Archivos diarios: marzo 24, 2009

24 DE MARZO DE 1959: CREACION DEL ICAIC

Los que han tenido la gentileza (y paciencia) de compartir los post que cuelgo en este blog, saben que no me entusiasma demasiado el fetichismo de las efemérides. Respeto a aquellos que guardan una relación armónica con las fechas históricas, pero en mi caso la convivencia con esos aniversarios es, cuando menos, convulsa. Sobre todo porque no pierdo de vista una evidencia: lo que para unos es festividad, para otros es agonía. En la Historia, como en la vida, la felicidad colectiva solo existe en la mente de quienes confunden sus estados de ánimos con el sentir de todos.

De cualquier forma, hay cosas que resultan inobjetables, como es el hecho de que con la creación del ICAIC el 24 de marzo de 1959, mediante la Ley Nro. 169, la cultura cubana ganaba algo inédito en el devenir de la nación: una cinematografía nacional. Tengo mil quejas sobre la forma en que se ha narrado la historia de esta industria, sobre todo porque ha dejado en la no- historia al otro cine cubano (ese que no se ve). Pero no se puede negar que el surgimiento del ICAIC implicó una verdadera revolución en nuestras vidas.

No estoy hablando solo de las películas. Estoy tomando en cuenta las programaciones diseñadas a lo largo de estas cinco décadas, el fomento de los cine- clubes de creación y apreciación, la existencia del cine móvil (16 mm) en las zonas más insospechadas del país, entre otras acciones que han contribuido a conformar un público distinto al de antes de 1959: un público menos inocente que aquel que consumía cine apenas a la imagen y semejanza de Hollywood.

En este sentido, mi gratitud hacia el ICAIC seria en todo caso una gratitud crítica, como ha de corresponder a todo aquel que se educó con ese pensamiento defendido en la esfera pública, y que no pocas controversias originó. Gracias a aquel pensamiento cuestionador es que mantengo este blog, inspirado en buena parte de los cineastas agrupados en la fecha fundacional, algunos de ellos, ya muertos o ausentes del país. De esos cineastas aprendí que no es con la celebración dócil como mejor se argumenta la posible vitalidad del cine cubano. Ni con el falso consenso. Todavía trato de ser coherente con esa lección primigenia.

Cincuenta años después, intento imaginar lo sucedido aquel 24 de marzo de 1959 en una de las oficinas ubicadas en el quinto piso del edificio Atlantic. ¿Quiénes conformaban el ICAIC ese día? Según las fuentes que he consultado (siempre susceptibles de una mayor precisión), muy pocas personas: Alfredo Guevara Valdés, como presidente; Guillermo Cabrera Infante, Tomás Gutiérrez Alea, y Fernando Bernal Sánchez, como consejeros; un jovencísimo Fausto Canel, Eugenio Vesa (ingeniero de sonido), Pablo Eptein (ingeniero químico), Araceli Herrero (jefa de despacho de Guevara), y un abogado, que ahora mismo no estoy seguro que sea el Doctor Juan H. Ramos Valdés.

El anuncio de la creación del Instituto ocurrió un día después que saliera a la luz el primer número de “Lunes de Revolución”, suplemento encabezado por Guillermo Cabrera Infante, que (junto a Carlos Franqui) se convertiría en el gran adversario del ICAIC. Esas diferencias propiciaron el primer desencuentro público de la vanguardia artística que apoyaba el proceso revolucionario, a raíz de la censura del documental “PM” (1961), de Saba Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal.

Como todo lo humano, en la historia del ICAIC puede advertirse un sinnúmero de contradicciones. Este día quiero pensar solo en esas cosas formidables que como institución ha conseguido en estas cinco décadas. Películas que nos describen en nuestra complejidad mas radical, como pueden ser “Memorias del subdesarrollo” o “Suite Habana”. Documentales que renovaron nuestra manera de mirar la realidad. Debates donde se defendió la necesidad de que la herejía intelectual no fuera confiscada, o monopolizada por un solo grupo o persona. Visión del cine como un movimiento cultural, y no como simple artesanía.

En mi caso personal, el ICAIC no funciona como un fetiche al que hay que adorar de modo absoluto y sumiso. En verdad, el ICAIC ha sido una escuela que me ha enseñado a pensar el cine cubano desde la complejidad, y sobre todo, con cabeza propia (a veces, para cuestionarlo). Puedo darme el lujo de escribir esto porque el beneficio que me ha reportado la creación de ese instituto no es material, sino en todo caso, intelectual. Y esa ganancia, a diferencia de las materiales (que cada vez me importan menos), no te la quita nadie.

Juan Antonio García Borrero.