FAUSTO CANEL SOBRE “LA PREGUNTA DE LOS INOCENTES”

Tu pregunta tiene, en mi opinión, una triple respuesta…

Es el “Por cuanto” de la ley que crea el ICAIC, como tú bien dices, el primer indicio en nuestra investigación… Según ese “Por Cuanto” el cine negro es un género menor, mediocre, y sobre todo, ¡oh horror de horrores!, comercial… Los verdaderos artistas no se preocupan de hacer dinero con su cine… (De hecho, como comenté en mi novela “Ni Tiempo Para Pedir Auxilio”, en la oficina de Raúl Taladrid padre, que era el director económico del ICAIC, había en la pared, a mediados de los 60, un cuadro estadístico en el que se veían las recaudaciones de las películas nacionales y extranjeras… Películas como “Los paraguas de Cherburgo”, que eran compradas por unos pocos dólares (entre 5 y 10 mil, si mal no recuerdo) daban una fortuna en su distribución por toda la isla, subvencionando de hecho un cine cubano que ni siquiera cubría gastos.)

La segunda razón de desprecio era el origen nacional del género, desarrollado en Hollywood y por lo tanto considerado material ideológico rechazable… Poco importaba que el propio Antonioni o Bardem y sobre todo los expresionista alemanes, Murnau, Lang, Wilder (vienés de cultura germana) hubiesen ejercido el género, o que Hitchcock lo hubiese practicamente inventado en su primer cine inglés: el cine policial era estadounidense y por lo tanto negro, muy negro para la salud de las masas proletarias cubanas…

Y tercero, por supuesto, había el factor de base, el pecado original de esa generación que dirigió y marcó con su (reducido) gusto aquel primer ICAIC… El neorealismo… Que críticos como g. caín defendiesen el policial no hacía más que justificar las diatribas de los primeros jerarcas (Alfredo, Julio, Titón) contra el género… El cine serio sería neorealista, o no sería — y sabe Dios que coyuntura me permitió hacer “Papeles son papeles”…

Tal vez porque a veces, durante la trama, cambiaba de tono, buscando una parodia cariñosa que tenía mucho más que ver con “Beat the devil”, de John Huston, con guión de Truman Capote, que con el panfleto antiestadounidense, y mucho menos con el ya superado y rancio tufo demagógico de Zavattini.

Ese cambio de tono a lo largo de la película confundió a los censores, permitiéndome hacer una farsa donde los “antisociales”, que no necesariamente contrarevolucionarios, se convertían en protagonistas de una pelicula en la que el mal, como en todo policial, nunca triunfa…

Publicado el junio 21, 2007 en REFLEXIONES. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. ¿Quién, en verdad, fue Titón? ¿Honesta persona entre insalvables contradicciones? ¿Tipo en buena, o en mala fe? ¿Ejemplo paradigmático de las consecuencias sans issue del compromiso entre artista y política? Digame usted, don Fausto, qué piensa y por qué. En Madrid se habla mucho estos días del libro de Mirtha Ibarra que recoge cartas de Gutiérrez Alea.

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