Archivos diarios: julio 8, 2009

LOS CINEASTAS QUE LLEGARON DEL FRIO (Fragmento de “Intrusos en el paraiso”)

(…) Ahora más que nunca se pone en evidencia que si bien el “socialismo real” fracasó en su empeño de aliviar la miseria colectiva, el capitalismo (tal como se conoce ahora mismo), mucho menos ha resuelto ese problema. En verdad, el neoliberalismo sigue agravando esas desigualdades, imponiendo un mundo donde unos pocos lo tienen todo, y la mayoría, casi nada. En este sentido, lo mejor del cine socialista de entonces supo desmarcarse de la pretensión pedagógica del Estado, para involucrarse en el debate de los principales problemas que implica construir una sociedad de nuevo tipo.

Lamentablemente, los realizadores del área socialista que hicieron cine en Cuba no tenían entre sus planes la exposición de esa complejidad. Se trata de un cine básicamente afirmativo, elemental en su concepción del contexto revolucionario, saturado de los estereotipos a los que se suele asociar esos momentos fundacionales de enardecimiento colectivo, y donde la construcción de la imagen, lejos de sugerir las paradojas que implica retratar cualquier realidad, se ponía en función de un discurso triunfalista que confiaba ciegamente en el sentido unidireccional de la Historia.

En una entrevista que le realizaran en Cuba, Wajda recomendaba a los jóvenes cineastas del patio: “(…) hay que mirar todo lo que ocurre con ojos de extranjero. Para ustedes hay algunas cosas demasiado claras, ya que toman parte en ellas de manera directa. De ahí surge el peligro de que hagan películas que resulten comprensibles únicamente para los cubanos” (1)

Probablemente esto pasó con el grueso de esos cineastas que llegaron del frío, para filmar en una isla soleada de la que seguramente jamás habían oído hablar. Si exceptuamos a Soy Cuba, tendríamos que admitir que los resultados más intrascendentes no pudieron ser. Hicieron cine “solo para cubanos”, atendiendo apenas a aquellos que desde sus respectivos países se les antojaba más descollante, y que nunca tenía que ver con la esencia, sino con la apariencia.

Queda por allí todavía una buena anécdota que nos puede ilustrar hasta qué punto llegaba la interiorización de un estereotipo. Se ubica en Soroa, zona ubicada en el occidente de Cuba, donde Zbigniew Kuzminsky, realizador de “Huellas silenciosas” (1961) y “La otra orilla” (1962), ex asistente de Alexander Ford, filmaba “Descenso al infierno”. Lo acompañan Leon Niemczyk (“El cuchillo en el agua”; “Los caballeros de la orden teutónica”), y Eva Krzizewska, la popular rubia de “Cenizas y diamantes”. Hay entusiasmo en el equipo, pero el rodaje ha sido detenido porque la tarde se había puesto gris. Ese es el momento en que Eva se lamenta ante el reportero que llega interesado en lo que hacen: “En Polonia, cada vez que se habla de Cuba se dice sol, palmeras, playas… ¡Y miren ahora!” (2).

Juan Antonio García Borrero

(1) Diana Iznaga. Encuentro con Andrzej Wajda. Revista Cine Cubano Nro. 8, Año 2, p 14.
(2) Eduardo Manet. Reportaje en Soroa. Revista Cine Cubano Nro. 34, Año 6, p 1.

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