LAS ALFOMBRAS ROJAS DEL PENSAMIENTO

Ayer llegó hasta mi cueva alguien que anda metido en un proyecto que podría revolucionar parte de la cultura audiovisual de la ciudad. Es muy joven, y me recordó al que yo era a su edad. Me recordó mis ganas ilusas de comerme al mundo. De liquidar todo lo que sentía ya era viejo, anacrónico, y carente de vitalidad.

Era aquella época en que Luciano Castillo atendía un montón de cine-clubes en la provincia de Camaguey. Y la ciudad contaba con peñas como las de Jesús Lozada y Mariela Pérez Castro (la “Peña del Brocal”, se llamaba). También teníamos la revista “Resonancias”, y nos mantenía vivos un montón de obstáculos que dejar atrás, con el fin de crearnos un espacio. Muchos de esos obstáculos siguen allí, como el dinosaurio del famoso cuento, pero hay gente que ha sabido crecer hasta limites insospechados porque creyeron en ellos mismos (aunque buena parte de ellos hoy están demasiado lejos de la ciudad).

No voy a caer en ese tópico quejumbroso de que “éramos felices”. Celebrar el pasado, por solo celebrarlo, carece de sentido. A no ser que la incapacidad para encarar el presente nos aconseje vivir anclados a lo que ya fue: la añoranza como ansiolítico; como falsa curación. Más sentarse a esperar a que sean los otros los que saneen el mundo inspira en mí tantos recelos como empujar a terceros a hacer lo que uno no es capaz de asumir. La verdadera acción comienza dentro de uno, pues, ¿de qué vale esa pretensión de arreglar las vidas ajenas, si en la mañana no somos capaces de componer la cama donde dormimos?

Nuestro joven quería que defendiera en este blog su proyecto: dice que supuestamente a mí me escuchan más (si supiera…). Le agradecí hubiese pensando en este servidor, pero me negué a asumir esa defensa, ya que de un tiempo acá, prefiero que sean las personas que estimo las que hablen con su propia voz (y hay muchos que ya están hablando alto y claro). Es decir, no me niego a que se promueva su proyecto aquí, pero, ¿por qué no lo defiende con voz propia?, ¿por qué no asumir el riesgo que supone asomarse a la esfera pública, y aprender a discutir en esa zona su legítimo derecho a la herejía? No se trata de buscar un protagonismo vanidoso que nada aporta, sino de no permitir que otros nos diseñen los sueños, aspiraciones, y hasta las palabras que tenemos que decir.

Tal vez el joven demore en entender el por qué de mi negativa, el mismo tiempo que me llevó a mí comprender que el pensamiento no se delega en nadie. Que la “autoridad” de un tercero (casi siempre paternalista), jamás podrá defender con la misma convicción las ideas propias, que además, pertenecen a la época de la cual uno es hijo, nunca a los padres.

Me siento realmente incómodo cuando alguien (sobre todo si es joven, y comienza a exigir sus razonables derechos) llega ante mí creyendo que tengo en mi poder más respuestas que preguntas, más soluciones que problemas. Yo, que solo me siento líder de mis orgullosas incertidumbres.

El blog existe porque cada vez creo menos en esas alfombras rojas del pensamiento, a través de las cuales se deslizan aquellos que se sienten “elegidos”, prodigando como Mesías las respuestas antes de que se hagan las preguntas. Detesto parecerme a esos antropólogos que en la antigüedad (¿solo en la antigüedad?) llegaban a África, hacían sus estudios de “los diferentes”, y de regreso a Europa introducían a sus compatriotas en aquel mundo exótico a partir de sus interpretaciones mas personales. Hoy sabemos que ese gesto arrogante es hasta punible: se llama usurpación de identidad.

Juan Antonio García Borrero

Publicado el marzo 26, 2009 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Ileana Alvarez

    Querido amigo: He leído tu blog con mucha atención y gusto. Sin embargo, ningún trabajo me ha conmovido tanto como este. Es que me toca de manera tan especial, comparto lo que dices, aún cuando las reflexiones podrían tener profundas imputaciones éticas, si lo miras desde los ojos del joven. Podría contarte las veces que puse la alfombra roja a otros, las veces que el entusiamo, y el sentido gremial me hicieron compartir el proyecto de los demás y luchar como si fuera el mío, las veces que usé mi pensamiento y mi cuerpo como puente y escudo, mas no es necesario. Creo que esa actitud, que con seguridad tú has padecido, pudiera ser generosa, altruista, pero con el tiempo logras comprobar que esos mismos por los cuales te arriesgaste, no levantan un dedo por ti, o peor hoy te culpan de problemática, difícil. (¿Acaso las circunstancias especiales que hemos vivido, nos hace ser así?). No me arrepiento por lo que hice por otros. En realidad creo que las nobles causas se defienden sin esperar nada a cambio. Pero soy humana, imperfecta, y ya, pasado el tiempo, me he preguntado sino perdí mucho tiempo enarbolando la bandera que no creció dentro de mí, si debí emplear esa pasión en hacer crecer mi propia obra, reafirmar mis propias ideas. Esto que te digo nace de mi propia experiencia, con seguridad habrá otros que nunca se cuestionarán estas cosas, y que el darse siempre será su sentido último, acaso, como diría Borges, “esas personas están salvando el mundo”. En fin, quizás ya estoy envejeciendo. Yo como tú, estoy llena de incertidumbres. Gracias por tu blog.
    Un abrazo
    Ileana Álvarez.

  2. Juan:
    Bien interesante este pequeño artículo… Dice mucho…

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