Archivos diarios: agosto 22, 2008

EL CUBANO ESENCIAL II

El post sobre “el cubano esencial” ha generado varios comentarios que, aunque por vía privada, me estimulan a seguir pensando el asunto. Lo primero que debo aclarar es que lo del “cubano esencial” es, en mi caso, una metáfora que me ayuda a insertar mis preguntas absolutamente personales, en un debate colectivo todavía inédito.

Nunca lograré conocer a todos los cubanos que existen en este mundo, pero lo más grave es que no me alcanzará la vida para conocer a dos (por lo menos dos), que puedan relatar experiencias idénticas, y a partir de estas, definir su identidad, o esa supuesta esencia que llaman “cubanía”.

Al contrario, he visto que algunas que las experiencias que más me han marcado (para bien o para mal) también le suceden con frecuencia a españoles, franceses, marroquíes, y portugueses. Y otras de las que no puedo hacer gala (y que, según los estereotipos, pertenecerían a gente de Primer Mundo), hoy las ostentan aquí mismo un grupo más bien reducido de compatriotas. ¿Los hace eso menos cubanos?, ¿o soy yo el que desentono en esa química nacional que, siguiendo la imagen de Ortiz, se sigue cocinando?

Por eso lo del “cubano esencial” me funciona apenas a nivel simbólico. No se trata de que, como pregona el más conocido de los existencialismos, hemos sido arrojados a este mundo, y abandonados a nuestra suerte. El lado negativo está en que, en verdad, hemos sido arrojados a culturas que nos preceden e imponen sus pautas. Y son esas pautas culturales que heredamos, aún antes de ser reconocidos ante los demás por nuestro nombre propio, las que van diseñando la supuesta identidad: para el caso “la cubanía”.

Un cine que haga descansar la legitimidad de su discurso en esos atributos que a los ojos de los demás nos identifican, corre el riesgo inevitable de la percepción superficial, pues aunque nacidos en una misma tierra, los cubanos cambiamos a diario (a veces hasta dos o tres veces en el mismo día). Afirmar lo contrario sería concedernos un carácter providencial que va contra todo lo que el marxismo más primario, por ejemplo, nos enseñó en su momento. Es decir, estaríamos cambiando la dialéctica por el dogmatismo; el sentido común por el sentido estrecho de quienes pretenden pasar “la parte” que conocen por “el todo” que ni sospechan.

¿Es más cubana “Memorias del subdesarrollo” (1969), realizada en Cuba, que lo que será en su momento “Memorias del desarrollo”, que por estos días se concluye en Nueva York? Si cine cubano es solo eso donde se ve la enseña nacional, el Capitolio, las olas rompiendo en el Malecón, ¿dónde dejamos entonces a Jorge Molina o a Miguel Coyula, cuando ubican sus ficciones en territorios y épocas neutras?

Borges, a propósito del escritor argentino y la tradición aseguraba algo que el cine cubano debería tener siempre en cuenta. Decía Borges que “no debemos temer y que debemos pensar que nuestro patrimonio es el universo; ensayar todos los temas y no podemos concretarnos a lo argentino para ser argentinos: porque o ser argentino es una fatalidad y en ese caso lo seremos de cualquier modo, o ser argentino es una mera afectación, una máscara. Creo que si nos abandonamos a ese sueño voluntario que se llama la creación artística, seremos argentinos y seremos, también, buenos o tolerables escritores”.

Juan Antonio García Borrero