Archivos diarios: marzo 26, 2009

LAS ALFOMBRAS ROJAS DEL PENSAMIENTO

Ayer llegó hasta mi cueva alguien que anda metido en un proyecto que podría revolucionar parte de la cultura audiovisual de la ciudad. Es muy joven, y me recordó al que yo era a su edad. Me recordó mis ganas ilusas de comerme al mundo. De liquidar todo lo que sentía ya era viejo, anacrónico, y carente de vitalidad.

Era aquella época en que Luciano Castillo atendía un montón de cine-clubes en la provincia de Camaguey. Y la ciudad contaba con peñas como las de Jesús Lozada y Mariela Pérez Castro (la “Peña del Brocal”, se llamaba). También teníamos la revista “Resonancias”, y nos mantenía vivos un montón de obstáculos que dejar atrás, con el fin de crearnos un espacio. Muchos de esos obstáculos siguen allí, como el dinosaurio del famoso cuento, pero hay gente que ha sabido crecer hasta limites insospechados porque creyeron en ellos mismos (aunque buena parte de ellos hoy están demasiado lejos de la ciudad).

No voy a caer en ese tópico quejumbroso de que “éramos felices”. Celebrar el pasado, por solo celebrarlo, carece de sentido. A no ser que la incapacidad para encarar el presente nos aconseje vivir anclados a lo que ya fue: la añoranza como ansiolítico; como falsa curación. Más sentarse a esperar a que sean los otros los que saneen el mundo inspira en mí tantos recelos como empujar a terceros a hacer lo que uno no es capaz de asumir. La verdadera acción comienza dentro de uno, pues, ¿de qué vale esa pretensión de arreglar las vidas ajenas, si en la mañana no somos capaces de componer la cama donde dormimos?

Nuestro joven quería que defendiera en este blog su proyecto: dice que supuestamente a mí me escuchan más (si supiera…). Le agradecí hubiese pensando en este servidor, pero me negué a asumir esa defensa, ya que de un tiempo acá, prefiero que sean las personas que estimo las que hablen con su propia voz (y hay muchos que ya están hablando alto y claro). Es decir, no me niego a que se promueva su proyecto aquí, pero, ¿por qué no lo defiende con voz propia?, ¿por qué no asumir el riesgo que supone asomarse a la esfera pública, y aprender a discutir en esa zona su legítimo derecho a la herejía? No se trata de buscar un protagonismo vanidoso que nada aporta, sino de no permitir que otros nos diseñen los sueños, aspiraciones, y hasta las palabras que tenemos que decir.

Tal vez el joven demore en entender el por qué de mi negativa, el mismo tiempo que me llevó a mí comprender que el pensamiento no se delega en nadie. Que la “autoridad” de un tercero (casi siempre paternalista), jamás podrá defender con la misma convicción las ideas propias, que además, pertenecen a la época de la cual uno es hijo, nunca a los padres.

Me siento realmente incómodo cuando alguien (sobre todo si es joven, y comienza a exigir sus razonables derechos) llega ante mí creyendo que tengo en mi poder más respuestas que preguntas, más soluciones que problemas. Yo, que solo me siento líder de mis orgullosas incertidumbres.

El blog existe porque cada vez creo menos en esas alfombras rojas del pensamiento, a través de las cuales se deslizan aquellos que se sienten “elegidos”, prodigando como Mesías las respuestas antes de que se hagan las preguntas. Detesto parecerme a esos antropólogos que en la antigüedad (¿solo en la antigüedad?) llegaban a África, hacían sus estudios de “los diferentes”, y de regreso a Europa introducían a sus compatriotas en aquel mundo exótico a partir de sus interpretaciones mas personales. Hoy sabemos que ese gesto arrogante es hasta punible: se llama usurpación de identidad.

Juan Antonio García Borrero