HOY, PRESENTACION DE “INTRUSOS EN EL PARAISO”

Hoy, a las 19.30 estaremos presentando en la Filmoteca de Andalucía (Granada) el libro “Intrusos en el paraíso (Cineastas extranjeros en el cine cubano de los sesenta)”. En la mesa estará la cineasta española (directora, productora, guionista) Margarita Alexandre, quien trabajara en Cuba a lo largo de esa década en varios filmes cubanos.

Otras veces he defendido la idea de que los libros no tienen una autoría única. Este de ahora no es una excepción. Por eso es que en el apartado de los agradecimientos encontrarán nombres que tal vez resulte una sorpresa hasta para sus propios dueños. Solo digo que si están allí es porque de veras he entendido que su apoyo, muchas veces sin haberlo pedido, ha resultado imprescindible. Ni siquiera me preocupa el exceso de nombres: en todo caso me resultaría un problema descubrir que me han faltado otras menciones.

JAGB

INTRUSOS EN EL PARAISO (Cineastas extranjeros en el cine cubano de los sesenta)

A la memoria de
José Manuel García López (Flores),
mi abuelo gallego que murió en Cuba.

No olviden que los intelectuales
no se encuentran jamás felices
en ninguna parte.
Cuba es su paraíso,
pero yo les deseo que se quede así,
que siga siéndolo.

Jean Paul Sartre.

AGRADECIMIENTOS

Este libro no lo hubiese podido ni siquiera imaginar, de no haber vivido (contra mi voluntad) casi un año y medio en España, y con la sensación de ser “otro intruso en el paraíso”.

Fue como repetir, a la inversa, lo que mi propio abuelo español vivió a principios del siglo XX, cuando salió de Lugo (de un lugar nombrado Lama de Rey), y terminó enterrado en el pueblo cubano con el más engañoso de los nombres: Punta Alegre. Existen muchas diferencias entre su viaje y el mío: mi abuelo vino en un incómodo barco; yo regresé en avión; pero a ambos nos movilizaba el sentimiento de que la entrada a un “nuevo mundo” nos cambiaría para siempre la vida.

Gracias a Anna Assenza, (una amiga italiana que además de cineasta, es sicóloga), he conseguido asumir esa experiencia como una suerte de doctorado existencial. Y gracias a esa vivencia, también he podido tomar oportuna distancia de esas frecuentes teatralizaciones que, tanto en las llamadas “izquierdas” como en las “derechas”, se suelen utilizar con el fin de concederle legitimidad a los proyectos ideológicos que determinados grupos pretenden vender como los más convenientes para todos.

Hoy puedo dejar a un lado las anécdotas lastimosas para entender con un poco más de sosiego eso que, en sentido general, llamamos “solidaridad humana”. Es decir, entender lo de la “solidaridad” no como un recurso que uno puede encontrar solo entre personas que militan en un tipo de ideología sensibilizada con el problema de la justicia social, sino como algo complejo cuyo ejercicio sistemático puede chocar de manera drástica con el egoísmo natural que hay en todo individuo.

El hecho de haber viajado con anterioridad varias veces a España, pero siempre con el respaldo de universidades, festivales de cine o instituciones culturales, me convertía en alguien que de regreso a Cuba pensaba en la realidad de aquel país (o de otros que he visitado, o incluso de ese en el que vivo) como una deshumanizada abstracción. Ya fuera para criticarla o elogiarla, venían a mi mente las instituciones y sus figuras públicas, no las personas de a pie, que suelen ser los eternos invisibles.

Mi prolongada estancia en España me ayudó a humanizar mucho más las relaciones entre personas. Encontré gente que se dice de “izquierda” comportándose como auténticos traficantes de utopías. Y personas de “derecha” que, sin importar las diferencias de ideas que hay en las maneras de ver y pensar el mundo, me tendieron una mano cuando todo amenazaba con irse al fondo. Eso me confirmó que, más que hablar de izquierdas y derechas, o de cubanos que viven dentro o fuera, lo más prudente tal vez sea comenzar a pensar en “buenas y malas personas”, teniendo siempre ante sí una pregunta vital: ¿cómo puedo ayudar a ese que más cerca está de mí, y lo necesita?

Coherente con ello, no quisiera dejar de agradecer en este libro a aquellos que me permitieron preservar la fe en que la solidaridad humana (ese término tan llevado y traído) algún día ha de prevalecer como algo natural, y no como parte de una retórica que manipula los estados de ánimo de los más desfavorecidos, en beneficio de intereses bastantes pedestres (ejercicio del poder, lucro personal) de los que hoy tienen posiciones más ventajosas. Aunque parezca utópico, pienso que aprender a ser solidarios tal vez devenga la condición básica para lograr por fin una sociedad verdaderamente democrática, pues nada más difícil de conciliar que la libertad del individuo con el compromiso hacia el prójimo.

El libro lo que querido dedicar a la memoria de mi abuelo español José Manuel García López, mejor conocido entre sus amigos por Flores, pero no podría dejar de mencionar a un grupo de personas que a lo largo de mi estancia en España me apoyarían de una forma totalmente desinteresada. Ellos son: María Cruz Almaraz, Anna Assenza, Victor Batista, Nancy Berthier, Marisa Bonilla, Juan Cohard, Rosa Domínguez, Alberto Elena, José María Escriche, Roberto Fandiño, Mónica Fernández Sabido, Ángel Garcés, Monserrat Guiu, José Hurtado, Francisco Jiménez, Francisco Javier Millán, Jaime Noguera, Antonio José Ponte, María Luisa Ortega, Jesús Robles (director de la “Librería Ocho y Medio”), Manolo Segarra Fort, Ana María Stock, Carolina Schwarzmann, Teresa Toledo, Eduardo Trías (director del festival de Huelva), Lázaro Venereo, y Emmanuel Vincenot.

Este libro también se ha beneficiado de la colaboración directa de Margarita Alexandre, Lola Calviño, Fausto Canel, Luciano Castillo, José de la Colina, Iván de la Nuez, Duanel Díaz, Alicia García García, Mirtha Ibarra, Ana López, Juan Mariné, Alfredo Melgar, Pio Serrano, Mirito Torreiro. También ha sido una suerte, desde luego, seguir contando con el apoyo de Nelson Haedo, Armando Pérez Padrón, Frank González Mora, Mariana Mora. Hilda Borrero, mi madre, otra vez tecleó una parte de este texto, y Mara Elena Rodríguez Consuegra, mi esposa, de nuevo puso por delante la lealtad.

Por último, agradezco a los organizadores del Festival “Cines del Sur” de Granada la posibilidad de escribirlo. Me siento en deuda eterna con José Sánchez (su director), Alberto Elena, Mirito Torreiro, Miora Cabrera, y en especial con Carlos Martín, la persona sin la cual, al final, nada de lo que aquí podrá leerse hubiese sido posible.

J. A. G. B. (En Camaguey, el 5 de mayo de 2009)

A MODO DE INTRODUCCION

I.
Este libro se ocupa de un asunto que suele ser descrito por la historia canónica del cine cubano en dos o tres páginas. Habla de la presencia de cineastas e intelectuales extranjeros en esa primera década de la Revolución encabezada por Fidel Castro, la cual coincide con los primeros diez años de creación del ICAIC, toda vez que fue esta la primera institución cultural creada por el Gobierno Revolucionario.

Es curioso que esta misma historiografía que reconoce la ausencia de una tradición cinematográfica dentro del país, y por ende, la carencia de un respaldo industrial que apoyara las novedades artísticas que comenzaba a proponer el ICAIC en esa etapa fundacional, no tome más en cuenta los aportes de esos cineastas y técnicos foráneos que se involucraron en aquella etapa primigenia.

Probablemente lo que los historiadores han estado repitiendo hasta este momento, es la opinión de los propios cineastas cubanos de la fecha, quienes no solo mostraron insatisfacción con los resultados fílmicos en el contexto de la ficción, sino que muy pronto decidieron encauzar sus esfuerzos hacia la obtención de una personalidad cinematográfica autónoma.

En este sentido, lo que hasta ahora se sigue reiterando por los investigadores (repetimos: casi siempre resumido en un par de apretados párrafos), tal vez no sea otra cosa que variaciones de aquellas opiniones concedidas por Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa cuando evocan el período. Como sabemos, para el primero,

“El trabajo con esos directores sí nos dio alguna enseñanza, pero la experiencia duró poco porque nos dimos cuenta que no era posible hacer películas cubanas con directores extranjeros. Vimos que teníamos que hacerlas con nuestra gente y crecer juntos asumiendo nuestros déficits”.

El presente libro no intenta forzar un cambio en la percepción que hasta ahora tenemos de ese conjunto de películas y acciones. En todo caso, lo que propone es un regreso a la circunstancia primitiva de creación, esa que incluye al filme y sus hacedores, pero también a las condiciones en que se concibe esa producción, ya no solo dentro de los marcos de la institución productora (el ICAIC), sino de la época.

De allí que, en principio, este libro combine la investigación histórica con el enfoque ensayístico. Dicho de otro modo: no me ha interesado tanto, por el momento, el análisis puntual de cada una de las películas, como sugerir una suerte de cartografía del cine cubano que tome en cuenta también estos aportes. A mi juicio, es imposible entender lo que estaba sucediendo en el cine cubano de la fecha, si a la par que se revisa la producción fílmica (con todas sus tramas y sub-tramas tecnológicas), no se examina la textura de aquellos ideales y sueños que inspiraban al grueso de los cineastas que viajaron a la Cuba revolucionaria de los sesenta.

Esto explica la presencia de Jean Paul Sartre casi en el pórtico de las páginas que siguen: el filósofo francés no solo encarnó las ideas más radicales de esa izquierda que aspiraba a mejorar el mundo, sino que con sus anotaciones sobre el “compromiso intelectual” contribuyó a legitimar una actitud que, en el caso de los cineastas del ICAIC (y a pesar de no estar muy próximo a esa institución), se convertiría en una suerte de credo.

Por eso quisiera dejar esclarecido que en las páginas que siguen me ha motivado poco visitar ese “pasado reciente”, como si de un museo se tratara. Todo lo contrario. Este es un libro que he querido escribir desde el balcón de mi “subjetividad”. Ya llegarán análisis menos especulativos en el plano académico, donde sea posible examinar esa producción audiovisual desde el ángulo estético. Pero nada de eso tendrá valor si antes no exploramos las “relaciones reales” que se establecían entre todos aquellos que participaban de la aventura.

De modo que he preferido alternar, y a veces mezclar, las herramientas propiamente investigativas (rastreo en esos documentos que han quedado olvidados, recuperación de voces sumergidas o preteridas, etc), con el debate (a la altura histórica que supone la contemporaneidad) de aquellas ideas que movilizaron a ese sector de la izquierda a respaldar el proyecto cubano de Revolución. Creo que solo debatiendo esas ideas con sinceridad, pudiéramos llegar a entender por qué para algunos (en una época como la de los sesenta), hacer la revolución en el cine era tan importante como lograr la revolución en la vida.

Desde luego, no se trata del más exhaustivo de los inventarios, toda vez que aún queda mucha información por develar. Pero al menos, las páginas que siguen invitan a percibir la gestión de creadores como Zavattini y Néstor Almendros, Jomi García Ascot y Margarita Alexandre, Joris Ivens y Agnes Varda, entre otros, como parte de algo que por estos días se festeja: la consolidación de una cinematografía nacional.

Tenerlos en cuenta ayuda a deducir un poco mejor de dónde llegó ese afán de vanguardismo y modernidad que ostenta el cine cubano de los sesenta. Y nos permite comprender de qué forma se fue configurando la industria. Es decir, ayuda a entender de dónde fue saliendo ese gusto precoz por la herejía.

INDICE

A MODO DE INTRODUCCIÓN

EL SEXO DE LAS UTOPÍAS

GERARD PHILIPE, EL PRIMER AMIGO…

SARTRE EN CUBA: EL HURACÁN, EL CINE, LOS DÍAS Y LA NADA.

ZAVATTINI, NUESTRO HOMBRE EN ITALIA.

JOMI GARCÍA ASCOT, DESDE OTRO BALCON NOMBRADO CUBA

MARGARITA ALEXANDRE: OPERACIÓN CUBA

NÉSTOR ALMENDROS: DE PM A CONDUCTA IMPROPIA.

BUÑUEL EN CUBA, CUBA EN BUÑUEL

LOS CINEASTAS QUE LLEGARON DEL FRÍO

JORIS IVENS, LA UTOPIA REENCONTRO A CUBA

THEODOR CHRISTENSEN, UN DANES EN LA HABANA

LATINOAMERICANOS EN EL ICAIC

PARA DEJAR LAS PUERTAS ABIERTAS

Documentos y testimonios

LA VISITA DE GERARD PHILIPE

UNA ENTREVISTA CON CESARE ZAVATTINI

UNA ENTREVISTA CON THEODOR CHISTENSEN

JULIO GARCÍA-ESPINOSA SOBRE CINEASTAS EXTRANJEROS

TOMÁS GUTIÉRREZ ALEA SOBRE CINEASTAS EXTRANJEROS

RAÚL RODRÍGUEZ, DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA

SOY CUBA, por Enrique Pineda Barnet

MARGARITA ALEXANDRE HABLA SOBRE SU EXPERIENCIA EN CUBA

JUAN MARINE HABLA DE SU EXPERIENCIA EN CUBA

ATRAPADOS POR EL ÁNGEL EXTERMINADOR: BUÑUEL EN EL CINE DE GUTIÉRREZ ALEA, por Francisco Javier Millán

LEY NÚMERO 169 DE CREACION DEL ICAIC

AGRADECIMIENTOS

Publicado el junio 16, 2009 en LIBROS SOBRE CINE CUBANO. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. jorge pucheux pucheux

    Sabía que todo iba a ser un éxito. Congratulaciones por tu nuevo libro y sobre todo por tu parte dedicada a los agradecimientos, son muy sabias tus palabras sobre los seres humanos. Seguiremos en linea tan pronto llegues a casa.

  1. Pingback: SOBRE EL ARTÍCULO DE MARINA OCHOA Y “NUESTROS TEMAS” | cine cubano, la pupila insomne

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