Archivos diarios: agosto 20, 2008

LA DICTADURA DE LAS EMOCIONES

Lo escribía Milan Kundera en los ochenta: “Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga. En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón”

Siempre me intrigó esta observación, que parece condenar el cine (y los críticos) al reino de lo cursi. ¿No es acaso el cine la apoteosis de las emociones?, ¿el arte maestro de la manipulación sensiblera? Entonces, ¿tendrá sentido una crítica que se centre en la interpretación, en la inferencia ilustrada de “valores artísticos”?

Reynaldo González acuñó entre nosotros una frase que es una maravilla: “llorar es un placer”. ¿Hasta qué punto el cine cubano ha tomado en cuenta esa evidencia? Son pocos los cineastas, como Humberto Solás o Enrique Pineda Barnet, que han querido adentrarse en el melodrama sin complejos. Sin que en el fondo les quede ese sutil sentimiento de culpa que les hace sentir disidentes en medio de una filmografía mayoritariamente épica y, supuestamente, de Autor.

No se trata de fomentar esa cultura del gimoteo obsceno que tanta parálisis inyecta al espíritu humano, sino insertarse en una tradición que tiene en Visconti o Douglas Sirk verdaderos genios. Ahora que el autoengaño colectivo es casi una industria cultural de nuestra época, proponer películas que hablen del cubano como un ser social, pero antes, como un ente biológico que siente, ríe, se desilusiona, odia, llora, y hasta hace de su rencor una manera de sentir que aún no está vencido, tal vez le devuelva a nuestra filmografía una proyección universal.

El cine cubano necesita recuperar esas historias donde el corazón sigue teniendo razones que la razón ignora.

Juan Antonio García Borrero