JORGE PUCHEUX SOBRE “CLANDESTINOS” (1987), de Fernando Pérez

El día que CLANDESTINOS apagó a La Habana.
Por Jorge Pucheux.

Cada filme tiene su historia, y claro, ¡quién mejor que su director para contarla!. Pero a veces suceden pequeñas anécdotas, situaciones no previstas, y que cuando se habla del filme no se escriben, quizás por considerárseles nimiedades, de poco interés etc. `Pues estos pequeños eventos, nada importantes para sus realizadores, supuestamente no tienen ningún interés para el público y la crítica. Al final la película se terminó. ¿Que bueno, no?

CLANDESTINOS, de Fernando Pérez, es uno de esos ejemplos. Hay en el filme una secuencia muy bien lograda donde Luis Alberto García, junto a otros jóvenes, están dinamitando una alcantarilla que posee una caja eléctrica, y que al parecer crearía un gran apagón en la ciudad. Para lograr esta escena, o mejor, este simple plano del apagón, se colocó la cámara en el Morro, para desde allí filmar el momento en que realmente la Empresa Eléctrica desconectaba por unos segundos la energía eléctrica. Esto proporcionaba la posibilidad de la filmación del apagón, en vivo y en directo, pero, pero… sucedió que, primero, la filmación se pudo hacer, aunque en el revelado en los Laboratorios a Color se echó a perder el negativo, y segundo, la ciudad se quedó apagada por horas. La Habana esa noche, y no por necesidades del País, entró en un apagón imperdonable.

La película ya la habíamos visto antes en primera edición o primer Corte, y se sabían cuáles eran los efectos que esta llevaba, por lo tanto se había comenzando a preparar los efectos de Truca sin ningún problema, incluyendo los créditos (de estos escribiré más adelante, pues también tienen su historia). De pronto, un problema, inesperado: no existía el plano del apagón. Y la ciudad, ¿volverla a apagar? Ni en sueños, ¡¡¡nunca más¡¡¡ Lo cierto es que edición no podía montar la secuencia por culpa de ese planito insignificante.

Si imaginan ustedes que la Truca tuvo que asumir este trabajito, están en lo cierto. Todo parecía fácil, muy fácil, … se hace un fade a negro (oscurecimiento de la imagen) y ya, …pero si se hace un fade, entonces las luces de los autos también se apagan y eso no es realmente así, si justamente cuando hay apagón, solo quedan los faroles de los autos encendidos. ¿Qué hacer entonces? El problemita se fue convirtiendo en un problemote.

La producción tuvo que realizar una nueva filmación desde el Morro, pero rodando (1) una toma o varias tomas a la llamada hora mágica (atardecer), cosa que se vieran las silueta de los edificios y el trazado de la avenida del Malecón, aún sin las luces encendidas. Luego ya más de noche con las luces de edificios y autos (2), otras tomas, y ya todo bien oscuro (3), bien entrada la noche, las últimas tomas, (todas estas filmaciones, sin moverse la cámara de lugar), pues en Truca haríamos una compleja mezcla sincrónica usando una superimposición de la toma de noche sobre la de menos noche y sobre la del atardecer. (3 + 2 + 1)).

Así en un momento marcado, o sea, a los tantos segundos (contados por fotogramas), se quitarían las tomas 2 y 3, pero dejándoles un espacio, digamos una ranura, tapando toda la imagen menos las luces de los autos. Esto nos permitió que al eliminar de pronto, por corte, las tomas 2 y 3 pero solamente dejándole ver estas luces de los autos, (recordar que al atardecer aun no había luces encendidas) se verían los edificios sin luces, pero los autos sí.

Este planito algo difícil de explicar aquí, duró varios días, pero cuando estas cosas pasan en un filme y la historia está llena de ellas, no queda otra que asumirlas y tratar de que todo parezca real.

Fue una experiencia más. Sobre todo saber que si ese plano del apagón no hubiera estado en la estructura del montaje del filme, la secuencia no se hubiera logrado. Se apagó la ciudad, quizás molestó, pero aprendimos y el filme tuvo también su secuencia terminada.

Cuando vuelvan a ver “Clandestinos”, observen detalladamente este plano. Es muy corto y además en realidad no quedó como yo esperaba. ¡¡¡ Lo siento ¡¡¡

II.

Después de tantos años, cuando uno mira hacia atrás profesionalmente, y revisa su trabajo, le vienen a la mente mil situaciones y eventos: unos grandes, otros pequeños. Momentos a veces inolvidables, momentos que se te quedan para siempre en el recuerdo, tanto (y es mi caso), como los recuerdos fabulosos de la niñez, de la adolescencia, de la familia. Recuerdos que bien pueden ser historias para contar.

CLANDESTINOS es justamente un ejemplo de buen recuerdo. No acabo de comprender bien por qué esta película me gustó tanto en su momento. Habrá sido por su acercamiento al cine de acción al que estábamos acostumbrados antes o ahora, a ese cine que siempre les ha gustado a todos, por el manejo del lenguaje, por su música, por sus actuaciones, en fin eso se lo dejo a los especialistas. Lo cierto es que me sentí muy bien con él.

Siempre he pensado, y esto también es para los especialistas, que el cine ficción cubano nunca manejó el lenguaje como lo hizo el documental. El primero siguió por los caminos ya establecidos por el neorrealismo y la Nueva Ola, sin un montaje activo, propositivo, sin un manejo de las imágenes en busca de nuevas experiencias; solo gracias a la fotografía se podría decir que los resultados eran buenos, pero ¿qué de las otras áreas? Mientras, el documental transitó por otro camino.

De aquellos materiales, ¿recuerdan a Llopis Olivares y sus textos en off?. Aquellos documentales tradicionales (aún hoy se dejan ver todavía algunos en TV y no porque sean viejos). Nuestro documental, a partir de los 60, cambió valientemente su estética, y con ello su lenguaje. Digo valientemente porque nadie hasta ese momento lo había hecho. El documental dio un gran salto hasta colocarse entre los mejores del mundo de aquella época. Nació hasta una escuela: LA ESCUELA DOCUMENTAL CUBANA. ¿Genial, no?; pero el largo de ficción siguió su caminito, salvo algunas dignas excepciones.

Cuando me llamaron para trabajar en “Clandestinos” sentí que tenía fuerza y que seguramente iba a gustar al público. Revisamos cada efecto, dónde y por qué iba ahí y no allá, o simplemente no era necesario: Estuvimos trabajando toda una larga tarde en el cuarto de edición del quinto piso, en 23 y 12. Allí lo estudiamos todo, secuencia por secuencia, hasta definir lo que Trucaje debía realizar.

Hubo chistes, cuentos, saludos, de todo pasó esa tarde: amigos que hacía tiempo no veía, compromisos para otras reuniones, en fin, fue una buena jornada, pero cuando ya me disponía a retirarme, me dije mirando a Fernandito, pero esta película no tiene créditos, si, me dijo, ya le mandé a tu Departamento a que se hicieran las tipografías y los filmaran, serán en fondo negro y letras blancas, así, solo así , le pregunté. ¿Como casi todas nuestras películas? (Si, porque si se analizan los filmes de ficción que se realizaron durante todos estos años, muy pocos tienen Diseños de créditos), Sí, me volvió a responder, recuerda que no tenemos ya ni más tiempo, ni mas presupuesto, ¿ok?

Recuerdo que solo me limité a recoger del piso algunos descartes o recortes de planos sobrantes, todos pisoteados, arañados y le dije, bueno ¿y si yo te hago unos créditos mejores que esos de fondo negros y letras blancas, y te los regalo, tú lo pones en el montaje final? Si me gustan, sí, me contestó, pero recuerda que tienes que utilizar los títulos ya filmados.

Esa noche no dormí nada, solo pensaba en cómo iba a resolver un asunto puramente creativo y a la vez técnico, pues lo que yo tenía en mis manos eran solo unos cuantos fotogramas todos maltrechos.

Al día siguiente el sol estaba ahí mismo, como todos los días, y yo frente a la Truca aún pensando. Lo único que si recuerdo muy bien, fue cuando recibí del Laboratorio los títulos revelados. Realmente eran horribles. La tipografía, creo que Helvética extendida, si mal no recuerdo, letras que nada tenían que ver con el filme, pero a esas alturas del partido, nada podía ya hacer, pues si quería realizarle a la película otra propuesta , tenía que trabajar con esa materia prima, no quedaba otra.

Sentado, pensando cómo iba a comenzar sin un guión, sin un Story Board, sin anotaciones, me puse a leer una hoja de periódico que estaba a mi lado. De pronto me dije, ¿y si le ponemos en toda la imagen que trabaje la textura de puntos, como las fotos de un rotograbado? Así justifico la calidad de las imágenes, le cambio un poco la croma de los colores y aunque use esas tipografías, algo mejor seguramente saldrá de ahí. Y dicho esto, puse manos a la obra.

Fui primero mentalmente dándole coherencia a la secuencia, y después procesándolas ya en el equipo. A Fernandito no tuve que hablarle mucho, tenía ya en sus manos seguramente unos créditos mucho mejores. ¿Se imaginan el filme con unos títulos en fondo negro y letras rojas? Sí, tenían que ver mucho con la historia, me refiero a los colores negro y rojo, pero eso no era cine.

Sobre CLANDESTINOS aun me faltan otras pequeñas historias. Trataré de darles forma.

Publicado el junio 8, 2009 en TRUCAJE. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. fabuloso !
    esto se suma a la historia que isabel santos hace en mi documental Mujer que espera, cuando cuenta la anecdota de Clandestinos y el final, ( ya estoy en la fase de transcripción de los documentales para el libro),
    abrazos
    Carlitos

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