PREMIÉRE NACIONAL DE “LA ANUNCIACIÓN” (2008), de ENRIQUE PINEDA BARNET, EN CAMAGÜEY.

Ya los camagüeyanos saben qué película dejará inaugurada la decimosexta edición del Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica, a celebrarse en Camagüey entre el 10 y el 14 de marzo del año en curso. Se trata de “La anunciación”, el filme más reciente del veterano Enrique Pineda Barnet (Premio Nacional de Cine en el 2007), quien también estará participando en las sesiones teóricas del evento.

El Taller Nacional de la Crítica Cinematográfica será dedicado al cine cubano de los sesenta. Próximamente estaremos colgando el programa teórico, así como las actividades colaterales, que incluye la presentación y venta de publicaciones, así como una retrospectiva integra de la producción del ICAIC en su primera década de existencia, entre otras actividades.

Ficha técnica de “LA ANUNCIACIÓN

Año: 2008/ Dirección y guión: Enrique Pineda Barnet/ Producción General: Santiago Llapur/ Dirección de Fotografía: Pablo Massip/ Música Original: Ángel Gutiérrez Faxas/ Asesor de imagen: Raúl Rodríguez Cabrera/ Dirección de Arte: Nieves Laferté/ Diseño Sonoro: Raúl García/ Sonido Directo: Abel Calderón/ Dirección Musical: Zenaida Romeu/ Montaje y postproducción: Pedro Suárez/ Intérpretes: Verónica Lynn (Amalia), Héctor Noas (Ricardo), Broselianda Hernández (Margarita), Ismael de Diego (Mayito), Robertico Díaz (Cristóbal).

Sinopsis
Una familia separada, un testamento, una ciudad mágica. Lo que más los diferencia es lo que los une.

La Habana, 2006: Amalia, anciana espiritista, acaba de enviudar. Vive en el apartamento más reducido, del último piso del más viejo edificio, de la históricamente más vieja esquina del barrio del Vedado, con Cristóbal, su nieto de 10 años, y su hijo menor, el joven Mayito. Amalia convoca a la familia dividida para leerles el Testamento Moral de su recientemente difunto esposo, Octavio.

Sus hijos: Ricardo, ingeniero revolucionario, que trabaja y vive en un humilde y recóndito pueblito de provincia. Margarita, arquitecta, residente en USA, donde ha constituido familia. Y Mayito, bohemio, músico y poeta.

Viven mundos separados. El reencuentro familiar sirve para dirimir cuentas de sus vidas. Amalia, fiel creyente, esta vez adultera el legado paterno como elemento unificador. Pero, al convocar al espíritu del esposo muerto, éste habla por medio del nieto, revela la existencia del documento legítimo, y es el niño quien descubre su verdad.

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Publicado el febrero 22, 2009 en NOTICIAS, EFEMÉRIDES, RUMORES. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Quiero verla, please…

  2. LOS “ANUNCIOS” DE LA ANUNCIACIÓN
    Impresiones de un espectador en pequeña pantalla.
    No he podido ver La Anunciación en pantalla grande y lo lamento mucho, pues la conozco desde el embrión iba creciendo durante mis apuradas visitas a La Habana. Vi un primer corte sin mezcla de sonido en casa de Enrique que, confieso, me dejó confundido. El tema, del carajo; las actuaciones, como sólo el elenco que escogió y mezcló inteligentemente Enriquito, puede hacerlo. No me sorprendieron las actuaciones de los conocidos – siempre están bien, siempre son buenos- pero sí me impactó el toque de frescura y actualidad con que abordó su personaje Ismael Diego. Los diálogos inteligentes, con más de fondo que de palabras…. pero no sabía todavía en ese momento si la película podría “cuajar” Me pareció larga y densa y lineal. Se lo dije a Enrique en ese momento pero también le dije que podría que influyera en mí, el hecho de que estaba muy a medio hacer aún. Pasaron los meses y la perseverancia y el talento de Enrique, se conjugaron.
    Cuarenta y ocho horas antes del estreno, volví a enfrentarme a la peli otra vez en su casa y en una pantalla de computadora. Aún así, esta vez me quedé sorprendido y ya no confundido. Ahora todo estaba muy claro: Música bien puesta ( hace su papel, sin venir a primer plano, como debe ser una buena música para el cine) color corregido, sonido ecualizado y, sobre todo, unos cortes osados y un remontaje que aportó dinamismo muy joven. En fin, el resultado del trabajo que se hace sin apuros, tomándose el tiempo necesario ( Enrique dice que el tiempo que le obligaron a tomarse, las dificultades y las zancadillas) pero creo que la película se convirtió al fin, en una OBRA, así, con mayúsculas. No quiero parecer condescendiente con mi gran amigo, no quiero justificar nada, porque el arte no puede presentanse justificando, pero no puedo dejar de pensar cuánto más habría sido esa película, si no hubiese tenido que hacerse en condiciones tan modestas y difíciles. Pasó de todo, cosas que es mejor olvidar por tristes. Además no tuvieron una gran cámara, tampoco una buena óptica, pero hasta esa dificultad o “defecto” lograron convertirla Enrique, Pablo Massip y Raúl Rodríguez, en un “efecto” muy interesante. La sensación de estrecho laberinto del espacio en que tratan de entenderse los personajes, defendiéndose y a la vez amando a la madre manipuladora, era asfixiantemente gráfica.
    Le decía a Enrique que su película me parece muy chejoviana, por esa incapacidad de los personajes para entenderse y comunicarse, aún queriendo hacerlo, y él me apuntaba que todo el tiempo pensó en Aire Frio y que la quiso muy Virgiliana. Con la sombra de Chejov y /o la sombra de Piñera, la película es muy Pinediana y lo es en los innumerables detalles, algunos visibles, otros no; Muchos guiños para un determinado público; otros, para otros, pero todas arman un cuerpo y un discurso en el que se reconoce a Enrique, el joven Enrique, que se mete valientemente en temas difíciles, que tocan llagas. Trabaja Enrique con el arrojo y el desprejuicio de los jóvenes. Terminé de ver la película soltando grandes resoplidos, sintiéndome protagonista de su drama, conmovido y feliz a la vez, con la felicidad del que se enfrenta a un verdadero hecho estético.
    Sufrí con los persojes atados a sus conflictos, casi sin poder moverse por la coraza de prejuicios, miedos y resquemores que los cubren ( que nos cubren ), y gocé y me sentí aliviado cuando, como sombras, me empujaban agilmente hacia un final en el que la libre inocencia de un niño, rompe amarras, abre definitivamente las ventanas, deja entrar la luz y se asoma -casi vuela- a la ciudad para recoger el legado de un abuelo que desde “un más allá” que es como decir desde “antes” muestra el único camino posible, que es la honestidad y amarse por encima de las diferencias.
    De cualquier manera, me lo debo, tengo que verla en pantalla grande.

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