Archivos diarios: marzo 5, 2009

REPLICA DE GUSTAVO ARCOS A “EXCESO DE HISTORIA, DEFICIT DE VIDA”

Juany:

Estoy de acuerdo contigo sobre tus observaciones al valor que tiene conocer la Historia de nuestro cine. Como bien dices hay muchas zonas, autores, ideas y experimentos que son desconocidos por las generaciones recientes, quienes en muchas ocasiones creen que están descubriendo o inventando algo que ya se ha realizado y por cierto muy bien.

Mis observaciones críticas en textos anteriores colgados en este mismo blog se referían a la mirada triste o plañidera que suelo encontrar en diferentes espacios o discursos sobre nuestro audiovisual. Para ser más claros, he estado presente en los últimos años en numerosos eventos, paneles o mesas de discusión sobre la TV, el Cine, los medios, la prensa o la cultura y he sentido siempre esa vana cantaleta de que el pasado es grandioso, insuperable, lleno de glorias o figuras relevantes, etc, etc, etc. Es decir, en todos estos espacios surgen siempre voces renombradas que se escudan en el pasado para no enfrentar el presente.

Una y otra vez se trazan paralelos o comparaciones en toda línea entre diversas épocas y según sea la conveniencia política, se manipula lo ocurrido. Durante los debates previos al Congreso de la UNEAC estuvo sobre la mesa, la idea de volver a los 60, para retomar las ideas fundacionales de la organización, para recuperar lo perdido, para remedar lo mal hecho y recuerdo que en una de mis intervenciones al respecto hice una fuerte crítica a esa mentalidad geriátrica porque el asunto no es pensar en la UNEAC que tuvimos sino en la que queremos tener según el estado actual de las cosas y las relaciones o dinámicas culturales y económicas del presente. Incluso llegué más allá y me pregunté si era necesaria tal organización, teniendo en cuenta las perspectivas actuales y la fragmentación de la sociedad cubana, espectro que se ha atomizado de forma indetenible. Cuba no es ni será ya jamás la de los sesenta, el mundo ha cambiado tanto desde entonces que no es posible rediseñar ningún proyecto en el campo cultural (ni en ningún otro) pensando o sublimando el pasado.

He estado muy cerca de los nuevos o jóvenes realizadores durante casi 20 años y creo conocer bastante sobre lo que piensan, saben o desean en materia de cine. He recorrido todo el país en muchas ocasiones y he sufrido como pocos ese desconocimiento brutal que se tiene de nuestra cultura, nuestra verdadera historia y desde luego nuestro cine.

Pero a veces me pregunto si estamos entendiendo realmente el mundo de estos jóvenes o de los adolescentes. ¿No estaremos reproduciendo nosotros mismos las ideas y las expectativas de nuestra generación creyendo que son también las preocupaciones intelectuales que deben tener las actuales?. ¿No estaremos encumbrando figuras, acciones o gestos de otros tiempos, los nuestros, sin mirar realmente lo que sucede ante nuestros ojos?

¿Deben los jóvenes de hoy mirar con reverencia el pasado? Creo que deben hacerlo de forma crítica y desprejuiciada. Creo que tienen todavía mucho que conocer, valorar y desmitificar. Creo también que tienen que tener la mayor cantidad de referencias culturales si quieren hacer una obra que valga la pena, pero…. ¿y si estoy equivocado?.

Un saludo desde el Vedado

Gustavo Arcos.

MAS COMENTARIOS A PROPOSITO DE LA MUESTRA

ROLANDO LEYVA COMENTA SOBRE LA MUESTRA

Hola, Juan Antonio:

He leído con detenimiento las opiniones personales vertidas por Gustavo
Arcos y Jorge Luis Santana acerca de la Muestra de Jóvenes Realizadores.
Coincido plenamente con el punto de vista de ambos, ya que cada uno de
ellos expresa puntos de vistas muy específicos sobre un fenómeno para
nuevo dentro del audiovisual cubano.

El problema es que el discurso audiovisual de las nuevas y no tan nuevas generaciones de realizadores ha sido silenciado durante tanto tiempo que simplemente muchos jóvenes realizadores dejaron de serlo hace tiempo en algún momento incierto del pasado reciente, constituyendo en ocasiones en referente soslayado o simplemente olvidado dentro de la historia del audiovisual cubano, más cuando no accedieron muchos de ellos al largometraje, ese gran sueño postergado para muchos realizadores cubanos muy talentosos.

De ahí que también entienda esa necesidad latente que expresa usted de remitirnos a un pasado que resulta perentorio rescatar del olvido inminente. Hay mucha desconfianza y escepticismo en las palabras de Gustavo Arcos, pero lo entiendo a la perfección, ya que la sensación de frustración e impotencia implícita en el hecho de confrontar abiertamente a las instituciones y funcionarios con la capacidad de tomar decisiones sabias al respecto es notable.

Lo he padecido en carne propia. Les hablo entonces no como el crítico en ciernes que soy, sino como el realizador joven de apenas 28 años que ha pasado las de Caín para poder siquiera incursionar en el audiovisual joven como director de arte, guionista y actor empírico en apenas en un par de cortos de ficción que se han llevado a infeliz término con sangre, sudor y lágrimas.

Y me refiero sobre todo a la inaccesibilidad conocida al circuito de estreno (si acaso este existe), sino a la consecuente invisibilidad que padecen de manera crónica esta
clase de realizaciones audiovisuales, al menos en Santiago de Cuba, ya que
no me consta cómo será el proceso de su recepción pública en otras
provincias del país.

Descontando que no se puede disponer siquiera del apoyo emocional o institucional de las direcciones provinciales de cine y demás instituciones afines, y que los escasísimos recursos disponibles para la producción de los cortos se deben a la autogestión de los propios realizadores, al final, la que podría ser la recompensa simbólica a los esfuerzos sobrehumanos de filmar con mil limitantes, sobre todo tecnológicas, consistente al menos en el estreno y la exhibición pública de los cortos, en muy contadas ocasiones ha tenido lugar, y siempre con un elevado número de privaciones y limitantes incomprensibles, como ser proyectada una sola vez, el día de su estreno, para luego simplemente disiparse en el olvido.

No adopto la postura del adolescente ofendido o herido en su amor propio, cuando más quiero advertir que no es una postura inteligente, desde ningún punto de vista, cerrar los ojos y mirar hacia otro lado cuando alguien decide poner el dedo en la llaga y filmar o representar la realidad tal y cual se vivencia como experiencia existencial, o como la percibe en cuanto protagonista de sus mismas historias.

El campo de visión reducido de muchos directivos y funcionarios de cultura, que siguen arrastrando largas cadenas ideológicas completamente anacrónicas, imposibilitan al audiovisual joven, y quien dice el audiovisual joven se refiere en realidad al discurso artístico de las nuevas generaciones de artistas, insertarse de una manera orgánica y dialógica en las controversias y debates sobre la realidad social insular, una práctica y necesidad impostergable para una sociedad abocada inexorablemente al cambio, y que desestima cualquier intento vacuo de construir una realidad ficticia que escapa de la verdad de los hechos para proponer una ilusión óptica e inocua.

Las nuevas generaciones precisan un espacio de expresión de sus propias preocupaciones y dudas, muy alejadas de ese discurso optimista que elude el debate porque lo supone e instaura como una nota discordante con el discurso socialmente y políticamente establecido desde una verticalidad dirigente que evade la confrontación pública.

Recientemente tuve la oportunidad de participar en un debate sobre la competitividad, eficacia y pertinencia de las revistas de corte sociocultural que circulan en el país. Allí arriesgue el criterio muy personal que establecía el divorcio real y la desconfianza mutua que existe y se potencian entre las distintas generaciones de artistas e intelectuales comprometidos con el proceso de construcción de la sociedad cubana. Abogaba, en todo caso, por la inclusión, al menos paulatina, de aquellas voces y discursos jóvenes con la suficiente capacidad intelectual para emitir un criterio propio y responsable.

La reacción, perfectamente previsiblemente, fue la del maestro ofendido por el discípulo, la cual resulta sintomática porque una vez más establece el miedo patológico de los criterios y personalidades establecidas de concederle voz y voto a una opinión que lo más probable es que no coincida con la suya. Ahí volvemos al principio. La Muestra de Jóvenes Realizadores, más allá del apoyo formal que recibe de manera ocasional por parte de las instituciones implicadas, y que supone la materialización de los sueños, inquietudes y el esfuerzo desvelado de mucha gente inteligente, no pasará de ahí, de ser una muestra representativa quizás, pero siempre exhibida de un modo conveniente y sutilmente controlado a instancias superiores por razones harto comprensibles.

No me extiendo al respecto. Quizás hablo con el comprometimiento del que simplemente no tiene nada que perder, pero lo hago con la sinceridad del condenado. Ya me despido hasta la próxima aventura. Nos vemos en Camagüey la semana que viene. Saludos desde Oriente…

Rolando Leyva Caballero, crítico de arte y profesor de Teoría de la Cultura Artística, y Audiovisuales. Departamento de Historia del Arte. Facultad de Humanidades. Universidad de Oriente.

ARMANDO LINARES SOBRE LOS JOVENES Y EL PASADO

Muy interesante lo que he leído. Yo soy uno de los defensores de ver el pasado, sea en cine, historia, literatura, pintura, etc. Como una referencia, una escuela. En Cuba siempre ha existido miedo a hablar del pasado, a no comprometerse con el pasado, pero del pasado que no conviene que se hable.

En el cine o el documental cubano se han censurado obras que pudieran servir de referencia a los jóvenes realizadores. “PM” es un ejemplo. La vine a ver solo unos 5 meses atrás. Soy graduado de la facultad de medios audiovisuales del ISA y no había podido NUNCA ver PM. Solo oía decir que era conflictiva, mala y un montón de adjetivos que no la favorecían. Mi asombro fue que, conociendo el famoso discurso Palabras a los Intelectuales, descubrí que se había hecho por PM y eso muchas personas que hoy tienen 60 o 70 años, no lo interrelacionan, pues lo he podido constatar.

¿Qué han hecho con censurarla? Sobrevalorarla. De este pasado es que hay que hablar con respeto, de Gente en la playa, 58-59,de Néstor Almendros, otro olvidado del pasado, de Ramón Suarez, fotógrafo de Memorias del subdesarrollo, Las doce sillas, La muerte de un Burócrata, entre otras y con una extensa obra fuera de Cuba, de Germán Puig, de Vigón; pilares de la Cinemateca de Cuba, sin quitarle mérito alguno a Héctor García Mesa.

¿Por qué borrar de las estadísticas del baseball en Cuba, al Duke, si ni tan siquiera se ha pronunciado en contra de Cuba, solo por el hecho de irse del país? Por citar un ejemplo. Es cierto que muchos de estos intelectuales fuera de Cuba han tenido pronunciamientos muy fuertes en contra de la Revolución. Pero,¿nos hemos puesto a pensar por que se fueron? La respuesta la dan Titón, Tabío y Senel Paz, en Fresa y Chocolate, cuando Diego le dice a su amigo comunista algo así como …yo no me marcho de aquí, a mi me expulsan…

Si creo que hay que conocer lo bueno y malo del pasado y vivir el presente y abordarlo en el cine de ficción y documental con valentía, objetividad y honestidad. En mi época de estudiante del ISA(1990-1995),el Decano de la Facultad decidía sobre el proyecto a realizar y ¡ay! de documentales como Zona de Silencio, Raza u otros de temas sociales o los llamados conflictivos, que han servido de tesis de graduación de jóvenes talentos. Ahora lo que falta es que sean televisados y no que sirvan solo para una tesis, un festival o un estante de DVDS.

A lo mejor he hablado de más y me he ido un poco del tema, pero creo que es bueno que se hable, que se tengan opiniones, que se debata. Oscar Wilde escribía: Una idea que no es peligrosa, no merece ser idea.
Un saludo,

Armando Linares (Producciones Aquarium)

DE YOELXY PILLINER

Juany:

Como sabes, no soy un artista ni mucho menos un crítico, leo tus post siempre que puedo, a pesar de mi carga de trabajo; pero me siento motivado a dar mis consideraciones sobre lo leído en la réplica de Gustavo Arcos a “Exceso de historia, déficit de vida”.
Comparto su idea cuando plantea que hay que criticar las ideas geriátricas que aún existen este medio, y me atrevería añadir que no son solo ideas, también acciones, las cuales actúan como bloques monolíticos opuestas al desarrollo y la continuidad de la nueva historia, es decir, el presente que nos ha tocado vivir. Considero que los jóvenes de esta generación -artistas o críticos- debemos mirar el legado que nos dejaron nuestros padres espirituales con la mayor o la misma reverencia que le debemos a ellos, pero nunca (y quisiera no pecar de absoluto) desde una posición sumisa. Nos caracteriza la misma rebeldía que los caracterizaba a ellos en su momento, ¿o acaso ellos no hicieron lo mismo en aquel entonces?
Creo que no se equivoca el amigo Gustavo: Tenemos que consumir la mayor cantidad de referencias culturales (aunque es difícil conocerlo TODO, pero no imposible) para crear y dar continuidad a la obra, no solo que valga la pena sino que sea digna de portar los valores de estos tiempos sin necesidad de posar la vista en el pasado. La crítica sana, desprejuiciada y enérgica es la que debe prevalecer para que la historia, tanto del cine cubano como la de la vida misma, continúe su curso. Puede que esté errado, pero este es solo el juicio de un simple provinciano que también gusta de practicar el ejercicio del criterio.

Yoelxy Pilliner L.

EXCESO DE HISTORIA, DÉFICIT DE VIDA

El último párrafo del excelente post de Gustavo Arcos, coincide en esencia con el comentario que ha puesto a circular el artista plástico Jorge Luis Santana. A ambos parece inquietarles que los investigadores nos ocupemos de las fechas fundacionales, cuando hay tantos problemas por analizar y resolver en el presente.

Eso, como todo en esta vida, es susceptible de ser interpretado mediante prismas aparentemente irreconciliables. Por supuesto que nada parece más urgente que fijar nuestra atención en eso que discurre ante nuestros ojos, pero ¿puede darse el lujo el ser humano de ignorar lo que ha sido el pasado?, ¿no ha sido precisamente esas sucesivas fracturas en nuestra “memoria histórica” lo que ha posibilitado que las generaciones más recientes ignoren por completo que fue lo que sucedió en el llamado “quinquenio gris” (o “decenio negro”), para poner un ejemplo?

Oscar Wilde llegó a suscribir en algún momento una frase verdaderamente genial: “El único deber que tiene el historiador con la Historia es escribirla de nuevo”. No creo en eso. Lo que hay es que escribirla mejor. En el caso del cine cubano de los sesenta, me pregunto si el conocimiento que actualmente tenemos de su Historia es realmente el adecuado. Creo que uno de los grandes problemas que tiene el audiovisual joven en el país es que tienen pocos referentes, por eso predomina la improvisación, la cual se disimula detrás de una pretendida “independencia” tan solo porque se posee una cámara. Pero, ¿independientes de qué?

Muchos de los jóvenes creadores del patio andan, en cuanta a sutileza del lenguaje audiovisual, en un nivel que llamaríamos pre-Meliés. No solo están poco familiarizados con lo que está sucediendo ahora mismo con el documental en el mundo, sino que ignoran cuál ha sido la evolución de ese documental en el país. ¿Cuántos habrán visto los documentales de Guillen Landrián o Sara Gómez?, ¿O los de Joris Ivens, Chris Marker o Agnes Varda?, ¿Cuántos han visto “Desarraigo”, de Fausto Canel, “La ausencia”, de Alberto Roldan, “Tránsito”, de Eduardo Manet, o “El bautizo”, de Roberto Fandiño?, ¿se puede negar algo si no se sabe qué es ese algo, o cuál ha sido la evolución de ese algo?

Estoy de acuerdo en que un evento dedicado a revisar los orígenes puede devenir un punto de encuentro para las celebraciones recicladas. En lo personal, no me interesa ese tipo de “Historia” monumentalista, o anticuaria. Me motiva pensar críticamente el pasado, con el fin de desmontar aquellas zonas que se alimentan, una y otra vez, de mitos paralizantes. No hay por qué estimular en los más jóvenes esa “desmemoria” que ha marcado a las generaciones anteriores. El pasado puede ser un buen pretexto para, sobre todo, proyectar el futuro. Si estimulamos en los creadores jóvenes la misma desmemoria (el mismo silencio selectivo) que ha afectado a las generaciones precedentes, se corre el riesgo de que mañana se repitan las mismas torpezas que hoy censuramos.

Pero, desde luego, eso es una cosa, y otra creer que el pasado ya lo sido todo. Por supuesto que a mí me parece vital que nos ocupemos del presente, y creo que este blog ha dado pruebas de ello, pues me he buscado no pocas polémicas precisamente porque no comparto esa etiqueta que la historiografía al uso maneja para referirse al cine cubano de los sesenta (véase el post que habla de “El síndrome de Peter Pan”).

En mi caso, hubo un tiempo en que la “Historia” del cine cubano solo me interesaba como relato, y nada como problema. En esa “Historia” los acontecimientos se acomodaban igual que en una de esas películas o novelas que se conciben para el gran público: todo era fácil de entender. Los conflictos solo existían para resaltar la parte positiva de los héroes, de los fundadores. Estos no eran seres humanos, tan complejos como el más mortal de los mortales, sino paradigmas de algo incurablemente platónico.

Ya no suelo pensar en la Historia del cine cubano de esa manera, y eso, obviamente, no encaja con la visión romántica que muchos tienen de este proceso que ha sido el cine de la isla. No hace mucho alguien me adjuntaba el cargo de “ingrato” (ese parecía ser su argumento académico de más peso), y en vez de revisar los puntos de vistas que he esgrimido, me remitía a la “Historia” que existe, que según él no miente (como si esta no la escribieran los historiadores, seres finitos que muchas veces confunden el poder de la Verdad con la verdad del Poder).

Me decepcionan esas maneras de defender determinadas posiciones. “Me quieren bien, pero me defienden mal”, hubiese dicho Bolívar. Si a mí no me interesara el cine cubano (casi hasta el insomnio) este sitio no existiera (y dicho sea de paso: existe sin que sea un encargo de institución alguna). Lo que sí no me interesa es ese tic fetichista que hace de las fechas fundacionales la suma de todo lo que ya ha podido ser. Que nos convierte en meros epígonos de algo que otros construyeron con anterioridad. Que nos impide seguir haciendo “Historia” porque esta ya llegó a su fin, y estamos condenados a celebrarla, imitarla (en el caso del cine cubano, habría que seguir pariendo “Memorias” y “Lucías” hasta el infinito).

No voy a reiterar las reservas que me provocan esos lugares comunes que lo único que hacen es reciclar una opinión “autorizada”, sin que sea fiscalizada la fuente. Concedo que en mis argumentos pueda influir demasiado un subjetivismo que se niega a heredar de una manera poco crítica algo que, más que Historia, es rumor grupal. Pero al margen de ello, estaría el sentido común: nadie de niño hace las cosas mejor que cuando es un adulto (o por lo menos, esa no es la regla). De allí que no pierda de vista aquello que tanto angustiaba a Nietzsche:

“La creencia de que se es un ser rezagado en su época es verdaderamente paralizadora y muy a propósito para provocar el mal humor; pero cuando semejante creencia, por una inversión audaz, se dedica a divinizar este ser rezagado, como si verdaderamente fuese el sentido y el fin de todo lo que ha pasado antes que él, como si su miseria sabia equivaliese a una realización de la historia universal, entonces esta creencia nos parecería terrible y devastadora”.

El problema es que muchos de los jóvenes cineastas de hoy están repitiendo los mismos errores que muchos de los jóvenes cineastas de los sesenta, porque todavía no conocen a fondo esa Historia.

Juan Antonio García Borrero