MARIA ISABEL DIAZ, NUESTRA CHICA ALMODOVAR

He conocido esta entrevista gracias a la gentileza de Dalia Acosta, la inquieta periodista de IPS. Es extensa, pero me ha parecido bueno colgarla en el blog, por lo mismo que había comentado en algún post anterior: carecemos de una perspectiva que nos revele parte de la naturaleza de los intérpretes, esa que está más allá de la imagen pública, y que contribuiría a humanizarlos.

A menudo se dice que los actores y actrices solo conceden entrevistas para marcar territorios dentro de esa gran pasarela del Ego que significa aparecer en los medios. No estoy de acuerdo: en muchas de esas entrevistas lo que se pone de manifiesto es una incompetencia letal por parte del periodista, incapaz de trascender los lugares comunes.

Un buen entrevistador (y Dalia lo es, como podrá comprobarse aquí) es aquel que desnuda al intérprete, nos hace olvidar las trampas de la frivolidad, y de regreso a la cotidianidad nos entrega al intérprete, al entrevistador, y al lector, enriquecidos. A ver si conseguimos en algún momento una entrevista similar con Reynaldo Miravalles, tal vez el actor que más papeles memorables le ha regalado al cine cubano…

Juan Antonio García Borrero

MARÍA ISABEL DÍAZ. UNA CHICA ALMODÓVAR – (Enfoque, Primera Quincena No.15 agosto de 2007)

Por Dalia Acosta, periodista, corresponsal de IPS en Cuba

Ella barría el piso, cambiaba ceniceros, seguía con la mirada ansiosa los platos de comida, iba creando el caos. Cuando las luces se apagaban y sonaba la música, María Isabel Díaz aparecía en el escenario y cantaba “yo quiero ser una chica Almodóvar…”

El espectáculo había sido preparado por la propia María Isabel tras su llegada a España, en 1996, y durante mucho tiempo lo adaptó para “bares y cantinas”. Con el vestido de 15 de su hermana, cantaba aquella canción que había repetido tantas veces frente a su espejo en La Habana y al final le daba la espalda al público. Entonces, bajo el vestido brillante que apenas le servía, se veía su pobre traje de camarera.

Trabajar con Pedro Almodóvar, el director de películas “entrañables” como “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, “Átame” o “Todo sobre mi madre”, ni siquiera parecía una opción cuando viajó a Barcelona para unas presentaciones teatrales y decidió quedarse por un tiempo.

Graduada del Instituto Superior de Arte de Cuba (ISA), tendría 16 años cuando empezó a actuar en el grupo de teatro del preuniversitario habanero Antonio Guiteras (1). La idea, que en un inicio había sumado a dos o tres personas, reunió, entre otros, al hoy cantautor Carlos Varela, la rockera Tanya Rodríguez, el actor René de la Cruz (hijo), la actriz Daysi Quintana, la cantante Mayra de la Vega , la teatróloga Laura Fernández y al director de teatro Víctor Varela (2), quien revolucionaría la escena cubana de la década de los 80 con su obra “La cuarta pared”.

Aún estudiaba en el ISA cuando fue llamada por el cineasta Orlando Rojas para el papel protagónico de la película “Una novia para David” (1985). Al debut cinematográfico siguieron otros filmes como “Papeles secundarios”, también de Rojas, y “Hello Hemingway”, de Fernando Pérez, y durante cuatro años, trabajó en el espacio televisivo semanal “La hora de las brujas”. Mucho tiempo después, convertida en la primera “chica Almodóvar” cubana, María Isabel volvió a La Habana en diciembre de 2006 para la presentación de la película “Volver” (Pedro Almodóvar, 2006) en el XVI Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y accedió a conversar con IPS.

Su historia, contada como un monólogo digno del mejor escenario teatral, puede ser la de cualquier cubano o cubana que, en los últimos años, ha optado por trabajar fuera de Cuba, sin llegar al extremo del exilio o perder los vínculos con su país natal.

GANAS DE VOLAR

Tenía ganas de volar un poco, de vivir una experiencia nueva. Siempre una imagina que las cosas van a ser muy buenas y muy maravillosas porque si partes de la falta de optimismo, no harías nada nunca. Y así, con muchísima ilusión, me fui a Barcelona para trabajar en el Maratón del espectáculo, una especie de escaparate teatral de donde debería salir algo. La gente va, hace un espectáculo de diez minutos como máximo y hay distribuidores, programadores y te contratan si el espectáculo funciona.

No llevaba nada preparado. Así que me inventé una cosita de última hora y cuando terminé el público empezó a dar patadas en el piso. Pensé “ay, Dios mío, me quieren pisotear”. Todo lo contrario. Cuando salí me dijeron que era lo máximo, que cuando algo les gusta aplauden, pero si les gusta mucho patean en el suelo. Esa era la forma de demostrar cuánto les había gustado. Sin embargo, de allí no salió nada. Me fui a una semana de cine cubano en Mallorca y, cuando ya podía regresar, decidí que quería conocer mejor Barcelona y ver la nieve. Una cosa que puede ser tan superficial y banal. Era mayo, yo sentía un frío terrorífico y todo el tiempo me decía que si ya hacía ese frío, para septiembre tendríamos nieve. Y así me fui quedando y fue muy bueno para mí: de todo lo que pensaba que podía hacer en ese momento; no pude hacer nada.

AÑOS DUROS

No tenía dinero, me sentía como una mochilera ¬como les dicen a las personas que viajan con su mochila, se van con su saco de dormir a cualquier lugar y viven así por el mundo¬, aunque lo que tenía era una maleta. Tenía una maleta pero vivía esa misma sensación. Sin embargo, nunca me faltaron los amigos: siempre tuve techo, comida y afecto. Entonces, empezaron a suceder cosas tan interesantes, que ni me daba cuenta de cómo repercutirían en mí con el paso de los años.

Lo primero fue que empecé a cantar. En el grupo de teatro del preuniversitario había tantos cantantes que yo nunca me atreví a hacerlo…me temblaba la quija´ Después, había hecho “Donde crezca el amor”, una comedia musical, pero me aterrorizaba cantar por placer. Allí, en Barcelona, comencé a cantar para ganar dinero y tomé aquello que había preparado para el Maratón del espectáculo, le quité la teatralidad y empecé a adaptarlo a cualquier espacio, improvisando como en los tiempos del grupo de teatro de mi adolescencia.

Cuando la gente empezaba a llegar, yo andaba por el salón recogiendo ceniceros, barriendo y les decía “no me rieguen”, “no me echen la colilla ahí” y empezaba a armar el caos. A veces era una camarera que lo hacía todo muy mal, miraba la comida de la gente como si tuviera hambre. Era aquello mismo que yo hacía en “Una novia para David”, cuando en la puerta de una iglesia armo un escándalo diciendo que estoy embarazada y “este niño me lo tienes que criar”. Todo era un desastre, había gente que quería pedir el libro de quejas y yo me iba peleando: “yo no sé qué yo hago aquí limpiando si yo quiero ser actriz”. Entonces, aparecía en el escenario, con el vestido de la fiesta de 15 de mi hermana Tatiana que apenas me servía, y cantaba “yo quiero ser una chica Almodóvar…”.

Y así me fui quedando. No soy de las personas que puedan decir ‘me quedé en España’ porque no es una decisión tomada ni que necesite tomar: vivo allí ahora, nada más.

BARCELONA

Estuve cinco años y medio en Barcelona haciendo cualquier tipo de trabajo porque ya yo lo que quería era probar en serio esa vida que uno desconoce. Yo desconocía cómo es la vida fuera de Cuba; había viajado a algún que otro festival de cine, pero siempre de actriz…vivir es otra cosa. Me olvidé hasta de lo que era. La gente me preguntaba y yo decía “soy graduada del ISA”, pero me costaba mucho decir “soy actriz”. Estaba viviendo tan lejos de mi mundo que era como un chiste. Hice de todo. Trabajé en restaurantes, cuidé niños, fui camarera en un hotel. Y eso que yo tuve papeles enseguida en España, pero ni con residencia encontraba trabajo y mucho menos en mi profesión. Era una emigrante en toda regla.

En Barcelona, además, cuando hablaba el catalán con este acento mío me miraban con cara de ‘y esta de dónde salió’. Hasta conseguir un piso se hacía difícil: cuando me sentían el acento me decían ‘lo siento, sólo para españoles’. Y yo pensaba “ay, mi madre, qué duro va a ser esto”, pero insistía. Todavía no puedo explicar por qué no volví entonces, será por cabezona. Ni siquiera pensaba que la vida iba a mejorar, pero me decía ‘no me puedo ir’, ‘todavía no’, ‘déjame vencer este capítulo’. Siempre veía mi vida por capítulo: “deja que termine este capítulo a ver qué pasa en el que viene”.

Así iban las cosas, una amiga actriz cubana que vivía en el País Vasco, Lilian Kourí, y su marido Carlos Acosta, me metieron por los ojos a su representante y ese hombre me abrió las puertas de España. Dos meses después de conocerlo, estaba en Madrid con un personaje fijo en una telenovela.

MALECÓN MADRILEÑO

No quería irme a Madrid porque me parecía una ciudad muy grande, desproporcionada, inhumana. Me equivoqué totalmente. Madrid es entrañable, caótica, muy habanera. Yo venía de Barcelona donde todo funciona correctamente y, de pronto, me veía protestando al punto que tuve que decirme: “espérate un momentito, si tú de donde vienes es de La Habana, estate tranquila, no eres catalana ni nada de eso…”

No quería vivir en una ciudad sin mar y, de pronto, veía el Malecón desde el Paseo del Prado. Bajaba por Huertas, una calle muy bohemia y llena de bares, hacia mi casa y allá abajo, al final, veía el Malecón y el mar. Y no era un mar cualquiera, no era el de Barcelona donde siempre pensaba ‘no huele’, era mi mar. Me inventé mi mar en Madrid y eso me daba tremenda alegría. Ahí me empezó a cambiar la vida.

Después de aquella primera serie para la televisión, hice otras y volví al cine con un personaje pequeñísimo en la película “Piedras” (Ramón Salazar, 2002). Hice de una prostituta que cantaba en francés “La vida en rosa” y, a partir de ahí, empecé a interpretar una cantidad de prostitutas increíble: putas apaleadas, robadas, informantes, pero todas putas. ¿Tú sabes lo que pasa? En España aún no se dan cuenta del papel real de la emigración: un personaje inmigrante siempre es criado, prostituta o mujer pobre; nunca un intelectual o un médico.

RAPIDEZ EUROPEA

Allí se trabaja muy rápido. Estuve tres años y medio girando por todo el país con la obra de teatro Las mujeres de verdad tienen curvas. Una vez más, Lilian y Carlos, mis ángeles de la guarda, me propusieron para aquel trabajo.

Cada día había que ir con cinco páginas aprendidas para montar. Era un ritmo descabellado; yo nunca había hecho teatro así. Aquí, en el teatro, te puedes regodear mucho más, tienes un proceso creativo, pero allá era casi como si tuviera que hacer televisión en vivo, como cuando hacía “La hora de las Brujas” y el guión me lo tenía que aprender para el viernes. Gracias a las Brujas tenía un entrenamiento tremendo, pues habían sido casi cuatro años y lo que bien se aprende, se aprovecha… No me costó mucho trabajo el proceso creativo de la puesta, pero todo era muy rápido.

Aquí el tiempo no se valora mucho, pero allí sí…allí el tiempo es dinero, pero de verdad y, al final, las cosas salen en el proceso creativo.

Mi personaje era muy pequeñito, pero la directora quería una obra coral y me pidió que lo hiciera más grande. Le metí todo y más. No sé exactamente el número, pero esa obra la vieron unos 300.000 espectadores en España. Cuando llegábamos a un teatro ya estaba el cartel de “no hay localidades” y sin que las actrices fueran conocidas. Era muy extraño…se llenaba siempre. Volvimos a Cataluña y fue muy simpático porque volvió a pasar lo de las patadas en el suelo. Mis compañeras, que nunca habían actuado allí, se aterraron, pensaron que se caía el teatro, y yo, la cubana, les decía “tranquilas, eso es que les gusta mucho”.

ALMODÓVAR

En lo profesional, “Volver” me aportó lo que siempre te aporta conocer a un nuevo director, con un estilo de trabajo distinto o igual. Mi personaje es sencillo y él me pidió: “la quiero bien cubana, no quiero que me articules, no quiero que tengas buena dicción”. Quizás no me lo dijo con esas palabras, pero sí me dijo que lo quería racial, que no fuera una española, incluso tenía un texto escrito comiéndose las letras. Y esa fue una pauta que él me dio y que yo mantuve en la película, un poco habanera, de “ay, mi hijita”.

Fue muy divertido. Se trabajó con tanta alegría. Todo el mundo estaba tan alegre de trabajar ahí. Habría tensiones como en todas las películas, pero los actores no nos enterábamos. Él es un hombre que cuida mucho a los actores, es muy humano, es tan pegado a la tierra, conoce tanto de lo que lo que le rodea, desde que puedas tener frío hasta cualquier otro detalle….todo le importa. Lo que más me sorprendió, en este mundo en que existe tanto clasismo, fue su condición humana, su solidaridad. Era un director que no me conocía y sabía: sus notas eran las mismas que me daba Orlando (3), con el que he trabajado en todas sus películas, que conoce todos mis defectos, sabe lo que puede esperar de mí y lo que necesita que yo controle. Pedro es una persona con mucho talento y creo que ese talento le viene de su humanidad. Me sorprendió mucho.

Y lo mismo pasaba con todas las actrices. Ellas sabían que yo podía estar asustada porque es que asusta. Cuando te dicen que vas a trabajar con Almodóvar y, sin comerla ni beberla, te ves ahí de pronto…madre mía, son tantas las cosas que te pasan por la cabeza. No puedes defraudar, no a Almodóvar, a tus amigos. Tú sabes que yo soy una persona de amigos: mi familia son los amigos y mis hermanas. Yo estoy sola allí…y lo primero que piensas es no puedo defraudarlos, tengo que estar super bien. Y ellas sabían. Blanca Portillo y Lola Dueña, actrices súper reconocidas, hablaban también de los mismos miedos, tenían las mismas angustias que podía tener yo y eso te hace sentir que no eres un bicho raro. Cada una contaba las experiencias de cuando las llamaron a trabajar con Pedro y sus miedos eran los míos. Lo contábamos y nos reíamos.

EL SUEÑO MISMO

Era una cosa que yo quería que pasara, pero nunca esperé que pasara. Jamás. Y todo esto de “yo quiero ser una chica Almodóvar” venía de atrás, no de cuando llegué a España, sino de mucho antes. Lo hacía frente al espejo de mi casa. Iba a una fiesta, me subía la saya, me encaramaba en una mesa y cantaba una versión criolla de la canción. O iba caminando por la calle y me imaginaba que me lo encontraba. Pero era como cuando eras niña y juegas a ser la maestra del aula. Era lo mismo. Lo vivía sin pensar que eso fuera a suceder alguna vez.

Cuando vi “Volver” me pareció tan buena que era como si yo no hubiera trabajado en ella. La historia me gustó tanto, cómo estaba contada, cómo estaba narrada. Tú sabes que mi mamá está muerta y la relación que Pedro tiene con su mamá es tan igual a la que tengo yo con la mía. Esto nunca lo he dicho en una entrevista porque no quisiera parecer oportunista. Hace 25 años que mi mama murió, para mí fue ayer, siempre la tengo tan presente y sé que esa película me la mandó ella, estoy segura.

Tengo una distancia con la película, como si nunca hubiera trabajado ahí, porque me siento muy espectadora. Me siento como cuando uno ve una película y piensa “yo quiero que eso me pase a mí”. Así mismo. Y, de alguna manera, esa madre que regresa es mi mamá que está por algún lado. Es lo que yo hubiera querido. Cuando yo leí ese guión era como si esa historia me saliera del corazón. Puede ser un poco místico, pero no lo puedo evitar. Para mí tiene una importancia doble: haber trabajado en ella y, todavía más, haberla podido ver. Estoy segura que hubiera sentido lo mismo si no hubiera trabajado en ella…estoy segura.

¡La película es tan bella! Me está pasando como cuando vi “Suite Habana”: quería hablar y no podía porque lloraba todo el tiempo.

LA MADRE

Yo tenía 17 añitos cuando mi mamá murió. Eso sí lo vivieron ustedes. Mi relación con ella era tan especial, me apoyaba y comprendía tanto, que yo no podría nunca dejar de querer a un amigo de aquellos tiempos. Son como una extensión; en ellos también está ella.

Recuerdo que aquel día yo lloraba mucho y mi prima, a la que se le había muerto la mamá hacía como dos años, me dijo “tú ves todo lo que tú estás llorando, vas a aprender a recordarla con alegría” y así mismo ha sido. Yo hablo de ella como si estuviera sentada allá abajo y siempre, desde ese mismo día, cuando estoy en la ducha, me imagino que me va a abrir la cortina y me va a decir “ahhh…era para ver cómo se portaban”. ¡Fíjate si mi vida tiene que ver con “Volver”! Toda la vida me he imaginado que me va a abrir la cortina; tengo 42 años y sigo jugando con eso. Cuando leí ese guión, con esa madre que vuelve ¬estoy segura que es el deseo de Pedro¬, fue como si me estuvieran leyendo la mente.

PLANES

Quisiera trabajar mucho en España porque es un capítulo que todavía no he cerrado, pero está a punto de cerrarse…puede ser dentro de cinco, 10 años, no sé. Todavía debo enfrentarme a otras cosas. Así como los años duros de Barcelona me prepararon, me hicieron comprender la vida de otra manera, ahora me toca conocer, entrar, dar los primeros pasos en mi medio. Me toca vivir algo que no sé aún qué es, pero para poderlo vivir tengo que trabajar. Y, cuando ese período pase, pues a lo mejor quisiera hacer algo en América Latina, que me parece otra historia totalmente distinta. Mi perspectiva más inmediata, de ahora mismo, trabajar, trabajar y seguir conociendo ese medio allí, donde me falta muchísimo por conocer.

LA CHICA DEL PRE

Yo me siento como en el pre (universitario) todavía. Hay veces que doy brincos y todo cuando me doy cuenta que tengo una reacción madura o me sorprendo diciendo “mira cómo pienso…que madura estoy”. Más o menos soy la misma, no debo estar igualita, pero sigo queriendo de la misma manera, que es lo que yo creo que uno debe no cambiar. Claro, si quieres bien, si quieres mal tendrías que cambiar. Yo pienso que quiero bien y eso me gustaría que siguiera siendo así.

No he hecho demasiadas concesiones en mi vida, alguna he hecho, pero nunca he llegado a vender mi alma al diablo por nada y eso me da tranquilidad. Son las cosas a las que una aspira cuando está jovencita, pura y limpia.

Soy menos soñadora, bastante menos soñadora. Eso ha cambiado en mí y yo diría que mucho. Si todavía soy un poquito, es porque antes era demasiado. Y es algo que me duele mucho perder, pero es como si la espiritualidad la hubiera encauzado por otros lugares. Me horroriza lo que pasa en el mundo, no puedo ver un noticiero sin llorar o sin que se me salte la comida de la boca, porque siempre como a la hora de las noticias. Todo lo que está pasando es tan fuerte que siento como si mi sensibilidad se hubiera cambiado de lugar.

¿Sueños? No creo. Deseos muchos. Pero eso de soñar despierta que estoy en un escenario…eso ya no lo tengo. ¡Qué pena! Pero así es.

Entre amigas

La había vuelto a encontrar una que otra vez a la entrada de algún cine, en medio del tumulto que se agolpaba para ver la mejor película del festival de turno, y sin tiempo apenas para el abrazo, preguntar “qué haces” y decirnos “cuídate”. Pero casi no habíamos conversado desde los tiempos del preuniversitario, cuando nos daba casi la medianoche ensayando y comiendo pizzas, esperábamos la madrugada tocando guitarra y cantando canciones de Silvio y Serrat en cualquier parque del Vedado, y la mamá de Mary nos recibía siempre con las mejores limonadas frapé de Cuba o, mejor dicho, del mundo.

Trabajar con Pedro Almodóvar, ni siquiera era un sueño por aquellos días de principios de la década del 80, cuando un grupo de muchachos medio locos nos reuníamos en un laboratorio de biología del pre Guiteras y, con el profesor Rodolfo, jugábamos a ser artistas, cantantes, periodistas, y llorábamos con nuestra propia puesta de “Mi hermana Visia”, uno de los mejores cuentos de Onelio Jorge Cardoso o, al menos, así lo veíamos entonces.

María Isabel Díaz tendría unos 15 ó 16 años la noche en que, junto a la cantante Mayra de la Vega y la actriz Daysi Quintana, fueron las únicas en acudir a una convocatoria para crear el Grupo de Teatro del preuniversitario Antonio Guiteras. Después, el grupo iría creciendo, ganaría premios en festivales y quedaría en el recuerdo de todos nosotros como uno de esos primeros momentos de la vida en que uno siente que está haciendo algo y siendo alguien.

Casi sin darnos cuenta, pasarían más de diez años para el reencuentro. María Isabel llegaba a La Habana para el festival, pero sobre todo para volver, como lo hace siempre, a su casa y a sus amigos. La desperté una mañana del caluroso invierno habanero y, entre tazas de té negro y jugos de naranja, volvimos a ser las mismas de siempre, lloramos, reímos, y Mary me fue regalando su historia.

Notas:

(1) Centro de enseñanza media situado en la calle A entre 23 y 25, en el Vedado. El Guiteras cerró cuando se trasladaron todos los centros preuniversitarios para el campo, a inicios de la pasada década de los 90.

(2) Tanya Rodríguez, Víctor Varela y Mayra de la Vega residen fuera de Cuba. Laura Fernández falleció en España.

Un tema de actualidad

Hace unas semanas, María Isabel Díaz respondió unas preguntas enviadas por IPS sobre una propuesta de reforma legal al Código de Familia que, de ser aprobada, reconocerá en igualdad de condiciones los derechos de las parejas heterosexuales y homosexuales cubanas.

Perdidas en un mar de correos electrónicos, las respuestas de la actriz cubana no fueron incluidas en el número anterior de Enfoques, titulado “Derechos humanos: Un espacio para la diversidad sexual”. Aprovechamos la oportunidad para reproducirlas ahora como un aporte más al debate.

IPS: Uno de los argumentos esgrimidos contra el proyecto para el nuevo Código de Familia es que “la sociedad cubana no está preparada” para algo así o “que no es el momento oportuno”. ¿Qué piensa usted? En caso de que sea cierto el hecho de que la sociedad no está preparada, ¿cuál sería la alternativa? ¿Qué habría que hacer para prepararla?

Creo que la sociedad cubana está más que preparada para aceptar estos cambios pues es sabido que desde hace ya algún tiempo hay un sentimiento de tolerancia hacia estos grupos. De cualquier manera si, institucionalmente, estas minorías reciben apoyo sería una razón más para que sobre la marcha, la parte de la ciudadanía que no está lista empiece a digerir una nueva estructura social y familiar.

IPS: Uno de los temas más polémicos es el derecho a la adopción por parte de parejas homosexuales, al punto que, en muchos países donde se han legalizado las uniones entre parejas del mismo sexo, aún no se acepta. ¿Qué piensa usted de este derecho, teniendo en cuenta las condiciones cubanas?

Tengo entendido que dentro de la isla hay casos de adopción de niños por parejas homosexuales. Esto no es una información oficial, pero conozco casos personalmente. Creo que nuestro pueblo es abierto y es ante todo humano. No creo que haya ninguna actitud retrógrada justificable que niegue a parejas del mismo sexo adoptar a niños que necesiten de amor, afecto y dedicación. Tal vez se tenga como gran referente a Europa en este sentido, pero siendo este el primer mundo, tengo que acotar que en España, por ejemplo, país donde resido, hay una gran resistencia por parte de la sociedad a la adopción de niños por personas homosexuales, pero entiendo que es un país conservador, donde la Iglesia aún marca ciertas actitudes y aptitudes en la moral de esta sociedad. No creo que sea el caso de Cuba. En mi criterio sería muy revolucionario que un país tercermundista abandere esta propuesta y no creo que marque grandes conflictos.

IPS: ¿Cómo ve usted las medidas e, incluso, legislaciones homofóbicas que se aplicaron en Cuba durante décadas? ¿Piensa que respondieron a motivos culturales, políticos o a ambos? ¿A qué atribuye cierta apertura a estos temas que se ha producido en los últimos años? ¿Se viven realmente mejores tiempos para las llamadas minorías sexuales?

Aquellas décadas en Cuba fueron un gran error. Mientras se daba libertad a las mujeres y hombres heterosexuales para tener una vida más plena y más abierta, se estigmatizaba a los homosexuales. No sé a qué respondió esto. No encuentro ninguna razón a tan gran despropósito. Tal vez la sociedad cubana, en ese período, no estuviera preparada culturalmente para plantearse un modelo aperturista para los homosexuales. No lo sé, nací en medio de eso y crecí mientras también iban creciendo las libertades sexuales en nuestro país. Pero hoy, no encuentro razones por las que, en aquellos años, ser homosexual constituía un delito de escándalo público penado hasta con la cárcel..

Creo que Cuba evoluciona junto con el mundo y que es un buen momento para las minorías sexuales y si en algún espacio hay intolerancia hacia ellos son las instituciones las que están obligadas a educar y cambiar esos conceptos arcaicos y retrógrados donde los hubiese. La sociedad cubana ha dado muestras de inteligencia y humanidad; no creo que haya que temer a una respuesta negativa a los cambios.

IPS: ¿Considera a la sociedad cubana como homofóbica e intolerante, de forma general, hacia lo diferente? Si es así, ¿a qué atribuye esta característica?

Creo que cada pueblo es la educación que recibe, la inspiración en la que forma sus valores. Si los altos estamentos que conforman la moralidad de un país son abiertos y desprejuiciados, así llegará a comportarse la sociedad. Si estos grupos de minorías encuentran protección legal y amparo, no cabe la menor duda de que los intolerantes, que de seguro existen, tendrán que acatar la nueva convivencia.

FILMOGRAFÍA
1985: Una novia para David .. Dir. Orlando Rojas.

1989: Papeles secundarios .. Dir. Orlando Rojas.

La vida en rosa .. Dir. Rolando Díaz.

1990: Hello Hemingway .. Dir. Fernando Pérez.

1993: El plano .. Dir. Julio García Espinosa.

1995: Melodrama. Dir. Rolando Díaz.

1996: Calor… y celos .(España) Dir. Javier Rebollo.

1997: Cosas que dejé en Dir. Manuel Gutiérrez Aragón

La Habana .. (España)..

1998: Hasta la victoria siempre . Dir. Juan Carlos Dezanso.

(Argentina).

2001: Las noches de Constantinopla . Dir. Orlando Rojas.

2002: Piedras . (España).

2005: Un Rey en La Habana . (España).Dir. Alexis Valdés.

2006: Locos por el sexo . (España). Dir. Javier Rebollo.

Volver . (España). Dir. Pedro Almodóvar .

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Publicado el mayo 9, 2009 en ENTREVISTAS. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Que buena entrevista a Maria Isabel Díaz Lago. Y comparto tu opinión respecto a que nos faltan obras y textos que revelen el ser detrás de la cámara, lo que piensa. Yo recuerdo “Luis Carbonell, después de tanto tiempo”, de Ian Padrón, “Esther Borja, rapsodia de Cuba”, de Pavel Giroud, todos los documentales de Carlos Barba sobre Humberto Solás, ( el de “Un hombre con éxito” es divino), “Canción para Rachel” y “Mujer que espera”, de Barba también, este último sobre Isabel Santos, yo creo que una cosa así jamás se había realizado en el cine cubano, bueno, bueno, de verdad. Por lo menos en el cine cubano tenemos estos excelentes exponentes. Es la memoria.

  2. Gracias por tus palabras. Sólo puedo decirte que una vez leí una frase de García Marquez sobre la entrevista periodística y que decía, más o menos, que la mejor entrevista era una buena conversación entre dos amigos. La vida me ha demostrado eso. Los periodistas solemos llegar a las entrevistas con cuestionarios preelaborados ‘- y, muchas veces, ni siquiera bien pensados – y queremos llevar a las personas obligatoriamente por ese camino. Los cubanos no sabemos escuchar, decía Agustín Pí, y por supuesto tampoco los periodistas. A veces es muy fácil darse cuenta que el periodista, en lugar de estar escuchando lo que le responden, está pensando en la próxima pregunta que va a lanzar. En fin, las entrevistas que más quiero son aquellas en que me he olvidado de mis propios intereses y he dejado al entrevistado abrirse, seguir su propio hilo, contar su historia. No sé si eso tendrá algo que ver con lo que se aprende en las escuelas porque estudié en Moscú y de periodismo no aprendí ni cómo se hace un lead, pero me lo enseñó la vida y, sobre todo, amigos periodistas que respeto y quiero como Padura, Cancio, Angel Tomás, Froilán Escobar….en fin, tanta gente.
    Un abrazo grande y ojalá alguien te oiga y salga esa entrevista a Miravalles.
    Dalia

  1. Pingback: NUESTRA CHICA ALMODÓVAR | cine cubano, la pupila insomne

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