver con la “Pupila insomne”. Para el libro “Polvo de alas: el guión cinematográfico en Cuba”, que como sabes está a punto de salir, he buscado entrevistar mujeres, hasta dónde me lo permitió mi residencia en Camagüey. Conseguí solamente una guionista, una crítico y una directora. Hablo de un libro donde he entrevistado a más de veinte personas que desarrollan esas especialidades en el cine cubano. Es bueno aclarar que muchas de esas entrevistas fueron hechas a finales de los noventa. Es importante el detalle porque en ese momento la muestra que tomé fue muy azarosa (aún no había hecho el susodicho estudio de género al que llegué por sugerencia de mi tutora) y fui tomando lo que resultaba fácil encontrar sin un plan, sin una conciencia científica y sobre todo de género. Creo que desde entonces a esta parte, más o menos en la última década, ha cambiado sustancialmente la participación de la mujer en tareas muy diversas, y creo que en gran medida se debe a la voluntad de esas que han hecho eventos, y también de aquellas que se han incorporado a la creación, y la han ubicado en el lugar primero de sus vidas.

Entre las mujeres que logré localizar para el libro se encuentra la crítico de cine Mayra Pastrana, quien ha dado una excelente entrevista, aunque no ha ejercido más que como profesora, y como ella dice, como crítica oral o animadora de espacios de cine-debate. La guionista es Aida Bahr, ganadora del premio “Alejo Carpentier” de cuentos, y guionista de una sola película, aunque hubiera repetido con gusto la experiencia. La directora es Belkis Vega, quien tiene un curriculum admirable y no ha logrado hacer un largo con el ICAIC, por causas que ni ella misma quiere ponerse a explicar. Cuando volví sobre ese proyecto, guardado por casi diez años, fui muy consciente de buscar otras mujeres, mas no lo conseguí. Recuerdo un caso en que por más que insistí, la artista que se había comprometido conmigo, no encontró el tiempo y creo que tampoco el sosiego para responder mi cuestionario. Me he preguntado si no operaría en ello el temor de estar hablando de feminismo, o si creyó que el hecho de ser sincera con mis interrogantes podría causarle problemas, o si escogió dedicarse a cosas más apremiantes, razones todas que tienen que ver con la desventaja que seguimos teniendo.

Las marcas del patriarcado dejan huellas tan sutiles que a veces no logramos darnos cuenta. Hago una anécdota simple, pero ilustra muy bien lo que digo. Cuando se abrían los años noventa fui testigo y artífice de la fundación de un evento que quise mucho: “El Almacén de la Imagen”. Con los años he visto nombres de varones que admiro, y estaban tanto como yo en el propósito, quienes son los reconocidos fundadores. Nunca me consideré fundadora y nadie me concedió la gracia. Pensando en todo esto, acabo de preguntarme porqué. Seguramente porque no era realizadora en ese momento, o por alguna otra cosa; pero si en la creación audiovisual hacen falta productores, promotores y animadores, todo lo cual yo era con creces en ese momento, no me consideré ni me consideraron fundadora, simplemente porque yo no era “visible”. Unas veces es la sociedad y otras veces somos nosotras, llevadas por una costumbre demasiado pesada y metida en nuestros músculos.

Lo cierto es que me sumo a las preocupaciones y ocupaciones de mis colegas, y me ofrezco para la visibilidad, o, mejor que eso, para la conciencia, que no hay que olvidarlo, es, antes que todo, un modo de dejar atrás la inocencia. Por lo pronto, como dice el título de un libro de narraciones de Gertrudis Ortiz, yo, “Estoy despierta”.

Te doy las gracias por ayudarme a conocer el pensamiento de Marina y te abrazo desde la calle Príncipe, con el añadido de una sonrisa (ahora sin café) de tu amiga,

Oneyda González

EL UNICORNIO (1988), de Enrique Colina

Ficha técnica:

EL UNICORNIO
(1988)/ 18’/ Dirección: Enrique Colina/ Guión: Enrique Colina y Amado del Pino, según el cuento de Stanislav Stratiev “Una mañana”/ Fotografía: José M. Riera/ Música: Silvio Rodríguez y Oriente López/ Edición: Gloria Argüelles/ Sonido: Raúl García, Leonardo Sorrell/ Actúan: Ana Viña, Rogelio Blaín, Amado del Pino, Erick Yaca, Laritza Ulloa, Verónica López, René de la Nuez.

Sátira social que denuncia a través del absurdo la ausencia de una coherencia ética entre la conducta pública y el criterio propio.

El Unicornio es mi primera incursión en el cine de ficción. A mí no me gustó el resultado de este trabajo. En realidad “El Unicornio” era una idea bastante compleja y no pude impedir que cayera en la caricatura. De todos modos, reivindico la intención porque aborda una parte de nuestra realidad de una forma bastante descarnada: el dirigente oportunista acomodado que otrora fue combativo y polémico, pero perdió su criterio e identidad personal. En ese aspecto sí cumple un cometido.” (Enrique Colina).

“(…) retrato hilarante de un burócrata que debe participar en una asamblea, pero no logra encontrar en casa su “opinión” por escrito, sin la cual ya no sabe qué decir o qué hacer… Colina utiliza una canción de Silvio Rodríguez, “El Unicornio”, sugiriendo así que el funcionario desprovisto de ideas personales encierra sus ilusiones perdidas: la burocracia no representa pues una maldición moral, caída no se sabe de dónde, sino la excrecencia de una sociedad revolucionaria que abandonó una parte de sí misma por el camino.” (Paulo Antonio Paranagua).

Fuente:

Paranagua, Paulo Antonio. “Nuevos desafíos del cine cubano”. Separata de revista Encuadre (Venezuela) 7 ’91, p 15 (Panorama del cine cubano post ochenta).

UN MENSAJE DE LA FUNDACIÓN DEL NUEVO CINE LATINOAMERICANO

Estimado:

Me complace poner en su conocimiento la próxima salida de la Revista de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, publicación en formato electrónico y con una periodicidad trimestral.

Con esta nueva publicación la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, con la colaboración de la Junta de Andalucía, se propone ofrecer a la comunidad cinematográfica latinoamericana y caribeña una plataforma para profundizar en las historias del pasado, para debatir las inquietudes y desafíos del presente, para avanzar en dirección a los futuros posibles del universo audiovisual de América Latina y el Caribe. Nos interesa una visión crítica que rescate y potencie lo que ha sido y es la imagen del continente en el audiovisual.

La Revista de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano estará abierta a la colaboración de cineastas, ensayistas, investigadores, docentes y, en general, de especialistas e interesados en la cinematografía de la región.

Contar con su colaboración será una importante contribución al éxito de este empeño de estimular el pensamiento y la reflexión comprometidos con la integración y la unidad en la diversidad del Movimiento del Nuevo Cine Latinoamericano.

Esperando que la presente sea de su interés, seguiremos en contacto,

con atentos saludos,

Alquimia Peña
Directora General
Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano
http://www.cinelatinoamericano.org

MARINA OCHOA SOBRE EL POST “MUJERES”

Querido Juany:

En primer lugar no se qué pasa que últimamente recibo el blog intermitentemente. Leí tu escrito titulado “MUJERES” en el que hay mucha tela por donde cortar.

Voy a comenzar por la cita de “es imposible que el historiador lo registre todo”, lo cual es cierto, pero también es cierto que en la selección necesaria intervienen nuestras características individuales y únicas, construidas de forma similar al de cualquier personaje de una obra dramática. O sea, todos tenemos una dramaturgia única en el cual entran elementos que existen aún antes de tu nacimiento. Estos elementos arrancan desde la propia genética y van siendo conformados por experiencias de todo tipo, individuales, familiares sociales, etc. O sea que esta afirmación deviene coartada impropia de ti.

En cuanto a la afirmación de que “esa tradición a través de la cual siempre delegamos en un tercero que cuenta con “autoridad” (cuando no en el Tiempo), la responsabilidad de hacernos visibles como sujetos”, evidencia el más absoluto desconocimiento de las luchas que las mujeres no solo cineastas, también comunicadoras de todo tipo hemos venido realizando a lo largo de mucho, muchísimo tiempo ya por lograr un tratamiento de equidad, donde arrancamos por desarrollar una conciencia de género, la cual no hay autoridad que la pueda decretar.

Al parecer ignoras todos los eventos convocados a lo largo de muchos años ya por diferentes instituciones académicas, culturales, FMC, etc., para identificar, debatir e intentar solucionar todas las formas de discriminación en los medios e intentar incidir en políticas públicas. Ningún tema de los que se debaten en la actualidad son nuevos, todos, absolutamente todos han sido ampliamente estudiados y debatidos a lo largo de todos estos años y tampoco es novedoso ninguno de los enfoques.

Uno de los grupos más activos e interesantes que en el poco tiempo que existió hizo un gran aporte a la adquisición de una conciencia de género y encontrar nuestra propia mirada (y que por cierto en ese tiempo sonaba a apostasía, no se si todavía), fue el Comité Gestor de Mujeres Comunicadoras MAGIN.

Ahora bien, en todos los eventos donde se ha debatido el tema de la mujer son invitados los hombres, académicos igual, comunicadores igual, periodistas igual, realizadores igual y funcionarios igual y se puede contar con los dedos de una mano los que han asistido. Ninguno halla un espacio para asistir a estos eventos donde se debaten “cosas de mujeres”.

Exigir políticas públicas que accionen en afirmativo para que las mujeres accedan a la dirección desde ventajas necesariamente construidas para paliar las desventajas históricas – sociales de donde provienen a las que se refiere Danae no es en modo alguno, delegar en terceros con autoridad.

Hace algunos años atrás me ocupé de la curaduría y organización de la primera y única Muestra de mujeres realizadoras que se ha hecho en este país .Esto ocurrió dentro del marco del IV Encuentro Iberoamericano de las Mujeres en el Arte y el VII encuentro Internacional de la Mujeres en el Arte, donde por primera y al parecer única vez se incluyó el cine, tarea encargada al departamento de creación artística, que preside Marisol y al cual pertenezco.

La muestra fue inclusiva en todos los sentidos, en primer lugar se incluyó cine, animación y televisión y también se incluyó a los hombres puesto que había un espacio titulado “Ellos nos miran” dentro del cual se programó obras realizadas por hombres que hablan de nosotras -te sorprenderás de cuántas- y también se creó otro espacio que se llamó “Ellas los miran”.

En esta muestra también hubo un espacio para realizadoras mexicanas y fue inaugurada por la entonces embajadora de Máxico. ¿Cobertura? Solo el espacio de Loly Estévez y la prensa mexicana acreditada en Cuba. ¿Asistencia masculina? Casi nula lo cual hace más destacada la presencia de Enrique Pineda, ese abogado eterno de “las causas perdidas” como presentador de uno de los espacios.

De más está decir que la segunda muestra no se ha producido. Es de las actividades que pueden ser “portadoras de un patrón fragmentador de la identidad colectiva del audiovisual”. Por lo que se trata como material explosivo.

En estos momentos y como un ejemplo de que las mujeres no estamos mendigando como favores lo que son obligaciones me encuentro tratando de llevar adelante un proyecto de fundación de la Mediateca de la Mujer y la curaduría o comisariado de la segunda Muestra de Mujeres realizadoras. Estoy tocando puertas y no sería mala idea para purgar tu “pecado original” que me ayudaras divulgando en tu blog el proyecto el cual te adjunto. Por cierto, ¿a cuántas mujeres conoces cinematográficamente?

Un abrazo,

Marina Ochoa

MARINA OCHOA SOBRE EL DOCUMENTAL DEL ICAIC (Final)

¿Cuajará la promesa?
Por Marina Ochoa

Han existido otros espacios que nos han permitido conocer la producción extra ICAIC y estos son los festivales regionales o municipales como es el Cine-Plaza, y el Movimiento Nacional de Video. El primero es de amplia convocatoria, (cualquier temática, para profesionales o no, todos los géneros, todas las especialidades) y se ha caracterizado por la aceptación, defensa y premiación de materiales polémicos que han ocasionado alguna que otra borrasca. El segundo tuvo una gran responsabilidad en cuanto a la consolidación de la producción de video independiente puesto que los organizó y apoyó en el momento de mayor vulnerabilidad, moral y materialmente, en sus búsquedas de posibilidades de producción dentro y fuera de la frontera cubana, al extremo de convocar un festival donde podían acudir los realizadores con su producción independiente y/o alternativa y fue el primer responsable de que pudiéramos acceder a dicha producción.

Cuando hacemos una valoración de todo lo que las diferentes pantallas nos han ofrecido hasta el momento podemos apreciar una tendencia que agrupa las mayor parte de las obras de análisis o criticas en los documentales de poca o ninguna participación oficial y otra que aborda los temas con una mirada deferente localizada en las instituciones. ¿La anunciada creación inmediata—no cristalizada hasta el momento— de una empresa de documentales permitirá frenar esta tendencia polarizadora y abrirá un abanico de posibilidades entre ambas tendencias o por el contrario acentuará dicha brecha? ¿Aceptará el vínculo directo del realizador con una realidad que no siempre es bondadosa o estimulará las posiciones cómodas y facilistas?

Mientras el ICAIC se toma su tiempo la productora de la UNEAC, Hurón Azul, se ha transformado en el Centro de Desarrollo del Cine Documental. Este Centro está presidido por Octavio Cortázar, figura
emblemática del género, multipremiado y autor de uno de los documentales más hermosos del cine mundial, “Por Primera Vez”, quien además cuenta con un espacio en la televisión nacional llamado “Pantalla Documental” donde ha exhibido y sigue exhibiendo los documentales más interesantes y valiosos de todos los tiempos. Sin apenas recursos pero con la voluntad de rescatar el género, acompañado por realizadores que compartimos su criterio y su brío ha logrado una producción que invita a reflexionar.

Tan importante como tomar decisiones con respecto al rescate de la producción del cine documental del ICAIC urge recapacitar sobre como reivindicar la autenticidad que nos colocó a la vanguardia y que constituye la esencia de la autenticidad artística, la cristalización de niveles estéticos. Esta autenticidad, no puede ser rescatada sin recuperar con naturalidad los nexos orgánicos con nuestra realidad toda, sin criterios reductores.

Ya no somos los mismos. La Revolución favoreció el desarrollo acelerado de nuestro pensamiento, porque para poder interactuar con un proceso drásticamente transformador, teníamos que transformarnos también drásticamente. Hemos crecido a empellones pero hemos crecido. A medida que se ha complejizado nuestra realidad nos hemos complejizado y se ha enriquecido nuestra mirada. No hay razones defendibles para que esta complejización no se refleje en nuestras pantallas, lo cual constituye una necesidad y premisa para la autenticidad en el discurso y en la estética. No podemos olvidar que somos parte de un mundo donde pensar, tener y ejercer el criterio es la piedra angular en lo que promete ser una larga lucha contra el fenómeno que más violenta hoy nuestra libertad: el fundamentalismo de cualquier condición.

No es menos importante repensar una estructura y funcionamiento de todo el proyecto cultural ICAIC más centrada en el cine, dinámica y adecuada a las condiciones actuales, sin que por ello seamos rehenes de coyunturas y que nos permita concentrarnos en los objetivos que estaban presentes en nuestros inicios: hacer cine nacional, artístico, inconformista, económico, técnicamente terminado. Aboguemos por la herejía de la lucidez.

Obras citadas:
Castro Ruz, Fidel. “Palabras a los intelectuales”. Biblioteca Nacional “José Martí”. La Habana. 30 de junio de 1961.
García Espinosa, Julio. “Nuestro cine documental”. Fragmento “Los creadores a la defensiva”. Cine Cubano 23, 24 y 25 (1964): 20-21. . Carta a la autora. La Habana. 13 de agosto del 2003.
Guevara, Alfredo. “El cine cubano 1963”. Cine cubano 14-15 (1963): 1-13. . “Informe y saludo ante el Primer Congreso Nacional de Cultura, 15 de diciembre de 1963”. Cine cubano 9 (1963): 1-8.
. “Realidades y perspectivas de un nuevo cine”. Cine cubano 1 (1963): 5-17.
. “El problema de la tradición”. Cine cubano 140 (1998): 6-12, 30-36.
Lemogodeuc, Jean Marie. “Orígenes, Ciclón, Lunes: una literatura en ebullición”. La Habana 1952-1961. El final de un mundo, el principio de una ilusión. Dir. Jacobo Machover. Madrid: Alianza Editorial, 1995.
145-158.
Ochoa, Marina. “Identidad”. Poema inédito.
Pérez Paredes, Manuel. Carta a la autora. 24 de junio de 2003.
Rodríguez, Carlos Rafael. Discurso. Clausura del acto de reconocimiento a los fundadores y colaboradores de la Sociedad Nuestro Tiempo en su 30 aniversario. Ministerio de Cultura, La Habana. 23 marzo de 1982.

MUJERES

Quizás deba comenzar haciéndome un harakiri en público: yo he sido de los que ha contribuido a la invisibilidad de las mujeres en el cine cubano. No he escrito sobre las ya amplias obras de Lisette Vila, Belkis Vega, o Marina Ochoa, por mencionar algunas. Ni tampoco sobre Gloria Rolando o Teresa Ordoqui. Me he quedado en el rol de espectador “varón”, ese para quienes han filmado mayormente los cineastas de todos los tiempos. Eso es verdad, pero también lo es la lúcida observación de Aldous Huxley: “Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse”.

Voy a defender entonces una idea que otras veces he expuesto: es imposible que un historiador lo registre todo. Somos sucesivos, y también finitos. Tomar conciencia de eso es lo que puede contribuir a destronar esa tradición a través de la cual siempre delegamos en un tercero que cuenta con “autoridad” (cuando no en el Tiempo), la responsabilidad de hacernos visibles como sujetos.

Eso me parece un error: es uno mismo el que tiene que luchar por demostrar su valía. Tomando en cuenta que somos arrojados a un mundo donde ya las reglas están dictadas, nos toca a cada uno de nosotros decidir qué hacemos: esperar a que los otros nos reconozcan (y eso tal vez nunca llegue en vida), o sencillamente emprender nuestro propio camino hacia el reconocimiento. No es justificación, pero ya otras veces he dicho que no me interesa escribir “la Historia total” del cine cubano (sueño más que imposible), sino en todo caso pensar esa parte que alcanzo a escribir como si de un problema se tratara. Otros añadirán nuevos problemas a solucionar, y del conjunto obtendremos una idea más confiable de la complejidad del fenómeno.

El tema de las mujeres en el cine cubano es, en efecto, una zona de reflexión casi virgen en el país. Y digo en el país porque en Francia Laurence Mullaly, por ejemplo, ha estado coordinando un volumen colectivo, o en Canadá una investigadora como Margarita Jiménez creo que ya tiene terminado su libro. En Cuba, en cambio, me vienen a la mente apenas los trabajos de Mayra Vilasís y Caridad Cumaná, a los que habría que sumar las recientes investigaciones de Danae Diéguez. Deben existir más textos, y seguramente hasta tesis universitarias engavetadas, pero esas son las que de momento recuerdo.

Ahora me pregunto a mí mismo (como en el popular humorístico de la televisión cubana): ¿por qué he escrito tan poco sobre las mujeres realizadoras del cine cubano? Subestimación no es. Ni falta de admiración, como creo pueden sugerir los textos que he publicado a propósito de Sara Gómez o Ana Rodríguez. Pero es cierto que no me he sentido tan motivado como cuando escribo sobre el audiovisual que están haciendo los jóvenes (que incluye a las realizadoras), o como cuando reviso la llamada “década prodigiosa”. Tengo la prueba más fehaciente de ello con la reciente invitación que me hiciera Laurence a participar en su libro: fui incapaz de hilvanar una mínima página.

En esta parálisis no veo nada personal contra las mujeres. Es sencillamente que, humanos al fin, los investigadores también están atravesados por miles de hilos invisibles que movilizan su interés hacia ciertas zonas en vez de otras. Es falso de que en la búsqueda de la verdad predomine la objetividad. Somos individuos que estamos condenados a percibir solo una mínima parte del mundo, y el subjetivismo nos guía, nos hace elegir, y al mismo tiempo, descartar. Nunca dará tiempo a abarcarlo todo. De allí que el trabajo en equipo me parezca apremiante.

Ahora, probablemente la razón fundamental por la que no he escrito casi nada sobre el cine realizado en Cuba por mujeres, es porque en estos predios tengo más cosas que aprender que las que aportar. No tengo nada en contra de las teorías feministas siempre que me iluminen un poco mejor la relación que se establece entre la mujer y la vida (que incluye a los hombres). Sí me parecen discutibles esas ideas cuando aíslan su objeto de estudio, y reciclan el mismo enfoque patriarcal, solo que cambiando el sexo de quienes hablan. Lo mismo me pasaría si el negro o el gay, intentaran concederle un punto de vista privilegiado a sus particulares maneras de entender la existencia: ni el racismo ni la homofobia se superan de ese modo. A esas actitudes hay que vencerlas desmontando los argumentos de quienes las practican, pero sin olvidar que, para mayor complejidad, se puede ser mujer, negra y lesbiana.

Pero estas son solo ideas muy personales que tal vez animen a otras (u otros) a impulsar en algún momento un proyecto donde tengamos una verdadera perspectiva de conjunto de este fenómeno. Para ello se tendrían que ver todas las películas. Desde las de Rosina Prado hasta las realizadas por las más jóvenes, incluyendo a ese profuso material realizado también fuera de Cuba por mujeres que hacen el audiovisual. ¿O es que ellas no forman parte también de ese discurso femenino?

Juan Antonio García Borrero

DANAE DIEGUEZ SOBRE LA MUJER EN EL CINE CUBANO

Juan Antonio,

Aunque leo cada vez que puedo tu blog, nunca he escrito, entre otras razones por el tema de la conexión. Ahora me entusiasma leer lo que se ha dicho sobre las mujeres realizadoras, Gustavo Arcos me lo envió para que comentara si me parecía y aunque creo que tarde – pues continúo con problemas con el correo- me parece muy bueno que el tema se acote, pues ya solamente eso, ayuda a visibilizar una temática que aparece siempre preterida dentro de los estudios sobre cine en Cuba.

Hay un texto que escribí que titulé “El cine de mi casa es…macho, varón, masculino”. En ese ensayo precisaba cómo el cine cubano ha estado, la mayoría de las veces, pensado desde los hombres y los modos de representación legitimados están construidos desde lo masculino; desde esa mirada que potencia los roles de género que son estereotipos asignados culturalmente a mujeres y hombres. Aún cuando encontramos sujetos transgresores representados en nuestro cine, casi nunca verificamos una intención de subversión a modelos hegemónicos patentados por el patriarcado.

Pienso que el tema de las mujeres realizadoras hay que mirarlo desde varios puntos:

1- ¿Existen políticas públicas que accionen en afirmativo para que las mujeres accedan a la dirección desde ventajas necesariamente construidas para paliar las desventajas históricas – sociales de donde provienen? Está claro que las mujeres llegaron, con dignas excepciones, tarde al espacio publico, espacio destinado en lo fundamental a los hombres. Sin dudas, a pesar de los avances que existen con respecto al desempeño de la mujer en la sociedad, ellas asumen hoy, la mayoría de las veces, los roles tradicionales en el espacio privado. Hoy en el mundo se habla de la doble y triple jornada laboral de las mujeres. ¿Están en condiciones de equidad para acceder a profesiones históricamente masculinas como la dirección de cine? ¿Por qué seguimos hablando de las transgresoras cuando hoy en el s XXI, debería estar naturalizado el tema de las mujeres detrás de las cámaras?

2- Como me interesa el cine de mujeres y el corpus con el que trabajo es el de los filmes realizados por ellas, me llama la atención la invisibiliización a las que han estado destinadas sus propuestas fílmicas. ¿Quiénes construyen el canon cinematográfico? ¿Desde qué presupuestos estéticos, culturales se articula ese canon?

3- No es lo mismo el cine de mujeres y el cine feminista, aunque sin dudas hay numerosos puntos en común; el primero se refiere a aquel que “opera como una narrativa fílmica y una puesta en escena organizadas en función de las fantasías femeninas o bien como la crisis de subjetividad alrededor de la figura de las mujeres”; el segundo es un cine comprometido políticamente. La teoría fílmica feminista ha hablado del anti-cine como estrategia para dinamitar las estructuras clásicas de narración fílmica, en tanto es un cine que redimensiona otras propuestas de escritura fílmica y subvierte no solo desde los temas, sino también desde el propio lenguaje cinematográfico, las maneras de narrar que históricamente han estado de la mano de los hombres para contar historias.

Siempre me llama la atención el miedo a la palabra feminismo, siento que hay mucho desconocimiento detrás, anclado fundamentalmente en cierta amnesia histórica promulgada por el patriarcado. El feminismo implica un compromiso político, y más allá de tendencias que nos hacen hablar de feminismos, en plural, es sin dudas una filosofía que habla, esencialmente, de desmontar las estructuras verticalistas que las sociedades pensadas desde los hombres y también desde mujeres reproductoras de esas ideologías, han legitimado para establecer relaciones de poder no horizontales , de inequidad. El cine cubano adolece de estudios que analicen estas miradas, es un cine que invisibiliza la producción fílmica de las mujeres. Como decía Marina, de Teresa Ordoqui nadie habla, “Mujer Transparente” sigue siendo una película que apenas se conoce, Marisol Trujillo otra desconocida. Un estudio serio necesita en ese corpus de los filmes realizado por mujeres, develar regularidades temáticas y estéticas, y de esa manera proponer un diálogo entre sus propuestas y aquellas que el canon reverencia en el cine cubano.

Las nuevas tecnologías y el acceso a las escuelas de cine han ayudado a que las directoras, sobre todo las más jóvenes, accedan con más equidad a la dirección, pero… ¿es suficiente? Las jóvenes realizadoras tienen propuestas que pienso deberían analizarse mejor a la luz de estos enfoques: “Tierra Roja” de Heidi Hassan propone una mirada nueva al tema de la emigración, enfocada en una mujer que emigra y su dilema y angustia lejos de su hija y su familia, está contada desde las cartas que le escribe a su hija y su madre y desde su otro yo con el que dialoga incesantemente. Es este un corto de ficción que marca un punto de giro importante no solo desde el punto de vista que trata el tema, sino también desde la manera en que está contado. Así el caso de Patricia Ramos con “El Patio de mi casa”, o Daniellys Hernández, con su documental “Extravío”, ejemplos de preocupaciones temáticas y de búsquedas narrativas que se articulan desde presupuestos que revisan las construcciones de las femineidades, de la raza, en tanto también de las identidades. Solo son pequeños ejemplos, entre otros que existen, pero que hablan de nuevas miradas. Marilyn Solaya lleva años intentando sacar adelante su largometraje de ficción “Vestido de Novia”, que propone una indagación diferente al tema de la transexualidad, y a pesar de haber transitado por muchos caminos con su guión, aún no encuentra cómo realizar su película.

Este es un tema que da para hablar desde múltiples aristas, como investigadora del tema y profesora me hago muchas preguntas, pero como ser humano, como mujer cubana profesional, madre de un adolescente, tengo más preguntas que respuestas. Siento que siempre habrá alguna arista poco revisada, algún sesgo discriminatorio con el que transitamos “gracias” a nuestras construcciones culturales.

Te agradezco la posibilidad de anunciar algunas de mis preocupaciones en tu blog, que es sin dudas un espacio de discusión y análisis necesario y útil.

Un abrazo,

Danae Dieguez