Archivos diarios: agosto 31, 2008

DEMASIADO BREVE, DEMASIADO CINE

“La vida es demasiada breve para aprender alemán”, solía decir Nietzsche. En realidad, la vida es demasiado efímera para aprender cualquier cosa. Por ejemplo, me consta que la vida es demasiado corta como para llegar a entender eso que llaman “cine cubano”.

Cuando abrí este blog, algunos me dijeron que lo estaba condenando a una finitud casi obscena. ¿Un blog sobre una cinematografía tan precaria? ¿Por qué mejor no hablar del cine en sentido general, y como un acápite puntual, hablar del cine cubano?

Tiene su lógica, pero en realidad, ¿qué sabemos ahora mismo del cine cubano? Yo creo que muy poco. Solo sabemos lo que nos han dicho unas pocas personas. Sabemos apenas lo que la “Historia oficial” nos ha relatado. O lo que la crítica, con su “autoridad”, ha canonizado.

Por eso es que un libro como “A contraluz”, de Luciano Castillo, me parece tan renovador. Leer lo que en cada momento declaran Livio Delgado (fotógrafo), Nelson Rodríguez (editor), o Fernando Pérez (director), nos sumerge en una realidad hasta ahora preterida por esa crítica que ha priorizado la interpretación de lo que ve, antes que el estudio de lo que hay en el principio de todo (justo lo que uno no ve).

A los críticos cubanos nos ha faltado una visión como la que David Bordwell, Jane Staiger, y Kristin Thompson han desarrollado en “El cine clásico de Hollywood”. Lo que en su momento decían estos autores puede que nos quede a la medida a los investigadores del patio:

“La reciente crítica cinematográfica académica se centra de un modo cada vez más exclusivo en el texto. Metodologías de una gran sofisticación, basadas en la antropología, la semiótica, el psicoanálisis y la crítica literaria han ampliado de un modo drástico nuestra percepción de cómo funciona una película. Pero a menudo el análisis crítico ha sido incapaz de especificar las condiciones históricas que han controlado y dado forma a los procesos textuales”.

Si vinculamos esto al cine cubano, las preguntas serían interminables. ¿Qué sabemos de las inventivas de Marcos Madrigal, por ejemplo, como sonidista en cada una de las películas en las que participó?,¿de qué modo influyó en la imagen del cine nacional la formación de técnicos en Checoslovaquia?, ¿hasta qué punto esa secuencia que hoy veneramos – como la del telescopio en “Memorias del subdesarrollo”- fue algo voluntario, casual, o hija de ciertas circunstancias técnicas?, y en los documentales de Santiago Álvarez, ¿qué tanta experimentación tecnológica (más que estética) determinaba el resultado final?

Trato de explicar por qué cada película que hoy figura en el cine nacional, es para mí un enigma que aún está por descifrar.

Juan Antonio García Borrero