Archivos Mensuales: marzo 2009

TODAVIA “PASADO MERIDIANO”

Por estos días en el blog del cineasta Manuel Zayas puede asistirse a una polémica que devuelve a la actualidad a “PM” (1961), el famoso documental de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, cuya prohibición en 1961 por parte del ICAIC provocó las célebres “Palabras a los intelectuales”, y el inicio de una política cultural que todavía perdura.

En la polémica el también cineasta Fausto Canel rebate de manera enérgica un comentario de Len Zayas, quien entre otras cuestiones, asegura que en la reunión donde se determinó la prohibición: “El principal depredador del documental no fue Alfredo Guevara o Julio García Espinosa, sino el fallecido director de cine Tomás Gutiérrez Alea que como dato interesante se decía amigo de Sabá y de Néstor Almendros. Hubo tres abstenciones en la votación, un camarógrafo que no estoy seguro era de apellido Martínez, el productor de noticiero Roberto León y un servidor”.

Admito que las revelaciones de Len Zayas (quien entonces trabajaba en el ICAIC) me tomaron desprevenido. Y una vez más me hizo pensar en esas difíciles encrucijadas en que suele terminar colocado el historiador, ese “experto” que siempre llega tarde al lugar de los hechos, y que para reconstruir lo sucedido, ha de depender del testimonio y las interpretaciones de los otros.

“PM” puede ser un ejemplo insuperable de las dificultades que propone al estudioso llegar a una conclusión confiable, allí donde “la memoria histórica” aparece fracturada. Es decir: hay un hecho evidente que tiene que ver con la innegable censura del material, y lo que ello significaba dentro del complicado forcejeo por el poder cultural de la época. Pero eso es una construcción moderna, porque ninguno de los implicados podía sospechar las consecuencias que habría de traer a la política cultural del país un gesto como aquel. Sencillamente se comportaban como uno más de esos mortales que somos: pugnaban por imponer un punto de vista.

¿Cuál ha de ser la actitud del historiador ante esta multiplicidad de fuentes que hoy comentan el hecho histórico? ¿Se puede aspirar a lograr cierta cuota de “objetividad” en medio de tantas remembranzas donde resulta imposible aparcar las vivencias personales? ¿Será posible superar la tendencia de pensar los hechos en términos “trascendentalistas”, para intentar capturar la trágica inocencia del devenir?

Creo que lo único que puede defender el historiador en medio de esas circunstancias es el distanciamiento crítico. Por supuesto que esto le acarreará no pocos obstáculos y enemigos, en tanto se trata de encontrar un punto de vista que vaya más allá de lo opinable, incluyendo “la opinión oficial” y su reverso. El desafío, en esos casos, está en mantener los ojos abiertos a todo lo que asome a la esfera pública, pero sin olvidar que muchas de esas evocaciones estarán marcadas por el subjetivismo: nunca podrán ser iguales las versiones de Alfredo Guevara o Julio García Espinosa sobre “PM”, o las de Orlando Jiménez Leal, Fausto Canel, o Len Zayas.

De cualquier forma, al historiador le quedan otras herramientas, como puede ser el cotejo documental. Lo que pasa es que, entre nosotros, esa documentación va apareciendo de manera fragmentada. Pongamos el ejemplo del propio Titón, que gracias a la reciente publicación de su epistolario, también aporta (como en “Rashomon”) su versión póstuma de los hechos. Gracias al epistolario podemos leer el mensaje que envía “Al Consejo Directivo del ICAIC” el 3 de junio de 1961 donde, según sus propias palabras, “deseo hacer constar mi decisión de renunciar al cargo de Consejero de ese Instituto”, y un poco más adelante ese duro memorando que le dirige a Alfredo Guevara, en el cual entre otros aspectos, asegura que “OCULTAR OBRAS PORQUE PUEDEN CONSTITUIR UNA MALA INFLUENCIA PARA NUESTROS COMPAÑEROS SOLO PUEDE PRODUCIR UN ESTANCAMIENTO EN EL DESARROLLO DE LOS MISMOS. Y COMO CONSECUENCIA INEVITABLE, UNA FALTA DE CONFIANZA EN LAS IDEAS QUE SE DAN COMO BUENAS (YA QUE SE EVITA UNA CONFRONTACION CON LA REALIDAD). (p 64).

Es cierto que cuando Titon escribe su ensayo “El Free Cinema y la objetividad” (Revista Cine Cubano Nro. 4, pp 35-39) pareciera que está polemizando con los creadores de “PM”. Pero tengo la impresión de que se trata de un debate puramente estético, ajeno a los diferendos ideológicos que sí estaban presentes entre Carlos Franqui, Guillermo Cabrera Infante y Alfredo Guevara.

De hecho, las relaciones de amistad que Alea siguió manteniendo con Néstor Almendros (las cuales cesaron a mediados de los ochenta, a raíz del estreno de “Conducta impropia”) provocaron las críticas de Alfredo Guevara, quien llegaría a afirmar que “Considero que Titón sí baila al son de la música que toca el enemigo, considero que Titón no tiene defensas frente a las posiciones ideológicas de ese grupo, considero más aún, que Titón está muy cerca de ser el más honesto de los miembros de “Lunes de Revolución”, no de “Lunes de Revolución” como “Lunes”, sino de la vieja Cinemateca, de aquel viejo grupo, de aquel viejo sector que más o menos ha tenido una mala posición política…” (Tiempo de fundación, p 96).

Pienso que sobre “PM” aun faltan análisis que la tanteen en tanto obra audiovisual, y no solo como un pretexto a través del cual se canalizaron determinados intereses de grupos. “PM” también simboliza un modo de representar la realidad que se apartaba de manera radical del modelo neorrealista defendido por el ICAIC. Se trataba de la introducción en el país del llamado “cine directo”, el cual contrastaba con el paradigma de representación que fomentaba entonces el Instituto, más dado al “cine controlado”. Sin embargo, a estas alturas apenas se toma en cuenta el lado ideológico de su existencia.

Supongo que solo de aquí a cincuenta o sesenta años, esas personas que salen retratadas en “PM” serán examinadas como lo que sencillamente pretendían ser: cubanos de a pie haciendo de la noche habanera un puente hacia sus particulares maneras de entender la felicidad.

Juan Antonio García Borrero

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TALLER DE CINE DE LA ASOCIACION HERMANOS SAIZ

He estado releyendo la investigación del joven Darien Sánchez sobre lo producido por el Taller de Cine de la Asociación Hermanos Saiz, recientemente premiada en el Taller de Crítica de Camaguey. Un libro que el jurado integrado por Luciano Castillo, Yoelxys Pilliner, y el que esto suscribe, entendió de manera unánime que era el ganador en su categoría. Un libro para agradecer, sobre todo porque aporta luces sobre una zona de la creación audiovisual del país que apenas ha sido abordada por la historiografía al uso.

El libro me hizo recordar aquellos viajes que realicé en pleno “período especial” a La Habana (cuando preparaba la “Guía crítica del cine cubano de ficción”), y las entrevistas nocturnas con Jorge Luis Sánchez, probablemente el único de los involucrados que se ha preocupado por conservar de forma documental la memoria de aquello que hicieron. Gracias a él pude incluir algún tipo de información en la Guía crítica, porque en los archivos de la Cinemateca no había nada.

Desde luego, me queda claro que el conocimiento de una dinámica cultural implica mucho más que el simple inventario de “hechos” y “testimonios”. Ese enfoque positivista en todo caso serviría para dar noticias de los implicados, pero resulta de poca utilidad a la hora de entender el más complejo “espíritu de la época”. Esto es importante tenerlo en cuenta porque debido a esos sesgos que permean a todos los seres humanos (y de los cuales no se salva el investigador), corremos el riesgo de pasar de un extremo a otro: lo que antes era “sumergido” por una Historia oficial, de pronto se convierte en la consagración estética que tanto se ha añorado en el cine cubano.

De allí la necesidad de replantear los mapas del audiovisual de la nación, no para seguir fetichizando esos límites o falsas fronteras que por lo general se establece entre lo “profesional” y lo “aficionado”, lo “viejo” y lo “joven”, lo que se realiza en la isla y más allá de sus confines, sino para aprehender esa producción simbólica en su complejidad (que es decir, en sus afirmaciones y negaciones, en su interacción). El investigador (y creo que el libro de Darien Sánchez nos instruye en ese camino), debe interpretar el por qué más profundo de la aparición del fenómeno, lo cual obliga al estudioso a remitirse a datos que solo podrá encontrar en el contexto, en la época.

Si hoy rescatáramos esas películas del Taller de Cine, y se exhibieran como una simple muestra de lo que entonces hacían los jóvenes cineastas que estaban fuera de la industria, el resultado será más bien predecible: los espectadores de ahora (probablemente tan jóvenes como aquellos que entonces se iniciaban), se sentirían muy decepcionados, en tanto solo tomarían en cuenta la técnica.

Algo distinto pasaría si indagáramos en las razones más recónditas que movilizaban a esos creadores, y que pueden ser muy familiares a los que ahora regresamos a aquellas preguntas que nunca tuvieron respuestas. Desde luego que era un movimiento tan heterogéneo como cualquier conjunto humano, de manera que a muchos de ellos apenas los impulsaba el juego inocente con algo que en nuestro imaginario se asocia al Arte, con mayúscula (¿y a quién, a esa edad, no le gusta que le llamen “Artista”?). Sin embargo, tengo la impresión de que la tendencia dominante estaba representada por aquellos que se sentían irritados con la realidad cotidiana, y de paso, con esa concepción “formalista” del cine que en esos momentos señoreaba en la producción del ICAIC.

En algunos casos, esa pretensión de ruptura era explícita, casi brutal, y allí tenemos las declaraciones de un Marco Antonio Abad (creador de los Rituales) que en una entrevista concedida a la revista Bohemia ofrecería ideas como estas:

“Dentro del Taller de Cine del ICAIC Ritual surge casi como una guerrilla. Nos constituimos para el triunfo del mejor cine, para luchar porque el cine cubano cada vez sea mejor…Intentamos ese objetivo con cada obra, con cada filme del grupo. (…) Nos une una posición, una actitud ante la vida. No nos mueve la oportuna razón de ser, no existimos para ganar terreno. Estamos ante la necesidad de un diálogo del individuo respecto al individuo. Ritual nos une como una manera dinámica de hacer dentro del cine cubano: como acusados, fiscales o testigos de nuestro tiempo, siempre tendremos como divisa la pasión de enfrentar los rezagos del pasado, lo mal hecho de ayer y de hoy. (…) Somos profesionales. Y esta es nuestra posibilidad de hacer cine: tenemos una coyuntura especial como generación. No estamos en el caso de aquellos creadores que han tenido que esperar diez, doce años y hasta más para realizar su primera película, su primer largo de ficción. Esto ha repercutido sin lugar a dudas, en el desarrollo de nuestra cinematografía: no es igual la obra de un creador a los veinte que a los cuarenta. Nosotros pretendemos dejar huellas de nuestras aspiraciones y sueños ahora. Que al volver la vista atrás, mañana, podamos decir: así éramos en los ochenta. No nos vamos a traicionar. Vamos a luchar en favor de la autenticidad en el arte cinematográfico cubano, por no mistificar. Queremos hacer un trabajo más conceptual en nuestro cine. Filmes que acudan a las sensaciones del individuo, que choquen e incidan en los problemas contemporáneos, contra los factores que lastran a la sociedad. Como grupo no transigimos con esquemas morales ni de otra índole. Cada director tiene una manera de ver la vida y como tal lo expresa. (…) Como director, quiero comunicarme con el individuo. Mover sus experiencias acumuladas con la ayuda de los códigos cinematográficos. La intención es quebrar armaduras, arrancar máscaras, deshacer esquemas mentales. A nuestro cine, en mi opinión, le hace falta un poco más de conceptualización. No seguir siendo un simple retrato. Cada diálogo, cada plano, gato gesto, cada sonido debe trasmitir una acción coherente, un gesto consciente. Todo en función de un concepto determinado: eso es Ritual, y en la medida que pase el tiempo, más duros serán sus planteamientos. Queremos que nuestras obras sean como dedos que penetran en las imperfecciones de la sociedad, que queremos mejor, cada vez mejor. Derribar tabúes, la falsa moral: estamos contra el paternalismo. Hay profesionales que olvidan cómo comenzaron a hacer cine, lo primero que filmaron y nos espetan: ¡Ah, pero ustedes son aficionados! No. Somos profesionales, somos cineastas en activo que nos exigimos arte y honradez humana en nuestras obras, las cuales estamos creando ahora mismo. Con toda la urgencia de que somos capaces. Te repito que nos consideramos una guerrilla. Por lo mejor del hombre, de nuestro hombre socialista” (1)

Admito que será difícil reconstruir la historia integral de esa generación: la historia de sus utopías, sus triunfos que vienen y van, sus ilusiones extraviadas. Muchos de sus miembros, como el propio Marco Antonio Abad, como Marzel (de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños), como Alcalde (de los Estudios Fílmicos de la FAR), o como otros cuya enumeración haría demasiado extenso este post, ya no están en el país.

Y además de las aguas, los años transcurridos, hay por medio biografías cargadas de dolor, de castigos arbitrarios, de desencantos radicales, de rencores convertidos en argumentos para sordos, lo cual convierte casi en un imposible una investigación donde predomine el punto de vista mesurado, ese que nos permitiría estudiar en qué medida las propuestas de estos otros “jóvenes iracundos”, influyeron en el punto de giro que a partir de “Papeles secundarios” (1989), de Orlando Rojas, comenzó a notarse en el cine de la industria.

Porque, ¿acaso “Papeles secundarios” no estaba respondiendo a esas demandas estéticas y éticas que con tanta pasión defendía Marcos Antonio Abad en su entrevista?

Juan Antonio García Borrero

(1) Plasencia Hernández, Azucena I. “Cámara joven. Ritual, guerrilleros en el tiempo”. Revista Bohemia Nro. 81, 7 abrril de 1989, pp 12-13.

TOMAS PIARD Y JORGE LUIS SANCHEZ HABLAN DEL TALLER DE CINE

Juan Antonio,

¡Un saludo ante todo! He leído tu artículo sobre el otrora cine joven de los 80.Curiosamente, mi primer filme realizado dentro del ICAIC, que es como si no existiera, LA POSIBILIDAD INFINITA, trata sobre aquel movimiento que protagonizamos un buen número de cineastas que comenzamos a caminar por aquel tiempo.

Creo que yo podría aportar mi testimonio de aquellos años, y de lo que significó el Taller de Cine de la Asociación Hermanos Saíz (donde realicé EN LA NOCHE, uno de los filmes más significativos de aquellos años, pero también es como si no existiera, sin autosuficiencia y sin falsa modestia) y también los cine clubes que es en fin de donde salimos, Jorge Luís, Senarega, Rafael Solís, Rudy Mora y yo, entre otros que ya no nos acompañan dentro de la Isla.

Y sería bueno recordar que los últimos filmes que hizo Marzel dentro de la Isla, los realizó con el cine club Sigma y no en el Taller. Esto, para poner, en su justo lugar lo que aconteció por aquel tiempo.

Un abrazo,

Tomás Piard

Juan Antonio:

Leo en Taller de Cine de la Asociación Hermanos Saíz: “Si hoy rescatáramos esas películas del Taller de Cine, y se exhibieran como una simple muestra de lo que entonces hacían los jóvenes cineastas que estaban fuera de la industria, el resultado será más bien predecible: los espectadores de ahora (probablemente tan jóvenes como aquellos que entonces se iniciaban), se sentirían muy decepcionados, en tanto solo tomarían en cuenta la técnica”.

Debo escribirte que no es exactamente rigurosa esa afirmación que puse en negritas. Nosotros, los que formábamos parte del Taller de Cine y Video de la AHS (1987-1993), trabajábamos a gusto dentro de la industria, lo que no quiere decir que manteníamos con esta una relación sin contradicciones. Cobrábamos un salario por trabajar en las películas, en los documentales, en los noticieros y en los dibujos animados. De día, como ya lo he dicho otras veces, éramos asistentes de dirección, cámara, producción, edición y sonido. De noche y los fines de semana, probables directores, fotógrafos, productores, etc. Gracias a Julio García Espinosa, presidente del ICAIC para la época, nuestro Taller se concibió dentro de la industria, pero con autonomía e independencia de esta.

Seguramente ha sido un error involuntario, pero una tergiversación empieza así y no se sabe con cuanta entusiasta deformación termina. Estamos vivos, todavía.

Aunque no he leído el libro, conozco las inteligentes inquietudes de Darién, las que, si mal no recuerdo, nacieron de su tesis de graduación.

Saludos.

Jorge Luis Sánchez

EL DOLOR

Releo en silencio algunas de las notas escritas por Titón en sus momentos más amargos, y recogidas en su epistolario. En algunas, la angustia se me hace tan familiar que me animo a preguntarme: ¿qué hiere más?, ¿el dolor en sí o la memoria del dolor? Tampoco para esto tengo respuestas. Solo creo que escribir con sinceridad “desde el dolor” es el único modo que tenemos de exorcizar un poco la reminiscencia del sufrimiento: el que nos causan, y el que causamos, muchas veces hasta por omisión (y que también duele). Lo otro (disertar sobre el dolor -no “desde”-, ya sea propio o ajeno, asumiendo la posición de un juez incapaz de herir a una mosca) solo sirve para perpetuar hasta el infinito la pesadilla. Al final estaríamos hablando del mismo verdugo, y su vieja manía de cambiar de collar.

Juan Antonio García Borrero

TITON, EN 1967

“He estado deprimido todo el día porque estoy solo. Estoy excluido cada vez más. Tengo una obra que realizar y, sin embargo, no pienso en ella y me pierdo en cosas de menor importancia. Eso cierra otro círculo vicioso. Porque cuando pienso en ello me siento más deprimido” (Tomado de “Tomás Gutiérrez Alea. Volver sobre mis pasos”/ Una selección epistolar de Mirtha Ibarra”. Ediciones UNION, La Habana, 2008, p 334)

BRAINSTORM (2008), de Eduardo del Llano

Por la vía de Joaquín Estrada Montalván me entero de este nuevo corto de Eduardo del Llano. Aunque parezca increíble (puesto que circulan de mano en mano a lo largo de la isla), de la serie solo he podido ver “Monte Rouge”, que en su momento me pareció bastante divertido, con bocadillos tan memorables como aquel de querer una antena parabólica.

Este reportaje me ha parecido muy bueno, sobre todo porque despierta mis deseos de ver no solo “Brainstorm”, sino el resto de la serie. Me podrán gustar menos o más algunas de esas historias, pero agradezco a Eduardo del Llano su honestidad, sus deseos de no quedarse en la simulación, y sobre todo la buena voluntad a la hora de recordarnos que un mundo sin crítica, jamás será posible.

Juan Antonio García Borrero

UNA IDEA TORMENTOSA TEXTO Y FOTOS.
por Jorge Fernández Era. Publicado en PALABRA NUEVA.NET. Revista de la Arquidiócesis de La Habana (http://www.palabranueva.net/contens/0903/0001012-2.htm)

Oficina del director del periódico La Avanzada. Alrededor de una mesa, redonda por demás, se reúne la plana mayor del diario. Discuten lo que discuten. El Consejo de Dirección no es a puertas cerradas: cámara, luces, micrófonos y técnicos asisten indiscretos y son testigos de encuentros y desencuentros. Usted lo será también cuando alguien le preste Brainstorm (Tormenta de ideas), el sexto cortometraje de Eduardo del Llano.

Un buen tema para tesis de sociólogos y comunicadores es la forma en que materiales underground como Monte Rouge –el más sonado hasta el presente de la saga de Nicanor– son comidilla de la gente: jóvenes y no tan jóvenes lo copian en MP3, DVD y cuanto medio informático tienen a mano, para luego convertirse en eslabones de una cadena de transmisión interminable que nada tiene que ver con salas de cine ni canales de televisión.

Uno se pregunta cómo es posible que se oiga hablar de debates colectivos sobre la sociedad cubana, de que un titular en la prensa alegue que unidad no quiere decir ausencia de discusión, mientras se ignora olímpicamente la labor de unos cuantos intelectuales que ponen sobre el tapete no poco de lo que quisiéramos ver reflejado en nuestros medios de comunicación masiva, “periódico La Avanzada ” incluido.

Eduardo del Llano es uno de ellos. Su nombre se inscribe en lo más novedoso y revolucionario de la literatura, el cine y el humor de las últimas dos décadas, desde que en los años 80 se diera a conocer, en los textos del grupo Nos y Otros, en las páginas del casi desaparecido Dedeté. Luego sería más osado al crear un grupo teatral del mismo nombre y poner en escena espectáculos que debieran releer muchos de los que hoy se dicen llamar humoristas.

Sex Machine Producciones bebe de esas fuentes. Más de un lustro después de desintegrado Nos y Otros, Eduardo y el trovador Frank Delgado deciden llevar al video, con escasos recursos, algunas de las historias que quedaron en el papel. En el proyecto se enrolan, desinteresadamente, técnicos y artistas que encuentran en él una forma de expresión al margen de lo aceptado en los medios oficiales. Y aparece, a comienzos del 2004, el corto de ficción Monte Rouge, que en pocos meses corre como pólvora y se ve lo mismo en La Habana que en Maisí, y con igual entusiasmo en Siberia o en Vanuatu. El por qué de la masiva aceptación puede estar en la necesidad de reflejarnos, vigilantes y vigilados, tal cual somos.

Después del éxito inicial, deciden repetir la experiencia casi con el mismo equipo técnico, y Luis Alberto García (Nicanor) y Néstor Jiménez (Rodríguez) como actores fetiches. Surgen así High tech, Photoshop, Homo sapiens, y un corto que casi es estreno, pues se filmó en febrero del año anterior: Intermezzo, el único que ha sido aceptado en la competición oficial del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. “Un reconocimiento –dice Del Llano– a que existimos sin tener que hacer concesiones”.

Si en un inicio fue difícil encontrar a locos que por tres quilos decidieran “meterse en candela”, hoy lo embarazoso para Eduardo es dejar a un lado a una larga lista de actores y actrices que le han rogado formar parte de Sex Machine Producciones (no hay que tomar en serio el nombre: broma es). Entre los que han prestigiado al proyecto se encuentran, además de los ya mencionados, y por orden de aparición, Mario Guerra, Yailene Sierra, Mirta Ibarra, Laura de la Uz , Tamara Castellanos, Vladimir Cruz, Luis Carrere, Yipsia Torres, Jorge Perugorría, Adria Santana y Albertico Pujol. Los tres últimos defienden sus criterios como el que más en el Consejo de Dirección del que hablé al principio.

Dije tres quilos porque una de las patas cojas del proyecto es la ausencia de un mecanismo distribuidor que permita una difusión más organizada y recupere lo invertido para emprender proyectos futuros con el bolsillo despejado. Lo define el propio Eduardo cuando declara: “Sabemos cómo hacer los cortos, pero no qué hacer después con ellos”.

El sexto corto de Eduardo del Llano, además de Tormenta de ideas, es otro guiño –parafraseando a uno de sus personajes– a la Cuba que conocemos y no a la que se nos pretende mostrar. Si los encargados de preocuparse por su abierto debate ignoran este material como ignoraron los anteriores, allá ellos.

Este reportaje salda una vieja deuda con el talento del director de Sex Machine Producciones. Nada mejor que saludar la aparición de su sexto corto, Brainstorm, irónica mirada a la prensa cubana actual. No es imparcial, ya lo sé. En definitiva ni La Avanzada ni ningún otro periódico lo son.

PROTAGONISTAS

Jorge Perugorría. “Rojas”, director del periódico La Avanzada.

Es una suerte y un privilegio que Eduardo del Llano me haya llamado para participar en estas historias de Nicanor. Vi Monte Rouge, me gustó mucho, y he seguido cada capítulo de la serie que han hecho él, Luisito y Néstor.

Me parece un trabajo muy ingenioso, con un humor inteligente, necesario. Yo estaba loco porque me llamaran para trabajar en alguno. Finalmente se concretó en este, con el ingrediente de un elenco maravilloso, un gran piquete, donde además de los de siempre está Adria Santana, una excelente actriz con la que hacía mucho tiempo no trabajaba, y Albertico, con el que trabajo por primera vez y es un actor emblemático de mi generación, al cual respeto mucho. Es un lujo compartir con ellos y ser parte de esta historia de Nicanor.

Yo siempre estoy medio enredado, pero casualmente en estos momentos no tenía nada en el cine. Lo que estoy haciendo está relacionado más bien con la pintura. Me vino de maravillas para poder estar en el proyecto a tiempo completo.

La cooperación entre Eduardo y yo es recíproca, trato de dar como actor lo mejor de mí. Lo que hace Eduardo es extraordinario. Estoy aquí porque soy parte de esta generación de actores a la que le ha tocado hacer el cine y el teatro cubano de estos tiempos.

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Adria Santana. “Ana”, jefa de la página internacional.

Lo primero que hago cuando voy a trabajar en algo es leerme el guión: lo que necesitan, quieren, y me interesa. Me pareció maravilloso tener la oportunidad de decir cosas que uno siempre quiere decir, pero a veces no encuentra el lugar, la manera, o el momento para decirlas.

En este corto se reunieron varias cosas muy, muy importantes para mí. Eduardo del Llano es una persona a la que admiro y respeto; da mucho espacio a todos los actores para enriquecer el personaje. El primer día estaba nerviosa, pues no estoy acostumbrada a trabajar con este equipo, y veía que los demás se sentían como pez en el agua. Me dije: tengo que moverme. El elenco es de primer nivel; nunca es tarde para aprender muchas cosas, y con ellos las estoy aprendiendo.

Por supuesto que con mi personaje, Ana, no tengo nada que ver. Odio a las personas que no son capaces de pensar más allá de lo que los demás le dicen que tiene que pensar. Pero hago el personaje con mucho placer, me divierto mucho, y estoy muy feliz de estar aquí.

La vida es polémica, el día a día es polémico. Necesitamos espacios de discusión, de pensar que no tenemos la verdad en la mano. El hecho de que tú tengas una opinión diferente a la mía no te hace un enemigo: te hace un amigo cercano con el cual puedo o no tener diferencias de criterios. Los seres humanos tenemos que mirarnos a la cara y discutir.

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Albertico Pujol. “Bolaños”, jefe de la página nacional.

Algunos cortos ya los había visto. Unos me gustaban más que otros. El último, Intermezzo, me pareció muy bueno. Me siento bien haciendo este. Es una propuesta que se hace con mucho trabajo y esfuerzo, y eso es importante. Debía tener un poco más de apoyo, porque es chévere, muy divertido. Uno a veces tiene que divertirse.
Hay un grupo de actores que siempre hemos ansiado trabajar juntos y no habíamos podido coincidir; esta es una buena ocasión, porque hay gente emblemática. Me siento cómodo con mi personaje, es divertido; hay mucha gente como él, yo me las he encontrado: se sientan con una guayabera y te dicen las cosas con una convicción de que todo esto es así porque es así –y resulta que no es así–, con una seguridad y un idealismo a veces… es como un traje que se ponen, y te tropiezas con ellos en cualquier parte, a cualquier nivel.

Es muy importante decir las cosas, porque te encuentras estamentos, que no son precisamente los de un periódico, donde hay personas con un grado de seguridad al plantearte un argumento, un asunto, que tú lo das por sentado porque te hablan con una fuerza tremenda, y sin embargo están equivocados, y a veces no tienes la posibilidad de responderles. Con Bolaños puedo mostrarle a la gente que no hay que hacerle mucho caso a este tipo de personas, que van por la vida y pasan, y que hacen daño.

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Luis Alberto García. “Nicanor”, jefe de la página cultural.

En Brainstorm Nicanor no es tan protagonista. El personaje de Rojas –el director del periódico–, que hace Perugorría, está buenísimo. El de Albertico Pujol es una maravilla. El de Néstor también está bueno. El de Adria, aunque soy varón, también lo hubiera podido hacer igual. O sea, los seis personajes están bien, y eso está muy cuidado desde la escritura. Lo que pasa es que ya yo me casé con Nicanor y es el que me toca, pero cualquiera de los otros cinco los hubiera hecho de muy buena gana.

Sex Machine pretende mostrar el país que somos. No creo que haya obra de arte alguna que presente la realidad tal cual. Tratamos de ser lo más sinceros posibles, de acercarnos a la realidad cubana con una mirada desprejuiciada, honesta, y lo hacemos con la mejor buena fe. Que seamos ciento por ciento veraces… no creo que nadie se pueda apuntar ese mérito. Sí somos más sinceros que otras muchas productoras.

Eduardo se ha propuesto hacer diez cortos, no alcanzan para plantear todo los temas peliagudos que yo quisiera: hay más temas que cortometrajes podamos filmar. Cualquier cosa que sea hablar –como lo hemos hecho hasta ahora– de la realidad que vivimos los cubanos, para mí está bien. Hay cuentos que ya están escritos que yo quisiera hacer, y otros que no están escritos que imagino no ocurrirán. La realidad cubana tiene miles de aristas, de historias, de cosas por contar, y no todas van a caber en diez cuentos de Nicanor.

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Néstor Jiménez. “Rodríguez”, jefe de la página deportiva.

Yo no sé cómo Eduardo ha escrito cronológicamente sus historias. Brainstorm trata de un tema polémico, pero Intermezzo también: la actitud de las personas a la hora de decir sí o no ante una situación determinada, de la doble moral, de que la gente muchas veces dice “sí” donde tiene que decir “no” por razones equis.

Eduardo tiene una visión muy exacta de la realidad cubana y la realidad cubana es fuerte, cada día más contradictoria, y nos va a plantear a los artistas nuevos retos. Hoy es el periodismo y mañana puede ser la salud pública, la educación, el transporte, la vivienda: estamos rodeados de problemas y Eduardo en eso es muy certero. Parece que unos son un poco más polémicos que otros, pero no, hay un equilibrio. Uno lee al principio y dice: ¡uf!, este está duro. Si te pones a ver, los otros que hemos hecho también tienen sus puntos fuertes, ¿no?, o mejor: poco tratados en los medios.

Lo he dicho muchas veces: si Eduardo no trabaja conmigo, no puede hacer más ningún corto de estos, y haré todo lo posible porque Sex Machine desaparezca. Luis Alberto es Nicanor per saecula saeculorum, y yo voy a ser Rodríguez siempre. Para los dos es un placer trabajar con Eduardo, es un tipo muy agudo que ha demostrado que sabe lo que hace y lo maneja muy bien. Él me tiene que tener aquí obligado. Todas las veces que Eduardo me necesite voy a estar ahí, siempre.

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Eduardo del Llano. Director y guionista. “Segura”, secretario del núcleo del Partido.

Brainstorm es el primero del segundo grupo de cortos, y por ello he tratado de empezar esta segunda etapa con buen pie, lo que ha significado utilizar una cámara HD ( High Definition ). Es un corto muy riesgoso, porque es consecutivamente el tercero que hago filmado en una noche, en una sola locación, y en una sola escena. Son seis personajes sentados a una mesa, de la cual muy raramente dos se levantan, los demás ni siquiera eso. Están reunidos, discutiendo.

Es una historia muy crítica: tiene que ver con que el periodismo cubano muchas veces está de espaldas a la realidad y la edulcora demasiado, no es un periodismo combativo al menos con aquellos a quienes tiene que combatir y de la manera en que debe hacerlo. Tiene que ver también con el adocenamiento; el no meterse en problemas y acostumbrarse a que ese es el estado de cosas que debe ser; la falta de reflejo en los medios de lo que la gente quiere; la falta de crítica… y con que queremos un periodismo más participativo, no solo informativo y didáctico.

Va a dar mucho de qué hablar porque toca un tema casi tabú y muy álgido de la realidad cubana, porque en él participan actores reconocidos y admirados en cuanto a fama y calidad, y porque tiene una fotografía, una limpieza de imagen y un tono muy inusuales.

Brainstorm va a ser un Sex Machine renovado.

PD: Según el blog de Gaspar el Lugareño, el corto puede verse de este modo.

LAS ALFOMBRAS ROJAS DEL PENSAMIENTO

Ayer llegó hasta mi cueva alguien que anda metido en un proyecto que podría revolucionar parte de la cultura audiovisual de la ciudad. Es muy joven, y me recordó al que yo era a su edad. Me recordó mis ganas ilusas de comerme al mundo. De liquidar todo lo que sentía ya era viejo, anacrónico, y carente de vitalidad.

Era aquella época en que Luciano Castillo atendía un montón de cine-clubes en la provincia de Camaguey. Y la ciudad contaba con peñas como las de Jesús Lozada y Mariela Pérez Castro (la “Peña del Brocal”, se llamaba). También teníamos la revista “Resonancias”, y nos mantenía vivos un montón de obstáculos que dejar atrás, con el fin de crearnos un espacio. Muchos de esos obstáculos siguen allí, como el dinosaurio del famoso cuento, pero hay gente que ha sabido crecer hasta limites insospechados porque creyeron en ellos mismos (aunque buena parte de ellos hoy están demasiado lejos de la ciudad).

No voy a caer en ese tópico quejumbroso de que “éramos felices”. Celebrar el pasado, por solo celebrarlo, carece de sentido. A no ser que la incapacidad para encarar el presente nos aconseje vivir anclados a lo que ya fue: la añoranza como ansiolítico; como falsa curación. Más sentarse a esperar a que sean los otros los que saneen el mundo inspira en mí tantos recelos como empujar a terceros a hacer lo que uno no es capaz de asumir. La verdadera acción comienza dentro de uno, pues, ¿de qué vale esa pretensión de arreglar las vidas ajenas, si en la mañana no somos capaces de componer la cama donde dormimos?

Nuestro joven quería que defendiera en este blog su proyecto: dice que supuestamente a mí me escuchan más (si supiera…). Le agradecí hubiese pensando en este servidor, pero me negué a asumir esa defensa, ya que de un tiempo acá, prefiero que sean las personas que estimo las que hablen con su propia voz (y hay muchos que ya están hablando alto y claro). Es decir, no me niego a que se promueva su proyecto aquí, pero, ¿por qué no lo defiende con voz propia?, ¿por qué no asumir el riesgo que supone asomarse a la esfera pública, y aprender a discutir en esa zona su legítimo derecho a la herejía? No se trata de buscar un protagonismo vanidoso que nada aporta, sino de no permitir que otros nos diseñen los sueños, aspiraciones, y hasta las palabras que tenemos que decir.

Tal vez el joven demore en entender el por qué de mi negativa, el mismo tiempo que me llevó a mí comprender que el pensamiento no se delega en nadie. Que la “autoridad” de un tercero (casi siempre paternalista), jamás podrá defender con la misma convicción las ideas propias, que además, pertenecen a la época de la cual uno es hijo, nunca a los padres.

Me siento realmente incómodo cuando alguien (sobre todo si es joven, y comienza a exigir sus razonables derechos) llega ante mí creyendo que tengo en mi poder más respuestas que preguntas, más soluciones que problemas. Yo, que solo me siento líder de mis orgullosas incertidumbres.

El blog existe porque cada vez creo menos en esas alfombras rojas del pensamiento, a través de las cuales se deslizan aquellos que se sienten “elegidos”, prodigando como Mesías las respuestas antes de que se hagan las preguntas. Detesto parecerme a esos antropólogos que en la antigüedad (¿solo en la antigüedad?) llegaban a África, hacían sus estudios de “los diferentes”, y de regreso a Europa introducían a sus compatriotas en aquel mundo exótico a partir de sus interpretaciones mas personales. Hoy sabemos que ese gesto arrogante es hasta punible: se llama usurpación de identidad.

Juan Antonio García Borrero

MARIO PIEDRA SOBRE LA FORMACION DE NUEVOS CRITICOS

Querido Juany:

He leído en tu excelente “blog” sobre el cine cubano las inquietudes de otros lectores sobre la formación de los potenciales críticos de cine que se realiza en la Universidad de La Habana. Veo que existe desconocimiento sobre la carrera de Historia del Arte de la Facultad de Artes y Letras, que es donde se imparten las asignaturas vinculadas con ese duro oficio de la crítica de cine.

Si se me permite extenderme un poco, debo decir que la carrera poseía asignaturas vinculadas al cine desde finales de la década de los 60. Yo mismo las cursé. Como todo, el Departamento de Historia del Arte ha sufrido (y sigue) un proceso continuo de perfeccionamiento de su carrera. De forma tal que, a finales de los 70 se incorpora la asignatura de “Historia del Cine”, que impartía el Dr. Mario Rodríguez Alemán. También, por esa época, Daniel Díaz Torres y Fernando Pérez, impartían la asignatura “Apreciación Cinematográfica”, de donde incluso se editó una selección de lecturas “ad hoc”, preparada por ellos.

En 1982, el Departamento me pidió que impartiera la nueva asignatura “Cine Cubano”, lo que he estado haciendo sin interrupción en los últimos 26 años. Debo decir que, a los efectos de la asignatura se ha entendido como “cine cubano”, el producido por el ICAIC; aunque en los últimos años, se ha venido incursionando en la producción más destacada que se realiza fuera de dicha institución. Las razones de este enfoque parcial, se pueden discutir o conversar, si alguien lo desea.

Ya a mediados de la década de los 80 se impartían sistemáticamente las asignaturas: “Historia del Cine”, “Apreciación Cinematográfica” y “Cine Cubano”. Lo que sirvió de base para que , en 1990, se creara la “Disciplina de lo Audiovisual” como parte del Plan de Estudios de la Carrera.

La Disciplina, que se ha ido perfeccionando, incluye desde hace más de una década las asignaturas: Historia del Cine, Apreciación del Lenguaje Audiovisual, Cine Cubano, Televisión y Video, y Taller de Crítica Audiovisual. También pertenecen a la Disciplina las asignaturas Historia de la Música y Música Cubana, por razones curriculares. En total, 272 horas de docencia directa para el alumno. Para tener una medida de la calidad de la docencia, debo decir que Televisión y Video y el Taller de Crítica, han estado impartidas hasta hace poco por el Dr. Rufo Caballero, graduado de nuestra carrera, y en la actualidad están a cargo de Víctor Fowler.

Como dato curioso, Juany, tus libros “Guía Crítica del Cine Cubano de Ficción” y “La Edad de la Herejía”, forman parte de la bibliografía básica de “Cine Cubano”, y varios de tus trabajos están “colgados” en nuestra Intranet como material de consulta.

Si tomamos en consideración que el estudiante de Historia del Arte recibe como parte de su formación un cúmulo de asignaturas que aunque no directamente vinculadas a la crítica cinematográfica – como Estética, Teoría de la Cultura Artística I, II, III, IV y V, Taller de Crítica de Artes Plásticas, Promoción Cultural, etc.- amplían su horizonte creativo y teórico, podemos concluir que nuestros egresados poseen un buen bagaje para ejercer el duro oficio de crítico de cine, en el caso de que se lo propongan.

Evidentemente, nuestra carrera es perfectible, aún queda mucho por transitar, perfeccionar y enriquecer. Pero no es exactamente “una sola asignatura” con tufo a Quadrivium, que para algunos puede parecer.

Te agradezco el espacio que le puedas brindar a este comentario en tu “blog”, que pienso que es una de las mejores cosas que puede pasarle al cine cubano y a los que lo amamos.

Un abrazo

Mario Piedra

24 DE MARZO DE 1959: CREACION DEL ICAIC

Los que han tenido la gentileza (y paciencia) de compartir los post que cuelgo en este blog, saben que no me entusiasma demasiado el fetichismo de las efemérides. Respeto a aquellos que guardan una relación armónica con las fechas históricas, pero en mi caso la convivencia con esos aniversarios es, cuando menos, convulsa. Sobre todo porque no pierdo de vista una evidencia: lo que para unos es festividad, para otros es agonía. En la Historia, como en la vida, la felicidad colectiva solo existe en la mente de quienes confunden sus estados de ánimos con el sentir de todos.

De cualquier forma, hay cosas que resultan inobjetables, como es el hecho de que con la creación del ICAIC el 24 de marzo de 1959, mediante la Ley Nro. 169, la cultura cubana ganaba algo inédito en el devenir de la nación: una cinematografía nacional. Tengo mil quejas sobre la forma en que se ha narrado la historia de esta industria, sobre todo porque ha dejado en la no- historia al otro cine cubano (ese que no se ve). Pero no se puede negar que el surgimiento del ICAIC implicó una verdadera revolución en nuestras vidas.

No estoy hablando solo de las películas. Estoy tomando en cuenta las programaciones diseñadas a lo largo de estas cinco décadas, el fomento de los cine- clubes de creación y apreciación, la existencia del cine móvil (16 mm) en las zonas más insospechadas del país, entre otras acciones que han contribuido a conformar un público distinto al de antes de 1959: un público menos inocente que aquel que consumía cine apenas a la imagen y semejanza de Hollywood.

En este sentido, mi gratitud hacia el ICAIC seria en todo caso una gratitud crítica, como ha de corresponder a todo aquel que se educó con ese pensamiento defendido en la esfera pública, y que no pocas controversias originó. Gracias a aquel pensamiento cuestionador es que mantengo este blog, inspirado en buena parte de los cineastas agrupados en la fecha fundacional, algunos de ellos, ya muertos o ausentes del país. De esos cineastas aprendí que no es con la celebración dócil como mejor se argumenta la posible vitalidad del cine cubano. Ni con el falso consenso. Todavía trato de ser coherente con esa lección primigenia.

Cincuenta años después, intento imaginar lo sucedido aquel 24 de marzo de 1959 en una de las oficinas ubicadas en el quinto piso del edificio Atlantic. ¿Quiénes conformaban el ICAIC ese día? Según las fuentes que he consultado (siempre susceptibles de una mayor precisión), muy pocas personas: Alfredo Guevara Valdés, como presidente; Guillermo Cabrera Infante, Tomás Gutiérrez Alea, y Fernando Bernal Sánchez, como consejeros; un jovencísimo Fausto Canel, Eugenio Vesa (ingeniero de sonido), Pablo Eptein (ingeniero químico), Araceli Herrero (jefa de despacho de Guevara), y un abogado, que ahora mismo no estoy seguro que sea el Doctor Juan H. Ramos Valdés.

El anuncio de la creación del Instituto ocurrió un día después que saliera a la luz el primer número de “Lunes de Revolución”, suplemento encabezado por Guillermo Cabrera Infante, que (junto a Carlos Franqui) se convertiría en el gran adversario del ICAIC. Esas diferencias propiciaron el primer desencuentro público de la vanguardia artística que apoyaba el proceso revolucionario, a raíz de la censura del documental “PM” (1961), de Saba Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal.

Como todo lo humano, en la historia del ICAIC puede advertirse un sinnúmero de contradicciones. Este día quiero pensar solo en esas cosas formidables que como institución ha conseguido en estas cinco décadas. Películas que nos describen en nuestra complejidad mas radical, como pueden ser “Memorias del subdesarrollo” o “Suite Habana”. Documentales que renovaron nuestra manera de mirar la realidad. Debates donde se defendió la necesidad de que la herejía intelectual no fuera confiscada, o monopolizada por un solo grupo o persona. Visión del cine como un movimiento cultural, y no como simple artesanía.

En mi caso personal, el ICAIC no funciona como un fetiche al que hay que adorar de modo absoluto y sumiso. En verdad, el ICAIC ha sido una escuela que me ha enseñado a pensar el cine cubano desde la complejidad, y sobre todo, con cabeza propia (a veces, para cuestionarlo). Puedo darme el lujo de escribir esto porque el beneficio que me ha reportado la creación de ese instituto no es material, sino en todo caso, intelectual. Y esa ganancia, a diferencia de las materiales (que cada vez me importan menos), no te la quita nadie.

Juan Antonio García Borrero.

TANTO IRA LA CRITICA A LA FUENTE…

Jorge Pucheux se ha convertido en uno de los colaboradores que más está aportando a este blog. No por los comentarios laudatorios que pueda escribir, o por las contribuciones que nos remite (como aquella relacionada con su labor en “Memorias del subdesarrollo”). A Pucheux sobre todo le agradezco esas preguntas que suelen hacerse, entre amigos, en los cafés de cualquier país: preguntas desprovistas de pretensiones académicas; preguntas que se sueltan sin pensarlo mucho, porque forman parte del aire público, y no de un recinto para elegidos; preguntas que tienen que ver con nuestros problemas concretos, y no con los de una “humanidad” pensada en abstracto.

Y como en Camaguey no hay este tipo de espacio (esto no es Madrid, donde dicen que la modernidad comenzó con las acaloradas tertulias de los intelectuales en esos sitios), pues he tratado de imaginarme el blog como una suerte de café virtual en el cual encontrarme con amigos que hagan preguntas, y toleren las mias. Preguntas como esta que, desde México, Pucheux me acaba de enviar en forma de comentario:

“Querido JA, una pregunta y perdona mi desconocimiento al respecto de la crítica cinematográfica, pues como te dije antes, solo he sido un compositor de imágenes. ¿Se estudia cómo asignatura o como Curso de APRECIACIÓN CINEMATOGRÁFICA? Te lo pregunto porque por estos lares si no has pasado un super curso de este tema, incluyendo todo lo relacionado con la realización, nada que ver en la prensa especializada, nada de escribir en algún medio que se respete. ¿Hoy día se contempla esto allá en la Facultad, o en la Universidad o en la Escuela de Cine? Por fa, aclárame esto, pues a veces YO NO COMPRENDER¡¡jajajaja¡¡¡

Saludos”

Por supuesto, este asunto de la crítica jamás podría abordarse de manera satisfactoria en un simple post. Pero en principio, yo diría que lo importante no es aprender a ser crítico de cine, como si de otro oficio de artesanos se tratara, sino acostumbrarnos a hacer del pensamiento crítico un estilo mediante el cual podamos lidiar con las complejidades de interpretación que supone no solo el cine, sino sobre todo, la vida.

La critica de cine como disciplina académica se puso de manifiesto a partir de los años sesenta del siglo pasado. Hasta esa fecha, escribir críticas de cine era algo puramente periodístico, columnas donde se desahogaba el resentimiento o la adoración por ciertas figuras y filmes, y donde por encima de los argumentos más o menos razonados podían detectarse las filias y fobias del crítico, esas que van y vienen de acuerdo al humor individual.

Al adentrarse en los recintos universitarios como objeto de estudio (antes era percibido como un juguete de feria, divertimento del vulgo incapaz de llamar la atención de los doctos), el cine pasó a ser examinado con otros prismas, y se consiguió entender mucho mejor de qué forma operan las filmes en el espectador común. No obstante, muchas veces el uso de esas valiosas herramientas fracasaba, porque en vez de mirar al cine como audiovisual, se le enjuiciaba desde lo literario o desde lo teatral, que era el campo donde más se había adelantado en la aplicación de esas teorías.

Hasta donde sé, en Cuba no existen carreras universitarias que exploren la Historia de la Crítica de Cine. Es decir, existe una carrera general que se llama “Historia del Arte” donde seguramente se habla de la “Historia del Cine”, pero se desconoce cuál ha sido el devenir crítico alrededor de esta expresión, cuáles las teorías que han estado explorando y dinamitando los cimientos de determinado modo de representación. El alumno termina conociendo al dedillo ese mapa donde están ordenados, cronológicamente, todos los movimientos y filmes “importantes”, pero poco o nada de la historia de su recepción en el tiempo, de lo que los críticos han estado discutiendo sobre ese fenómeno.

Ello ha traído como consecuencia de que, mientras el cine cubano ha podido experimentar con su lenguaje y crecer (aun cuando en la actualidad estemos en un compás de espera, y a veces hasta parece que se regresa a un punto inferior), la Crítica cubana (como institución, no como conjunto de individuos) permanezca varada en la misma orilla donde la dejaron Cabrera Infante, Valdés Rodríguez, o Mirta Aguirre.

Voy a adelantarme un poco al reproche que en estos casos siempre me hace el ensayista Víctor Fowler: que cuando digo esto doy la impresión de que no formo parte del gremio, que me autoexcluyo. En realidad, esta crítica va dirigida contra mí mismo, porque formo parte de esa realidad, y porque muchas veces he detectado mi malestar cuando alguien sugiere entusiasmado que escribo más o menos bien. En los oídos de alguien que habla sobre cine eso no es un elogio, pues podría pensarse que las palabras sobre el papel tienen más mérito que aquello que intento aprehender y describir. Sería algo así como admirar más el estuche que el contenido: culto infecundo a palabras bonitas que no envuelven nada.

Admito que a partir de los noventa se notaba en Cuba una creciente renovación del lenguaje crítico mirado en su conjunto. No hablo del numero de libros publicados, que es un índice que aporta poco en cuanto a lo que hubiésemos deseado llamar “corte epistemológico” de esa practica. Se pueden escribir mil libros, y el último decir exactamente lo mismo que el primero: no se ha crecido.

Si en realidad hubiese existido ese corte en la búsqueda del conocimiento, ese punto de giro radical, hoy los jóvenes (depositarios de esa influencia) estarían escribiendo criticas “jóvenes”, donde la lozanía de ese punto de vista no estaría representado por lo biológico, sino por lo novedoso. Desde luego, habría que ver cuánto de ese “parricidio intelectual” ya existe, aunque disimulado bajo el peso de esa “autoridad” que aún diseña el orden de las cosas. Pienso que del mismo modo que hablamos de las dificultades de los “jóvenes realizadores”, tendremos que hablar en algún momento de los escollos que encuentran los “jóvenes críticos” para dar a conocer sus puntos de vista.

Resumiendo: no creo que haya que proponerse conformar un programa universitario para estudiar la Crítica de cine, sino en todo caso, promover estrategias que permita formar hombres (ya sean viejos o jóvenes) con pensamiento crítico, lo mismo en las universidades que en la vida cotidiana, en un cine que en una calle. Necesitamos devolverle al espectador ese derecho a decir “me gusta o no me gusta” (aunque bien argumentado ese criterio), un derecho que ahora ha sido confiscado por un grupo de expertos (entre los cuales me incluyo).

No soy ingenuo: Internet por sí mismo no resolverá ese problema, toda vez que el simple acceso a un espacio público no significa que te van a escuchar. Y tampoco que todo lo que escuchas sea necesariamente renovador. Pero es cierto que un café al aire libre (así sea virtual) le concede al pensamiento una libertad que, a la larga, agradecerán aquellos que, de otro modo, nunca se enterarán de nuestra existencia. Aunque lo más importante es que lo agradece el individuo, dueño otra vez de las preguntas.

Juan Antonio García Borrero

REWIND: Mi valoración de la 8va. Muestra de Nuevos Realizadores, por Pavel Giroud

Ser presidente del jurado en esta 8va. Muestra me ha dado la posibilidad de ver el juego desde afuera y ya lo dijo quien lo dijo: “Desde afuera, el juego se ve mejor ”.

Desde que era jugador en esta liga, escuchaba a casi todos decir que una de las mayores virtudes de la muestra de nuevos realizadores, era ver como los jóvenes retrataban nuestra realidad inmediata de tal o mas cual manera y me pregunto, ¿Como valorarían esta, donde un importante volumen de obras escarban en el pasado para –quizá- responderse muchos cuestionamientos de su presente.

Ir en busca de personajes borrados, olvidados, silenciados o perdidos ha sido una constante en algunos realizadores y gracias a ello, vemos salir de gavetas viejas, el nada viejo pensamiento de Jorge Mañach, su propuesta cívica y la urgencia de ella en estos días; nos estremecemos ante la turbia maraña que frenó el desarrollo deportivo de uno de los grandes peloteros Cubanos, Cheíto Rodríguez, quien tuvo que penar más que Clint Eastwood “por un puñado de dólares”; escuchamos -algunos por vez primera y de su propia voz- los poemas de Delfín Prats o sufrimos, a la vez que odiamos y perdonamos al padre ausente durante muchos años, con quien su hija se reencuentra en un país lejano. Este último, el personaje menos conocido de todos los nombrados, pero el que cualquiera de nosotros puede tener en su familia.

El reencuentro con el pasado no es solo a nivel de individuos. La nostalgia es el condimento mas evidente en ese documental que revive la presencia Soviética en Cuba (la mulatización de los soviéticos, la sovietización de los mulatos), usando como guía dramática el incendio del restaurante Moscú, del que muchos extrañan, según la propia obra, desde la salsa rusa hasta Héctor Téllez amenizando su digestión o en ese otra especie de reportaje que nos cuenta paso a paso como se gestó el barrio que simbolizaría todo lo que nos proponíamos y terminó simbolizando todo en lo que nos hemos convertido, Alamar.

Periodos y otros hechos como La guerra de Angola, El quinquenio gris, también son visitados por moscones que muchos quisieran haber aplastado con un paño húmedo antes que permitirles pasar y regalarnos su visión muy particular de estos sucesos, como la que se nos propone en ese otro largometraje documental (casi nostálgico en si mismo, porque como producción pertenece al pasado reciente) dedicado a los Industriales, equipo de baseball con el que nada simpatizo en la vida real, pero que su creador provoca que ame durante el tiempo que dura en pantalla su película.

Darle REWIND a la vida puede no ser tan placentero como ir al inicio de una cinta y encontrarte con tu escena favorita en un film o volver a escuchar aquella canción. Ya se sabe que el que busca encuentra y algunas revelaciones pueden ser lacerantes (unas veces para el gato y otras para el ratón). Imagino que ese, es riesgo que no todos están dispuestos a correr, unos porque no tienen voluntad de detectives, otros porque no tienen voluntad alguna y prefieren pulsar la tecla PLAY o FASTFOWARD. Lo cierto es que en la unanimidad de las obras presentadas a esta muestra hay una fuerte resistencia al STOP.

Mi primera reacción ante tanto escarbo fue la complacencia, pero por simple empatía personal ante este tipo de obras; lo cual queda evidenciado en el Palmarés, pero yendo más allá, me sorprendió un cuestionamiento: ¿El sentido de tanto revisionismo es debido al cansancio de sacar una cámara a la calle y dejar que la realidad te sorprenda o a que quedan cuentas pendientes con nuestra historia urgidas del desempolvamiento a través de nuevas miradas. Miradas desprejuiciadas, sin afán de vendetta, sin resentimiento. Miradas sedientas de leer por si mismas.

Respuestas, pueden haber muchas, incluso a otros cuestionamientos. Tal vez es parte de un proceso natural, como si de mudar de piel se tratara y no de una voluntad generacional, ni de una cruzada contra la amnesia. Para mi cuestionamiento no tengo respuestas, solo me respondo con nuevos cuestionamientos. Lo que más claro tengo es la disposición de mirar a mi país, su historia y sus personajes a través de estos nuevos ojos reveladores y esta vez desde la luneta, desde donde todo se ve mejor.

Tomado del blog de Pavel Giroud