JORGE PUCHEUX SOBRE “EL SUEÑO DEL PONGO”, de Santiago Álvarez

Y se realizó EL SUEÑO DEL PONGO.
Por Jorge Pucheux

En los años anteriores a los 90 el Departamento de Producción del ICAIC, separado del aparato tecnológico (llamado entonces Empresa Estudios Cinematográficos del ICAIC), era quien establecía el Plan general de toda la producción del Instituto, dividido en tres secciones: ficción, documentales y Dibujos animados. Ese era más o menos el esquema.

Cada semana se realizaba una junta de trabajo donde se citaban a todos los departamentos que tenían que ver de una manera u otra, y de cualquier área, con la realización y terminación de las películas. Esta junta se efectuaba en el Departamento de Coordinación de Postproducción y allí se discutían todos los aspectos que de alguna forma influían en si se terminaban o no los proyectos planificados para cada mes, según el Plan.

Hago referencia a este aspecto debido a que tiene mucho que ver con la siguiente anécdota. Imagino que todos recordaremos el terremoto del Perú, allá por los finales de los años 70. Santiago Álvarez estuvo allí y gracias a la cámara de los compañeros del Noticiero, lograron filmar un buen número de excelentes imágenes de aquel evento.

Con este material fílmico, se realizaron dos producciones: un Noticiero y después un documental. Pasado un buen tiempo ocurrió que uno de esos Planes de trabajo se veía ya que no se iba a poder cumplir. Habían sucedido toda una serie de dificultades técnicas en los Laboratorios, que atrasaron el revelado de algunos documentales que estaban en dicho Plan mensual.

A Santiago muchos lo criticaban porque decían que cuando él iba a realizar un proyecto, el ICAIC completo se ponía en función suya. Pero nadie nunca supo que en muchas oportunidades él sacaba de debajo de la manga la manera de resolver los típicos problemas del cumplimiento del Plan general de Producción.

En esta oportunidad era que simplemente faltaba un título para poder cumplir. Y en una visita que hicimos a su oficina, Pepín y yo (siempre que teníamos tiempo y estábamos por 23 y 12 así lo hacíamos), estuvimos platicando del Plan. De pronto nos dice: “¿y si Ustedes se llevan planos sobrantes del terremoto del Perú, podrían hacer algo sencillo y rápido? Tengo en mi cabeza desde hace rato un cuento que escribió un escritor peruano que me gustaría hacer algo con el”.

Rápidamente los dos nos miramos y a la vez le pedimos el texto del cuento. Allí mismo lo leímos y lo escuchamos también, pues durante aquel viaje Santiago le había grabado el texto a un niño peruano. De allí mismo salimos para Cubanacán, Pepín con un paquete de fotos del terremoto, un libro de Arte general y yo con un rollo de descartes (sobrantes de edición), más el texto del cuento.

Allá en Cubanacán, Pepín en la Mesa de animación y yo en la Truca , separados por unos casi 60 metros, en edificios diferentes, pero conectados por la extensión telefónica, comenzamos a trabajar las imágenes sobre la base del texto, él me decía qué iba a hacer en tal párrafo y yo después le comentaba lo que había realizado, así estuvimos, toda una tarde, una noche, la madrugada y el resto del día siguiente.

Durante esas horas ambos le echamos mano a cuantos cristales, láminas, recortes de periódicos, acetatos, micas, hasta “vaselina” para hacer realidad todas las volcánicas ideas que nos venían a la mente. El resultado fue realmente un gran experimento. A Santiago le encantó. Así se realizó EL SUEÑO DEL PONGO y el ICAIC pudo cumplir ese mes el Plan de Producción.

Ficha técnica:

EL SUEÑO DEL PONGO (1970)/ 11’/ Santiago Álvarez/ Adaptación de un ingenioso cuento quechúa escrito por José María Arguedas y adaptado por Roberto Fernández Retamar sobre un hombrecito indio, que entra a trabajar de Pongo, o sea, de sirviente, y el patrón, dueño de una inmensa casona en Perú.

“La verdad estética de una película no puede ni debe estar relacionada con la “cantidad de espectadores” que la aplaudan. Ahora bien, si perjudicial es todo lo anterior para el desarrollo del arte cinematográfico, no deja de serlo también esa otra “posición” del realizador petulante, del artista que desdeña al público, que lo menosprecia, que se siente y cree superior a él, que sólo le importa la opinión de sus amigos y parientes, y que en definitiva es un divorciado impenitente de su obra, él y el mundo que lo rodea. Se consuela pensando que dentro de algunos años o quizás siglos, alguien le reconocerá la obra que hoy la mayoría no comprende… Y estos “genios del mañana” tampoco pueden ser creadores genuinos del séptimo arte. Debe sentirse un compromiso interior y exterior para con el público espectador. Debe haber una actitud comprensiva recíproca entre cineasta y público.” (Santiago Álvarez).

PREMIO: Primer Premio Concha de Oro en Festival de San Sebastián, España (1971).

Publicado el mayo 27, 2009 en TRUCAJE. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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