Archivos diarios: junio 22, 2007

CARTA DE GABRIEL VEYRE A SU MADRE DESDE LA HABANA

La Habana, 3 febrero 1897

Muy querida mamá

Algunas palabras para darte noticias mías. No sé si has recibido mis cartas anteriores enviadas desde La Habana. El servicio de correos está muy malo a causa de la guerra y muchas cartas se pierden. Así que no te inquietes si no recibes noticias mías regularmente.

Por el momento, me siento muy bien, podría decir que mejor que en México, si esto es posible, pues allá, me faltaba el aire y a causa del invierno el tiempo se ponía malo. Las noches sobre todo eran muy frías. ¡Aquí, nada de eso!

Después de una semana de lluvias y tempestades, el tiempo se ha puesto hermoso. Hay un sol reverberante todo el día y las noches tibias dan deseos de dormir afuera. No hay cobertores en las camas. Aquí, eso no se conoce. Una sencilla sábana y eso es todo. Las ventanas están siempre abiertas y para protegerse de los mosquitos durante el sueño, el lecho está rodeado de cortinas de muselina.

En cuanto a los negocios, no van mal. Estos días de lluvia nos han perjudicado, pero con el buen tiempo esto se recupera. Qué lastima que esto sea en tiempos de guerra. El país está casi arruinado y si hubiera venido antes de la guerra, hubiera podido ganar casi mil francos diarios. No obstante, creo que cuando abandone el país, llevaré algunas pequeñas economías.

Pocas cosas que contarte sobre las costumbres del país que se parecen a las de Francia o más bien a las de España, puesto que es una isla española.

Como estoy instalado cerca del teatro, paso allí casi todas mis noches pues tengo entrada gratis. En estos momentos hay una buena compañía española de M. Luban que merece su fama. Esta es mi única distracción.

Ya que voy al teatro donde se actúa el español, te diré que comprendo perfectamente el idioma y que no tengo dificultad en este sentido.

No he recibido noticias de Fernando desde mi partida de México. Creo que no tardará en volver a Argentina, pasando por Francia. ¿Se habrá casado? Lo ignoro, puede ser que sí.

Abraza en mi nombre a toda la familia y recibe mil, mil besos de tu hijo

G. Veyre

MOLINA’S CULPA (1992), de Jorge Molina

“Molina’s Culpa” es, probablemente, la primera y hasta el momento única película cubana que ha conseguido aproximarse al Sexo sin el lastre del prejuicio y la mojigatería. Como es de sospechar, esto le ha valido no sólo la sincera repulsa de los más recalcitrantes guardianes de la buena moral, sino también el repliegue oportunista de quienes la ven, la aceptan tal vez, pero se cuidan (por si acaso) de no comentarla demasiado.

Seguramente lo anterior tendrá que ver con el peligro ético que implica pronunciarse a favor o en contra, sobre todo de aquella escena perfectamente hardcore, en la que un cura y una prostituta se aman con la misma pasión y lujuria que los impúdicos amantes de cualquier filme porno que se respete.

Esta osadía, que presumo Jorge Molina se permite invocando las lecciones de Nagisa Oshima en “El imperio de los sentidos”, ha condenado al corto al ostracismo, y a la condición por ello mismo, de obra de culto más o menos clandestina, más o menos escandalosa. Lástima que tan poca gente sea capaz de reparar en la verdadera agresividad del filme, que está más allá de la lubricidad explícita de la dichosa escenita, para atreverse (a lo Buñuel) con un asunto a todas luces escabroso, como es el homoerotismo en un contexto religioso. Sobre su película y muy particular concepción del cine, Jorge Molina ha dicho:

“Hacer Molina’s Culpa para mí fue gratificante porque pude volcar en ella mis obsesiones y algunos fantasmas que me agobiaban. Era una etapa de estudiante y quería experimentar; cuando digo experimentar no hablo de hacer una película aburrida ni rebuscada en cuanto a contenido y forma sino de divertirme haciendo cine, de pasármelo bien, porque en este medio si no te diviertes estás perdido, si vas a hacer cine para sufrir con ello mejor ser “plomero.

Entonces hice una película pensando en el espectador pero también pensando en los críticos. Ellos hoy encuentran cosas que realmente yo no las pensé cuando estaba haciendo la película y me alegra que así sea. Después de seis años, el filme me gusta; hay cosas que hoy no hubiera hecho pero en general el resultado es satisfactorio. Existe un Director’s Cut de quince minutos, pero viéndolo a distancia es inferior a la versión de veintiún minutos. Debido al culto que ha generado me estoy pensando seriamente rodar una segunda parte.”

Conceptualmente, esta es una película de extremos, cuya tesis central resulta amplificada a niveles definitivamente inquietantes, gracias a un delirante tratamiento formal que asume (cinefilia de su autor por medio) el homenaje, la cita, la parodia y el guiño intencional, como el más natural de los estilos. Puede que esta mixtura de géneros, esta suerte de barroquismo icónico, en efecto, no siempre alcance toda la fortuna que uno quisiera, pero aún así termina siendo un corto divertido, desprejuiciado y sobre todo consecuente con lo que relata. La atmósfera, en sentido general, es de primera y el desempeño de Idalmis del Risco, sensual como pocas veces se ha visto a una actriz en el cine cubano, sencillamente inolvidable.

Jorge Molina es conocido fundamentalmente por su personaje de “comecol” en el mediometraje “Madagascar” (1993), de Fernando Pérez, pero como director (y también director) ha insistido en cultivar una obra irreverente y bien personal, seguidora de la propuesta que planteara por primera vez en este corto que hoy comentamos (véase, por ejemplo, “Molina’s Test/ 2002). El uso del gore, el homenaje explícito al cine de género y para adultos (eufemismo que quiere evitar mencionar al porno), lo han convertido en todo un lobo estepario dentro del cine nacional. Aunque es difícil que los críticos o los historiadores piensen de manera unánime que se trata de “cine cubano” tal como la tradición manda. Sospecho que en el fondo, Jorge Molina es el que más agradece esa prevención.

Juan Antonio García Borrero.