Archivos diarios: agosto 30, 2008

LA NEBULOSA DE LA CRÍTICA DE CINE: DESENCUENTROS Y OLVIDOS

Todavía recuerdo aquel Taller la de Crítica Cinematográfica celebrado en Camagüey (¿fue el cuarto?, ¿o acaso el tercero?) en que un joven, entonces absolutamente desconocido, que vivía creo en Puerto Padre, osó leer una ponencia donde afirmaba que el cine cubano no existía.

La mayoría de los críticos reunidos en aquel recinto se escandalizaron. Se sintieron agredidos. Acusaron a aquel joven de ser “muy joven”. De hacer de la herejía una gratis provocación. Invocaron como argumento la “falta de autoridad”, y lo que pudo ser un buen debate, otra vez quedó reducido a una pelea de solar donde cada cual trataba de salvar el pellejo de su ego. Los argumentos del joven quedaron intactos, y la mayoría de los críticos siguieron repitiendo lo mismo de siempre.

Aquel joven, que ahora reside en Barcelona, pertenece a la nombrada “Generación Y”. Hoy firma sus libros y textos como Yam Montaña, pero cuando bebíamos nuestros rones en “El Bodegón” de Camagüey, yo le llamaba (y le sigo llamando) simplemente Yamil. Yam tiene el mérito, además, de haber sido el primer cubano que colgó en el ciberespacio un blog referido al cine (Cinema interactivo). Lo hizo cuando aún vivía en Cuba, que es algo que también se tendría que tener en cuenta.

El texto que ha tenido la gentileza de enviarme es de esos que me hubiese encantado discutir en uno de esos Talleres de la Crítica que se acostumbraban a hacer en marzo. No sé si de nuevo Yam se hubiese visto acosado por los críticos, pero sus ideas ayudan a mover otras ideas. Al menos, eso es lo que provoca en mí. Y es lo que más agradezco.

Juan Antonio García Borrero

LA NEBULOSA DE LA CRÍTICA DE CINE: DESENCUENTROS Y OLVIDOS
(Borrador/ primeras notas)

Por Yam Montaña

I

Crítica: Del lat. “criticus” y éste del gr. κριτικός “kritikós” – “capaz de discernir”, proveniente del verbo κρίνειν “krínein” – “separar, decidir, juzgar”, de raíz indoeuropea *krei- “cribar, discriminar, distinguir” y emparentado con el lat. “cerno” – “separar” (cf. “dis-cernir”), “cribrum” – “criba” y “crimen” – “juicio, acusación” (compárese con el gr. κρίμα “kríma” – “juicio”.

No hay verdad absoluta, ni verdad definitiva, más bien verdades transitorias que se corresponden con el saber de una determinada época. Se está en la verdad, el que cree que lo que está en efecto dividido está dividido (1) y tiene el valor de afirmar así su fe cognoscitiva. La crítica de cine intenta construir verdades desde la realidad sobre un universo cuyas leyes, nexos y procesos se transforman constantemente y operan en lo imaginal, lo subjetivo y lo efímero. La crítica de cine, y de cualquier disciplina, realmente opera más en el plano del pensamiento, y debe trascender el plano literario y periodístico, sin intentar imponer verdades para poder revelar los elementos sustanciales del cine y así poder entender su articulación a niveles antropológicos, filosóficos, sociales y económicos, con sus consumidores.

Sin embargo, la postura de la crítica suele ser básicamente interpretativa, en ocasiones sus torpes deslices de hermenéuticas personales, muchas veces didácticos y manualescos conducen a reducir la capacidad irradiadora de una obra a un estado monosémico absudo. Sin mucha suerte, a lo sumo nos encontramos con una crítica de palabrería rebuscada, gramaticalmente correcta, que parece propensa a una reflexión más sustanciosa, pero detrás de la retórica (2) no hay más que ardid y acrobacia lingüísticas que encubren un aparato teórico conceptual raquítico, incapaz de ir más allá de lo meramente formal. Para colmo una probada desunión y disputas no zanjadas, ni siquiera en el terreno del solar y la chancleta, hacen que sospeche que no existe siquiera una verdadera comunidad de críticos de cine en Cuba.

Una comunidad comprende niveles globales y locales, comprende la interacción, la combinación, la inclusión del Otro, implica disyuntiva de identidades, provoca uniformidad y heterogeneidad (3), trae como consecuencia distinción, discriminación y exclusión, pero sobre todas las cosas el diálogo permanente es lo que le da sentido, haciendo de la cooperación y de la lucha un alimento que la renueva. La unidad de una comunidad está en su diversidad, esta visión kantiana no puede ser más dialéctica y universal, pero cuando no hay diálogo sostenido por quienes la conforman y no están claros sus límites y las carencias de su base teórico conceptual, entonces estamos ante una comunidad virtual, una formación intuida y nominal que agrupa a profesionales que se dedican a la misma especialidad.

Si existiera una comunidad de críticos de cine existiera una zona cultural que permitiría procesos de acumulación de conocimiento colectivo mediante la construcción de un espacio irradiador sobre la base de empatías y hegemonías creando redes solidarias donde no solo se produciría un intercambio de información dentro de la misma comunidad, sino un diálogo muy beneficioso con otras comunidades. Una verdadera comunidad va más allá de la aldea, supera la dificultad del espacio físico, es un proceso de ampliación de conocimientos en un intento colectivo de enfrentar problemas globales y locales. Se hace evidente una reinvención de la manera de hacer la crítica de cine y sobre todo la manera de socializarse para contribuir a la democratización del conocimiento y a la alfabetización audiovisual sin coerción, ni frivolidad, ni didactismo militante.

En nuestra crítica de cine no hay concilio, no hay polémica sostenida que trascienda lo personal y privado, no hay consenso, ni interés en reconsiderar acciones colectivas en beneficio de preservar, entender mejor y promover nuestra memoria fílmica. Historiar y cuantificar, crear dudosas taxonomías y etiquetar de manera compulsiva, degrada las esencias de la crítica y agrega aguas turbias a una especialidad encantadora y maldita, oscura y luminosa. Tampoco hay mucho interés, salvo casos excepcionales, en producir teoría y facilitar el diálogo entre público, realizadores y obras.

Nada más lejos de su etimología que la crítica (de cine) nuestra, muchas veces miope, sectaria, improvisadamente aldeana cuando quiere sesgar y excluir; y por qué no cobarde a la hora de entender la diáspora, el exilio, los derroteros de cineastas tachados de traidores y herejes, con más o menos tintes políticos que no hacen más que crear una nebulosa, un espacio enrarecido donde tener voz propia y andar a contracorriente lejos de crear polémica y debate crea íntimos enemigos que conspiran contra el crecimiento colectivo.

Por otro lado y quizás lo más lamentable es el estado de autofagia que sufre la crítica de cine, su actitud de clan condicionado por las instituciones y su precaria capacidad para relacionarse, mezclarse y abrirse no sólo a otras redes de profesionales evidencian un estado que va más allá del letargo, de los clisés lingüísticos con que rellenan páginas de revistas, libros y otros medios; va más allá de una muerte en vida donde la resurrección es desesperadamente necesaria. ¿Pero quiénes podrán reanimar los huesos muertos, quiénes harán de tripas corazón, quiénes dejarán a un lado las diatribas y trifulcas personales para sumarse a la aventura colectiva que debe ser la crítica de cine? ¿La crítica que sobrevive actualmente es la que necesitamos, es la que necesita, incluso, nuestro cine? ¿Hasta donde las aguas profundas de lo “nacional”, los conceptos pantanosos de la “identidad” y el pensamiento político dominante aderezan y modelan lo que nos atrevemos a llamar crítica de cine? Está claro que hay muchas más preguntas, que respuestas sobran a diestra y siniestra, pero todo queda desdichadamente sumergido, en cartas cruzadas, cotilleos de pasillos, en aperitivos verbales de sobremesa y en soliloquios en cada laberinto de soledad de los que habitamos. Por suerte quedan abrevaderos, verdaderas zonas de resistencia del pensamiento que mueven ideas, provocan reflexiones y arrojan posibles caminos sobre el pasado, presente y futuro de nuestra crítica. Pero todavía faltan caminantes y también muchos caminos porque andar, sobre todo por sí mismo, es una ardua tarea.

NOTAS:

1) Aristóteles: Metafísica, Política. La Habana, 1968, pp 235-236
2) Preferimos usar el término retórica no con la carga peyorativa con el que se ha popularizado, sino en su mejor acepción: el arte del buen decir.
3) Pablo González Casanova: Comunidad: la dialéctica del espacio. Revista Temas, No.36, enero-marzo de 2004, pp 4-15.