Archivos Mensuales: enero 2009

LOS HIJOS DE PETER PAN

Esta mañana conseguí participar en un buen debate alrededor del cine cubano. Al menos me dejó pensando, que es para mí lo más importante. El pretexto para reunirnos lo puso Luis Buñuel. El señor Iván Trujillo, agregado cultural de la Embajada de México en Cuba, propuso a la Escuela de Arte de Camagüey, una exposición de fotos tomadas por Buñuel en el país azteca.

A mí me tocó leer un breve capítulo del libro inédito “Intrusos en el paraíso”, al cual he titulado “Buñuel en Cuba, Cuba en Buñuel”. Después, como es costumbre, se hicieron comentarios y preguntas. Todo iba sobre lo normal, hasta que el escritor camagüeyano Jorge Santos Caballero soltó aquello de que el cine cubano no ha logrado superar, después de los sesenta, a las películas más memorables realizadas por el ICAIC en esa década.

El que conozca a Santos Caballero sabe de su enérgica adicción a la polémica. De manera que no dudo que lo anterior forme parte de esa incurable vocación hacia el debate y la provocación intelectual. Por supuesto que cada espectador tiene derecho a sacar las conclusiones que entienda de un determinado período de creación (y la verdad: en Historia, cincuenta años es nada), pero aunque es una opinión que respeto, no la comparto.

No es que ahora mismo piense que el cine cubano esté en su mejor momento. Al menos, cuando comparo con lo que está pasando en cinematografías como la argentina, la mexicana, o la brasileña, entiendo que resulta imperioso replantearse tópicos relacionados con el lenguaje, con los modos de producción, con las maneras de representar la realidad. Lo único que nos demuestra “Memorias del subdesarrollo”, para citar un ejemplo, es que el cine no es viejo o nuevo por el año en que fue realizado, sino por la frescura de aquello que dice, y cómo lo dice.

Ahora bien, una cosa es esa, y otra plantearnos como un dogma que hay que reverenciar en toda época, el legado creativo de aquellos que fundaron la llamada “década prodigiosa del cine cubano”. Lo mejor de los sesenta fílmicos no estuvo en sus películas, sino en el ánimo trasgresor que las inspiraba. Una revisión numérica de lo que se hizo en ese período arrojaría un resultado predecible: por encima de los filmes memorables estaban los ejercicios, las películas de aprendizaje, los documentales que graficaban cada una de las medidas (fuera la Ley de Reforma Agraria o Urbana) que aprobaba el Gobierno Revolucionario. Y paralelo a ello, estaba el deseo de experimentar, que posibilitó consolidar a realizadores como Santiago Álvarez, Guillén Landrián, Sara Gómez, entre otros, mucho antes que lo lograran García-Espinosa, Gutiérrez Alea o Humberto Solás.

Sin embargo, nada de eso implica que el cine cubano no se desarrollara después de los sesenta. El Titón de “La última cena” o “Fresa y chocolate” es mucho más técnico que el de “Memorias del subdesarrollo”. Al igual que el Humberto Solás de “Cecilia”, o de “Un hombre de éxito”, o de “El siglo de las luces”, supera al cineasta sin experiencia de “Manuela” o “Lucía”. Las películas de Fernando Pérez (al margen de que nos puedan gustar alguna más que otra) tienen como denominador común una puesta en escena cuya exquisitez resulta impensable en los sesenta.

¿Por qué es que entonces nos deslumbra tanto los sesenta? No digo que sea el caso de Santos Caballero, pero yo creo que aquí hay mucho de ese sesgo o tendencia que suele explicarse mediante el llamado “síndrome de Peter Pan”: de acuerdo con esta teoría, hay seres humanos que se niegan a “crecer”, y aún cuando lleguen a ochenta años, siguen ubicando lo mejor de su periplo vital en ese primer período existencial.

Tal vez la frase que mejor resume esa muy discutible cosmovisión sea aquella de que “Todo pasado fue mejor”, pero se trata de algo más complejo. Sencillamente nos negamos a aceptar que la vida cambia a diario, y que detrás de la fijeza de esas instituciones que pueden durar siglos, se dirimen disputas, diferencias, que recolocan al sujeto (ese ser finito que es el que cuenta) en situaciones inéditas todos los días.

En algún momento estuve tentado de titular este post “Los ojos de Peter Pan”, pero en verdad, no son los ojos de Peter Pan los que frenan una nueva manera de mirar la realidad audiovisual del país (y de paso, la realidad cubana misma). Más que sus ojos, me preocupan los hijos de Peter Pan. Los hijos, en vez de los ojos.

Juan Antonio García Borrero

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DIEZ FICCIONES Y DIEZ DOCUMENTALES DEL CINE CUBANO SUMERGIDO

En las entradas anteriores me he referido solo a las producciones del ICAIC, a propósito del cincuenta aniversario de la creación de ese Instituto. Pero como quiera que la encuesta convocada por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica habla de la cinematografía nacional, es posible entonces dedicarle un capítulo a esas producciones que se han realizado más allá del ICAIC, en distintas épocas y espacios. O incluso dentro de la institución, pero sin el respaldo de las prácticas más comunes.

Llamo a esta producción “cine sumergido” porque pocas veces consiguen insertarse en los circuitos normales de exhibición. Y no me parece conveniente incluirlas en el mismo saco que “el cine oficial”, debido a que razones de producción determinan de una manera obvia las diferencias: ¿tiene sentido establecer paralelos entre lo que podía hacer Humberto Solás con un gran presupuesto, y un estudiante del ISA que recién se gradúa?

Me queda claro que en la selección que ahora anoto falta muchísimo. Al menos con las películas del ICAIC existe un espacio que centraliza su estudio. Pero con esta otra, solo perdura la buena voluntad del investigador (lo cual, desde luego, es insuficiente). Estamos hablando de las producciones de los Estudios Fílmicos de la Televisión, Estudios Fílmicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Taller de Cine de la Asociación Hermanos Saíz, Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cine-clubes de creación, Instituto Superior de Arte, Televisión Serrana, telecentros provinciales, etc. Y eso que, por el momento, no tomamos en cuenta la producción de cine realizada por cubanos más allá de la isla, todavía más difícil de localizar.

Así que los listados que a continuación ofrezco tienen toda la intención de provocar. Sobre todo provocar a críticos e investigadores, con el fin de que asumamos en nuestros estudios también a esta gestión audiovisual. Ya sé que muchos de los jóvenes realizadores que aquí evoco (y otros que no están mencionados) hoy tienen una presencia real dentro del ICAIC. Pero falta transformar en sistemático la indagación de esa producción.

No dudo de que alguien se apresure en acusar a este listado de ser demasiado subjetivo. Y estaré de acuerdo con el cargo. La idea del blog es contribuir a curar esa “retinosis pigmentaria” (para utilizar la imagen sartreana) que padece cierta historiografía local, la cual impide mirar con el rabillo del ojo, y ver lo que sucede en los laterales del cine oficial. Es entre todos que podremos enriquecer la visión que en un futuro se tendrá del audiovisual cubano.

Dicho de otro modo: no me interesa mencionar todo lo que existe, ni establecer pretenciosas jerarquías, sino demostrar (de una manera socrática), que en cuanto a este asunto, solo sabemos que aún no sabemos nada.

Como en las ocasiones anteriores, el orden en que se mencionan los títulos es estrictamente cronológico.

Diez filmes de ficción

ECOS (1987), de Tomás Piard

TE LLAMARÁS INOCENCIA (1988), de Teresa Ordoqui

EL ENCANTO DEL REGRESO (1989), de Emilio Oscar Alcalde

OSCUROS RINOCERONTES ENJAULADOS (1990), de Juan Carlos Cremata

SED (1991), de Enrique Álvarez

MOLINA’S CULPA (1992), de Jorge Molina

TALCO PARA LO NEGRO (1992), de Arturo Sotto

CHAO, SARAH (1993), de Marzel

VIDEO DE FAMILIA (2001), de Humberto Padrón

UTOPÍA (2004), de Arturo Infante

Diez documentales

PM (1961), de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal

LA ÉPOCA, EL ENCANTO Y FIN DE SIGLO (1999), de Juan Carlos Cremata

CUATRO HERMANAS (1999), de Rigoberto Jiménez

CAIDIJE, LA EXTENSA REALIDAD (2000), de Gustavo Pérez

LA CHIVICHANA (2000), de Waldo Ramírez

FUERA DE LIGA (2004), de Ian Padrón

TODAS ÍBAMOS A SER REINAS (2006), de Gustavo Pérez

MODEL TOWN (2006), de Laimir Fano

THE ILLUSION (2008), de Susana Barriga

EL CASO MAÑACH, RARA AVIS (2007), de Rolando Rosabal Perea

Juan Antonio García Borrero

DIEZ PELÍCULAS DE FICCIÓN QUE ME HAN GUSTADO

Tocaría hablar ahora de diez películas de ficción, producidas por el ICAIC, que me hayan impresionado. Esta selección tampoco resulta fácil, pues hay más de treinta cintas realizadas en esa institución, que me parecen valiosas.

Por ello, la selección que ahora hago responde a ese horizonte de expectativa en el cual siempre espero encontrar algo de experimento, pero también, entretenimiento. Ya sé que lo del entretenimiento es demasiado subjetivo. Hay quien se entretiene leyendo filosofía. Y hay a quien solo le gusta aquello que le permita salirse por un tiempo de la dura realidad de todos los días.

Para mí el cine es ante todo espectáculo. Pero espectáculo que necesita mucho más que la fría aplicación de un conjunto de recetas exitosas. Por eso es que, aún cuando tenga mis discrepancias con algunas zonas del famoso ensayo de García Espinosa, el término “cine imperfecto” me seduzca. Y es que, aún cuando “El ciudadano Kane” y “La quimera del oro” sigan encabezando esos listados que eventualmente organizan los críticos, la “Academia” también se fija en esos creadores que, cada cierto tiempo, dinamitan las reglas.

En cuanto a esta lista personal, he decidido organizarla en orden cronológico. Lo único que hay de común en todas estas cintas, es que fueron auténticas sorpresas en el momento de descubrirlas. Es cierto que no están todas las que han sido, pero estas que ahora menciono, las sigo recordando como cintas que no me dejaron indiferente.

“AVENTURAS DE JUAN QUINQUIN” (1967), de Julio García-Espinosa

“LUCÍA” (1968), de Humberto Solás

“MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO” (1968), de Tomás Gutiérrez Alea

“DE CIERTA MANERA” (1974), de Sara Gómez

“LA ÚLTIMA CENA” (1976), de Tomás Gutiérrez Alea

“RETRATO DE TERESA” (1979), de Pastor Vega

“LA BELLA DEL ALHAMBRA” (1989), de Enrique Pineda Barnet

“PAPELES SECUNDARIOS” (1989), de Orlando Rojas

“FRESA Y CHOCOLATE” (1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío

“MADAGASCAR” (1994), de Fernando Pérez

Juan Antonio García Borrero

DIEZ DOCUMENTALES CUBANOS QUE ME HAN GUSTADO

Siguiendo con esto de la encuesta que ha convocado la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, quisiera anotar ahora algunas ideas alrededor del documental producido por el ICAIC en estas cinco décadas. E insisto que no me interesa establecer cánones. Lo que aquí se leerá es una opinión estrictamente personal, lo cual seguro originará desacuerdos y afinidades. Se trata de una reflexión en voz alta sobre este género que, definitivamente, fue el que puso al cine cubano de los sesenta en el mapa mundial.

La llamada “década prodigiosa del cine cubano” le debe todo a esta modalidad practicada por los cineastas de entonces. Todavía cuesta trabajo reconocer que una cinematografía que partía de cero, lograra en tan poco tiempo obras que aún resultan efectivas. Pero esa efectividad no se logró en el terreno de la ficción, sino en la zona documental. Y la ficción, hacia finales de la década, supo sacar ventaja de ello.

Si la presencia de cineastas extranjeros no aportó casi nada en la ficción, no puede decirse lo mismo de los documentalistas que filmaron en Cuba. Joris Ivens, Chris Marker, Agnes Varda, Roman Karmen, Theodor Christensen, entre otros, aportaron obras, pero sobre todo enseñanzas, que calarían muy pronto en las prácticas de los jóvenes cineastas. Esa influencia, desde luego, no tenía su origen en “un grupo”, aunque ahora los historiadores y críticos nos empeñemos en ponerle nombre y apellidos puntuales.

Pienso que detrás de los filmes de Ivens o Marker estaba sobre todo la época de un “realismo cinematográfico” que poco tenía que ver con el modelo de representación hasta entonces hegemónico. El “cine directo” y “el cinema verité” marcaban las pautas de una revolución en el modo de imaginar o construir la realidad. No se trata de simple retórica: las cámaras (con sus nuevas características técnicas) estaban contribuyendo a develar esas zonas que la vida cotidiana (con sus asperezas, su falta de tiempo para “observar”, o sus mitificaciones) no nos permite advertir a diario.

Eso es lo que más agradezco de la llamada “escuela documental cubana” de los sesenta, y de un grupo de filmes que se han realizado con posterioridad, aunque ya sin carácter de “escuela”: la posibilidad de, a través de ese conjunto heterogéneo de imágenes, acceder a un país que, como todos, también tiene sus profundas contradicciones.

Por supuesto que, en términos numéricos, la producción documental del ICAIC no se salva de un comportamiento que parece natural en todos los países. Aquí también han existido, como en cualquier parte del planeta, documentales buenos, regulares, malos, y francamente intrascendentes. Los buenos sobrepasan la decena, pero como es la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica la que establece el número a seleccionar, mencionaré diez que me han gustado por las razones que antes expuse: la posibilidad que me han concedido de reimaginar (y por ende repensar) la realidad cubana.

El orden en que los menciono es estrictamente cronológico. Y creo que me anima más lo emocional que lo académico. Incluso confesaré algo: releyendo el resultado de este inventario personal, descubro que el denominador común está en mis deseos de reencontrarme con los sujetos de carne y hueso retratados para la ocasión. Pienso que alguna vez el propio ICAIC pudiera producir su gran documental, buscando a esos seres que han habitado sus documentales. Pongamos algunos ejemplos, a partir de las películas que aquí menciono: ¿qué será del Miguel que Sara Gómez filmó?, ¿y de los niños que asistían extasiados a su primera sesión de cine? (quizás ese capítulo podría llamarse “Por segunda vez”). ¿Y la gente de “El fanguito” habrán resuelto sus problemas, o siguen allí?, ¿Y los de “Suite Habana”?, ¿por dónde andará Ociel, si aún anda?

Confieso que para mí un documental llega a ser trascendente, en la misma medida que invita a pensar más en la suerte de quienes aparecen en él, que en el documental mismo. Es lo que me acontece con estas diez películas que a continuación menciono.

“CICLÓN”
(1963)/ D: Santiago Álvarez/ El director se las ingenia para convertir lo que pudo ser un simple reportaje, en un film dramático donde el dolor colectivo se humaniza, se hace real.

“NOW”
(1965)/ D: Santiago Álvarez/ Las imágenes de los que por aquellas fechas resultaban excluidos del espacio público estadounidense. Para algunos, uno de los antecedentes más brillantes del “video clip”.

“OCIEL DEL TOA”
(1963)/ D: Nicolás Guillén Landrián/ Documental exquisito donde se combina la perfección de los encuadres con el carisma del protagonista.

“POR PRIMERA VEZ”
(1967)/ D: Octavio Cortázar/ Ver a ese grupo de personas enfrentadas por primera vez al cine, tiene el raro encanto de devolvernos la imagen de una fascinación ya perdida.

“COFFEA ARÁBIGA”
(1968)/ D: Nicolás Guillén Landrián/ Uno de los ejercicios del audiovisual cubano más irreverente que se haya realizado alguna vez. Ejemplo casi insuperable de independencia creativa.

“UNA ISLA PARA MIGUEL”
(1968)/ D: Sara Gómez/ Dolorosa indagación en las motivaciones, sueños, frustraciones, de aquellos que no formaban parte del paradigma de “Hombre Nuevo”. Verlo de conjunto con “La otra isla” (1968)

“79 PRIMAVERAS”
(1969)/ D: Santiago Álvarez/ Acercamiento a la personalidad de Ho-Chi-Minh, pero sobre todo, a su presencia en el imaginario de su pueblo tras su muerte.

“VECINOS”
(1985)/ D: Enrique Colina/ Mirada desenfada alrededor de ciertos hábitos de convivencia del cubano. El cineasta incorpora el humor a un género donde este elemento no abundaba.

“EL FANGUITO”
(1990)/ D: Jorge Luis Sánchez/ Aproximación a una zona marginal de la sociedad habanera, que paradójicamente, se encuentra en el medio del Vedado.

“SUITE HABANA”
(2003)/ D: Fernando Pérez / Uno de los mejores momentos del documental cubano, que regresa al lenguaje experimental, pero sin perder de vista la solidez de la historia. Una joya en casi todos los sentidos.

Juan Antonio García Borrero.

GUSTAVO ARCOS, SOBRE LAS ENCUESTAS Y EL CINE CUBANO

Hola, Juany:

Ciertamente, el arte cinematográfico y su extraordinaria historia no puede encasillarse o limitarse a lo que un grupo de críticos, pensadores o cinéfilos, determine. Cada uno tendrá sus razones y en el caso de una encuesta como la que ahora nos ocupa, cada cual acudirá a sus propias imágenes, sueños o demonios interiores que le harán olvidar o recordar ciertas escenas (edad y Alzheimer mediante) en detrimento de otras. El cine, esta claro, vivirá por sí solo y establecerá un diálogo con las generaciones que le sean contemporáneas hasta el fin de su historia. Ya sabemos que el verdadero valor de una obra o al menos su permanencia en el tiempo solo lo determinará el propio Tiempo, lo demás es… conversación.

El ICAIC celebra sus cinco décadas de existencia. Pero no solo se trata del orgánico proyecto institucional que comenzó en marzo del 59. Prefiero celebrar los cincuenta años de toda una obra y por tanto fenómeno audiovisual que involucró no solo a esa institución sino también a todas aquellas figuras más o menos visibles, que de una forma u otra, han legado a la posteridad, la imagen de lo que somos o lo que pretendimos ser.

No hay, al menos de mi parte, negligencia, arrogancia, ni falsa voluntad sacralizadora, al mirar nuestro cine e intentar escoger aquellas secuencias, obras, autores o momentos relevantes. No tengo que flagelarme por ello, ni sentir vergüenza. No pretendo y supongo que ninguno de mis colegas tampoco en convertir esta selección en la piedra Rosetta que permita en el futuro, desentrañar las claves de nuestro cine. Otras generaciones y épocas tendrán sus propias preferencias y harán, espero, sus propias lecturas.

Fui de los que promoví la iniciativa de la encuesta por los cincuenta años del ICAIC. Acto de fe y amor por nuestro cine, acción que además debería involucrar no solo a los “sabios”, sino también a todos los que de diferentes maneras y profesiones lo han pensado y tratado. No es una encuesta entre un grupo de críticos o promotores culturales, en ella deben participar realizadores, artistas y técnicos del audiovisual, gente que ha dedicado toda su vida y energías a este propósito. Muchos no participarán, no hay obligaciones, ni tareas del partido. Cada cual tendrá sus razones y debe quedar claro que no por ello serán enviados a la Siberia.

Leí tu lista en el blog o al menos las observaciones que haces sobre tu selección. Te adjunto la mía, enviada semanas atrás a la dirección de nuestra Asociación. Traté de combinar el gusto o la inevitable nostalgia personal hacia ciertas obras o momentos de nuestro cine, con el juicio crítico que atiende al valor o importancia que para nuestra historia audiovisual pueden tener las mismas. No sé si lo logré, en todo caso será solo MI Lista y no precisamente la palabra de Dios.

Un abrazo desde el Vedado

Gustavo Arcos

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El orden en que aparecen no representa nivel de prioridad.

Diez mejores filmes:

1. Memorias del subdesarrollo– (T.G.Alea)
2. Papeles secundarios-(Orlando Rojas)
3. Madagascar– (Fernando Pérez)
4. Lucía– (Humberto Solás)
5. Fresa y Chocolate-(T.G.Alea y Juan C. Tabío)
6. La muerte de un burócrata– (T.G.Alea)
7. La primera carga al machete-(Manuel O Gómez)
8. Los sobrevivientes– (T.G.Alea)
9. Video de familia– (Humberto Padrón)
10. Retrato de Teresa– ( Pastor Vega)

Diez mejores documentales:

1. La Época, el Encanto y Fin de siglo– (Juan Carlos Cremata)
2. Por primera Vez– (Octavio Cortázar)
3. Suite Habana– (Fernando Pérez)
4. Coffea arábiga-(Nicolás Guillén Landrián)
5. Ociel del Toa– (N.Guillén Landrián)
6. Now– (Santiago Álvarez)
7. L. B. J– (Santiago Álvarez)
8. La otra Isla (Sara Gómez)
9. Crónica de una infamia (Miguel Torres)
10. El fanguito– (Jorge Luis Sánchez)

Secuencias más notables

1. Sergio en Memorias del subdesarrollo cruza la calle tras salir de la Mesa redonda. Su imagen se va desenfocando al ser tomada con un teleobjetivo, hasta quedar desfigurado como una macha.
2. Laura en Madagascar, mira unas fotos de su hija. La madre le enseña un recorte de prensa donde se observa una toma aérea de la Plaza en un acto por el Primero de Mayo, Laura toma la foto y una lupa, se encierra en su cuarto y trata de encontrarse en la foto mientras se pregunta: ¿dónde estoy yo Dios mío?
3. Secuencia de Suite Habana que se inicia con la canción Mariposa interpretada por Silvio y que une diversos momentos en la vida de los personajes, mostrados en continuidad hasta el fin de la canción y el cierre del cuadro en una foto colgada en la pared.
4. Abrazo de Diego y David en Fresa y Chocolate.
5. Escena de la violación de las monjas en Lucía
6. En Papeles secundarios, toda la secuencia que se inicia cuando los personajes suben por una escalera de caracol hacia la azotea del teatro exclamando: ¡se hizo la luz!!!
7. En La muerte de un burócrata, secuencia de la visita al “surreal” DEPATRAM, del personaje interpretado por Salvador Wood.
8. En Los sobrevivientes, secuencia con Carlos Montezuma descargando los camiones de suministros para la casa mientras dialoga con Miravalles y Santiesteban y les explica cómo hay que cogerle la vuelta al sistema.
9. Escena final de Clandestinos con Isabel ya embarazada y Luis Alberto, arrastrados ambos a la calle por la policía.
10. En La vida es silbar, el sicólogo muestra mientras sale a la calle, la reacción que causa a las personas escuchar ciertas palabras.

Mejores carteles:

1. Historias de la Revolución de Bachs
2. Por primera vez de Bachs
3. Harakiri de Reboiro
4. Besos Robados de Rene Azcuy
5. Niños desaparecidos de Bachs
6. Retrato de Teresa de Cabrera Moreno
7. Lucia de Raúl Martínez
8. Fresa y Chocolate
9. Now de Rostgard
10. Aventuras de Juan Quinquin de Bachs

Diálogos memorables:

1. Laura y Laurita discuten en Madagascar. Laurita le dice a la madre Yo no se lo que quiero, pero si se lo que no quiero. Y qué es lo que no quieres, le pregunta la madre. Ser como tu.
2. Diálogo entre el “inspector” de la obra (Carlos Cruz) y el director de la misma (Juan Luis Galiardo) en Papeles secundarios. Ambos están en una oficina semioscura, ubicada en un sótano. Es de particular interés el momento en que el inspector se levanta y le coloca su mano sobre el corazón del director exclamando: tu eres el director
3. En Nada, mientras Carla se dirige al aeropuerto hacia el final de la película se escucha en off la carta que le escribe su amigo cartero particularmente significativo es el fragmento que dice: si todo el mundo se va Nadie cambia Nunca, Nada
4. Diálogo en El Hombre de Maisinicú entre Miravalles y Sergio cuando este último ha sido descubierto.
5. Alguno de los diferentes monólogos que tiene Sergio en Memorias, mientras camina por la ciudad.
6. En La vida es silbar, Elpidio hacia el final, se dirige a la pequeña figura de la Santa, intentando explicarle, las razones de su salida del país. Yo puedo perdonarte todos tus olvidos, pero entiéndeme tu también a mi, déjame ser como soy…
7. En Fresa y Chocolate, Diego le explica a David las razones por las que se ve obligado a abandonar el país.
8. En La muerte de un burócrata, cuando Salvador Wood visita por vez primera la oficina para solicitar la pensión y explica el problema del carnet laboral enterrado junto a su tio. No es la secuencia del DEPATRAM.
9. En La vida es silbar, el personaje interpretado por Jorge Molina reflexiona sobre la suerte que tienen los caracoles que pueden desplazarse a cualquier sitio sin abandonar su casa.
10. En Adorables Mentiras, Miguel Gutiérrez regresa de un viaje y conversa en el auto con su chofer preguntándole por la Cadena, puerto, transporte, economía interna.

CINEASTAS Y CRÍTICOS, ¿ENEMIGOS INSEPARABLES?

Confieso que si algo me reporta placer con esto del blog, es cuando algunas de las ideas que cuelgo suscitan comentarios. Pero el placer es mayor aún, cuando esas ideas animan a los cineastas a exponer sus puntos de vistas, muchas veces en franco desacuerdo.

Para mí la presencia de Fernando Pérez o de Arturo Sotto en este sitio, polemizando con algunas de las ideas que he expuesto, tienen más valor que todo lo que yo haya podido escribir aquí. No son los únicos realizadores que se han sentido cómplices de esa necesidad de debate que reclama el cine cubano, aunque lamentablemente, el grueso de los comentarios llega por la vía privada.

Ahora mismo acabo de recibir un mensaje de Pavel Giroud (el joven director de “La edad de la peseta” y “Omerta”) que se me antoja una de las reflexiones más lúcidas que he leído en los últimos tiempos. Le agradezco la gentileza de permitirme reproducirlo en público:

“He dicho siempre que el esplendor de los grandes momentos del cine no han estado asociados únicamente a la realización, sino que el cuerpo teórico que los ha sostenido, ha sido determinante. Creo que aquí, somos tan responsables de la anulación de Cuba en el panorama cinematográfico universal, los hacedores-pensadores y los pensadores- hacedores.

A fin de cuenta, como decía Godard, aún habiendo diferencias entre hacer una crítica y hacer una película, son dos maneras de hacer el cine. Solo puede evolucionar una cinematografía, si ambas van de la mano. Nadie ha logrado saber si Godard fue un crítico que terminó haciendo películas o un cineasta que apuntaló muy bien su arte con un intenso y sólido respaldo teórico”.

Juan Antonio García Borrero

ARTURO SOTTO, A MODO DE DIVERTIMENTO

Cada vez que leo alguna encuesta, resultados o convocatorias, me da la impresión que pretenden apresar el arte en las redes de las estadísticas, por demás tan subjetivas. Todos los años sucede lo mismo: “las mismas palabras y los mismos gestos, las mismas palabras y los mismos gestos”.

En lo referido al cine nacional percibo las decisiones contaminadas de intereses, como si tuvieran el cerebro “lleno de frijoles negros”. Tú mismo lo deslizas en medio de una reflexión generacional (algo que ennoblece la mirada) Por supuesto que “Juan Quinquín” será, para ti, más trascendente que, cualquier otra película, para quien nació en los 80, y así sucesivamente de acuerdo a tendencias, puntos de vista, o los intereses a los que hacía referencia, porque como bien dices: hay a quien le da lo mismo “el socialismo, el capitalismo, como si vuelve el feudalismo”.

Los criterios de valoración del arte en términos de superioridad me parecen tan esquemáticos, como inservibles, porque los objetos en cuestión no fueron creados para competir, su sentido último está en el espíritu del espectador y no en las tablas numéricas de Cinemanía. Se me hace un vicio, una excusa para encuentros de copetines o anuncios de salón, las tan reiteradas encuestas para saber si “Citizen Kane” todavía ocupa la primera plaza.

Será que yo soy romántico “con cojone” y, en el fondo, no acepto la jerarquización de la obra clasificada por una dictadura de “sabios”, “imperio de fantasmagoría y desastre !fuego!” Por eso cuando alguien se queja de una mala critica suelo aconsejar la respuesta en el Tiempo y repito lo que me digo a mi mismo: “un hombre que no me quiere, que está destinado al éxito”.

No imaginas lo que disfruto las reseñas oficiales alejadas del apasionamiento de pasillo. Ya una vez publiqué un breve artículo donde expresaba mis posiciones sobre el ejercicio de la crítica, así que no es momento para extenderme en ello. Es una batalla bizantina: “No, nos entendemos”, y por mucho que el creador se esmere “el sindicato es el sindicato y la administración la administración”, los “sabios” seguirán determinando los valores, en definitiva “la historia de los Orozco, la escriben los Orozco”.

Perdona lo apresurado de la respuesta, siempre quiero alimentar tus deseos de mantener vivo el debate, “nobody is perfect”.

abrazos,

Arturo.

Arturo Sotto. Cineasta. Egresado de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, donde se graduó con el corto “Talco para lo negro” (1992). Ha dirigido “Pon tu pensamiento en mí” (1995), “Amor vertical” (1997), “Habana Abierta” (2005), “La noche de los inocentes” (2007), “Breton es un bebé” (2008).

EL CINE TIENE RAZONES QUE LA RAZÓN IGNORA

La Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, a propósito del cincuenta aniversario del ICAIC, está convocando una encuesta con el fin de seleccionar lo más destacado de esa producción en las cinco décadas de su existencia. La verdad es que esto de las encuestas ya no me entusiasma demasiado, a no ser que se les tome como suerte de mapas.

Sin embargo, lo que sí me ha animado de esa pesquisa, es el acápite que convoca a reflexionar sobre las mejores frases y secuencias logradas en esa filmografía. Esta zona me interesa más, porque tiene que ver con el impacto real que han conseguido las películas a lo largo de los años, y no por lo que los críticos aseguren de ellas, sino por las maneras en esas cintas se han insertado en “la memoria colectiva”, para decirlo de un modo más bien simple. Preguntarnos sobre la trascendencia de ciertas frases fílmicas, sería algo así como explorar si en el cine cubano han existido bocadillos que marquen al público, del mismo modo que lo han conseguido en diferentes épocas, el “Rosebud” de “El ciudadano Kane”, el “Mañana será otro día” de “Lo que el viento se llevó”, o el “Tócala otra vez, Sam”, de “Casablanca” (frase inexacta, por cierto).

Desde luego, no creo que exista nada más subjetivo que este tipo de evocación. Una película no es solo ese conjunto de imágenes y sonidos que uno ve en la pantalla. Es también el estado de humor que se ostenta en el momento de encarar la historia. Es la edad que tenemos en el instante de apreciarla. Cada cual tiene sus propias razones para recordar con gran intensidad esta o aquella escena.

En lo personal, la película cubana que más asocio a mi infancia es “Aventuras de Juan Quinquín” (1967), con la secuencia del león haciendo estragos. Es cierto que esa película ya no la veo con la misma ingenuidad que entonces, pero no es de la película de lo que estoy hablando, sino del espectador-niño que por aquella fecha la vio. Esto me resulta un buen ejemplo de lo que antes decía sobre el hecho de que, a veces, una película se confunde con el recuerdo que tenemos del sujeto que la apreció.

Después que uno crece, ya todo cambia. Y si para colmo nos dedicamos profesionalmente a hablar de cine, el cambio implica la pérdida de la inocencia, la misma que antes nos demandaba entrar a una sala y creernos cualquier historia, por increíble que esta fuera. Aún así, en mi memoria perduran algunas secuencias y frases que, al margen del saldo final de las películas a las que pertenecen, para mí poseen el fijador de los buenos perfumes. Mencionaré algunas, aunque no con el ánimo de establecer parámetros que en lo personal no me convencen. Advierto que ni siquiera me preocupo de reproducir literalmente lo que se dice en esas películas, sino en comentar lo que recuerdo de ellas, que siempre será más auténtico que regresar a la cinta en sí, y repetir el bocadillo.

La secuencia que tal vez más me ha impresionado del cine cubano es la del sepelio del estudiante en “Soy Cuba”, la cinta que Kalatozov filmara en la isla en 1964. También me marcó mucho el final de “Clandestinos” (1987), de Fernando Pérez, así como la secuencia de la terraza en “Papeles secundarios” (1989), de Orlando Rojas. Por otro lado, me gusta evocar los momentos iniciales de “Madagascar” (1993), de Fernando Pérez, con ese grupo de ciclistas que pedalean en ralenti, como si levitaran en la Nada, o en el Tiempo, y no pocas de las escenas que Enrique Pineda Barnet rodara para “La bella del Alhambra” (1989). Sé que otros hablarán de esas secuencias ya clásicas que pertenecen al primer episodio de “Lucía” (1968), de Humberto Solás, o “Memorias del subdesarrollo” (1968), con Sergio mirando a través del telescopio, o el abrazo final de David y Diego en “Fresa y chocolate” (1993). Pero como dije al principio, este ejercicio que hago ahora tiene que ver más con la memoria emotiva, que con la racional. Y tampoco quiere ser un inventario exhaustivo.

En cuanto a las frases, pienso que algunos de los parlamentos de Sergio en “Memorias del subdesarrollo” merecerían figurar en cualquier colección de aforismos que pretendan describir a los cubanos. Otras han alcanzado una notoriedad que a mí, sin embargo, me suena excesiva (como la popularizada por el personaje de Raquel Revuelta en “Lucía”, que nunca me ha conmovido, aunque me guste la cinta). En cambio, hay otras frases que aún sigo recordando más que las películas en su conjunto.

Tal vez haya sido el tono de voz del actor o actriz. Por ejemplo, ese momento en que Reynaldo Miravalles comienza a decir en “El hombre de Maisinicú” (1973) algo así como, “Alberto Delgado, caray…”. O cuando Carlos Moctezuma en “Los sobrevivientes” asegura que “A mí me da lo mismo el capitalismo…, o el socialismo. Como si vuelve el feudalismo”. O Mario Limonta en “De cierta manera” soltándole a Balmaseda, después de la denuncia pública de este: “Apretaste, mulato”. O Tito Junco en “Guardafronteras” con aquello de “Para atrás, ni pa’coger impulso”. O Daysi Granados preguntando en “Retrato de Teresa”: “¿Y si yo lo hubiera hecho, Ramón?”. O Perugorría en “Fresa y chocolate”: “Que lindo eres, David. El único defecto que tienes es que no eres maricón”.

Lo interesante de estos parlamentos (he citado apenas algunos de los que me han llegado a la mente, y no resultan una reproducción fiel) es que muchas veces no están en boca de los protagonistas, sino que lo expresan personajes secundarios. Habría que estudiar en que medida esos parlamentos afianzaban o contrarrestaban el mensaje más explícito de la historia principal. Pero esa pesquisa ya no formaría parte de lo emotivo, sino que tendría una clara vocación intelectual. Y el cine, como el corazón, tiene razones que la razón ignora.

Juan Antonio García Borrero

PARA QUIÉN ESCRIBE EL CRÍTICO

A veces, cuando escribo estas ideas, intento imaginarme el rostro de aquel que me lee. Esto me intriga porque, si bien han cambiado los modos de recepción del espectador (devenido internauta), la manera de escribir sobre el cine sigue siendo más o menos la misma que cuando se hablaba del “Free Cinema”.

El cine ha sido sacudido no se sabe ya por cuántas “Olas” (que desde Godard a Lars Von Triers han transformado la capacidad de percepción del público), mas los críticos seguimos mostrando el entusiasmo ante esas rupturas, de la misma forma que se hacía en los sesenta. Esto nos pone en igualdad de condiciones respecto a los viejos académicos que entregan el Oscar: mientras que son los más jóvenes quienes más cine consumen, son los más entrados en años quienes canonizan la trascendencia de este. ¿Tendremos alguna vez nuestras “Nuevas Olas críticas”?, ¿Nuestros “jóvenes críticos airados”?.

En cuanto al público, me pregunto: ¿quién es ese lector anónimo (ese ciberlector) que ahora mismo está leyendo esto? Imposible imaginar un solo perfil. Aún así tengo la impresión de que no están en mayoría aquellos acostumbrados a leer revistas y libros sobre cine. A esa mayoría me la imagino más cercana al hábito que lo familiariza con los videojuegos, las nuevas tecnologías, el arte del zapping (que es decir, el arte de saber olvidar sin remordimientos y con prisa).

Sé que algunos llegan directamente aquí buscando información sobre cine cubano (son los más fieles). El grueso pasa por azar. Unos pocos dejan comentarios. La mayoría se marcha en silencio. ¿No será ese silencio el más elocuente de los escarmientos? Sospecho que aún queda mucho que aprender de mis verdugos.

Juan Antonio García Borrero

CUMPLEAÑOS

Por estos días se cumplen dos años de aquel momento en que decidí abrir este sitio. Pienso que ha sido (está siendo) un buen experimento. Sobre todo en el plano individual. Cierto que en algún que otro post he pecado de utópico (para no decir ingenuo), por lo que tengo bien merecido repetir como propio aquello que decía Séneca: “Tengo menos de lo que esperaba, pero tal vez esperaba más de lo que debía”. Aún así, las ganancias están muy por encima de las pérdidas.

Me parece mentira que un sitio dedicado a algo tan local como es el cine cubano, haya podido convocar el interés en puntos geográficos tan distantes como son España o Francia (si las estadísticas no mienten, es en estos países, y en Estados Unidos, donde más visitas se producen). Desde luego, lo ideal sería que el grueso de las visitas se originara en Cuba, pero ya sabemos que en casa del herrero, cuchillo de shopping.

Sin embargo, lo que más agradezco de este blog es haber aprendido a compartir mis angustias con un grupo de personas que muchas veces no piensan como yo. Creo haber sacado provecho de las distintas polémicas que aquí se han protagonizado. He logrado humanizar al que piensa diferente, y en algunos casos, he conseguido que me humanicen a mí. Que me miren no como alguien que cree tener la verdad en sus manos, sino en todo caso, que la busca desesperadamente.

Por esos amigos (y por los que se sumen) me gustaría seguir manteniendo el sitio, sin importarme qué tipo de beneficio, indiferencia o reconocimiento reporta. Tal vez sea que he encontrado en Sartre el mejor argumento para mantener este vicio que ni yo mismo entiendo:

“Durante mucho tiempo tomé la pluma como una espada; ahora conozco nuestra impotencia. No importa, hago, haré libros; hacen falta; aún así sirven. La cultura no salva nada ni a nadie, no justifica. Pero es un producto del hombre: el hombre se proyecta en ella, se reconoce; sólo le ofrece su imagen este espejo crítico. Por lo demás, este viejo edificio en ruinas, mi impostura, es también mi carácter; podemos deshacernos de una neurosis, pero no curarnos de nosotros mismos”.

Juan Antonio García Borrero